Verónica: La idea de haceros partícipes de todo lo que estábamos viviendo, de lo que hemos descubierto a través de esta página, de cómo sucedió lo nuestro, surgió en una de las múltiples conversaciones mantenidas medio entre los buzones del ciao y el mesenger. De alguna manera queríamos plasmar, sin demasiado lujo de detalles, algo muy especial que se puede llegar a dar cada día, sin apenas esperarlo ya, Ernesto (MPazos) sugirió que la escribiéramos en forma de diálogo. Como iréis notando, el cambio de interlocutor corresponde con un cambio de escritor...Quizá yo haya sido más cauta, pero mi Ernesto se manifiesta como un maravilloso corcel desbocado...
Ernesto: Esta no es sólo una historia de amor. Es una historia de muerte y resurrección. Una aventura que está empezando. Un encuentro entre dos almas que se han reconocido desde siempre. Esta es nuestra vida, abierta y latiendo, que nos arrastra en un viaje alucinante y mágico.
*********************************************************************
Verónica:
No puedo creerlo, hoy despues de dos años, he vuelto a asomarme a esta ventana...Tras la tempestad encontré una salida al final del pasillo, me atreví a tirarme al abismo y unas aguas benévolas me acogieron en sus brazos. He mirado que fue de mis amigos y he visto que la mayoría han desaparecido, o ya no entran apenas...Y los que entran se acuerdan vagamente de mí, o se han vuelto fríos y distantes...Es ley de vida supongo. Me ha pedido mi niño que le ayude a darse de alta en el ciao, porque tiene ilusión por escribir sobre sus cómics y hacer amigos a través de este portal. Yo me he quedado vacía de inspiración, hace tiempo que no escribo, no sé por donde empezar...Una furiosa opinión de Wanadoo me da el hilo, pero me siento huérfana y desamparada, casi como virgen en estas tierras...Sin embargo me hace ilusión entrar en el perfil del niño y ver que le van leyendo. Siempre chicas, siempre le animan...De pronto veo que hay un hombre que le lee, y siento curiosidad por él. Entro en su perfil y comienzo a leer una opinión...Me quedo muda ante la profundidad de sus palabras, la sencillez y fluidez. En su texto reconozco muchas más cosas de las que quedan plasmadas en la pantalla...Me inquieta, me incita a seguir investigando, pero curiosamente me siento identificada con sus palabras, protegida por ellas...Como si estuviera leyendo a un viejo amigo...Intrigada por lo que se esconde detrás de cada frase...de cada párrafo, de cada historia...de cada verso...Tengo que seguir leyéndole, pero mis circunstancias ahora no me lo permiten...No creo ni que se moleste en contestarme a los comentarios interrogantes que le he dejado, ni que se fije en mí...Que más da, lo importante es que me gusta leerle y quiero descubrirle a través de sus escritos que tanto me transmiten...
Ernesto:
Llegué a Ciao de casualidad. Me gustaba poder leer consejos de gente como yo y me pareció un regalo precioso de su parte el que nos contaran tantas experiencias y sentimientos.
Recuerdo aún mis dudas a la hora de registrarme.
Le pregunté a mi mujer: "¿Me apunto?". "Hazlo", respondió; en realidad, me estaba diciendo mucho más: "¿Y a mí que me preguntas?, ¿es que te importa en realidad lo que te diga?, sé que lo harás y será una más de las barreras que se han levantado entre nosotros, una manía más de las tuyas, pero ya no me afectan." Sí, lo comprendí todo desde una profunda soledad.
Y así llegué. Y llegué, sin saberlo, huyendo de mi mismo. Me sumergí entre vosotros buscando de nuevo mi entierro, uno más. Qué poco me conozco.
Me fui aplicando, fui cogiendo gusto a expresarme por medio de la palabra escrita, algo que, desgraciadamente, creía perdido para siempre. Pero, ay, poco a poco, sentía que mi alma luchaba por salir. Ya no bastaba el comentario, el análisis; mi vida quería verse reflejada en cada escrito. Así, casi sin darme cuenta, empecé a dibujarme, borroso, incierto, esquivo. Algunos de vosotros lo percibisteis. Alguno se acercó y me ofreció su hombro y me dio una caricia. Gracias, de todo corazón.
Llegó un momento en que ya no podía dejar de volcar mi vida en cada poema, en cada historia. Algo más fuerte que mi propio deseo desgarraba mis sentimientos en cada escrito. Mi vicio era acudir cada tarde a enfrentarme conmigo mismo, a recibir vuestra ración de aliento como bebe un vagabundo en el desierto. Y de pronto, sin ruido, casi de puntillas, apareciste. Me sentí dichoso al leer tus comentarios, halagado y profundamente agradecido. Tenía que decirte lo mucho que significaba cada una de tus palabras, mi alma se sintió saciada. Recuerdo tu promesa: "te seguiré leyendo". Aún sin saber nada de nada, esa promesa era un salvavidas lanzado en medio del océano.
Verónica:
Vuelvo a asomarme a mi ventanita...Sólo por ver si alguno de mis amigos ha contestado a mis mensajes, si se alegran de que haya vuelto...Me siento muy sola en esta tierra en la que aún no conozco a nadie, pero que me ha abierto las puertas de par en par. Pocas respuestas en mi buzon, por no decir prácticamente ninguna. Pero, para mi sorpresa él me ha contestado. Es un mensaje cálido, de interés, invitador. No sé, como si no se tratase de un desconocido, y por supuesto despierta mi curiosidad...Decido contestarle, naturalmente con la urgencia, con la necesidad de quien se encuentra huérfana y desvalida en tierra de nadie. La necesidad de hablar hace que me explaye demasiado...No sé, supongo que desistirá de contestarme...De alguna forma me siento reconfortada, con curiosidad por saber qué se esconde detrás de ese comentario, de esas opiniones tan hilvanadas, de ese nick...Pero, contrariamente a lo que pensaba, el no ignora mi respuesta, vuelve a ser cálido e invitador...y así comenzamos un diálogo a través de los buzones...Vamos hablando, y casi antes de que el otro conteste, casi sabemos lo que nos va a decir...Dios mío...¿por qué me siento tan agitada? ¿Por qué siento como si un desconocido hubiera penetrado en mi alma y leyera en ella antes de que yo llegue a expresarme? ¡Qué resplandor emana de todo lo que intuyo de esta persona...!
¡Quiero saber más...quiero entrar por esa puerta que me ha dejado entreabierta, quiero alcanzar esa luz que resplandece entre la rendija!..Le dejo un mensaje invitándole a llamarme al móvil...Sé que es precipitado, pero no me basta con estos mensajes...Quedará como un mensaje más en su buzón, lo sé...Qué más da, yo lo he intentado...
Ha pasado un día, me he vuelto a asomar a mi ventana...voy a leer sus opiniones, y suena el móvil...No reconozco el número...Lo cojo, será alguna confusión...
Una voz tímida dice ¿Verónica?...Soy yo Ernesto...
Ernesto:
Como cada tarde, entro a ver mi página. Espero inquieto que ella cumpla la promesa, que me siga leyendo. ¿Será cierto?, pero sé que sí, sé a ciencia cierta que no me lo ha dicho por mera cortesía; no puedo explicar el porqué, pero estoy seguro que seguirá leyéndome y dejando su corazón en cada comentario.
Me encuentro un mensaje en mi buzón. Antes que pueda darme cuenta, estoy hablando con ella como si la conociera de toda la vida. No hacen falta presentaciones, ni frases corteses y banales. Estamos con nuestras almas en la palma de las manos temblando y me siento acogido, comprendido. Después de años de soledad, encuentro a alguien que me entiende. Todo va deprisa, deprisa, pero ni lo siento. Yo no soy el que habla, el que se deja llevar y palpita. Yo estoy vacío, yo no siento nada, yo no puedo dar nada. No, no me reconozco en esas palabras intensas, en la respiración nerviosa, en esos latidos que retumban en toda la casa.
De pronto, todo da un vuelco. Ya no hay un acercamiento, una curiosa sucesión de coincidencias. No, ahora algo que estaba escondido tras cada palabra se ha revelado. Está ahí, frente a mí, mirándome a los ojos y no puedo esquivar esa mirada. Sé lo que veo y estoy perplejo.
Un mensaje diferente a todos aparece. Tres días tan sólo han sido suficientes. "Te dejo mi número de teléfono, por si te apetece llamarme". No puedo creerlo. Leo de nuevo la frase y siento un torbellino en el pecho. No es una invitación, es toda una declaración y me siento dichoso como un niño el día de su cumpleaños. Llamo en cuanto puedo. No he pensado siquiera como presentarme o que decirle. Mi alma quiere gritarle "te amo", mi voz responde: "Soy Ernesto".
Verónica:
No sé qué me ocurre, no sé qué es lo que estoy sintiendo, sé que con cada palabra se van desmoronando mis esquemas, mis defensas...Se que me siento agitada como un torbellino que me sube la presión a la cabeza...Consigo contestar tranquilamente, aunque le noto tímido...Bajo sus palabras se esconden tantas coincidencias, tantas vivencias ocultas, tanto sufrimiento no superado...necesito saber más....Me sumerjo en una vorágine de sensaciones ...¿cómo puede ocurrir, cómo, a mi edad, y con todo el sufrimiento y vivencias a mis espaldas? ¿Por qué siento que acabo de encontrarme con la otra mitad que me faltaba? ¿Por qué esa sensación de conocerle de toda la vida? De que conforme vamos hablando, que me está leyendo en el pensamiento, en el corazón...De encontrarme reflejada en un espejo...
Me cuesta conciliar el sueño, me vuelvo a sentir renacer...Pero sé que todo es una ilusión, él está casado, tiene niñas...No es feliz, lo se (no es la típica excusa, el lleva el sufrimiendo marcado a fuego en la piel...) pero todo son películas que me estoy montando...
Tras la jornada laboral retorno a mi puerto, me asomo a la ventana y leo un texto colgado en su página "Cenizas" (yo he escrito otros demasiado tempestuosos, y no me atrevo a colgarlos, porque tengo miedo de que se vaya, de atropellarle, de asustarle... "Palabras para tí y "El origen") Leo cenizas y me quedo sin respiración...Nuevamente ha leido en mi alma y ha plasmado todo lo que siento...Se que no puede ser cierto, pero esas palabras se me clavan como si fueran dirigidas a mi persona...Me estoy equivocando, me estoy enamorando, y me estoy equivocando. Y ya lo he hecho en demasiadas ocasiones... Pero también es bonito soñar ¿no?
De pronto, el te vuelve a saludar y te deja un mensaje revelador "Cenizas" es para tí...
Ernesto:
Cielos, me he atrevido. La he llamado y no me he echado atrás. Estoy hablándole. Tiene una voz preciosa, es como si me acariciara con su voz, como si me invitara a relajarme y dejarme mecer con sus arrullos. No sé bien qué decir, me siento torpe y confuso. En mis escritos puedo reflexionar, corregir, escoger; pero ahora todo es atropellado e inmediato. ¿Qué va a pensar de mí?, parezco tan diferente al MPazos de Ciao. Pero no puedo dejar de disfrutar, de gozar de esa voz, de sentir cada risa abriéndose paso rabiosa hasta el centro de mi corazón.
Me estoy precipitando. ¿Qué sucede?. Me siento a escribir un poema, necesito sacar estas palabras que me queman como brasas: "acudo a citas de palabras veladas / que callan todo cuanto deseo decirte." Cielos, me estoy declarando, le estoy dejando mirarme por dentro, le estoy confesando lo que no puedo darle. Pero no puedo callarme, no puedo ocultarle nada, disimularle nada. Ella me conoce, ella sabe de mí casi tanto como yo. Te estoy diciendo algo que los dos sabemos, aún sin saberlo.
"Como un espejo", responde. "Es como si me hubiera visto a mi misma reflejada en tus palabras". Siento que ha caido el último velo, la última mentira a mí mismo, la frágil y forzada barrera final. Ya no hay presunciones ni sospechas: la verdad nos ha desnudado por entero. Estamos uno frente al otro y en nuestros ojos leemos la realidad inconfesable, increible y definitiva.
De pronto, me siento asustado como un niño en medio de una pesadilla. Por primera vez en mi matrimonio siento que estoy al borde del abismo. Lo que me sucede es serio, no una pequeña crisis. Aquí está en juego mi vida entera y estoy aterrado. Pienso, incluso, en decirle a Vero que dejemos los mensajes, las llamadas, que cortemos los puentes si aún podemos. ¡Qué iluso!. ¡Si es imposible!, tendría que cortarme las manos y arrancarme el alma... y aún así te seguiría queriendo.
Tequila y Quito... ^^(..)^^ (Achaiahl) + ww(..)ww (Chavakiah)
Me recuerda a algo. Saludos.