LA NARANJA MECANICA

4  26.03.2003

Ventajas:
A los que le guste, sólo su sabor

Desventajas:
Está hecha a base de porquerías

Recomendable: Sí 

karenma

Sobre mí:

usuario desde:30.10.2002

Opiniones:94

Confianza conseguida:101

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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 83 miembros de Ciao

Si no fuera porque he aprendido a desconfiar del magnífico –y deleznable –poder de sugestión de esa publicidad infame, que realmente nos hace querer creer que el detergente XXX es la clave cifrada para conseguir la felicidad eterna sea cual sea la mancha que destroza el día; o nos descubre el secreto milenario de que la regla es algo muy complicado que han pasado todas las mujeres de la familia, realmente pensaría que la Fanta de toda la vida no es sólo una invención mercantil, sino un portentoso brebaje 100% natural de verdad, donde no hay ni conservantes ni colorantes ni edulcorantes, y cuyo potencial vitamínico es incluso más devastador que el ignoto concentrado de la vieja hormiga atómica.... bendita ingenuidad.

Sin embargo, no es de extrañar... Y si hay una bebida capaz de ladearse de los reproches de falacias y sofismas publicitarios, es la Fanta, cuyo sabor supera la ficción del embuste, porque realmente es como un miniaturizada catarata de bergamota y toronja en ebullición, un borboriteo que penetra acelerada, y hormiguea entre los dientes mientras corroe la carne del tragadero. Una detonación tan ácida y refrescante que parece mentira que en el fondo solo sea una simple mezcla de aguas carbonatadas y azúcares, y un miserable 8% de zumo de naranja de consolación... pero es igual, ni siquiera así te puedes sentir traicionado, pues ese indeleble gustillo entre melindroso y cáustico, hace que les perdones hasta el último de los venenos sintéticos que ingieres, camuflados entre los espumarajos de frutas gaseosas.

En definitiva, y como no podía ser de otra manera, tiene que ser así, pues la respalda la mano maestra que no falla: invención genuina del infalible gigante Coca Cola Company..., aquel que hizo sus primeros pinitos en alguna rebotica remota de comestibles en Arkansas o Minnesota, o quizá Texas e incluso Ohio; dosificando en botellines de vidrio, vendiendo la preciada droga a base de extractos de agua y sazonada con coca y plantas de cola a la América Profunda de la fiebre del oro y los mineros de Levi’s, y que por supuesto, se llamó Coca Cola; la joya en bruto de ese imperio de fórmulas secretas, que un día tuvo la genial idea de bifurcar las producciones del oro negro por las de naranja en polvo, hasta tener la Fanta, la de naranja por supuesto, la que tiene la gran consideración de llevarnos a islas desiertas llenas de cocoteros parlantes; la que remoja las fauces sedientas en –casi– todas partes; ya esté curada en cristal, en lata, o en botellón de litros; la que acompaña al bocadillo de las excursiones infantiles, y el Bourbon de la media noche de los neones y los cánticos, y las ansiedades y las frustraciones....

En definitiva, quizá por eso, o simplemente por el deseo de tenerla y no cambiarla por otra, es lo que hace inducir a perdonarla hasta la última de sus traiciones: aunque no toque el concurso de viajes, ni la isla desierta; aunque sea una bazofia transnacional de ponzoñas malignas con olor a clementina barata; porque siempre está ahí, sí, siempre, porque esa acre pócima no se distingue por su aplicación exclusiva a momentos puntuales, sino que tiene la portentosa cualidad de acomodarse a los cambiantes vientos humanos, –e incluso animales –cuyos vaivenes impredecibles amenazan sin aviso de extenuaciones y deshidratación, y para evitarlo, mejor que lúpulos calientes; aguas desaboridas o alcoholes crepusculares, siempre encuentran remedio en la Fanta...

Nació entre bala y bala, bajo los escombros de los bombardeos, y el olor quemado de la pólvora que arrasaba a un continente fracturado desde las entrañas y condenado a entenderse por encima de hostilidades históricas, en plena II Guerra Mundial, con una Alemania nazificada de pies a cabeza, beligerante y decrépita; e incapaz de mantener importaciones de forma estable, hasta que alimentos, municiones, vestiduras, dejaron de importarse definitivamente en 1942, y como no podía ser
de otra manera, la internacionalísima y popularísima Coca Cola, tampoco escapó al racionamiento primero, y a la escasez después…

Los empresarios teutones quebraban, veían el derrumbe de sus empresas, y cómo sus abultadas finazas de los tiempos de gloria ahora se evaporaban como humo entre el estruendo de los morteros y los llantos ocultos de aquellos que se morían en una vida de miserias sacramentales…

Entonces, los dueños de las embotelladoras buscaron el cómo imposible de rentabilizar sus fábricas innocuas, y quien iba a decir que fuera así, en ese clima depauperizado y sórdido como pocos en la tierra, intentaron crear una nueva bebida que les permitiera seguir amortizando kilos y kilos de infraestructura industrial detenida por la guerra, por la gran guerra…

Primero pensaron en un refresco afrutado, aprovechar los sobrantes, endulzarlos con sacarinas y aderezarlos con frutas según la calidad y cantidad de existencias… y ahí fue, en ese innato sentido de superviviencia humana; en esa lucha vandálica en la contracorriente de tanta carestía, y tanta escasez y en la desesperación de la ruina, cuando estos hombres sin fuerza hilvanaron el precedente inmediato que acabaría siendo (con Sprite, por supuesto, que no es cuestión de desmerecerlo), una de las variantes más célebres de la historia comercial; un símbolo de cómo en el dolor de la guerra y la amenaza de la muerte, se engendran ideas inmortales que se elevan hasta la gloria de los incalzables…

Sí, la Fanta fue alumbrada bajo la mano de hierro e implacable del régimen nazi, bajo la tiranía y la crueldad de aquellos descerebrados que purgaron desde el más insignificante, hasta el más poderoso de los elementos insurrectos…. Aunque parezca imposible, allí nació ella… la nueva invención fabril se registró en el III Reich, la encajonaron en una botella distintiva, y, sorpresa señores, se vendió con un ahínco tan devastador e incalculable que incluso desbancó a la non grata Coca Cola de las preferencias nacionales, permitiendo que la estructura empresarial se mantuviera activa durante los años de conflagración, e incluso después de que Estados Unidos, gran ironía histórica, entrara en la contienda y ayudara a descabezar definitivamente la totalitaria culebra desdentada que reptaba por Europa, e incluso el Norte de África (con el zorro Rommel aullando contra Montgomery).

Fanta, nuestra Fanta de los sorteos y las elucubraciones, de los tormentos crepusculares y las salvaciones intempestivas, contribuyó como un héroe anónimo a la supervivencia germana, pues muchas veces no era una simple pócima contra la ansiedad de la sed, sino que se utilizaba como azúcar para desagriar las infusiones, pues en aquellos tiempos de locura universal y encarnizamiento general, los codiciados gránulos encalados se racionaban incluso más que la propia chicha molida…

En el fondo no me extraña… se reposa en el vaso con la sabia serenidad de quien arrastra en sus entrañas la resignación de la guerra, y la contención de la experiencia… pues era tan pretendida, tan básica en el circuito económico, que los embotelladores habían de ceder sus camiones de reparto para transportar y distribuir agua, sino querían perderla a manos dictatoriales.

Siempre huyendo, y siempre amenazada… así que para que cualquier raid aéreo no llegara y destruyera sus litros y litros de cargamento, la almacenaban llena de agua, para que esta contuviera las vibraciones, en cuevas y pozos de minas. Sin embargo, el esfuerzo fue en vano, pues las 43 embotelladoras que la idearon en la tiniebla de la consternación, cayeron bajo la implacable artillería de la guerra.

Cuando acabó, sitiado por los aliados, derrotado y cansino, el gobierno nazi instó a la compañía, bajo amenaza de deportarlos a un campo de concentración, a cambiar su nombre en un plazo máximo de dos días. No hizo falta, pues Hitler se suicidó al día siguiente.

Pensando en esta historia, más que fútiles consignas publicitarias que apenas si convencen de la inutilidad del autor, me estremece el sarcasmo histórico que aliena a pares iguales y reagrupa a los discordantes en la encíclica rueda de las atrocidades humanas…

Alemania-Estados Unidos, guerra mundial y bebida refrescante… parece un combinado absurdo de dislates; un celuloide desbaratado por la incertidumbre del horror… apenas un susurro falaz que pretende alejar a la Fanta de un origen brillante junto a su hermana mayor la Coca Cola…

Sin embargo, su autonomía la ha arrancado de la dependencia; y su entereza legendaria la ha erguido a través de los tiempos sin apenas arañar un solo jirón de ensombrecimiento… ahí está su historia, su vida, su biografía sin equívocos, sin grietas en las que filtrar un solo quicio de reproche… ¿Quién puede recriminarle algo a ella?... ¿Que arrastra su dignidad en la disipación de un origen torturado por la tortura y el estrago?... ¿Que ha sepultado los malos recuerdos de la represión y ha encarado una trayectoria intachable?

Puede que haya alguien, pero desde luego, no seré yo.


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Comentarios sobre esta opinión
smashing

smashing

28.08.2003 23:29

bien buena opinion un tanto larga.saludos

kAtLaN

kAtLaN

01.08.2003 01:50

mucho mejor que la de limón. salu2

Shireen

Shireen

15.06.2003 14:19

Felicitaciones por la opi. De los refrescos con gas sin duda la que prefiero es Fanta Naranja. Saludos.

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  1. bernardino
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  1. smashing

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