Hola! yo soy una estudiante de la facultad d ingenieria de zaragoza, si habeis leido mis otras opis ya lo sabreis, bueno pues el primer año k decidi coger alguna asignatura d libre eleccion, pues me cogi mitologia clásica k pq? pues realmente no lo se, pero m atraia la idea d librarme por unos mese d e calculos de estructuras, modulos de young diseños d máquinas y de compuertas y hablando con mi profesor d mitología me propuso hacer un trabjo sobre dédalo el ingeniero mitológico y a mi me encantó:
os voy a poner algo de lo k averigué estudiando cosas sobre dédalo e ícaro espero k os guste a los k os guste la mitologia clásica y a los k no, pues lo siento pero oos perdís un gran entretenimiento pq en la mitología griega hay grandes aventurillas k descubrir y los dioses eran un poco golfillos, k entre las bacanales y las orgias k se preparaban no les daba tiempo a otra cosica mas k al tema os cuento,
Dédalo es un ateniense, perteneciente a la familia real que tiene su origen en Cécrope. Es el prototipo del artista universal, arquitecto escultor e inventor de recursos mecánicos. Se le atribuyen, en la antigüedad las obras de arte arcaicas, incluso las que tienen un carácter más mítico que real, como las estatuas de arímedes que se refiere Platón en el Menón.
Según ciertas traducciones, el padre de Dédalo se llamaba Eupálamo y la madre Alcipe. Según otros, su progenitor había sido Calamón o Melión, nieto de Erecto. Dédalo trabajaba en Atenas donde tenía por discípulo a su sobrino Talo, hijo de su hermana Pérdix. Talo se mostró sumamente hábil, hasta el punto de llegar a despertar los celos de Dédalo. Y el día en el que el muchacho, inspirándose en la mandíbula de la serpiente, inventó la sierra, el maestro lo precipitó desde lo alto del acrópolis. Pero el crimen fue descubierto y Dédalo hubo de comparecer ante el Aerópago, que lo condenó desterrado el artista huyó de Creta, junto al rey Minos, llegando a ser su arquitecto y escultor habitual.
Dédalo marchó a Creta, donde construyó imágenes para Minos y sus hijas. Pasifae, esposa de Minos, se había enamorado de un toro, y él le construyó una vaca de madera, de modo que ella pudiera juntarse con el toro; como resultado de esta invención, Pasifae dio nacimiento al Minotauro. También construyó el Laberinto, palacio de complicados corredores donde el rey encerró al Minotauro. Ahí fue donde el Minotauro devoraba a los jóvenes que le eran enviados desde Atenas. También diseñó para Ariadna la ciudad de Cnossos.
Después cuando Ariadna quiso salvar a Teseo, que había venido a combatir al monstruo, la doncella pidió a Dédalo la manera de ayudarle. Éste le inspiró la astucia que salvó al héroe al aconsejarle le diese un ovillo de hilo que habría de permitirle desenrollándolo a medida que avanzase, volver luego a sus pasos. Minos, al conocer el éxito de Teseo y el ardid del que se había valido encerró en el laberinto a Dédalo, junto a su hijo Ícaro ( hijo también de Naúcrate) Pero Dédalo se fabricó unas alas par sí y otras para su hijo, las pegó con cera y los dos huyeron volandoDédalo llegó sano y salvo.
Minos lo persiguió a todos los paises , cuentan que se ocultaba en Samos, Sicilia en la corte del rey Cócalo.
Minos por todas las partes por donde pasaba mostraba una concha de caracol y un hilo prometiendo recompensa a quien supiese pasar el hilo por las espirales de la concha. Nadie daba con la solución del problema y cócalo tentado, planteó la dificultad a Dédalo, el cual ató el hilo a una hormiga y metió al animal en aquel nuevo laberinto. Cuando Cócalo llevó a Minos la concha enhebrada éste comprendió que Dédalo el hombre ingenioso por excelencia se hallaba por aquellas cercanías y poco le costó conseguir que Cócalo confesase. Éste tuvo que comprometerse a entregarle a Dédalo. Pero el otro deseoso de salvar a su huésped, encargó a sus hijas que escaldasen a Minos en el baño, o bien sustituyó el agua de la bañera por agua hirviendo, tal vez a instigación de Dédalo que había instalado un sistema de tuberías. Así murió Minos, traicionado.
En Sicilia tras haber muerto Minos erigió numerosos edificios en agradecimiento a su anfitrión
Parafraseando el estudio que hizo Diez de Velasco sobre el laberinto griego, sabemos que el laberinto acota un espacio en el que se pierde la noción de la ubicación. Como tal, es un símbolo de la incapacidad sensorial para explicarlo todo, para localizar y catalogar. Perderse en el laberinto es casi la obligación del que encara sus vueltas. Encontrarse en él ejemplifica un paso adelante, la maduración del que ha sido capaz de superar la prueba y salir victorioso de un ingenioso producto de la naturaleza o de la mente del hombre.
Los estudios sobre el laberinto son tantos que desbordan cualquier intento de recopilarlos. Como producto de la mente, como símbolo, como imagen, como edificio real o como marco intemporal y cavernario, aparece en tantas culturas que se ha tendido a estimarlo como un universal.
Al relacionarlo con las entrañas vendría a significar quizá esa fuerza, que los tántricos llamaban poder serpentino y que, si se conseguía desenredar, transformaba al ser humano en ese algo superior que resulta su culminación. Al estimar que los vericuetos del laberinto son reflejo de las entrañas de la tierra, parecería retrotraernos a una cronología que desembocaría en los orígenes mismos de la sociedad. Símbolo de profundidades, laberíntica resulta también la contemplación de esa otra entraña que es el cerebro, cuyos vaivenes ocultan el milagro de la cognición, esos canales que nos permiten entendernos con el mundo.
El culto religioso que presenta al mundo como un laberinto tiene orígenes "pansofísticos". Los laberintos más antiguos que aparecen mencionados en literatura , son los laberintos de Egipto y de Creta. Es Heródoto quien describe el egipcio: "3.000 habitaciones, en la casi inaccesible cámara central, estaban sepultados los reyes y los cocodrilos sagrados". Luego Plutarco narra las hazañas de Teseo en el laberinto de Cnosos construido por el genial arquitecto Dédalo. La versión atribuida a Plutarco es aparentemente una evolución del culto de las grutas de la Edad de Piedra.
Lo esencial del laberinto en la antigüedad es su condición ser una metáfora "unificadora" de lo previsible y de lo imprevisible del mundo. El rodeo lleva al centro. Sólo por el rodeo se llega a la perfección.
En Creta es donde Las Leyes se cuentan, a lo largo de un itinerario que lleva a tres ancianos desde Cnosos hasta el antro de Zeus y su santuario. Un dios seguramente ha establecido las leyes: Zeus. Pero lo ha hecho con ayuda de un mediador, modelo de los legisladores míticos, ese intercesor próximo a los dioses no es otro que el rey Minos, según lo sostiene Platón en Las Leyes:
Cada nueve años asistía a la cita que le daba su padre y estableció las leyes de vuestras ciudades de acuerdo con las phemai, los rumores oraculares de su padre.
El motivo laberíntico surge de nuevo de ‘modo explosivo’ en los siglos XVI y XVII, así como entre 1880 y 1950
El término labyrintho tiene procedencia pre-griega y se originaría en el término "doble hacha" que guarda relación con Cnosos, puesto que ése es un símbolo grabado en varias de las piedras aún existentes del palacio.
Guy Béatrice, en su artículo "El laberinto hermético", da cuenta que el término "laberinto" no procede del griego "labrys" o doble hacha de los aqueos que presidiera el palacio de Cnosos; ya que, agrega, "hacha" se dice "pelekys". "Laberinto" vendría de "labra/laura, esto es, "piedra", "gruta".
René Guénon también afirma que el origen de la palabra no estaría en "labrys", porque "labrys" y "laberinto" derivarían de un mismo término que designa a la piedra. Algo contrario opina Paul de Saint-Hilaire quien propone el etimológico significado de "nasa de pescador", siendo Teseo el pececito atrapado.
A quien se ha adentrado en un proceso de superación de pruebas, a quien se ha empeñado en convertir el plomo en oro según los alquimistas, o a quien quiere borrar su historia personal como quien quita capa tras capa de una cebolla en busca de lo esencial se le ha llamado el caminante. La Tradición ha enumerado y pautado unos caminos para que no nos perdamos en cualquier recodo ante la menor dificultad pero también ha generado confusión al no permitir un mayor grado de autonomía e intuición en ese proceso de búsqueda, íntimo e intrasferible, aún así, algunos místicos como Juan de la Cruz nos recuerdan que «Para ir a donde no se sabe, hay que ir por donde no se sabe».
EL MAPA INCONSCIENTE
Parece que nuestro Ser interno, ese que batalla en la oscuridad, ese que nos sueña, que anhela y desea no aparece como un camino llano y tranquilo. Ese mapa interno tiene una orografía peculiar, salpicada de vivencias que aún humean como las brasas, con accidentes pronunciados y abismos insondables. En ese mapa hay tesoros y trampas, príncipes y dragones exactamente igual que en los cuentos de hadas. Se encuentran las fuentes más puras y cristalinas y también el hedor de ciénagas insufribles. Todo lo inimaginable reside en el pliegue de ese mapa interno, de nuestro Inconsciente.
De alguna manera el Inconsciente es todo eso que no emerge a la superficie de la consciencia, que no se muestra en la vigilia, a la luz de nuestra razón.
Y es por eso que es muy difícil su definición porque debajo de esa línea de flotación los perfiles se diluyen en el amplio mar de la vida y nuestro batiscafo sólo puede iluminar, en condiciones especiales, sólo algunas cuevas y algunos salientes. A esa profundidad el silencio y la presión son excesivas.
Ahora bien, entre inmersión e inmersión, a fuerza de perforar y tomar muestras, de poner el oído y escuchar el rugido incesante de la lava que nos recorre nos hemos hecho una idea de lo que hay bajo los pies, de cual es la naturaleza de nuestro inconsciente. Sabemos que esa fuerza de conservación que se pone de manifiesto en las situaciones límites reside en nuestro inconsciente; ese deseo que nos quema y que enciende nuestras pasiones más desaforadas también reside en él; esa sensibilidad a flor de piel que nos regula como un termómetro de alta definición; esa fe que mueve montañas, esa intuición que nos toca como un rayo iluminándonos también reside en lo más profundo. Es la morada de los dioses que inaguran día a día proezas y hazañas, y de los fantasmas descarnados que se cuelan en nuestros miedos e inseguridades; y de la memoria que alterna su alquimia entre el olvido y el recuerdo. El lugar de la energía madre y el poder de toda regeneración. No podríamos dejar de decir que el Inconsciente es la misma vida.
Espero k os haya interesado tanto, como el interes k he puesto en la opi, por cierto k si alguien kiere k le explik lo k significa el laberinto para mi no tiene mas k decirlo muuuuak
Perdona la valoración, pero la opinión no tiene nada que ver con esta carrera de griego antiguo y latin, que como dices no estudias. Saludos