LA GRANDEZA QUE PASA SIN DEJAR HUELLA
16.02.2008
Ventajas:
divertido, tierno, muy bien escrito . . .
Desventajas:
. . .
Recomendable:
Sí
Detalles:
Argumento
Personajes
Gancho
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 bedizu
Sobre mí:
JOSÉ Y PILAR___HOP___83ª CEREMONIA DE LOS ÓSCAR___RABBIT HOLE___CRANFORD___CISNE NEGRO___¡QUÉ TIEMPO...
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El argumento de este libro puede parecer frívolo, tonto, pueril, muchas cosas, incluso el diseño de su portada lleva a confusión. Puedes pensar que vas a leer algo humorístico, cuando en realidad se trata de una tragicomedia en la que el tono humorístico va dejando paso al "sentimiento trágico de la vida". A lo largo de 222 páginas un ratón nos narra la historia de su vida, desde su nacimiento en una librería de viejo hasta su muerte. No es un ratón cualquiera, sino un ratón lector, que empieza a comerse los libros que tiene a su alcance para paliar el hambre, pero cuando descubre la magia de la lectura, empieza a comerse sólo los bordes, y se transforma en un erudito soñador, un "burgués", como a él le gusta definirse, que tiene la desgracia de que el maravilloso mundo que le llega a través de los libros no tiene nada que ver con la sórdida realidad que le rodea, y cuyo enorme talento nunca obtendrá reconocimiento alguno.
En la contraportada del libro Rosa Montero lo define como "una econtecimiento en mi vida de lectora", y hago mías sus palabras. Firmin consigue, sin caer jamás en lo sentimentaloide, robarnos el corazón. Su vida es anodina pero sus cualidades para ver el mundo con ojos "lectores" la hace única. Empieza el libro diciendo que le gustaría encontrar unas palabras memorables para comenzar sus memorias, y eso le lleva a recordar las primeras palabras de libros clásicos, frases reconocibles para cualquier amante de la literatura. Este principio estoy segura de haberlo encontrado antes en alguna otra obra que tengo que tener en casa, pero soy incapaz de señalar en cuál fue.Si alguien sabe en qué otra obra hablan de principios memorables (con especial mención a los Buendía y su deseo de conocer el hielo), le agradeceré que me lo recuerde.
Lo curioso de la escritura de Firmin es que es muy buena prosa, pero el ratón no es consciente de la calidad de su escritura. Cree que sólo juega con las palabras, pero es capaz de hacer maravillas con ellas, como quedará patente, sobre todo, en las últimas páginas. Esta brillantez de Firmin, que va unida a su modestia y a sus complejos, queda plasmada en los principios de cada párrafo. Él, que soñaba con un principio genial para sus memorias, resulta que escribe un principio de cada párrafo deslumbrante, que bien podría formar parte de los "principios memorables" clásicos que él cita. Cuando me dí cuenta de ésto, empecé a mirar principios de párrafos en "Firmin", y me dí cuenta de que cada uno contiene una novela, un mundo. Es la literatura lo que hace de una rata normal un soñador, y aunque al principio hace bastantes referencias a lo que lee, poco a poco encuentra su propia voz. Es un erudito que ha leido lo mejor y lo peor, no sólo en novela, sino en ensayo. Sabe de psicología, de mecánica, intenta ver el mundo con las pautas que le dan los libros, pero su propia mirada es creadora, y es capaz de ver la maravilla en el decrépito barrio en el que se mueve. Cae rendido a los piés de las Beldades (que son las actrices de pelis clásicas y las de pelis porno). Escribo "Beldades" con mayúscula porque Firmin es un creador, y pone nombre a las cosas. A una mesa que tiene mil cosas sobre ella le llama "Camello", a cualquier mujer bella le llama "Beldad", y se referirá a cada cosa que ha nombrado siempre con su propia palabra, lo que da un efecto a veces divertido y otras nostálgico al texto.
Firmin sueña con un mundo en el que pueda sentarse a hablar de literatura (él, que tanto sabe), con el dueño de la tienda, en quien cree ver una especie de alter ego, hasta que descrubra que para él sólo es una maldita rata. Las decepciones de Firmin, los reveses de su vida, nos duelen, porque amamos a este ratón, nos ponemos en la piel de quien vale mucho más que lo que su aspecto o su vida nos puede hacer pensar. Firmin fantasea, como hacemos todos, y él se imagina como Fred Astaire, pero también desea tener algún modo de comunicarse, para expresar todo lo que lleva dentro. Intenta aprender el lenguaje de los sordos en uno de los pasajes más descacharrantes. Encuentra un libro en el que una Beldad muestra las letras y se pone a practicar, pero sus dedos no están hechos para eso, así que decide usar todo su cuerpo, como si estuviera bailando break-dance, para componer los signos. Al fin, consigue una frase "Adiós cremallera", con la que pretende relacionarse con la especie humana. Esa frase, que cada vez que la compone nos mata de risa, va cobrando un significado amargo.
La novela "Firmin", escrita por un profesor universitario estadounidense de filosofía, se ha hecho popular gracias a la recomendación de los lectores. Si no eres un "adicto" a la literatura, puede parecerte simplemente una buena novela, entretenida y bien escrita, pero si amas la literatura... "Firmin" es una experiencia. La obra nos muestra cómo la literatura nos da una visión transformadora del mundo. Quien lee es capaz de ver las cosas de forma diferente y de buscar alternativas más creativas a las realidades que se le presentan. Nos habla también de lo efímera que es la vida, de lo poco importante que es la existencia de cada uno, por maravilloso que uno se sienta, de la soledad, de la vejez... Porque Firmin envejece, y vemos en sus palabras la asunción de esta época de la vida, la aceptación de su propio fin.
A medida que iba leyendo el libro, el estilo de Firmin me recordaba al de alguien conocido, pero no era capaz de ponerle nombre. Fue alrededor de la página 110 que de pronto dije "¡Pero si es Lem!". Lem es Lemuel, ese usuario silencioso que me honra con su amistad virtual desde hace cuatro años. Es un mago de las palabras, que moldea y retuerce para crear nuevos conceptos. Juguetea con las letras, convirtiéndose en "el gran nombrador". Su don para dar una nueva forma a la expresión a mí me fascina. Él me llama Bee y para mí él no es Lemuel, sino Lem. Él nos pone mil nombres y juega con el léxico como hace Firmin, pero el parecido es mucho más profundo.
Lo que hace a Firmin y a Lem adorables es su propia modestia, su incapacidad para ver su propia maravilla, su pisar suave para no molestar. Firmin, como Lem, muchas veces nos dice en su texto que tal vez está entrando en demasiados detalles que puedan aburrirnos, y lo que no sabe es que nos tiene leyendo fascinados, no es capaz de imaginar que al otro lado sí que hay gente que admira el talento único de este ratón, que nunca obtendrá reconocimiento. Firmin y Lem tienen una gracia natural, muy sobria, algo lacónica, como de quien está algo cansado de todo, Me encanta cómo Firmin va "titulando" dentro de algunas frases lo que le parece que es un tema destacable. También pone mentalmente añadidos a las personas: "en mi lista mental, a continuación de su nombre añadí las palabras ridículo y vida". Es un creador en el sentido de necesitar poner el mundo en palabras nuevas, o al menos asignarle palabras inesperadas a las cosas y a las personas.
Sufriremos con los reveses que sufra Firmin, pero ese mismo sufrimiento será el que nos lleve a entender el valor que tiene el cariño que por fin reciba. Se trata de un libro ágil, que sólo se hace algo costoso de leer al final, pero porque a medida que nos acercamos al final de la vida de Firmin, más evidente se nos hace el sinsentido de la vida y la sensación de injusticia. El mismo Firmin, cuando ve lo triste que se está volviendo el relato le habla al lector: "¿Ya no te ríes?", y en otros lugares te dice "ya puedes bajar la ceja".
El último párrafo... ¡puf! palabras mayores. Firmin y Lem, tan leales, tan caballerosos, tan prudentes... A Firmin, esa pobre rata lectora, no puedo transmitirle mi agradecimeitno por los buenos ratos que me hace pasar, por lo que me ha hecho reír, ni decirle que yo sí aprecio su grandeza, que en mí tiene a una admiradora, que quiero ser una Beldad, pero a Lem... a Lem si que puedo decírselo. Bueno, no puedo decírselo, puedo escribírselo, aunque para ello tenga que buscar un huequecito en una opinión.
Lem, eres muy grande, tan grande como Firmin, y cuando "te leas", verás con qué ojos te llevo mirando todo este tiempo.
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20.05.2008 17:48
Lo estoy leyendo. Me quedan solo unas 50 páginas y me está gustando. Saludos
23.02.2008 01:19
No se si añadirle mas azucar o darlo por suficiente, pero me ha encantado , kisesxxxx
20.02.2008 13:20
Fantástica opinión. Hago tuyas tus experiencias como lectora de esta novela pues yo sentí algo parecido mientras la leí. Sin lugar a dudas una gran novela. Buena comparación con Lemurel, un tipo interesante. Un saludo