No hace mucho estuve en el picadero de unos conocidos y, como el día se presentaba de lo más desagradable para montar, decidí pasarme la tarde fisgando por los establos. Había un montón de cosas (todas más que necesarias para el bienestar tanto de los caballos y ponys como de los posibles jinetes...), pero me llamaron especialmente la atención las sillas de montar. Unas estaban colocadas en una especie de trípodes y otras en unas vallas anchas, en fila india, como si estuvieran puestas en un caballo larguíiiiiiiiiiiiisimo. Todas estaban perfectamente limpias y cuidadas. En lo que me fijé, tal ...
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