En los años cincuenta innumerables editoriales estadounidenses se afanaron en publicar toda una suerte de colecciones de cómics de horror que llegaron a ser enormemente populares hasta que pasado el años 56, la censura y el gusto cambiante del público, acabaron con esta tendencia haciendo que estas rocambolescas historias de horror cayeran el olvido. Pero a pesar de ser desconocidos para el gran público, su legado si ha llegado hasta nuestros días, tanto narrativa como estéticamente, en innumerables películas de décadas posteriores así como influenciando en grandes maestros del terror de los últimos treinta años. Entre ellos, Stephen King o George A. Romero, auténticos pilares del terror tal y como lo conocemos hoy en día. (¿Qué decir de Stephen King o de Romero, creador del fenómeno zombi tal como lo conocemos?.)

Por eso es de agradecer el esfuerzo de Gary Groth, Kim Thopmson y Greg Sadowaki por haber creado este volumen, así como el de Diablo ediciones por traerlo hasta nosotros y en nuestro idioma. Un libro que sirve tanto para acercarnos estas joyas narrativas que habían caído en el olvido como para preservar la memoria literaria de esta época dorada de los cómics.
El libro recoge cuarenta historias cortas de diversas editoriales y artistas de aquellos lejanos años cincuenta, en las que se despliega toda la riqueza visual de los dibujantes que empezaron a establecer las bases del mundo del cómic tal y como lo conocemos hoy, con viñetas llena de expresividad, con esa paleta de colores deliciosa típica de los cómics viejos. Dibujos retorcidos, monstruos, zombis, fantasmas, demonios, se arremolinan en estas viñetas de forma rocambolesca, delicada, cuidada, con mimo, con el delicado tesón del que realmente adora el trabajo que está haciendo. Artistas atrevidos que dejaron sus pinceladas a lo largo de cuarenta años de historietas se agrupan en este libro representando pesadillas que la sociedad occidental empezaba a permitirse imaginar para su gusto y disfrute. Trazos sencillos, pero efectivos, colores ricos, escenarios neogoticos y oníricos, tenebrosos pantanos, casas abandonadas, mundos de pesadilla plasmados a fuerza de imaginación y talento. No hay que olvidar que ahora estamos bombardeados por el mundo del terror artístico y son innumerables los iconos que tenemos ya imbuidos en nuestra cultura popular y referencial, pero en los cincuenta no era así y había que imaginar casi de cero esos personajes grotescos y esos escenarios de pesadilla. Pero eran auténticos profesionales, artistas con un talento vibrante y fresco los que crearon el sinfín de colecciones horripilantes que llenaban los kioscos es década de los cincuenta, y los más representativos de ellos llenan las páginas de este libro con sus viñetas llenas de fuerza, desde Fred Kika, pasando por Jack Cole, que también guionizaba muchas de sus historietas y sobre todo Bob Powel, que empezó su andadura en los cómics haya por el año 37, en el mítico estudio Will Eisner-Jerry Iger, y que fue un referente en el mundo del cómic durante toda su carrera.
Los que adoréis los cómic viejos como yo os daréis cuenta de que antes de empezar al lectura de este libro, os pasaréis una buena cantidad de minutos pasando los páginas muy lentamente, paseando la vista por lesas viñetas deliciosas, sin leer los bocadillos, solo disfrutando de ese dibujo clásico que con el tiempo va adquiriendo cada vez más fuerza y autenticidad, lejos de devaluarse frente a los cómics modernos.

Pero, ¿qué decir de las historias?, que imaginación, que locura. En estas páginas se encierran oscuros pasillos, retorcidas creaciones que van más allá del típico vampiro o fantasma, que también los habrá, por supuesto, como en la historia Yo, vampiro. Encontraremos auténticas pesadillas apocalíptico-zombi, como en Cadáveres de costa a costa, divertidas historias de humor macabro como El cadáver que vino a cenar, tenebrosos introspecciones al fondo del alma humana y sus malignos vericuetos, como en El extraño caso de Harry el calzonazos, donde la culpabilidad tiene macabras consecuencias, o en El amo del laberinto, donde viajamos al más profundo mal que encierran los corazones de algunos hombres. Resumiendo, un sin fin de historias terribles, disparatadas, por donde se pasearan monstruos, asesinos, fantasmas, hermosas mujeres gritando, todo un clásico, muertos vivientes, pero todas llenas de vida, de ritmo, de originalidad y de una riqueza narrativa realmente sorprendente. Al leer este libro, uno tiene la doble sensación de que en este mundo terrorífico todo puede valer si eres capaz de imaginarlo, pero de que todo se escribía y se creaba con rigor, con profesionalidad y con mucho trabajo. Destacan las historias que creó, tanto si las guionizaba como si solo las supervisaba o diseñaba, Ruth Roche, del estudio Iger, posiblemente la única mujer que formó parte del aparato creativo de este negocio y que llegó a ser todo un referente en el género (el libro incluye una pequeña biografía de ella).
Acabando, en mi opinión este libro es una joya, tanto por el material artístico que nos ofrece, que no se limita solo a las historias, ya que también incluye una selección de portadas de distintas editoriales y colecciones, así como anuncios originales de la época, como por la cantidad de información que Greg Sadowski ha incluido en las notas, en las que encontramos una pequeña historia sobre la publicación de cómics de terror, así como una nota explicatoria de cada una de las historietas, con sus creadores, el año de publicación y una breve explicación de la misma y de su proceso de creación.
Todo eso hace de este libro un viaje fantástico al mundo editorial de los cómics de horror americanos de los cincuenta. Una lectura relajada, simple y directa, alejada de los grandes efectismos del terror y del mundo del cómic moderno, solo hace falta una luz tenue, una mente abierta, una imaginación inquieta y ganas de disfrutar en un viaje a nuestra infancia, a nuestra inocencia, cuando éramos mucho más sencillos de impresionar.
Muy buena información sobre este libro que no conocía. Muy completa. No es de mi tipo de cómic favorito, quizás demasiado color vivo para mi gusto, demasiado contraste... A pesar de que sé que ese es su encanto que lo diferencia y le da la calidad, como bien dices, de "antiguo". Estoy con el compi Healer en que se agradecería algún punto y aparte separando líneas del grueso, porque tanta letra junta como que se apelotona un poco a la vista... Jajaja! Eh, pero la info genial! Besos!