PRIMER DÍA
Harry M. Gillette, alcalde de Biloxi, estaba muy entretenido jugando al "buscaminas" en el ordenador cuando entró su secretaria, Marjorie, taconeando con decisión.
Señor alcalde. Es un telegrama. Pone urgente.
Gracias, Marjorie. Veamos de qué se trata...
Cerrando el juego ( que ya empezaba a aburrirle...), el alcalde rasgó, con gesto displicente, el sobre que contenía el telegrama. A continuación leyó:
'''Querido alcalde.STOP.Concurso GHC inicia tour. STOP.32.000 millones recibidos.STOP.Organización celebrará fiesta.STOP.Hay que escoger un lugar. STOP.Yo propondré Biloxi. STOP. En cuatro días llegamos a esa. STOP.Vuelo PANAM 292.STOP.Oportunidad única. STOP.Tenga todo dispuesto. STOP.Un abrazo. Otis B. Clayton. FIN'''
Harry M. Gillette, a punto de sufrir un colapso, sólo atinaba a decir: "¡Dios mío!" "¡Dios mío!" Rápidamente, accionó el interfono:
Marjorie, llame inmediatamente a Sam Trebinkle ¡Es urgente!En su residencia Sam Trebinkle ( "Sammy" para sus amigos ), se relajaba en la piscina climatizada haciendo largos y disfrutando de su excelente calidad de vida. Encima de la mesa, al lado de la jarra de limonada helada, su móvil empezó a zumbar como un moscardón. Salió de la piscina y contestó la llamada. Al otro lado, Marjorie, la secretaria particular del alcalde, le urgía para que se presentase de inmediato en el Ayuntamiento. Sam dijo "Ok".Sam M. Trebinkle. 37 años. Máster en Relaciones Públicas por la Universidad de Harvard. Abogado. El encargado, en el Ayuntamiento de Biloxi, de "Eventos y Convenciones". Un brillante ejecutivo. Un triunfador...
Mientras se secaba, el espejo del vestidor le devolvió el reflejo de su cuerpo bien "torneado" por un exclusivo y carísimo gimnasio. Eligió una camisa blanca con listas verdes de Van Laak; pantalón beige, en algodón mercerizado, de Paul & Sark; pulóver de cashmere en tono verde botella y náuticos marrones, sin calcetines, de Allen Edmonds. Contempló todo el conjunto: estaba insuperable...
Diez minutos más tarde, su Chevrolet Camaro convertible volaba a 150 kilómetros por hora en dirección al Ayuntamiento. Estacionó en el garaje para altos cargos y asesores del consistorio municipal y tomó el ascensor interior para ver al alcalde Gillette. Cuando llegó al amplio recibidor, Marjorie le guiñó un ojo y, en un susurro, comentó: "Algo le ocurre al viejo; le he notado muy nervioso". Sammy Trebinkle correspondió a la confidencia de la joven pellizcándole con delicadeza la mejilla. Luego empujó la gran puerta de caoba para acceder al despacho del alcalde...
Harry M. Gillette, los brazos tras la espalda, paseaba como un poseso de un lado a otro de la gran estancia. Su voluminosa barriga se movía arriba y abajo a cada una de las zancadas. Entró Sam Trebinkle. Sin dejar de pasear de un lado a otro, el alcalde exclamó:
Siéntese, Sam, siéntese.
Luego le puso en antecedentes. Durante más de quince minutos, el atribulado alcalde de Biloxi le expuso al joven ejecutivo encargado de "Eventos y Convenciones" los pormenores del telegrama.
Además, en conversación telefónica con la Directora de Organización de GHC, señorita AL, el alcalde Gillette supo de primera mano las condiciones específicas que debían reunir las candidaturas a la celebración de la fiesta: "¡Algo propio de chiflados!" dijo.
¿De qué se trata, alcalde?. Preguntó Sam.
Entonces éste le explicó que, al parecer, se trataba de que expusieran cinco argumentos alabando los motivos por los que debería escogerse un lugar determinado y que tales argumentos irían suprimiendo una vocal, comenzando por la "a" y terminando por la "u", hasta completar las vocales. "¡Lo que yo le digo, Sam, una auténtica locura!" recalcó el alcalde. Luego retomó, un poco más calmado, el hilo de la conversación. Le dijo a su asesor que Biloxi debería estar a la altura. Que era una oportunidad única: "¡Fíjese, Sam, cuentan con un presupuesto de 32.000 millones; si de esa fabulosa cantidad destinan, aunque sólo sea un tres por ciento, para organizar la fiesta, la ciudad de Biloxi saldría muy beneficiada". Luego entraron en los detalles de la organización:
¿Podemos contar con alguna celebridad, Sam?. Preguntó el alcalde.
¿Alguna celebridad? ¿Qué le parece Paris Hilton?. Repuso éste.
¡Santo Cielo, no! ¡Igual pretende hablar y sería un desastre!Continuaron perfilando los preparativos; se acordó contratar a la "Biloxi Mistery Train", una banda de r&b muy popular en el estado, que se encargaría de dar la bienvenida a la comitiva en la misma escalerilla del avión. El grupo de animadoras del equipo universitario de rugby de Biloxi, "The Temptatioms", se encargarían de ejecutar un baile-salutación y la "Biloxi Events & Party" acondicionaría la terminal del aeropuerto. También habría que instalar un equipo de megafonía completo con efectos sonoros de última generación. En lo concerniente al transporte, se alquilarían varias limusinas a la "Biloxi Luxury Cars". También, por supuesto, habría que reservar varias suites en el "Holiday Inn Biloxi" y un servicio de catering con cocina internacional. El Departamento de Policía de la ciudad aportaría un servicio de escolta motorizada para los desplazamientos y otro de seguridad para la delegación y participantes de GHC. Sam Trebinkle, mientras se rascaba la sien derecha, preguntó:
¿Con qué presupuesto contamos, alcalde?.
¿Presupuesto? ¡No diga tonterías, Sam! No tenemos ni un céntimo. Con el asunto de la crisis, la asignación de fondos federales a los ayuntamientos se ha congelado...
¿Entonces?. Inquirió el ejecutivo.
El alcalde, sentándose por primera vez, se mesó los cabellos; en su cara se dibujó la preocupación, miró a los ojos del joven y dijo: "Usaremos los 200.000 dólares del Fondo de Pensiones de los empleados municipales, Sam. Si todo sale bien y Biloxi es elegida para celebrar la fiesta, dispondremos de muchísimo dinero y repondremos el importe de la caja de pensiones..."
¿Y si no es así, alcalde?. Volvió a preguntar el responsable de "Convenciones y Eventos".
Harry Gillette, echando su enorme corpachón sobre el respaldo de la silla, tomó un habano de una caja humificadora, lo prendió con un fósforo extra largo, aspiró profundamente y mirando al techo, ensimismado con las volutas que dibujaba el humo, respondió tranquilamente: "Si no es así, hijo, usted y yo pasaremos una larga temporada en la prisión estatal..."
Comprendo. Dijo Sam Trebinkle. Luego salió del despacho. Tenía mucho trabajo por delante.
SEGUNDO DÍA
Al primer pitido del despertador, Sam Trebinkle saltó de la cama. Después de una ducha rápida, eligió el vestuario: hoy iba a ser un día de mucho trabajo; la ropa tenía que ser cómoda, muy cómoda. Eligió unos blue jeans
Levi's gastados, una sudadera gris de algodón con el anagrama en el pecho de "Harvard University" y unas deportivas blancas y azules de
Avirex. A las diez de la mañana, su camaro enfilaba el aparcamiento del campus universitario. Sam se encaminó al pabellón cubierto donde, a esa hora, el conjunto de animadoras del equipo de rugby, las "Temptations", estarían ensayando sus números coreográficos. Nada más entrar, Nancy Plowright, una belleza trigueña de 24 años y capitana del equipo de animadoras, rodeó el cuello de Sam con sus brazos y le propinó un par de sonoros besos en cada mejilla. El ejecutivo, mientras tanto, le acariciaba su culito respingón con delicadeza. Luego, en un aparte, le explicó lo que pretendía de las animadoras. Para concluir, añadió:
Ya sabes, Nancy, cariño. Tenéis que crear una coreografía especial para la ocasión. Y, si puede ser, las falditas las acortáis un par de centímetros... ¡Todo sea por Biloxi!. Luego salió del pabellón. Ya en su coche, usó el "manos libres" para ponerse en contacto con el representante de los "Mistery Train Blues": le explicó, muy claramente, qué era lo que quería. El único tema que habrían de interpretar era el Jelly 292 de Hendrix; y por una razón muy simple: la comitiva del GHC llegaría en un vuelo de la PANAM con ese número de registro. Una vez que cortó la comunicación con el agente de la banda, salió en dirección a la sede la "Biloxi Events & Party". Diez minutos más tarde, hablaba con el gerente de la compañía: tendrían que decorar la pista donde aterrizase el "AIRBUS" de GCH e instalar un podio, además de un palco para autoridades, y acondicionar todo el perímetro para que el recibimiento fuese acorde con lo que se esperaba. Debería servirse, de igual modo, un ágape de bienvenida con cava y otros vinos españoles, champán y toda clase de refrescos además del mejor bourbon, otros licores y una selección de canapés variados. Al decirle que tenían dos días para solucionarlo todo y que mañana se llevaría a cabo un "ensayo general", el gerente de "Biloxi Events & Party" abrió los ojos como platos, pero dijo que todo estaría dispuesto. Más tarde, Sam se recostaba, tranquilamente, en el mullido sofá rojo de piel del elegante despacho de William "Willy" Carpone, director de "Biloxi Luxury Cars", mientras éste le mostraba una fotografía tamaño DIN A4 de una espectacular limusina "Lincoln Continental" de sobrio color negro y con todas, absolutamente todas las comodidades y detalles imaginables. "Bien, quiero tres como esta, Willy". Dijo Sam. El otro, con gesto de satisfacción y una media sonrisa, exclamó: "¡Caramba, Sammy!..¿acaso viene Obama a Biloxi?". Sam Trebinkle, que ya se había levantado y enfilaba la salida, se dio la vuelta y respondió: "No, es algo mucho más importante".
El Camaro frenó en la gran explanada que servía de aparcamiento privado del "Holiday Inn Biloxi". Sam descendió del deportivo y entró en el gran recibidor que conducía a la recepción. El director del hotel, Arbogast L. Deveroux, ya le esperaba con una amplia sonrisa dibujada en su rubicundo rostro: "Encantado de verle, Sam. Ya está todo dispuesto". Un rato antes, Sam le había llamado para reservar la totalidad de la última planta y todas las suites. Ahora se encontraba allí para ver la disposición de las habitaciones y la confortabilidad de las suites. Todo estaba perfecto. Entonces, dirigiéndose al director, comentó: "Arbogast, quiero que en cada habitación y en las suites haya una cesta con frutas de primera calidad, una bandeja de plata con bombones "Godiva" y un par de botellas de champán en cubitera; el champán que sea "Moet Chandon", por supuesto". El director, frotándose la manos, sólo dijo: "Por supuesto, Sam, por supuesto. Así se hará". Luego se despidieron...

Treinta minutos más tarde, Sam se relajaba haciendo unos largos en su piscina climatizada. Había sido un día duro..., bueno, duro si tenemos en cuenta el trabajo de un ejecutivo "primera clase", y Sam lo era, claro. A continuación, hizo una llamada telefónica.
¿Atticus? Hola, soy Sam Trebinkle.
Al otro lado de la línea, Atticus Ford, poeta y cronista local, escuchó con atención lo que Sam pretendía de él. Quedaron en verse, una hora más tarde, en el "Crazy Bird Bar". El local, con la ambientación típica de los bares sureños, estaba a pleno funcionamiento. Los neones publicitarios destellaban contrastando con la media penumbra reinante. La gramola "Wurlitzer" de la esquina estaba reproduciendo un antiguo éxito de Merle Haggard: "Silver Wing". En una de las mesas más apartadas del bullicio, Atticus Ford contemplaba, tranquilamente, a las parejas bailando al son de la música country. En ese momento entró Sam Trebinkle. Se sonrió al ver al poeta y observar que, como siempre, iba vestido como un "cow boy": sombrero Stetson, traje negro con corbata de lazo y botas repujadas Dingo. Se sentó a la mesa y le estrechó la mano. Después de pedir una cerveza "Lone Star" habló:
Verás, Atticus. Se trata de componer un texto. Cinco argumentos de cinco líneas cada uno. Tienes que empezar suprimiendo la "a" y así sucesivamente hasta completar las vocales. Tienes dos días. ¿Cómo lo ves?.
El poeta se acarició la perilla mientras bajaba la mirada hasta la mesa, como sopesando las posibilidades. Miró fijamente a Sam Trebinkle durante un rato y al fin habló:
Dalo por hecho, Sam. Luego bebió un gran trago de cerveza. Poco tiempo más tarde y tras haber intercambiado alguna información al respecto de todo lo que se jugaba la ciudad de Biloxi, Sam se despidió de su amigo y quedaron en verse al día siguiente, a las 10 de la mañana, para el ensayo general...
TERCER DÍA
A las nueve y treinta y un minutos, Sam Trebinkle ( mismo vestuario que el día anterior ), accedía al despacho del alcalde Gillette; a su lado y portando un maletín negro se hallaba su secretaria, Marjorie, que le guiñó un ojo a Sam.
También estaba la totalidad de la oposición en el Ayuntamiento de Biloxi. Sam saludó a todos con una inclinación de cabeza. Tomándole por el hombro, el alcalde se lo llevó a un lado y habló entre susurros:
Verá, Sam, he tenido que comentarles a los representantes de la oposición la forma en que vamos a financiar todo esto. Están de acuerdo, pero si ocurre algo y las cosas no salen como hemos previsto, no querrán saber nada, los muy cabrones...

Luego le dijo: "Nunca se fíe de los republicanos, Sam. ¡Nunca!" En realidad, Sam Trebinkle no se fiaba de los políticos en general, aunque tenía que reconocer que el alcalde Gillette era un buen hombre que estaba dispuesto a hacer lo que fuera por la ciudad que lo había visto nacer. A continuación, toda la comitiva se dirigió al Aeropuerto Internacional Gulfport de Biloxi. Allí ya estaban las tres limusinas "Lincoln Continental" como tres hermosos y brillantes escarabajos negros; a ambos lados de las mismas, el Capitán Herbet M. Speelvos, jefe de la Patrulla Motorizada del Departamento de Policía de Biloxi, las escoltaba al mando de una veintena de espléndidas y poderosas "Harley Davidson" Electra Glide 1200. La "Biloxi Events & Party" había construido un maravilloso podio y un elegantísimo palco para autoridades; además, mediante técnica infográfica, presentaron un pormenorizado estudio de como quedaría engalanado el aeropuerto cuando los operarios terminasen su labor. También habían traído una muestra de vinos, cavas, champañas y otros licores además de una selección de canapés para el ágape de bienvenida. Todo estaba perfecto. Las "Temptations" con su capitana Nancy Plowrigth a la cabeza, formaban en cuadro de actuación. Su atuendo era, sencillamente, arrollador: faldita, minúscula, de color verde. Polo, sin mangas, amarillo y verde con el nombre de las animadoras y en grandes letras amarillas el de Biloxi; remataban el conjunto con botas deportivas blancas. Además, todas llevaban un par de pompones verdes y amarillos. Estaban deliciosas. El equipo de sonido y luces, obra de los ingenieros de la "Biloxi Events & Party" era espectacular y la "Biloxi Mistery Train" ya había conectado sus equipos y amplificadores. Todo estaba dispuesto. Desde el podio, el alcalde Gillette dio la señal; de inmediato se pusieron en marcha las limusinas escoltadas por las motos; las luces, con miles de neones perfectamente sincronizados destellaban en intervalos formando una frase: "¡Welcome To Biloxi!" "¡Welcome To Biloxi!", a otra señal, las "Temptations" iniciaron su coreografía: con una serie de saltos acrobáticos perfectos, dos de ellas se situaron en el sitio convenido, y moviendo sus pompones, gritaron:
¡Dame una G! ¡Dame una H! Dame una C! ¡GHC en Biloxi triunfaréis!¡Dame una G! ¡Dame una H! ¡Dame una C! ¡GHC en Biloxi triunfaréis!
De inmediato, la "Biloxi Mistery Train" atacó el tema convenido: http://es.youtube.com/watch?v=VxIxZHRghWU con una potencia y ejecución perfectas; las "Temptations", secundando el ritmo, daban piruetas y saltos por la pista mientras sus pompones, en perfecta sincronización con brazos y piernas, trazaban un haz de colorido y armónica belleza.
Todo fue perfecto. Para el día siguiente, día "H", quedaba rematar algunos aspectos y lo más importante: el trabajo de Atticus Ford; de su resultado dependía la suerte de Biloxi; la hermosa Biloxi, la "vieja dama del Golfo"...
CUARTO DÍA: DÍA "H"
Sam Trebinkle se despertó a las 7 de la mañana. Notaba en el estómago una sensación de vacío; pero no era debido al hambre: el "nudo" que sentía era una pura cuestión de nervios. Sí, siempre le ocurría lo mismo ante situaciones de mucha tensión. La ciudad de Biloxi se iba a "jugar el resto"; y él y todos los demás estaban dispuestos a aceptar el envite. Mientras su cabeza trataba de ordenar un sinfín de pensamientos, Sam se duchó con agua fría. Se secó metódicamente y se aplicó una crema hidratante por todo el cuerpo. También se dio un masaje por el rostro con un preparado específico para las "arrugas de expresión". Eligió un traje negro con corbata estrecha de igual color y camisa blanca. Todo de
Kalvin Klein. Los zapatos, en fino tafilete negro y con cordones, eran un modelo de la temporada pasada de
Andrea Santoni. Por fin, se pulverizó todo el cuerpo con
Xeryus Rouge de Givenchy. En cinco minutos, su camaro rodaba como una exhalación en dirección al Ayuntamiento.
La tensión en el centro neurálgico de la municipalidad era evidente. Los sobrios trajes negros de los caballeros y los elegantes vestidos de "cóctel" de las damas, presagiaban que el de hoy era un acontecimiento importante. En una esquina, y frotándose las manos nerviosamente, estaba el alcalde Gillette, impecable en su frac. Llevaba puesta la banda, transversal sobre el pecho, que acreditaba su condición de máxima autoridad municipal. Marjorie, elegantísima en su vestido negro "palabra de honor" con fino drapeado de tul, se mantenía muy cerca del orondo prohombre. Como siempre, le guiñó un ojo a Sam; éste se dirigió a saludar al alcalde Gillette. Lo notó muy nervioso; excesivamente preocupado y expectante. Se acercó a el y le dijo, intentado transmitir tranquilidad: "Tranquilo, alcalde. Todo saldrá bien. ¡Viva Biloxi!" Harry Gillette, la mirada intensa y los puños apretados, contestó: "¡Viva siempre!". Luego, todos fueron al aeropuerto.
Al igual que el día anterior, cuando se llevó a cabo el ensayo general, todos estaban dispuestos y preparados. Las autoridades ocuparon el palco; el alcalde Gillette, junto con Sam y Marjorie, se situaron en el podio. Las "Temptatioms" estaban formadas, la "Biloxi Mistery Train" dispuesta; las limusinas y su escolta, en posición. Los técnicos de sonido y luces, preparados. Cuarenta camareros de elegante chaqué, las manos detrás de la espalda, se mantenían marciales detrás de unas enormes mesas repletas de los más finos licores y vinos y las más excelsas viandas; el capitán Herbet M. Speelvos formaba al frente de la Patrulla Motorizada con uniforme de gala, las "Harley" relucientes y el motor encendido en un ronroneo poderoso. El trabajo de la "Biloxy Events & Party" había resultado magnífico: la pista de acceso al Aeropuerto Internacional Gulfport, por donde llegaría el Airbus A300 estaba engalanada con un gusto exquisito.
El alcalde consultó su reloj...
Tres minutos más tarde, una estela plateada se dibujó en el cielo de Biloxi. Los presentes se miraron unos a otros: todo debía resultar perfecto. Al poco, el avión de la PANAM vuelo 292 tomó tierra. En uno de sus laterales se podía leer: GHC WORLD TOUR 2009. Se abrieron las puertas y se extendió la escalerilla. Las azafatas y tripulación se situaron a los lados. Entonces, entre aplausos de los congregados, comenzó a descender la comitiva del concurso. Saludando con la mano apareció la señorita AL, Directora de Organización, rodeada de ejecutivos. Llevaba un jersey de cuello vuelto, color pistacho, un chaquetón tres cuartos, en piel envejecida de Belstaff, pantalones en pana marrón, de Tommy Hilfiger y botas marones en serraje de Salvatore Ferragamo. Unas gafas Ray Ban, modelo Wayfarer completaban el conjunto. Un paso por detrás, se podía ver a la señorita Cay Oncena, moderadora de Debates y Contenidos, con un traje chaqueta negro, pamela y zapatos de salón con hebilla, todo de Marc Jacobs; se tocaba, igualmente, con unas gafas de la línea Fendi occhiali. A su lado, y de riguroso Smoking, iba Desmond, el mayordomo, que portaba en brazos a Writing, el Pomerania mascota del concurso. Todos saludaban cuando, en tropel, aparecieron los concursantes: sudadera y pantalón gris de algodón, con la inscripción en el pecho: GHC Tour & Party 2009. Como siempre, mostraban una alegría exultante, a pesar de las horas de vuelo. Una vez que se hubieron repartido los ramos de flores y los regalos, todo el mundo quedó a la expectativa. El alcalde dio la señal y comenzó el espectáculo: Fue soberbio, todos aplaudían a rabiar. Las "Temptations" bailaron como nunca; la música de la "Biloxy Mistery Train" sonó como ejecutada por ángeles y los efectos de sonido y luces engrandecieron todo aquello de manera mágica. Entonces, de repente, un silencio atronador ( nótese el oxímoron...) lo envolvió todo...
Escoltado por dos de las animadoras, Atticus Ford,
Stetson negro, traje diplomático negro con rayas, botas
Dingo negras y grises, camisa blanca y corbata de lazo negra, subió al podio. Saludó con una inclinación de cabeza. La expectación y el silencio eran máximos. Sacó unas cuartillas de su maletín y se aproximó al micrófono; hizo una señal a las chicas, que estaban a su lado, y éstas exclamaron al unísono, mientras sacudían sus pompones en dirección a la comitiva:
¡Empezamos sin la A!:
Atticus Ford: Bienvenidos. Es Biloxi urbe y no villorrio: ¡Celebremos un fiestorro! Tenemos refrescos, licores y un ibérico tintorro: ¡Celebremos un fiestorro! Finísimos comestibles, supremo es nuestro jolgorio: ¡Celebremos un fiestorro! Bienvenidos, escribientes, todo esto es por el morro: ¡Celebremos un fiestorro! Comeremos, beberemos; montemos un botellón: ¡Celebremos un fiestón! Tenemos costo del bueno; pillemos un colocón: ¡Celebremos un fiestón! Biloxi os promete un sinfín de diversión: ¡Celebremos un fiestón! Los munícipes presentes, competentes un montón, os prometen, escribientes, un fiestorro muy molón.
Y yo por lo pronto digo, contento y con emoción: ¡Celebremos un fiestón!
¡Seguimos sin la E!:
Atticus Ford: Yo sigo con la movida, y no va nada mal: ¡Propongo una bacanal! Todos somos mayorcitos, nada nos va a asustar, Biloxi lo solicita: ¡Hagamos la bacanal! Juntos, los chicos y chicas, junta la municipalidad, juntitos los policías: ¡Hagamos la bacanal! Yo, Atticus Ford, solicito, con la mayor dignidad, pasárnoslo como indios: ¡Hagamos la bacanal! Y si no somos romanos, para nada nos importará: ¡Propongo una bacanal! Una bacanal biloxiana, una movida total, la mayor jamás montada, algo para no olvidar: ¡Propongo una bacanal! Amigos míos, os digo, con una convicción total: ¡Hagamos la bacanal! Biloxi protagonizará, la mayor noticia habida: ¡Una bacanal grandiosa! ¡Una grandiosa movida!
¡Continuamos sin la I!:
Atticus Ford: Señoras y señores, una propuesta les dejo: ¡Celebremos un festejo! Esta urbe lo merece; yo en el empeño no cejo: ¡Celebremos un festejo! Ustedes se preguntarán ¿Qué pretende este poeta? ¿Es esto, acaso, un cortejo? ¿Es menester, por tanto, el celebrar tal festejo? Y yo les responderé, tal que un orate poseso ¡Claro que es menester! ¡Celebremos un festejo! Más ustedes dudarán, ¿Nos estará lanzando los tejos? Y yo les responderé: ¡Celebremos un festejo! Y a cuantas preguntas hagan, talmente contestaré, pues tengo en el entrecejo el celebrar un festejo. Ya sé, señoras, ya sé, que es asunto muy complejo, más a todos convenceré de celebrar un festejo. Ya sé, señores, ya sé, que a alguno dejo perplejo; más yo no me cansaré: ¡Celebremos un festejo!
¡Y seguimos sin la O!:
Atticus Ford: Y llega la cuarta tanda, más prevalece la idea, la ciudad les manifiesta: ¡Celebren aquí la fiesta! Ciudad natural y alegre, cálida y feraz belleza, naturaleza sin par: ¡Celebren aquí la fiesta! La perla del sur, la vieja ciudad regia: ¡Celebren aquí la fiesta! El mar de azules y verdes, las playas de blanca arena: ¡Celebren aquí la fiesta! ¿Qué más les explicaré? ¿Queda clara nuestra idea? Nada más les pediré: ¡Celebren aquí la fiesta! Si han de deliberar, deben ser asaz prudentes; nada les haga dudar; si tienen que preguntar, la ciudad entera escucha y unida les manifiesta: ¡Celebren aquí la fiesta! La ciudad está preparada; ya se halla bien dispuesta, elijan en buena lid: ¡Celebren aquí la fiesta!
¡Acabamos sin la U!:
Atticus Ford: Llegados a este momento, prevalece la emoción: ¿Será Biloxi elegida para tamaño fiestón? ¿Les habremos convencido? ¿Les parece radical el montar la bacanal? ¿Es tema de gran engorro el celebrar el fiestorro? He de decirles, no obstante, mis estimados amigos: siéntanse como en LA CASA. Todos sean bienvenidos. Biloxi les agradece, con la mayor satisfacción, la visita y la presencia en ésta y otra ocasión. Les decimos, compañeros, en esta hermosa mañana: Biloxi está preparada para la mayor jarana. Fiestas de todos los tipos, celebramos sin parar; acabamos en la playa: otros en la misma mar. En las noches de verano se ve a la gente bailar, Biloxi no descansa: hay jolgorio sin parar.
Yo ahora mismo les invito: ¡¡Vamos todos a bailar!!
Mientras Atticus Ford bajaba del podio, entre una salva de aplausos, la "Biloxi Mistery Train" volvio a tocar; las "Temptations" a bailar; los camareros, como un ejército bien instruído, sirvieron todo tipo de bebidas y canapés; la señorita AL hablaba, muy animadamente, con el alcalde Gillette; Sam Trebinkle, a su vez, lo hacía con la señorita Cay Oncena. El mayordomo, Desmond, estaba empeñado en ayudar a los camareros a servir el ágape: por supuesto se lo impideron. A la media hora, las conversaciones entre unos y otros eran de lo más agradable. Podía verse, por ejemplo, a Corus, uno de los concursantes, intentando emular uno de los números coreográficos de las animadoras; a su lado, Nancy Plowright se moría de la risa mientras le sujetaba una pierna. El resto de los concursantes se desperdigaba por la pista de aterrizaje bebiendo y comiendo. La verdad era que todos se lo estaban pasando muy bien; algunos excesivamente bien: Otis B. Clayton, con una tajada descomunal, iba hipando y dando tumbos mientras gritaba, desaforado: ¡Viva Biloxi! ¡Viva Biloxi!...