No se nos presenta Polonia como un destino turístico tradicional. Aparte de Cracovia y, en menor medida, Varsovia, no muchos españoles deciden visitar este país en vacaciones. La relativa lejanía y el pasado comunista reciente pueden hacer pensar que nos encontraremos ante un país pobre, de escasa infraestructura turística o inseguro y que existen otros sitios más interesantes y placenteros. Pero se trata de tópicos.
Polonia está más cerca de lo que parece, ya que existen vuelos económicos desde Barcelona y Madrid a Varsovia, Cracovia, Poznan y a algunas otras grandes ciudades polacas. No obstante, nosotros elegimos volar a Berlín con una buena oferta de Lufthansa y ahí alquilar una autocaravana para recorrer a nuestro aire la mayor parte del territorio polaco que nos permitiera el tiempo y la red viaria polaca.

Tanto el alquiler de automóviles como de autocaravanas es más barato en Alemania que en Polonia, por lo que estando Berlín a 100 km por autopista de la frontera polaca occidental, no es una mala opción si se desea pasar unas vacaciones de dos o tres semanas sin recurrir a los circuitos organizados. También he de decir que, decididos por una modalidad de viaje itinerante, la opción de la autocaravana es muy personal, menos económica que el coche más hotel o casa rural (a nosotros nos costó alquilarla unos 1.200 euros por 11 días, a lo que hay que sumar el precio del camping, que suele estar en torno a los 15 – 19 euros diarios), pero que te da mayor libertad y no te hace depender de reservas o fechas fijas; permite llevar todo tu equipaje sin bajar y subir maletas, y comer lo que te apetece, donde y cuando quieres. Ya optamos por la autocaravana en Islandia, y aquí, aunque no es un lugar tan idóneo, no deja de constituir un viaje muy atractivo e independiente.Una vez traspasada la línea fronteriza te topas de narices con uno de los principales problemas de Polonia: la escasa y vetusta red viaria; hay pocas autopistas, de hecho las están construyendo ahora con la ayuda de los fondos europeos, por lo que tienes que enfrentarte continuamente a desvíos por obras, firmes en mal estado (las famosas roderas, aquí llamadas koleiny) y unas formas de conducción algo peculiares; a ello hay que sumar las continuas zonas urbanas con limitación de velocidad a 70 km/hora (se conocen por una señal de tráfico con el perfil de población). Por estos motivos la velocidad media es bastante menor que en España y eso es un elemento a tener en cuenta para calcular distancias y tiempos.
Es conveniente cambiar los zlotys en la frontera o no muy lejos de ella, las casas de cambio, denominadas KANTOR, están claramente ubicadas a los lados de la carretera, y ofrecen un cambio mejor que en las grandes capitales (entre 4,1 y 4,2 zlotys por euro en agosto de 2011). El pago con tarjeta viene a salir más o menos como en efectivo, aunque la tasa de cambio es bastante irregular, según el sitio, por lo que es mejor cambiar divisas para saber exactamente qué es lo que vas a pagar; la obtención de efectivo del cajero lleva una alta comisión.
El combustible viene a costar unos 10 céntimos más por litro que en España.
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La primera ciudad de importancia que tiene Polonia, si se viene de Berlín, es POZNAN. Aquí hay que visitar su antigua plaza del mercado (stary rynek) y las iglesias, ¡siempre las lujosas y espectaculares iglesias de Polonia! No es raro que en su interior se ofrezcan conciertos de órgano o de auténticas orquestas en los mediodías o las tardes de los días de fiesta. En el Ayuntamiento de Poznan se representa cada día a las 12 horas la escena de la lucha de los dos cabritos, que atrae un sinfín de curiosos.
La siguiente ciudad de interés en nuestro camino al norte es
TORUN, la patria chica de Nicolás Copérnico, primero que demostró que la Tierra gira alrededor del sol y no al revés. El centro histórico (stary miasto) es de mayor envergadura que el de Poznan, y no en vano ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Aparcamos nuestra autocaravana en el camping Tramp (ul. Kujawska 14) un camping apañadito que está a 20 minutos andando de Torun. Cenamos los famosos pierogi (los cocidos y los horneados) en un ambientado restaurante de la plaza del mercado; todo es bastante barato y el servicio atento, aunque los pierogi no me parecen nada del otro mundo.
A la mañana siguiente llegamos a GDANSK, la gran ciudad del Norte, cuna del histórico sindicato Solidaridad (su antiguo líder y ex presidente de Polonia, Lech Walesa, todavía dispone de una oficina al final de la plaza del Mercado Largo). Yo pensaba en Gdansk como una vieja ciudad industrial – naval con feos edificios de la era comunista, pero nos encontramos con una bella ciudad burguesa de la antigua Liga Hanseática, de forma que sus casas recuerdan las de Gante o Amberes. Resulta sorprendente recorrer sus animadas calles, especialmente en el Mercado Largo y en los alrededores del Muelle Largo, con su emblemática Gran Grúa medieval de madera. Todo está lleno de turistas, especialmente veraneantes polacos, merodeando por los mercadillos callejeros o comprando objetos de ámbar en las joyerías del muelle; nosotros aprovechamos la ocasión para llevar algunos suvenires a la familia (broches, pendientes, etc, con su piedrecita de ámbar de diferentes colores). También es impresionante la iglesia de Nuestra Señora, la mayor iglesia de Europa construida en ladrillo.
Pernoctamos en el camping Stogi (ul. Wydmy 9), junto a la playa, bastante masificado y un poco cutrecillo, pero bien comunicado con el centro de la ciudad. Se trata de un negocio familiar, con personal muy simpático y servicial.
A 58 km de Gdansk está el castillo de MALBORK, de los caballeros Teutones, la que se dice que es la mayor fortaleza medieval de Europa, con 21 Ha de superficie (entrada 2 euros, a lo que hay que añadir el aparcamiento de pago casi obligatorio). Se trata en realidad de tres castillos imbricados con sus correspondientes fosos, y que nos lleva toda la mañana recorrer; lástima que estaba cerrado el palacio de los grandes maestres y la iglesia de la Virgen, que parece que son dos joyas de este complejo militar.
Comemos en una “tawerna” al lado del río Nogat un gran asado y dos cervezas Lech estupendas (tawerna Karaoka).
Continuamos por la región de
Mazuria, pero al no encontrar las carreteras adecuadas nos perdemos la perspectiva de este complejo lacustre único ¡ah…las prisas!? Como recompensa damos por casualidad con el camping Seeblick, en un emplazamiento tranquilo y despejado al lado del lago de Mragowo (ruska Wies, 1; http://www.campingpension.de/); está lleno de alemanes y eso es garantía de cierto nivel y buenos servicios, además de ser el más barato de todos los campings en que estuvimos.
Como no está lejos de aquí, nos acercamos al día siguiente al complejo de búnqueres que utilizó Hitler como puesto de mando en el frente oriental: la denominada Guarida del Lobo
(Wolfschanze) en Gierloz. Un auténtico complejo militar de casamatas y residencias oficiales camuflado dentro de un espeso bosque. Los muros de los búnqueres llegan a tener 8 metros de espesor, y los nazis, antes de abandonarlo, intentaron destruirlos con cargas explosivas, pero ni por esas. Aquí tuvo lugar el famoso atentado contra Hitler perpetrado por el coronel de los reservistas Claus von Stauffenberg, del que aquél salió milagrosamente ileso; una placa recuerda el lugar donde estaba situado el pabellón en que se colocó la bomba. La entrada son 3 euros por persona, más 2 euros por aparcar la autocaravana. Ese día comemos en
RUCIANE NIDA, un pueblo turístico al lado de un bonito lago. Disfrutamos del soleado día en la terraza de la "tawerna" Kolorada, donde nos sirven dos imponentes platos de pescado (rybna) a la brasa, que con las cervezas vienen a ser menos de 11 euros por cabeza.
Continuamos viaje en dirección a la frontera con Bielorusia para dirigirnos al mítico bosque de BIALOWIEZA, donde llegamos a la noche y aparcamos la autocaravana en el aparcamiento del centro de interpretación y guías del parque. Al día siguiente nos dirigimos a la entrada del parque, antiguo territorio de caza de los reyes polacos y después de los zares rusos, donde todavía puede observarse bisontes en libertad (estos bisontes fueron reintroducidos a partir de animales en cautividad y es muy difícil verlos, ya que son bastantes esquivos, según nos aseguró un guía). Aparte del centro de interpretación y de los jardines, la casa del gobernador y algunos edificios más, el resto del parque es una reserva natural y sólo es accesible con guía; normalmente los guías utilizan el polaco o el inglés, pero también hay alguno que domina el español, si bien en este caso tienes que pagar la totalidad de sus honorarios, si no encuentras más componentes hispanohablantes.
Nosotros optamos por alquilar sendas bicicletas y recorrer con ellas los jardines (árboles centenarios espectaculares) y parte del pueblo, con sus típicas casas de madera.
Nos hubiera encantado recorrer tranquilamente aquellos inmensos bosques de coníferas, pero el tiempo apremiaba y la capital VARSOVIA nos reclamaba para seguir el programa previsto. Teniendo en cuenta el estado de las carreteras de esta zona, la distancia de 250 km que nos separa de la capital es engañosa, por lo que llegamos al atardecer a Varsovia.

Dejamos la autocaravana en el camping Zajazd Majawa (ul. Bitwy Warszawsk. 15-17), bastante desvencijado y caro (22 euros al día), dirigido por una encargada de maneras secas, pero es el más céntrico de los campings. Para dirigirnos al centro sacamos los abonos de autobús en una máquina de la parada, pero después no conseguimos encontrar el bus que nos llevaría a donde queremos, así que decidimos andar los 4 kilómetros que nos separan del Palacio de la Cultura y las Ciencias, que es como un inmenso faro anclado en el pleno centro neurálgico de la ciudad. Esta ciclópea mole fue un regalo del pueblo ruso al polaco (materiales y obreros vinieron de Rusia), alberga infinidad de suntuosos salones y con sus más de 200 metros de altura es una atalaya imprescindible (5 euros el acceso al mirador). Alrededor de él se alzan altos edificios corporativos, galerías comerciales de último diseño, estaciones, y se entrecruzan las principales arterias de la ciudad que se prolongan hacia los cuatro puntos cardinales.Recorriendo la comercial y chic Nowy Swiat, siguiendo por la señorial Krakowskie Przedmiescie, para llegar al Castillo Real y la Plaza del Mercado, resulta obligado comparar su estado actual con el que quedó tras la 2ª Guerra Mundial, y no dejar de admirar el heroísmo y el tesón del pueblo polaco, como en ningún otro lugar de Polonia. Ellos reconstruyeron sus casas, palacios y edificios oficiales piedra a piedra, intentando que el resultado fuera lo más parecido a lo que había antes de la destrucción, seguramente para sobreponerse a un pasado terrible. Con esto y un recorrido por el alterado barrio judío, se hace uno una idea del sufrimiento de este gran pueblo que lleva siglos de desventura por vivir entre gigantes belicosos o por decantarse habitualmente por el bando perdedor.
Ya en la ciudad nueva (Nowe Miasto) llegamos a la calle Freta, flanqueada por una buena cantidad de restaurantes con rústicas terracitas que invitan a hacer un alto en el camino. Optamos por el restaurante judío Pod Samsonem (Freta, 3 y 5), para probar por primera vez la comida “kosher”, y resulta ser estupendo y nada caro; a destacar un magnífico postre casero a base de helado de frutas y bizcocho (siento no recordar el nombre, pero es muy típico). Muy cerca está el museo de Marie Curie, primera persona galardonada con dos premios nobeles, que ciertamente nos decepcionó un poco (entrada 2,5 euros).
Los precios de Varsovia son los más elevados de Polonia y se acercan al nivel de España.
De Varsovia nos encaminamos hacia el sur, en dirección a CRACOVIA. Habíamos apuntado en nuestra agenda una etapa en Zamosc, para ver su precioso ayuntamiento, y en el castillo de Lancut, que figuran en la Guía Verde Michelin con tres estrellas, como lugares que justifican el viaje, pero nuestro tiempo se agota y preferimos centrarnos en lo fundamental. Cracovia es el destino turístico polaco por excelencia, la ciudad medieval que fue respetada durante los grandes conflictos europeos y el lugar de peregrinación de muchos católicos por ser la patria chica del papa Juan Pablo II.
Si en Varsovia te atenaza el peso de la historia y de la tragedia que puede desencadenar la barbarie humana, en Cracovia se viven los placenteros aires de la bulliciosa vida comercial y turística en su magnífica Gran Plaza, el recogimiento intelectual en la Universidad (Collegium Maius) o la pasión religiosa en los innumerables casas palaciegas de la calle Kanonicza, muchas de ellas con recordatorios de Karol Wojtila, por no hablar de las magnificentes iglesias ricamente ornamentadas y atestadas de fieles. No es infrecuente encontrarse con una o dos bodas en el momento de la visita; por cierto, es un espectáculo ver a las polacas, en general altas y esbeltas, ataviadas con sus trajes de gala, calzando zapatos de inverosímiles tacones.

También es digno de ver el barrio judío de Kazimierz, que es el contrapunto íntimo y recogido a la vorágine del centro histórico. Existe una especie de tortuosa ruta que permite recorrer las sinagogas, para desembocar en la calle Szeroka, que en realidad es casi una plaza, donde se asientan numerosos restaurantes con terraza, ideales para cenar en una calurosa noche de agosto con el acompañamiento de la tradicional orquestina de cuerda.
Entre el centro histórico y el barrio de Kazimierz se alza la colina de Wawel, que aconsejo visitar a primera hora de la mañana, ya que reúne un conjunto de edificios monumentales, que nos llevará un tiempo visitar, fundamentalmente la catedral y el castillo real. Para comer podemos acercarnos al clásico y super-recomendado Pod Baranem (ul. Gertrudy 21), aunque a nosotros nos cautivó el patio interior de un restaurante ucraniano en la calle Kanonicza, nº 15, el Smak Ukraisnki, donde comimos a base de bien por 18 euros por cabeza (aparte propinas).
Como alojamiento el primer día pernoctamos en el camping Krakowianka, en Borek Talecki. Un lugar tranquilo al sur de la ciudad y bien comunicado con el centro con el tranvía nº 8. Sin embargo, la segunda noche optamos por aparcar la autocaravana en un gran aparcamiento público al aire libre en la calle Karmelicka, nº 21; nos cobraron 15 euros por todo el día, sin servicios, pero estaba a un paso del centro de Cracovia, lo que nos ahorró el tiempo del desplazamiento y estar pendientes del horario del tranvía para regresar al camping.
Tras pasar un día y medio en Cracovia, a todas luces insuficiente, nos dirigimos más al sur, a los montes Tatras, cerca de la frontera de Eslovaquia. El centro neurálgico de la zona es ZAKOPANE, típico pueblo de montaña con sus bonitas casas de madera y sus instalaciones de esquí. Tras soportar unos días de calor sofocante, tenemos la mala suerte de que cuando necesitábamos mejor tiempo, amanece con un cielo gris plomizo, lo que nos disuade de tomar uno de los remontes que nos llevarían a las cimas circundantes. A cambio, como es fin de semana, nos topamos con un gran mercadillo en el eje central de la población, atestado de gente que ha venido a pasar el día. Destacan las paradas de queso de oveja (oscypek), que aquí suelen estar ahumados y tener forma cilíndrica, apilados encima de sencillos carromatos; también hay bonita artesanía de piel y madera tallada.
Al anochecer volvemos al norte, a la población de
Weliczka
, situada a unos 10 km de Cracovia, famosa por su mina de sal gema, que atrae a ingentes cantidades de turistas. Pernoctamos en una pequeña área de camping aneja al Motel “Na Wierzynka” (ul. Wierzynka, 9) en las afueras de Wieliczka. Por la mañana nos damos un paseo de 20 minutos hasta la mina, que se encuentra más o menos en el centro de la población. A la entrada se forman grupos por idioma, ya que la visita es obligatoriamente guiada. Por el horario optamos por inscribirnos en el francés, ya que los grupos de español tienen menor frecuencia. El precio de entrada es de unos 18 euros por persona, e incluye el derecho a hacer fotografías en el interior. Esta mina es explotada desde el siglo X y sus galerías llegan a sumar un total de 300 km, repartidos en nueve niveles de profundidad, aunque lógicamente está abierta al público una pequeña porción de ellos. En el interior, tras descender unos 63 metros por una robusta escalera de madera, pasamos por un sinfín de salas y galerías, muchas de ellas con esculturas en sal, reproducciones de diferentes trabajos de interior, mecanismos de transporte y elevación del mineral, y una enorme capilla, que es la joya de la mina.
Aparte de la mina de Weliczka, la otra excursión típica desde Cracovia es a los campos de exterminio de Auschwitz (60 km de distancia de Cracovia), que en polaco recibe el nombre de Oswiecim. Nosotros ya habíamos renunciado de antemano a visitar este horrible lugar, ya que nuestra filosofía es disfrutar del viaje y no entretenernos en asuntos morbosos que ya conocemos hasta la saciedad. Quiero llevarme de Polonia la imagen positiva de la reconstrucción de Varsovia, como símbolo de la victoria del bien sobre el mal, de la capacidad del hombre de superar las más terribles vicisitudes que él mismo provoca.
A mediodía del 29 de agosto enfilamos la autopista de peaje a Berlín, donde llegaremos al anochecer, pasando junto a Wroclaw, pero sin entrar en esta importante ciudad de pasado alemán (Breslau) por falta absoluta de tiempo.
Con esto acabamos nuestro viaje de 11 días a Polonia, un país más desarrollado y preparado para el turismo de lo que pensábamos. Siempre hemos respirado seguridad y control. Gente seria (los eslavos dicen que reír sin motivo es estúpido), pero muy honesta; por ejemplo, me sorprendió que en todos los establecimientos nos han dado un pequeño tiquet con el precio del servicio o del producto adquirido más el IVA, por insignificante que fuera el importe, detalle que viniendo de un país de pasado comunista es todo un ejemplo para nosotros. Los precios son más bajos que en España, excepto Varsovia, y se come y bebe (cerveza) francamente bien por poco dinero. Otra característica polaca es la disciplina: los peatones respetan los semáforos y no pasa nadie en rojo, todo lo contrario de lo que sucede en España. También es gente trabajadora: la mayoría de establecimientos de comida están abiertos al público y sirven comidas ininterrumpidamente desde las 10 de la mañana a las 10 de la noche o más.
Los jóvenes y la gente relacionada con el turismo se entienden en inglés, y, si no, no hay que apurarse, con señas y mímica también se arregla uno; las cartas de los restaurantes suelen incluir fotografías.
En resumen, cautiva Polonia no solamente por sus monumentos y ciudades, que son francamente bonitas y bien mantenidas, o por sus grandes bosques y su naturaleza en general, sino por su rica y trágica historia, por la calidad de sus gentes, enamoradas de su patria, apegadas a la tradición y al trabajo, pero con un espléndido futuro si siguen afanándose y nadando todos en la misma dirección.
Algunas direcciones útiles:
Embajada de España en Varsovia: Mysliwiecka 4. 00459 Warszawa.
Teléfono desde España: 00 48 22 583 40 00 / 01.
Teléfonos: 583 40 00 / 583 40 01.
Emergencia consular: 00 48 605673125
Fax: 00 48 22 622 54 08.
E-mail: embesp@medianet.pl
http://www.maec.es/subwebs/Embajadas/Varsovia/es/home/Paginas/homevarsovia.aspx
http://www.polonia.travel/es
página web oficial de turismo de polonia
http://es.poland.gov.pl/
portal gubernamental de promoción de Polonia
webs privadas:
http://www.holapolonia.com/
http://es.polandforall.com/
http://www.todopolonia.com/
http://www.mapofpoland.net/
Mapa de Polonia con una importante colección de fotos, callejeros y descripciones (en inglés)
Y si alguien se anima a viajar por Polonia en autocaravana, como nosotros, recomiendo este sitio
http://www.worldwide-motorhome-hire.com/
Un estupendo diario de un viaje muy interesante y en el que, por fuerza, hay que ajustarse el tiempo y el presupuesto. El mío será más breve y en transporte público; por ahora, me conformo con conocer, siquiera un poco, Varsovia y Cracovia. Una cosa: tenemos la intención de conocer Austwichz, pero no por tener interés en "asuntos morbosos" como dices en tu opinión, sino por amor a la historia de este gran país (y de la humanidad) y por el valor añadido que tiene conocer los escenarios de los hechos que han marcado el siglo pasado (y todavía influyen en éste). Felicidades por un resumen tan ameno. Saludos.