Si visitar Montreal es casi una obligación, a mi parecer, visitar Canadá y no pisar Québec, aunque solo sea por un día, es no haber estado en Canadá.
La ciudad de Québec tiene una grandísima importancia en la historia de este país. De hecho, Canadá no sería lo que es hoy si no fuera por esta pequeña e histórica ciudad, que te lleva, a través de su casco viejo, a la época en que ingleses y franceses luchaban por adueñarse de este aparente trozo de tierra estéril que debió de ser la tierra que Dios dio a Caín, según las palabras del propio Jaques Cartier, el primer colonizador europeo del país.

Mucho ha pasado desde esta opinión y hoy Québec es una de las ciudades más bellas de Norteamérica, si no la más. El orgullo de sus habitantes, acrecentado por ser esta “la capital” del “reducto” francés que continúa en pie a pesar de la amenaza del resto del continente, mayoritariamente anglófono y de costumbres británicas, no es plato de gusto para todo turista. A los Quebequenses hay que entenderles. Pero es una ciudad eminentemente turística y no te sentirás solo en tu esfuerzo por comprender. Otros muchos “ignorantes” de la historia que encierra este lugar cometerán los mismo errores que tú y pensarás que, a veces, mal de muchos consuelo de algunos. Las cosas cambian bastante si sabes francés y te pones fielmente del lado de sus habitantes cada vez que salga una conversación sobre el dominio británico y la necesidad de independencia. Y no serán pocas veces estas, si pasas una temporada, ya que su situación política es un tema del que les apasiona hablar. Eso sí, no pretendas demostrar que sabes más de ellos de sus propios problemas. ¿Ves?: Hay que entenderles.
El estilo de vida y la arquitectura es francés. Ellos aseguran que su espíritu es bastante más latino que el del resto de sus vecinos. Lo que si es cierto es que están más predispuestos a la fiesta, a la vida bohemia (de bar en bar y sigo porque me quiero emborrachar) y a pasar el tiempo al aire libre, a pesar del durísimo clima. ----------------------------------------
*No perderse:
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Ciudad baja:
Lo que hay que visitar por encima de todo de Québec es su casco antiguo o ciudad baja, llena de callejuelas, plazas, y dominada por el sublime Chateau Frontenac, un hotel de lujo que es en realidad un castillo, o viceversa, y que es visible desde cualquier punto de la ciudad, pues además de su impresionante tamaño, es que se alza sobre una colina que cae hacía el San Lorenzo. En la ladera de esta colina se arrejuntan casitas de piedra de tejados coloridos. El aspecto del Chateau es de cuento, con cúpulas verdes en forma de cono (todo lo contrario que los castillos y edificios de estilo inglés) y torres en forma de cilindro. Este es el máximo exponente de una serie de hoteles con forma de castillo que se dispersan por todo Canadá.
En la ciudad baja se encuentra el museo de la civilización.
Ciudad amurallada: fortificaciones:
Una muralla parte desde el chateau. Hay excursiones en carros tirados por caballos para verla, y desemboca en la ciudadela, una fortificación muy interesante cuyo objetivo era defenderse de algún ataque estadounidense que nunca existió.
Por eso, colaboraron en su construcción tanto franceses como británicos.
Aquí, en verano, tiene lugar, con el chateau de fondo, el cambio de guardia, la otra gran atracción de la ciudad. La ciudadela comprende la casa del gobernador, trincheras, barracones y la puerta dalhousie, que servía para defender los flancos norte, sur y oeste de la fortificación. Además de una capilla muy rústica que servía como polvorín.
Si te quedas con ganas de más murallas y lugares históricos, ve a la plaza de armas con carros de caballos que te dan un paseo por la bonita plaza. Y si quieres más aún sobre la historia bélica, ve al museo du Fort. O al Parc des champs-de-Bataille, donde tuvo lugar la batalla de las llanuras de Abraham y que dio el control del país a los británicos. Todos estos complejos son muy interesantes e instructivos, además de bonitos.
Para pasear:

Tanto conocimiento da hambre y ganas de pasear. La terrasse duferin, frente al chateau, ofrece preciosas vistas del río y en invierno se utiliza para trineos. Tiene muchos kioskos de prensa. La terraza o pasarela es de madera. Qué bonito. Tiene un funicular que te lleva a la ciudad baja. Si las vistas te hacen querer estar más cerca del agua, acude al viejo puerto, que aunque se le llame viejo, es bastante moderno y amplio. La place royale está frecuentada por artistas, y la rue du Petit Champlain está frecuentada por todo el mundo. Se la llama calle rompecuellos porque es más bien una calle-escalera, estrecha y muy europea ella. Si hechas de menos en Canadá el no poder dar un paso porque pisas a alguien, como ocurre en otras ciudades, quizás la tuya, más pobladas, ve a esta calle. Te sentirás como en casa y podrás comprar de todo. Y si te apetece ser retratado o contemplar obritas de arte callejero sin la incomodidad de esquivar los coches, acude a la Rue du trésor, cerrada al trafico y a rebosar de turistas como tú.
Naturaleza:
A siete kilómetros de Québec se encuentran las cascadas Montmorency. Son más altas que las del Niágara, pero mucho más estrechas. En invierno se congelan. Se ofrecen varios medios para admirarlas.
Un 10 por Quebec y otro a ti por contarlo. Saludos