1ª parte del viaje: Chiang Mai y Chiang Rai

5  04.04.2007

Ventajas:
La gente, los precios, la comida, la cultura, la naturaleza .  .  .

Desventajas:
Las horas de vuelo

Recomendable: Sí 

pauluca

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Ohhhhh!!! Tailandia.

La magia oriental representada en una cultura increíblemente rica. Tras mi opinión de Vietnam (una de las primeras, y por lo tanto algo escueta y parca en detalles) quisiera contaros la primera parte de mi viaje a esas lejanas tierras. Comenzaré, para no aburrir al personal, por el norte del pais, dejando Bangkok para la siguiente opinión.

Salimos de Madrid, en un avión de la Thai. Ya sólo subir, el recibimiento de las azafatas, vestidas con trajes típicos tailandeses, era una buena toma de contacto con lo que íbamos a ver. Un vuelo tranquilo, en un avión nuevecito y con un personal de sobresaliente. Para quienes vayan a este país, deben saber que los vuelos que salen el domingo no hacen escala en Roma, con lo que te ahorras al menos una hora de viaje, que se agradece.

Llegamos a Bangkok a primera hora de la mañana, y desde allí nos dirigimos al norte del país.

Primera parada: Chiang Mai, la ciudad de los mil templos.

Lo cierto es que, bajando del avión, ya notamos un jet lag tremendo. Sin embargo, y tal y como nos recomendaron, aguantamos todo el día para adaptarnos cuanto antes al nuevo horario. Tras coger las maletas, nos esperaba nuestra guía "É". Lo primero que nos aconsejó fue cambiar euros por "bath" en el aeropuerto (mejor cambio), no demasiados. Es mejor ir cambiando lo que se precise. Lo primero que llama la atención es que la mayoría de los tailandeses iban con una camiseta amarilla, y preguntamos el motivo. Resulta, que los lunes es el día del rey, que nació ese día, y el color correspondiente es el amarillo. Por eso lo homenajeaban vistiéndose así (imaginad que nos lo dicen en España, el caso que íbamos a hacer). Allí, el rey está casi al mismo nivel que Buda, en paralelo. Es decir, un "semidios". El respeto que le tienen es casi (o sin el casi) veneración.

Dejamos las maletas en el hotel. Nos tocó el Empress Chiang Mai. Es un hotel situado cerca del mercado nocturno, al que se puede ir caminando sin problemas. No tiene grandes lujos, a pesar de que en su momento debió ser un hotel magnífico. La construcción y decoración es típica del norte de Tailandia. Habitaciones: amplias y limpias, destacando una gran cama en la que se descansa de cine. El restaurante tiene buffet, y variedad de estilos de cocina. Por cierto: lo que más bebimos (por el calor) fue la cerveza típica de allí, la Shinga, que es ligera, refrescante y buenísima.

Hicimos nuestras primeras visitas en la ciudad, comenzando por el antiguo centro, rodeado de un canal de agua. En el, visitamos
Fotos de General : Thailandia
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Interior de templo - Chian Mai
varios Wat o templos. Sentarse en alguno de ellos, frente a la imagen de buda o de alguno de los ancianos monjes budistas venerados por la gente, produce una sensación de paz inigualable. Más bello, si cabe, es encontrar a los pequeños monjes budistas, aprendiendo la lección del maestro en alguno de los templos. Destaca sobre todo la extraña estructura de las construcciones, su lujo, riqueza y colorido, y el cuidado de las mismas.

Después de comer, fuimos al templo de la montaña, Chedi Luang, un enorme complejo con estupas, templos e imágenes de Buda. Desde sus muros, se puede ver el frondoso valle que rodea el pueblo, desbordante de naturaleza. Allí, puedes pedir que un monje te de la bendición, a cambio de unos baths, sintiéndote extraño por ese ritual, dentro de un templo presidido por una enorme imagen de Buda.

Para quien no haya visitado países de esta religión, es importante que sepan que no se puede dar la espalda a Buda, ni poner los pies orientados hacia él. Es una falta de respeto. Un saludo al estilo tailandés es bien recibido siempre, ya que muestra la consideración del visitante ante esa cultura.

A pesar del cansancio y el jet lag, por la noche nos acercamos al mercado nocturno, un mundo de artículos de todo tipo, en donde encontrar preciosas manufacturas, pinturas, ropa, artículos de madera, muebles, y hasta camisetas de Custo Barcelona. Ya que esta zona es más barata que la gran urbe de Bangkok, nos agenciamos un lienzo de Buda, totalmente distinto a los que vemos en España, y a un precio magnífico. A quien quiera, en uno de los centros comerciales (distintos a los nuestros) hay multitud de artistas que hacen retratos de una calidad excepcional, o fotos que les dan los clientes. En general, es un lugar donde comprar a buen precio.

Y, como no, había muchos puestos de feet and back masaje. Por un dólar, quince minutos de relax para las piernas y pies hinchados por el viaje, y además sentados en cómodos sofás individuales. Recomendable 100%.

Se puede cenar en cualquiera de los puestos que hay por el mercado, donde tienen hasta langostinos tigres vivos, que te preparan al momento con su típica salsa picante. Una maravilla. En general, la cocina tailandesa destaca por los sabores, el picante y la variedad culinaria.

El día siguiente, libre, lo pasamos visitando el resto del pueblo con nuestra guía, que amablemente nos acompañó para conocer otros puntos de Chiang Mai no tan visitados por los turistas. En este pueblo son orfebres, buscad alguna de las tiendas que fabrican piezas de plata, y os sorprenderán los precios de los anillos, las pulseras, brazaletes... con un acabado y diseño perfectos (no tiene nada que ver con la mercancía china). Comimos con nuestra guía en un restaurante al lado del río, y pedimos un pescado típico allí presentado en una hoja de plátano, y acompañado de varias salsas de distinto picante. Exquisito. Fue un día tranquilo, y lo rematamos con una nueva visita al mercado nocturno, para acabar con las compras, cenando en un italiano que había cerca del hotel.

Por cierto, en la puerta de los "Karaokes" suele haber guapísimas chicas, que como se puede imaginar no sólo se dedican a cantar y tomar algo. Los Karaokes no son lo mismo que en España.

Segunda parada: Chiang Rai y el Triángulo de Oro

Salimos a primera hora del hotel, despidiéndonos de un pueblo que nos fascinó.

De camino hacia Chiang Rai, paramos en el campamento de elefantes de Chiang Dao. Lo primero, comprar paquetes de plátanos y cañas, para darle a los elefantes. De esta forma, colaboras a que el campamento continúe cuidando de estos bellos e inteligentes seres. Lo primero que te encuentras es un río, en donde los cuidadores están limpiando a los elefantes preparándolos para la función. Tras un espectáculo en el que estos grandes seres hicieron de todo (incluso pintaron cuadros!!!!) dimos un paseo por la selva en uno de ellos, volviendo a través del río. Una experiencia que hay que vivir. Como no, nos hicimos fotos con los elefantillos, y compramos uno de los cuadros pintados por ellos. Me encantan los animales, y creo que fueron uno de los momentos más tiernos que viví en esas vacaciones, pudiendo acariciarlos.

Visitamos también un vivero de orquídeas, flor típica de esta tierra, que aquí criaban bajo mil variedades y colores. Por fin, llegamos a Chiang Rai.

Nos alojamos en el Dusit Island. Este hotel es precioso, con una amplia entrada, piscina enorme (de esas que tienen los asientos dentro del agua para que te tomes algo pidiendo en la barra mientras te bañas). Las vistas de la habitación daban al río, por lo que amanecer allí era un espectáculo. Las habitaciones, muy grandes, con cama kina size (dos metros), mini bar y todos los complementos que necesites. Del servicio no es preciso comentar nada: intachable en cualquiera de los lugares en que estuvimos.

Por la noche, bajamos al centro (el hotel tiene transporte propio) y visitamos el mercadillo. Sin embargo, "É" nos había aconsejado que las compras las hiciésemos en la frontera, donde era considerablemente más barato, así que no cogimos más que una marioneta preciosa con vestido bordado, muy original y hecha a mano por una de las tribus de la zona. Después de cenar algo por allí, volvimos al hotel.

A la mañana siguiente nos esperaba un paseo en barca por el río Mae Kok, para visitar los poblados Akha y Yao. El paseo en estas lanchas que van casi a ras de agua permite apreciar la riqueza natural del norte del país, los frondosos bosques, la vegetación desbordando el río,.. una tranquilidad que embarga al visitante. Llegados a los poblados, lo primero que llama la atención es que las mujeres (que tratarán de venderte mil pulseras y bolsitos hechos a mano, y al final comprarás, que te lo digo yo, que a mi me pasó), muy bajitas y vestidas con los típicos trajes llevaban los dientes negros. Ya no de suciedad, sino porque mascaban una pasta que los dejaba de este color para, en principio y según ellas, proteger los dientes. Pudimos entrar en un colegio, donde hubiéramos dado todos los bolígrafos, lápices o rotuladotes que tuviésemos. Una pena no haber llevado más. Los niños, preciosos, se agrupaban en las clases según las edades, y venían detrás nuestra para que les leyésemos algo. Qué ricos.

Después de estar en los poblados y entrar (descalzo, por supuesto, como en los templos) en alguna de las casas de las tribus, curiosísimas por cierto, volvimos por el río al hotel.
Tras recoger las maletas, que quedaron en el autobús, fuimos hasta el Triángulo de Oro, desde donde se puede contemplar en un hermoso paisaje el cruce entre tres países, separados por el río Mekong: Tailandia, Laos y Myanmar.

Tras disfrutar de las vistas y de un paseo por la ribera, fuimos hacia Mae Sai, frontera con Myanmar, y por supuesto nos hicimos la rigurosa foto desde el otro lado. Allí había cientos de productos de artesanía preciosos, y distintos de los que habíamos visto en Chiang Mai. Y a un precio mucho más bajo. Aquí puedes comprarte desde copias de relojes de firma (de Tag Heuer, Patek Philippe, Rolex...) más baratos que en Bangkok. Destacan unos tapices hechos a mano, con escenas de palacios reales, elefantes y hombres y mujeres con trajes típicos, de todos los tamaños (incluso muuuuuy grandes) y a precios irrisorios comparado con nuestro país.

Sobre todo, regatear, siempre regatear lo más que se pueda (al menos la mitad de lo que piden, y comparando primero precios con otros puestos).

En fin, una experiencia que hay que vivir en un país que destaca por su cultura, su riqueza y la amabilidad de su gente.

Como ya dije, dejo la parte de Bangkok para otra opinión. Espero que os hayan entrado las ganas, a los que no habéis estado, de dar el salto hasta allí. Merece la pena, de verdad.

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Comentarios sobre esta opinión
chistos84

chistos84

11.06.2008 18:55

con lo que me lo están recomendando la gente... me acabas de poner los dientes largos con lo del masaje de pies!!! yo quiero ir!!!! excelente opi y un saludo

mariammsl

mariammsl

10.07.2007 12:14

Menudo viaje, lo apunto!!! Gracias

paulipotter

paulipotter

23.05.2007 13:09

Me ha encantado revivir de nuevo mi viaje leyendo esta opi... que majos los elefantitos... y como zampaban los platanillos pequeños... ;-))))))))))

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