“Usted nos abre la puerta, se sienta y nosotros nos ocupamos de todo”. Así es como el agente comercial te vende el servicio y efectivamente se ocupan de todo..., pero de qué manera. El día de la mudanza se presentaron en mi casa 3 pollos, grandes como torres y con las manos en los bolsillos. Su primera pregunta: ¿no tendría por ahí un destornillador? Pues sí, se presentaron sin herramientas, sabiendo que debían desmontar lámparas y librerías. La segunda pregunta, en vista del poco éxito de la primera: ¿y una escalera? Empezamos mal y desgraciadamente seguimos peor. En mi vida había visto individuos tan poco cuidadosos y desorientados, desmontaron hasta los rieles de las cortinas y si nos descuidamos retiran los azulejos de la cocina. Aunque lo peor estaba por venir..., los operarios que nos llevaron los bultos desde el guardamuebles hasta la nueva casa no se aclaraban durante el montaje de los muebles, ya que los primeros no habían numerado las partes ni habían hecho un mísero croquis. Además, las librerías estaban rayadas y golpeadas por todas partes, al igual que las mesas y sillas del salón. En fin una pesadilla que espero me reparen en breve (ya he llamado 4 veces para hacer la reclamación y siempre dicen que un ebanista se pondrá en contacto conmigo al final de la semana). Eso sí, para cobrar son muy eficientes. Tan eficientes, que me presentaron 3 veces la misma factura que había sido pagada el primer día tras finalizar la mudanza. Retomo 2 meses después esta opinión (estaba a medias en el escritorio del ordenador). El “ebanista”, qué decir del “ebanista” que se tuvo que ir al chino de la esquina para comprar la masilla con la que rellenar los arañazos y boquetes de la librería. Aunque lo mejor fueron las reparaciones que nos hizo de los muebles; una auténtica chapuza, hasta un chimpancé con una espátula hubiera disimulado mejor los desperfectos. En fin, ni se os ocurra contratar a estos individuos pensando que ya que cobran un poco más que el resto, van a prestar un mejor servicio.