Sí, vale, lo reconozco, hoy estoy pelín inquieto, no sé muy bien por qué, será que es viernes y estoy pensando ya qué ponerme esta noche (como si no lo supiera: pantalones de putear, calzoncillos packet-brá de 30 euros, camiseta musclemán, todo eso que me hace tan parecido a los raros de mi barrio...) Total, que he descubierto que existe la categoría de zumo de pera en Granini, así que me he puesto a escribir como el que no quiere la cosa, porque como alguien ya sabe por ahí, este zumo significa mucho en mi vida, y contaré por qué. Aviso: puede parecer al principio que no tiene nada que ver con el zumo de pera de Granini, pero tranquilos que al final viene lo que tiene que venir.
Hace cuatro años exactamente, sufrí un problema de salud grave, una enfermedad repentina que me metió en un cuarto de hora en un quirófano, sin dejarme pensar ni recapacitar sobre lo que me iba a pasar. Fue ir a urgencias, que me reconociera un médico y, a la media hora, ya estaba con mi ropita en una bolsa de plástico, slips incluidos, y esperando mi turno para entrar al matadero.
Después de disfrutar de los cosquilleos sensuales de mi cirujana de confianza, la doctora Sánchez, me recuperé como todo hijo de vecino en la sala de reanimación, a la vez que empezaba a tomar conciencia de lo que había pasado y, sobre todo, de que había vuelto a la vida como quien no quiere la cosa. Me dispuse a poner patas arriba mi vida para aprender de aquello y demostrarme a mí mismo que nacer de nuevo es mejor que nacer sólo una vez.
La operación terminó a las ocho de la tarde, y entre pitos y flautas, mi camilla enfiló el pasillo hacia los ascensores a las 10 de la noche. Y entré en mi habitación asignada 10 minutos más tarde. La cena ya estaba en los estómagos de los demás enfermos, pero a mí se me había pasado el turno y, supongo, tampoco podrían darme de cenar en mi estado. Total, que a medianoche pasaba una enfermera con un carrito con varias bebidas para terminar la jornada y decirle "hasta mañana" a la buena señora.
NO ME APETECÍA LECHE.
Porque mi madre se empeñó en que me apetecía leche, que siempre tienen que saber las madres lo que te apetece en cada momento. Pues no me apetecía leche.
NO ME APETECÍA UN TÉ.
Porque luego se empecinó de nuevo en que, si no me apetecía leche, tenía que ser un té.
- Mamá, quiero un zumo.
- Un zumo? Pero si eso tiene menos alimento que la leche.
No os podéis imaginar lo angustioso que es que te tiren los puntos de sutura y que no tengas fuerzas para ponerte a discutir con tu madre sobre esas cosas.
- Pues sí, tenemos zumos -dijo la enfermera-. De naranja, de melocotón, de piña, de pera...
- De pera? -exclamé yo, como si tuviera antojo.
- Sí, de pera.
Ahí comenzó mi idilio con el zumo Granini de pera, porque era de la marca Granini. Con el hambre que tenía (sin comer desde por la mañana) y con lo rico que me supo, se convirtió en uno de mis productos preferidos, y sigue siéndolo. A partir de esa noche, las siguientes que me quedaron de estancia en el hospital no me faltó mi vasito de zumo Granini de pera.
Y aunque refunfuñando, mi madre me lo siguió comprando, porque como estaba malito...
DATOS ABURRIDOS (POR SI QUERÉIS SALTARLO) DEL GRANINI DE PERA
La empresa que comercializa esto se llama Eckes-Granini Ibérica S.A., y lo bueno que tienen es que sus zumos son de una calidad superior a la media. El producto en sí es NÉCTAR DE PERA, e incluye un total de 50 por ciento de fruta, lo que significa que supera con creces a sus competidores. Y se nota por la pulpa que queda en el paladar cuando se toma este zumo. Es como si tú mismo hubieras hecho el zumo con peras que has comprado en el supermercado.
La presentación es muy atractiva, en botella de cristal (ahora han saco envases de plástico, pero pierder el principal encanto), pero en este caso sólo está disponible en envases de 1 y 0,5 litros, no en más pequeños.
CATA DE GALIPOTE
El sabor, como he dicho, es inmejorable. Es muy natural, además de tener el respaldo de una compañía de prestigio como es ésta, dedicada en exclusiva a la producción y comercialización de zumos y néctares de fruta. No hay marca que pueda hacerle sombra en este sentido. El poso que deja el líquido en el envase es una garantía de la calidad del producto, pues se trata de un zumo denso y agradable al paladar. El único problema, el precio, pero el que algo quiere (de calidad), algo le cuesta (de pasta).
Si os gusta la pera, probadlo, creo que volveréis a caer en la tentación.