Cuando nos fuimos de viaje tras nuestra boda, uno de los destinos que visitamos fueron las ciudades imperiales de Centroeuropa. En aquella ocasión decidí (porque lo decidí unilateralmente, todo hay que decirlo) que entre realizar el circuito Praga-Viena-Budapest o el de sólo Praga-Budapest dejando fuera Viena, me quedaba claramente con la segunda opción. De las tres, Viena era la que menos me atraía, y en lugar de ir a matacaballo pasando apenas dos días en cada una, decidí que quedándonos con Praga y Budapest (que me atraían mucho más), tendríamos tres días y medio en cada una de ellas, por lo que el tiempo nos cundiría más y mejor.

Pensé que ya el destino cruzaría Viena en mi camino si tenía que ser. Y lo hizo, un par de años después, hace apenas unas semanas, tuve la oportunidad de visitar la capital austríaca. Sólo estuve un fin de semana, pero creo que aprovechamos bien el tiempo y vimos gran parte de las cosas principales que Viena puede ofrecer. La imagen previa que tenía de esta ciudad sin haberla pisado en mi vida no difirió mucho de lo que me encontré. Esperaba una ciudad monumental alzada a escuadra y cartabón, y desde luego el centro de Viena es exactamente así.
Pero en este caso no voy a hablaros de la
Viena monumental de los palacios, la Catedral, La Ópera, La Escuela de equitación… sino a un pequeño recodo de la ciudad, a un
edificio muy singular situado en un barrio popular, con colorido, con vida, y sin nada de escuadra y cartabón.
Si me conocéis un poquito, podréis adivinar que si tuviese que quedarme con un solo lugar de Viena, precisamente lo haría con éste. ¿Por qué? Porque es
diferente, nada tiene que ver con la aburrida Viena de escuadra y cartabón, tan perfecta ella… (perdón).¿QUÉ ES HUNDERTWASSERHAUS?
Se trata de un pequeño complejo residencial, unos edificios construidos en la primera mitad de los años 80 del siglo pasado. Reciben el nombre del pintor Friedensreich Hundertwasser, quien junto a Joseph Krawina es el ideólogo de este lugar.
Hundertwasserhaus llama poderosamente la atención en cuanto lo ves en el horizonte. Situado en una calle normal, con unos edificios bastante grises, la
explosión de colores de este complejo residencial captará tu atención. Pero según te vas acercando
te sorprenderá más y más. Es como un sueño de colores hecho realidad, un gigantesco puzle donde la imaginación ha creado un auténtico
universo de sensaciones.
No sabría a qué estilo artístico adscribirlo. En parte, recuerda al Modernismo de Gaudí, pero un Modernismo diferente, de finales del siglo XX, aunque mantiene algunos de los elementos de esta corriente. Deciros que estas casas llaman la atención, pero especialmente en un lugar tan serio como Viena. Sí, porque Viena es la bella ciudad trazada a escuadra y cartabón, la de los grandes Palacios de la Emperatriz Sisí, la de los majestuosos caballos blancos de raza española capaces de encandilarnos con sólo vernos.
Pero desgraciadamente, y para qué negarlo, Viena también es un poquito gris. No sólo el centro, también sus barrios.
No dejan de ser los típicos barrios que podríamos encontrar en cualquier ciudad grande de Centroeuropa (se parecen todos tanto….), pero aún así son demasiado lineales, con las casas todas iguales, todos del mismo color, los mismos patrones… Por eso, encontrarte de frente con Hundertwaserhaus es una explosión de colorido y vida de la que te enamorarás al instante.
¿QUÉ PODEMOS VISITAR ALLÍ?
Reflexión inicial: Y pensar que aunque nosotros como turistas estemos allí, cámara en ristre, intentando que nuestro ojo (o el zoom óptico de la cámara) capte cada detalle, no debemos olvidar que se trata de un edificio de viviendas que están habitadas por gente normal.
Siempre me ha llamado mucho la atención este punto, que haya gente normal que viva en sitios turísticos. Y no sólo eso sino en sitios turísticos y protegidos. Hace un tiempo vi un reportaje en la tele sobre la gente que vivía en la
Casa Milá, la famosa
Pedrera de Gaudí en Barcelona. Tiene que ser horrible asomarte a tu ventana y contemplar a miles de turistas haciendo fotos de ti, de tu casa y de todo lo que se ponga por el medio. Pero más aún, además como son edificios artísticos y protegidos, a veces sus habitantes no pueden ni clavar una estantería en la pared. Desconozco qué ocurre con las Hundertwasserhaus vienesas, pero me dio una sensación bastante parecida. Aquello estaba
lleno de gente, había incluso varios autobuses que llevaban grupos completos a perderse por el complejo de Hundertwasserhaus y sacar fotos por doquier.
Pero a lo que iba,
¿qué es lo que tenemos que ver allí?...
En primer lugar,
admirar el edificio. Sí, sí, quedarse embobado mirando cada rincón, haciendo fotos desde las diferentes perspectivas, dejándonos llevar por ese puzle colorista que impresiona nada más verlo. Porque
no hay dos centímetros iguales, ni dos fachadas iguales, nada de nada… Aquí vemos azul, allí amarillo, allá blanco. Aquí una fuente, sobre aquel balcón un frondoso árbol verde de la primavera vienesa, ladrillos de colores, esmaltados, formas oníricas…
Hay que mirar, ver y admirar. Eso sí, si te dejan. Para mi gusto, a este edificio le falta perspectiva. O dispones de una maravillosa cámara con un gran angular que te permita captar la imponencia del edificio, o si no, las imágenes te quedarán sesgadas. Un poco más de perspectiva, una plaza más grande delante sería de agradecer, porque con el pequeño pasaje se pierden muchas cosas.
Como hay que explotar el
merchandising, disponemos también de la posibilidad de ser clientes de
la cafetería y la tienda de la Hundertwasser haus. La cafetería se encuentra en el primer piso y tiene una pequeña terracita muy mona (como el resto del entorno) a la que puedes acceder subiendo unas pequeñas escaleras desde la calle. La tienda está simplemente a pie de calle en el mismo lado del edificio y el mismo pasaje donde se encuentra la cafetería.
Os diré que no entramos siquiera en la cafetería, pero sí por el contrario en la tienda. Me llamó (mucho) la atención los precios de la tienda, ya que eran inusualmente baratos.
Viena no me pareció precisamente una ciudad barata, y tratándose de un sitio tan turístico, donde iban grupos enteros en autobús, la verdad es que esperaba una tienda con cosas muy monas pero prohibitivas. Y no, no fue así en absoluto. Disponen de pocas cosas: pósters, calendarios, marcapáginas, libros y poquito más, pero a un precio muy baratillo. No pudimos evitar comprar un calendario, un par de marcapáginas y un pequeño librito que contaba la historia de Hundertwasserhaus.
Al parecer (y digo al parecer porque nosotros ni lo vimos) existe un
museo con las obras de pintura de Friedensreich Hundertwasser, uno de los ideólogos de este lugar y al que debe el nombre. Pero no puedo contaros más de él, porque, como os digo, ni lo vimos, por lo que tampoco lo visitamos.
DIVERSOS EDIFICIOS PARECIDOS DE HUNDERTWASSER.
Éste no es el único edificio de este estilo que podemos encontrar en Viena, aunque sí probablemente es el más conocido y sin lugar a dudas el más visitado. Otro de los lugares realizados por el propio Friedensreich Hundertwasser y que podrás ver en Viena (se ve desde lejos) es una antigua
planta incineradora de basuras. Hoy creo que sigue siendo utilizada, pero Hundertwasser puso como condición para remozarla que se modernizase la tecnología utilizada, de manera que se redujesen al mínimo las emisiones.
Además, brujuleando en la información del libro que compramos, y el maravilloso oráculo de internet, he visto que este artista ha sido prolífico, y que ha dejado su huella en numerosos edificios a lo largo y ancho principalmente de dos países: Alemania y Austria.
Yo he podido contemplar con mis propios ojos la Hundertwasserhaus y también el edificio de la planta incineradora, aunque éste último de lejos y la primera justo al lado.
LA EXPERIENCIA DE ITACA.
Tengo la sensación de que este sitio no es demasiado conocido. Seguro que los viajes organizados lo incluyen en su ruta, pero en general el turista que llega por sus propios medios a Viena, muchas veces desconoce este lugar. De hecho, no es que existan muchas opiniones en Ciao sobre lugares de Viena, pero lo primero que me llamó la atención es que este lugar ni siquiera estaba dado de alta, lo que me reafirma en mi teoría de que no es conocido por la mayoría, sino que es más de viaje en grupo.
De hecho, yo ni siquiera oí hablar de él, pero mi padre estuvo la pasada Semana Santa recorriendo Austria y por supuesto estuvieron un par de días en Viena. Vinieron encantados con este lugar, precisamente con las mismas sensaciones que me ocurrió a mí, porque es un contraste y una explosión de color, algo que llama la atención más aún en un sitio tan gris y tan serio como es Viena en general. Ellos fueron con un circuito organizado y probablemente ésa fue la razón por la que conocieron este lugar, que si no ellos quizá no hubiesen conocido y yo quizá tampoco.
Me gustó mucho Hundertwasserhaus. Sí,
me gustó como idea, como edificio, como explosión de colores, como una especie de realidad onírica… Pero me gustó especialmente por el
contraste que experimentas al visitar un lugar así en un sitio como Viena.
Reconozco que
Viena es una ciudad bonita, imponente, no carente de encanto… Pero quizá yo tenga un espíritu profundamente latino, y me gusten los lugares con luz y con colorido. Y el centro de Viena no lo tiene, o al menos no tiene una alegría especial. Es un lugar bonito, imponente, pero diseñado demasiado a escuadra y cartabón para mi gusto…
Por eso, estaba predestinada a enamorarme perdidamente de Hundertwasserhaus, por el propio lugar en sí y por el contraste.
Se puede llegar fácilmente en metro, viene en cualquier guía de Viena (eso sí, muy al final de la misma) y si preguntáis en el hotel (como nosotros hicimos), os dirán cómo llegar sin problema. No está muy lejos del centro, pero en metro resulta más fácil llegar hasta allí.
Y si finalmente vais, disfrutad del espectáculo, de los colores, de las formas, de las emociones… Dejaros embelesar por este sueño hecho realidad. Estoy segura de que os encandilará.
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Estuve en Viena y no vi este barrio, tendré que volver.