Corrían los últimos años de la década de los setenta. Muchas cosas se habían visto ya en el género del terror, psicópatas, esquizofrénicos, zombies, marcianos, sádicos, torturadores... La gente iba al cine por ver si aún conseguían asustarles, pero no creían que fuera posible ya. A esas alturas...
Entonces las luces se apagaban y la cinta empezaba. Alguien se movía en primera persona en la gran pantalla, lo que se llama "cámara subjetiva". En seguida te dabas cuenta que dicho alguien no traía muy buenas intenciones por su esquivez, su sigilo, su silencio solo interrumpido por el desagradable ruido de su respiración... "Dios mío, ¿qué es esto? -se preguntaban los espectadores americanos- ¿estamos en la piel de un asesino o qué?". Y la cámara subjetiva seguía avanzando. De pronto una mano aparecía en primer plano, rebuscaba en un cajón de la cocina y sacaba un enorme cuchillo de trinchar.
Oh, oh... Esto va a acabar muy mal...
El asesino se colocaba una especie de máscara por lo que solo se veía la acción a través de dos supuestos ojillos recortados en el plástico, o en el cartón... Qué angustia. Aquel malvado subía unas escaleras y llegaba a la habitación de su hermana, que acababa de tener relaciones con su novio. Aunque eso lo sabremos luego, por supuesto.
De momento solo comprendemos que ella se gira y su semblante se transforma en una máscara de horror mientras grita:
-¡Michael! ¡Noo!!
Y entonces el brazo que vemos solo a través de los ojillos comienza a apuñalar salvajemente a la chica. La escena es angustiosa, porque en cierto modo nosotros somos el asesino y no podemos detener aquel brazo que sube y baja...
Cuando "bajamos" por las escaleras, con el corazón en un puño, preguntándonos qué clase de retorcida y diabólica película acaba de empezar asistimos al "relevo" de cámaras. Ahora es en tercera persona. Vemos llegar a un matrimonio, bajarse del coche, acercarse al asesino y quitarle la máscara.
-¿Michael? -pregunta el padre desorientado, y cuando la cámara comienza a alejarse vemos que Michael Myers, el asesino de su hermana, enfundado en un gracioso traje de payaso, y en la víspera de Todos los Santos, no es más que un niño de seis años.....
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Por todos los dioses, John Carpenter, uno de los maestros del cine de terror acababa de dar vida a Michael Myers, probablemente el asesino de ficción más escalofriante de todos los tiempos, y al que desde entonces recordaríamos por su terrorífica a la par que sencilla máscara blanca de fantasma, tan simple como efectiva y por el enorme cuchillo de cocina que usaba en sus crímenes.
Ahora hagamos un poco de retrospectiva. A España, obviamente, llegó después. No sé cuando exactamente ni me voy a molestar en buscarlo, pero sí sé que un buen día, contando yo 8 años y mi hermana Belén 5, nos llevaron al videoclub de El Corte Inglés (probablemente porque estaríamos en plan pedorro insoportable; como última opción) y mi hermana vio aquella calabaza en la portada de aquella película.
Aunque no sea un dato vital, diré que hablamos del año 84 más o menos...
-Qué divertido -dijo Belén- qué calabaza más chula, seguro que es de risa.............
Ejem...
En fin...
Lo siguiente que recuerdo claramente de aquel día es a mi hermana chillando histérica que "no quería ver más a Michael" y a mi madre llevándosela a otra habitación mientras que yo no podía apartar los ojos de la pantalla.... Ya sé que pensaréis que soy un sádico y tal, pero son cosas de niños. A mi hijo le flipa todo lo relacionado con el terror (como me pasaba a mí) pero luego se caga en los pantalones y hay que"obligarle" a que no vea tal o cual peli o serie. Supongo que el horror ejerce una especie de fascinación innata en el ser humano, no lo sé, pero también lo observé en mi hermana Blanca (mucho menor que yo) en su día...
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John Carpenter (La Cosa, Fantasmas de Marte, el Pueblo de los Malditos, la Niebla, Golpe en la Pequeña China, etc) y Debra Hill, elaboraron un guión simple y efectivo, se gastaron muy poca pasta (cinco o seis mil dólares creo) y consiguieron un exitazo en todos los sentidos. Porque ese tipo de psicópata, el psycho-killer sobrenatural del cual conocemos tan poco y al cual tememos nada más aparecer en pantalla lo inventaron ellos. Luego llegaría Freddy Krueger en Pesadilla en Elm Street o Jason Vorhees en Viernes 13, pero el mérito hay que atibuírselo a Carpenter y su "noche de Halloween".
Michael Myers es un ente diabólico que tiene como única obsesión matar a todos los miembros de su familia, y no será hasta la 5ª o 6ª parte que descubramos sus vínculos con una secta terrorífica, su marca grabada en la muñeca (la runa celta del Mal) y un sinfín de cosas más. Porque obviamente, cuando se trata de exprimir a la gallina de los huevos de oro los humanos somos maestros. Halloween conoce 8 partes, de las cuales obviamos la tercera ya que ni siquiera salía Michael y no tenía nada que ver con la historia. Y actualmente en el 2007 Rob Zombie (la Casa de los Mil Cadáveres) está rodando la novena, que viene a ser precuela y remake al mismo tiempo. Y yo por mi parte me apunto a verla porque si he seguido a Michael hasta aquí no voy a dejarle tirado en la cuneta precisamente ahora.
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Como hemos visto, hasta ahora tenemos dos puntos importantísimos en esta peli, la creación del género de psicópatas sobrenaturales y/o diabólicos que no mueren nunca y la terrorífica máscara de Michael.
Carpenter siempre ha intentado rizar el rizo en lo que a cine se refiere, y si bien le idolatro por lo que significa he de reconocer que a veces, como todo el mundo, ha metido algún que otro gambazo y ha hecho algún que otro bodrio. Pero lo que está claro es que en esta peli acertó.
Laurie Straw (Laurie Myers, como sabremos si seguimos la saga) es una adolescente que acepta trabajar de canguro de vez en cuando para sacarse unas pelillas. La noche de Halloween, esa fiesta tan poco americana como entretenida (es celta como ya sabe la mayoría, los yankees se limitaron a copiarla o mejor dicho a fagocitarla e incluirla en su tradición festiva) le toca cuidar a dos niños muy majetes y tal.
Lo que Laurie no sabe es que sus amigos van siendo asesinados poco a poco mientras ella cuenta cuentos. Michael Myers, que tras asesinar a su hermana fue recluído en el hospital psiquiátrico de Smith's Groove durante varios años, se ha escapado y ha sembrado el terror en la pequeña localidad de Haddonfield, Illinois. Solo el doctor Loomis, el médico de Michael puede aportar algo de luz a este turbio asunto...
Hasta aquí la peli nos iba mostrando poco a poco las evoluciones de los personajes, y nunca llegamos a entender exactamente las razones de Michael para querer asesinar a Laurie despiadadamente. Pero la secuela salió poco después, en seguida, de hecho, y se encargó de explicar que Michael tenía una fijación especial con los miembros de su propia familia y que Laurie era su otra hermana, adoptada por los Straw en un momento dado, dato que no se le escapa al "simpático" Michael.
Tampoco importaba mucho porque desde el momento en que Michael se coloca su ya famosa máscara blanca comenzamos a temerle y nos da igual todo lo demás.
Halloween fue un hito en todos los aspectos, y gran parte de su éxito se debe a la interpretación.
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Y también a la fotografía y a la música, esta última creada "in person" por el propio Carpenter, con el ya archiconocido tema (tanto como el Exorcista, por ejemplo), pero muy especialmente gracias a los actores.
Una desconocida Jamie Lee Curtis (a posteriori y a raíz de esta película conocida como "la reina del grito") que solo contaba en su haber el hecho de ser hija del gran Tony Curtis interpretaba a Laurie. Con clase y dignidad, como dirían Siniestro Total. Sobria, épica, magistral. Jamie es la más "decente" de todos los adolescentes que cruzan la gran pantalla, y ya sabeis la teoría de Wes Craven mediante la cual (Scream) en una peli no debes follar, drogarte, emborracharte o chulearte demasiado, porque serás presa fácil... Pero de nuevo vuelvo al comienzo de la opi; todo esto lo creó Carpenter en esta historia, a él le debemos el mérito (y el tópico). Jamie Lee está soberbia de principio a fin. Tan "adolescente", tan poquita cosa, tan frágil, tan... Es la víctima idónea, pero a la vez es la más fuerte, la única capaz de resistir el impulso del asesino...
No exageramos si decimos que esta película le sirvió de vehículo a la diva para empezar a ser conocida, y triunfar en Hollywood. y luego ya sabéis: Mentiras Arriesgadas, el Sastre de Panamá, Ponte en mi lugar... Solo por nombrar las más recientes. Jamie Lee es, a todas luces adorable en todos los sentidos, es una de esas actrices a las cuales la vieja y yo veneramos hagan lo que hagan (verdad, vieja Morla?) y no es si no en esta película en que comenzamos a descubrirla.
Tenemos también al doctor Sam Loomis, el contrapunto inexcusable del asesino Myers. Loomis le ha estado estudiando durante años, mientras Michael solo permanecía sentado en una silla mirando a la pared, sin hablar, sin dar señales aparentes de inteligencia...
Hasta que llegó a la conclusión de que Michael Myers era simple y llanamente "El Mal". Excepcionalmente interpretado por un Donald Pleasence ya mayor y en horas bajas (La Gran Evasión, el Príncipe de las Tinieblas, Sombras y Niebla, Mansfield Park...) pero que aporta toda su sapiencia actoril a su personaje. Chiquitito, calvo, avejentado, Loomis es cualquier cosa menos alguien que podría enfrentarse a Myers. Pero más sabe el diablo por viejo que por diablo, que diríamos. El personaje llega a ser tan importante en este sempiterno equilibrio entre las fuerzas del bien y del mal que cuando desaparece en la sexta peli (porque falleció de verdad) todo parece perder un poco su sentido.
O sea, ¿qué coño hace Michael ahora sin su eterno antagonista? No obstante Loomis se tira 5 pelis persiguiéndole incansable, pero en ésta, en la primera y original, sus fugaces apariciones resultaban a veces hasta más inquietantes que las del propio asesino. Son como un ying-yang cinematográfico que se equilibran y contrarrestan de modo definitivo. Ni Loomis ni Myers podrían existir el uno sin el otro, aunque luego se empeñen en demostrarnos que sí, que es posible...
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Y finalmente en esta trinidad improvisada no puedo dejar de hablar del propio asesino. Curiosamente fue interpretado por dos actores, uno cuando salía con máscara y otro cuando salía sin ella, se ve que el de la máscara era feíllo el chico, jeje. El que pasaría a la historia por inmortalizar a semejante bestia es Tony Moran. Y como ahora no estoy seguro de si era él el de la máscara o el que se la quita en un momento dado hablaré del que dio movimiento a Michael Myers. Cobraba algo así como 25 dólares por día, pero es que también formaba parte del staff técnico, tan mal estaba el presupuesto xD.
En esta primera peli Michael Myers se mueve sigilosamente, despacito, marcando cada paso que da... Suele aparecer de noche, cuando las sombras le amparan, mata sin piedad, hace daño sin inmutarse, y aterroriza. Vale que a mí me impresionó siendo un niño pero es que hoy en día he vuelto a verle y sigue teniendo esa presencia, esa majestuosidad si se quiere, esa lentitud premeditada, ese porte prodigioso, esa forma de actuar... Hoy en día no puedo si no quitarme el sombrero ante el que para mí es el mejor asesino de ficción (dándole cien patadas en el culo al tontorrón de Jason Vorhees) y seguir flipándolo por el terror que llega a destilar por todos sus poros.
El cuchillo enorme es un elemento que luego se repetiría hasta la saciedad y añade poder al personaje, pero el punto clave está en la máscara. Tan simple como efectiva, una sencilla careta blanca introduce escalofríos en el desprevenido cuerpo del espectador y nos retrotrae a otra época en la que un terror ciego nos embotaba todos los sentidos, quizá el elemento cromático impreso en el ADN humano ayude a esto, y quizá John Carpenter supiera esto de entrada pero lo cierto es que acertó 100% en la elección tanto del personaje como del atuendo en cuestión.
Michael será un espíritu, o un demonio, o una víctima de una secta despiadada, o cualquier otra cosa, pero nadie puede negar que es un cabrón de mucho cuidado y que todos desearíamos no encontrárnoslo en un callejón a oscuras por la noche...
En definitiva y en resumen, que si no habéis visto Halloween debeis remediarlo y buscarla por donde sea. Entenderéis cómo empezó este subgénero del terror, entenderéis muchas cosas de hecho, y pasaréis miedo, mucho miedo. Os lo garantizo.
Un 10 para esta cinta.
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Genial tu comentario! ¿Has visto ya la de Rob Zombie?