William Shakespeare << HAMLET>>
11.06.2007
Ventajas:
culturales
Desventajas:
Ninguna
Recomendable:
Sí
 Perys56
Sobre mí:
usuario desde:28.05.2007
Opiniones:36
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 28 miembros de Ciao
₪₪₪₪₪₪₪₪₪₪̈́ 2;₪₪₪₪₪₪ SHAKESPEARE - HAMLET ₪₪₪₪₪₪₪₪₪S 62;₪₪₪₪₪₪₪ Hamlet quizás no sea <<la mejor>> de las obras de Shakespeare, pero sin duda es la mas <<interesante>>, la mas sugestiva para la sensibilidad y la manera de leer de nuestra época, y a la vez -creo- la mas <<shakesperiana>>, en cuanto que plantea mas agudamente que ninguna otra los problemas, las ambigüedades y aun los misterios de la creación de este supremo dramaturgo, al mismo tiempo que logra las mas sugestivas profundidades de palabra poética.
Aquí como nunca, llego a tener la impresión de que ese casi desconocido autor se sentía por encima de su trabajo, de los condicionamientos de la producción teatral para un publico demasiado mezclado, y, con ironía casi despreciativa, lo que hizo en este drama fue desarrollar a su gusto una variación sobre un tema dado, demasiado consabido para él y casi rehuido en su argumento obligado. De ahí que la critica se haya mostrado siempre tan indecisa en su valoración como el propio príncipe Hamlet que ante su deber -vengar a su padre, matando a su tío asesino, usurpador y casado con su cómplice madre-: T.S Eliot, por ejemplo, considera esta obra un <<fracaso artístico>> seria mas claro decir que va contra las conveniencias técnicas de todo drama-, pero, por otra parte, toda la critica de tendencia psicológica ha preferido siempre a este personaje tan atractivo por su misma ambivalencia, propicia a análisis de <<complejos>> y demás problemas psíquicos. Acaso lo más conveniente sea informar sobre el trasfondo de historia literaria en que se basa Hamlet: no será mera curiosidad erudita, sino comprobación de algo que puede sospechar cualquier lector, el hecho de que este drama sea una reelaboración de un material previo, sobre un motivo ya familiar al público de aquella época. En efecto, parece ser que unos pocos años antes del estreno de esta obra había tenido gran éxito un Hamlet -no conservado-, quizás de Kid, el cual había tomado su tema, a través de las historias del francés Belleforest, de la Historia Danica, del viejo cronista danés Saxo Grammaticus (c 1150-c.1206). El argumento era muy parecido: Amleth era hijo de Gerutha, hija del rey de Dinamarca y reina de Noruega y de Horvendile (que para ser rey de Noruega, mató al primer marido de Gerutha; este primer asesinato no aparece en Shakespeare, porque hubiera echado a perder el valor moral del padre de Hamlet).
Horvendile, a su vez, es asesinado por su hermano Feng, que se casa con Gerutha. Amleth, para escapar a la amenazadora tiranía de su tío-padrastro, se finge loco; Feng le pone a prueba con una prostituta, pero Amleth, avisado, supera la prueba, así como también el acecho de un consejero de Feng, a quien mata en el cuarto de la reina -igual que en la escena de la muerte de Polonio, en el drama shakespeariano. Feng, entonces, envía a Amleth a Inglaterra con cartas para que le maten: Amleth las sustituye por otras, gracias a las cuales se casa con la hija del rey ingles. Vuelve entonces a Dinamarca, y encuentra a todos los del palacio en el banquete funeral por su propia muerte, que ya suponen que se ha producido: cuando están borrachos, los hace arder con el palacio. El Hamlet atribuible a Kid tuvo éxito entre 1584 y 1589: Nashe, aludiendo a Kyd, como el equivalente ingles del Séneca de las tragedias, dice que ofrece whole Hamlets, I should say handfuls of tragical apeeches (<<enteros Hamlets, digo, puñados -jugando con las palabras en ingles- de discursos trágicos>>). En todo caso, del mismo Kyd se conserva The Spanish Tragedia (<<La Tragedia Española>>), famosísima entonces bajo el nombre de su protagonista, Hieronimo, y aludida más de una vez en el propio teatro shakespeariano. En ella encontramos una mezcla del tema Hamlet con otros elementos de la tragedia senequista inglesa de esa época; elementos que, por otra parte, el Hamlet shakespeariano recoge también de una obra primeriza del mismo autor como es Tito Andrónico (así la venganza conseguida mediante una locura fingida y con fantasmas que incitan a ella…). Es decir, se trata de un conjunto de temas favoritos de la dramaturgia de entonces: sobre esa falsilla, en parte propia y en parte ajena, surge el Hamlet de William Shakespeare, de cuyas circunstancias de producción conviene informar brevemente antes de seguir con su tema y desarrollo. Unos opinan que Hamlet se escribió entre 1600 y 1601; otros ensanchan el margen de posibilidades desde 1598 a 1602 con mas probabilidad para el invierno 1601-1602.
En todo caso, es en 1602 cuando se registra y cuando consta que se representa en mas de una ocasión; entre las posteriores representaciones, aparte de una triunfal gira por provincias, con ocasión de una peste en Londres (1603), destaca la noticia de una puesta en escena a bordo de un barco rumbo a la India, en 1607. En 1603 se publica -cosa nada frecuente entre las obras shakespearianas, y que testimonia un especial éxito-, en formato in-quarto y con esta portada: The tragicall Historie of Hamlet, Prince of Denmark. By William Shakespeare. As it hath been diverse time acted by His Highness' servants in the City of London; as also in the two Universities of Cambridge and Oxford, and elsewhere (<<La trágica historia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca, por W.S. Según ha sido representada varias veces por los Sirvientes de Su Majestad en la City de Londres, así como también en las Universidades de Oxford y Cambridge, y en otros lugares>>). La compañía de actores era la que antes se había llamado <<los hombres de Lord Chambelán>>, y que en 1603 fue adoptada por el flamante rey Jacobo I como propia. Esa primera edición es la que suele llamarse entre la critica Shakespeariana un bad cuarto, un <<mal in-cuarto>>, muy malo incluso por la extensión, que no llega a la mitad del texto impreso mas adelante, y que, por lo incorrecto, parece una vaga reconstrucción hecha de memoria. (No era rara la publicación pirata de dramas: alguien dotado de una memoria especialmente buena, dentro de que en aquella época todo el mundo tenia mejor retentiva verbal que hoy día, asistía unas pocas veces a la representación de un drama y luego se iba a su casa y allí lo transcribía de memoria, no sin errores y malentendidos.)
En 1604 se publica otro in-cuarto, de texto bastante decente, que sirve de base a otras tres ediciones sueltas que hay hasta 1637, y, mejor revisado, para la edición póstuma de <<obras completas>> -el llamado Folio- de 1623. Sin embargo, en esa edición de 1604 se habían suprimido cerca de un centenar de versos que podían molestar a personajes augustos; versos incorporados luego al Folio, el cual, a su vez, carece de unos doscientos versos ya previamente publicados. La impresión que vamos teniendo a medida que leemos Hamlet -por cierto, una obra demasiado larga en comparación con las demás obras shakespearianas, y por ello rara vez representada sin cortes -es que no se explica por que el príncipe tarda tanto en poner manos a la venganza. No es por cobardía, porque en seguida demuestra no temer nada, e incluso estar deseoso de perder la vida: mas bien parece una repugnancia general a un mundo tan sucio, en que su propia madre ha podido hacerse cómplice del fratricidio en que ha muerto su marido -además, el rey, símbolo de todo valor y orden en el mundo shakespeariano-, casándose con el asesino. La venganza no podría tener siquiera un sentido de restablecimiento de la justicia y de la verdad, dentro de un mundo tan podrido -un estado de cosas que no es solo del reino de Dinamarca-, De ahí que a los que leemos o vemos esta obra nos pueda parecer acertada la preferencia general, como punto clave de la obra, por el monologo <<ser o no ser>>: el suicidio sería acaso lo único apropiado en tan negro universo, pero Hamlet -tan inmune al miedo en todo lo de esta vida- tiene miedo a lo que pueda haber después de la muerte, a que en ese <<dormir>> haya un <<soñar>> doloroso. ¿El infierno? Se ha señalado que en la obra de Shakespeare todo ocurre como si el Cristianismo no hubiera existido jamás -muy en segundo plano puede aparecer alguna figurilla de fraile, algún remoto convento, pero nunca una alusión a las creencias básicas cristianas ni a la Iglesia como institución, no menos importante entonces por su transformación en <<Iglesia anglicana>>-.
La mentalidad de los personajes shakespearianos sólo conoce -en todo caso- una moralidad estoica -Román, <<romana>> dicho en su propio lenguaje, pero también de raíz griega-, como la de los héroes de Plutarco, pero complicada y enriquecida por el misterioso despego del autor. Aquí, para volver a Hamlet, el príncipe no se hace el loco, como en Kid, o en el Tito Andrónico, para disimular un plan de venganza, sino más bien por desprecio y burla, para insultar y desconcertar mejor a quienes les rodean. Expresión formal de su distanciamiento en el uso del <<teatro en el teatro>>, que da lugar a que el príncipe Hamlet teorice sobre el arte de la representación y establezca irónicamente otro nivel; la <<obra dentro de la obra>> como en el casi coetáneo Quijote cervantino, libro sobre libros, dentro del cual (en segunda parte) se cuenta con la primera parte como ya publicada, determinando las peripecias del personaje, y aun con una segunda parte falsa; o como en las posteriores Meninas, donde no sabemos si el cuadro que pinta el pintor pintado dentro de su cuadro puede ser o no el cuadro que vemos nosotros. El príncipe Hamlet empieza por fracasar siendo infiel al mandato recibido del espectro de su padre -matar a su tío-padrastro, pero respetar a su madre-: no solo no empieza por matar al usurpador, sino que se desahoga contra su madre, haciéndole saber que conoce la horrible verdad. El espectro tiene que aparecer para refrenar su lengua: Hamlet asqueado de si mismo, cree cumplir la venganza ordenada dando una estocada al que supone que es el rey escondido, pero, al descorrer la cortina, resulta que ha matado al cortesano Polonio, padre de Ofelia, la muchacha a quien quiere, pero a quien ha renunciado al quedar bajo el destino de la venganza. Esa muerte pone en marcha otra línea de venganza, enérgicamente seguida, en contraste con la línea que el no se decide a cumplir: Laertes, hijo de Polonio, acude a matar a Hamlet para vengar a su padre -y a su hermana, enloquecida y suicida por culpa de Hamlet -. Pero, mientras tanto, Hamlet se ha derrumbado interiormente y se deja enviar a Inglaterra sin cumplir su deber de venganza, por más que sospeche una asechanza en tal viaje.
Una casualidad inverosímil le devuelve a la corte, después de hacerle saber los planes criminales de su tío contra él. Pero tampoco vuelve con prisa por vengarse: al rey solo lo matará, casi imprevistamente y de paso, como por redondear un párrafo, entre la orgía general de muertes con que acaba la obra, cuando Laertes y él se entremetan -Laertes, victima de su propio deshonroso engaño, al envenenar la punta del florete-, mientras la reina bebe un veneno preparado para Hamlet, en caso de que escapara a Laertes. Al final os quedareis un poco perplejos, a la vez que del todo fascinado ante esa figura tan <<moderna>>, incluso tan <<existencial>> -siempre sarcástico, en humor negro, como, por ejemplo, con la calavera de Yorick en la mano-. El simple cumplimiento de un mecanismo de venganzas, tipo western, hubiera sido demasiado tosco para él que se deja perder deliberadamente en el fracaso, como comentario nihilista a un mundo negro y cerrado; vengándose solo ya en su propia agonía, como por mera inercia del mecanismo teatral.
Y aquí, quien conozca toda la obra de Shakespeare no podrá menos de pensar que es donde el propio autor ha puesto directamente en escena su enigmático carácter. Pues -como bien dicen los estudiosos shakespearianos- la grandeza de Shakespeare reside en su <<capacidad negativa>>, en su lejanía, en su neutralidad respecto a los personajes, los valores, las situaciones: él es -en términos del poeta romántico- un <<camaleón>>, capaz de dar voz por igual a la inocente Imagen (de Cimbelino) y al malvado Iago (de Othello). De otro modo, Antonio Machado sugirió algo análogo: Shakespeare fue un <<poeta de poetas>>, es decir, un creador de personajes que dicen cada cual los poemas de su propio sentir, sin revelar el sentir de su autor. Pues Shakespeare desdeña siempre hablar desde sí mismo, hacer valer sus preferencias personales, tomar partido, y por eso, como dijo Matthew Arnold en su famoso soneto, se eleva como una montaña por encima de los demás creadores: Others abide our question. Thou art free. We ask and ask - Thou smilest and art still, Out-topping knowledge…
(<<Otros admiten nuestra pregunta. Tú eres libre. / Preguntamos y preguntamos - Tú sonríes y estas callado, / sobrepujando el saber…>>) Por lo demás, nadie nos impide especular, ofrecer interpretaciones, utilizar Hamlet como ilustración ara tesis de psicoanálisis, de poética, de técnica teatral, de filosofía política, e incluso como juego en clave sobre su propia vida familiar; esto último es lo que hizo James Joyce en la discusión que forma el capitulo [9] de Ulises, seguramente como diversión y capricho personal, pero que ya empieza a ser considerada como hipótesis muy plausible por parte de algunos eruditos shakespearianos. Pues Shakespeare, además de dos hijas, tuvo un hijo llamado Hamlet, que murió a los once años, y acaso su recuerdo combinado con la presunta infidelidad de su mujer, fuera a parar a una alianza Padre-Hijo, con reprobación de la Madre, que puede considerarse como elemento básico de Hamlet. Con todo, seguramente esta idea pierde su interés si la sacamos de la humorística atmósfera del aludido capitulo joyceano.
Pero hay algo que añadir todavía: la perplejidad indecisa -<<hamletiana>> por antonomasia- en que queda al final el no por ello menos fascinado lector, resulta todavía mayor -y mas cargada de seducción- si se trata de un espectador, y precisamente en su forma teatral original. El cine -conviene advertirlo- es un medio poco propicio a Shakespeare, a pesar del innegable valor de algunas de sus versiones fílmicas; en el caso de Hamlet, la versión de Lawrence Olivier resultaba un tanto <<barata>>, demasiado emocionante en sus <<efectos especiales>> mientras que la versión rusa, mas respetuosa con lo poético, aunque inevitablemente traducido, quedaba según los eruditos, un tanto distanciada en su espectacularidad. Pensemos en lo que era el teatro elizabethiano; en su forma mas típica, la del Globe, un edificio hexagonal u octogonal -la llamada O de madera-, un patio rodeado de galerías, en las cuales estaban los espectadores medianamente distinguidos; abajo, y de pie, los groundlings, o <<malolientes>>, stinkers. En un lado estaba la plataforma del escenario, con un tejadillo que apenas lo tapaba de la frecuente lluvia, y contando encima con un segundo nivel -una suerte de balcón, no usado probablemente en muchas interpretaciones por su fragilidad-. No podía haber decorados, aunque si una orquestina oculta en la torre donde se izaba una bandera al empezar la representación, a eso de las dos de la tarde, con luz natural. (Luego habrá un teatro <<de cámara>>, el Blackfriars, con luz artificial.) Los actores, ricamente vestidos, lo hacían todo con la palabra poética que les daba el autor: indicar el lugar de acción, crear la atmósfera… No había entreactos: la división editorial entre actos y escenas corresponde simplemente a los momentos en que quedaba vacío el escenario, tras de lo cual podía suponerse que la acción se había trasladado a otro lugar y tiempo, y así lo sugerían los actores que aparecieran a continuación. El público en sus diversos niveles, incluía las más variadas clases sociales, a precios correspondientes a las <<localidades>>; los espectadores de muy alto rango a veces se sentaban en taburetes en la misma plataforma del escenario, a los lados del escenario, a los lados de los actores, convirtiéndose también ellos en espectáculo.
En conjunto, era un teatro a la vez de popular y difícil, pomposo hasta la oscuridad y chocarrero hasta la grosería, brutal en su violencia y remoto en su lírica. En tal ambiente -tan lejano de lo que suelen ser las modernas puestas en escenas de Shakespeare-, Hamlet debió producir en su público una sugestión mayor que otras obras suyas construidas con más lógica y con más fidelidad a las conveniencias de la <<carpintería>> teatral. No cabía duda de que allí se había visto una historia ejemplar de <<crimen y castigo>>, pero, por detrás de esa aparente evidencia tan sencilla, la ambigüedad lírica y -casi diría- metafísica de Shakespeare dejaría a todos vagamente emocionados con la confusa sensación de la complejidad y la incurable tristeza de la vida en el mundo. No me extiendo más a pesar que esta obra se lo merece y se puede aun hablar trescientos folios más de este genio sin igual en la historia de la dramaturgia y la prosa teatral, recogida como el mejor y de común acuerdo por la universalidad de la crítica literaria.
Perys.
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03.06.2011 14:46
:)
02.09.2010 19:55
PLagio y obvio.
23.06.2007 13:43
Cualquiera que tenga la edición de Hamlet de Planeta podrá ver que lo que has colgado como opinión no es sino la introducción-reseña al libro.