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Mi primera experiencia con el Honda CR-V no ha sido mala.
Un inicial viaje a Madrid desde Córdoba, para que Dani, un chico de 11 años que soñaba con ver la capital (algún día, como otros Nueva York), se alargó algo. De Córdoba a Jaén, a Segura de Cazorla, a ver brincar motos, luego de algunas paradas para identificar pollos voladores (águilas, cigueñas, milanos...) llegamos a Albacete y bastantes paradas más (monumento al ingeniero autor del proyecto del Trasvase Tajo-Segura, campos solares, pueblos manchegos...) llegamos a Madrid.
Un recorrido a pie por los lugares de mi infancia y otro, necesariamente más ligero, por los lugares de interés (que incluyen las torres del Dia de la Bestia, claro está, pero también el viejo y entrañable puente de los Franceses, el museo de América, el del Prado, el del Ejército, ¡la puerta de Alcalá!... )
Un día más tarde, consecuencia de una conversación, a Medinaceli, a ver la única puerta romana de tres arcos... y claro, Zaragoza (¡la Pilarica!), con el mismo superficial recorrido rodado y otro, más reducido, a pie por el barrio antiguo, del Pilar al Mercado y el puente de los gatos cojonudos...
Y ya que estamos y el GPS dice que Tarragona no está tan lejos... bueno, pues sí, pero a Barcelona. Casualidad o potra del niño, era día 15 y Barcelona en fiestas. El CR-V se queda descansando en el parking del LIceo, pero nosotros... paliza de andar por la inigualable Rambla, de la que uno nunca se cansa, y luego a la pensión de siempre (Hostal Oliva), con su ascensor que debe ser monumento nacional, en Paseo de Gracia, esquina a Diputación (www.hostaloliva.com), sencilla y económica, pero sobre todo céntrica.
¿Volvemos o nos acercamos a Francia? El GPS dice que está aquí al lado. Hecho, y al poco los Pirineos "¡Los Pirineos, que separan España de Francia!". Pues sí, y ahí están y luego Francia, donde todos hablan francés, las plantas crecen en francés, los pajaritos volando en francés... hasta las calles tienen nombres franceses.
¿Y ahora? Italia está a tiro de piedra, la costa mediterránea de Francia es reducida, pero interesantes: incluye Marsella, Niza, Montecarlo...
Ni tiempo ni dinero para hacerlo, así que se impone el regreso.
Vuelta a Barcelona, con parada en el Hotel Augusta, en la salida 13 de la autovía de Barcelona a Francia. Algo caro para viajeros que sólo queremos cama y ducha, pero cómodo (lo usamos al final dos veces)
El viaje en total, incluida la vuelta con nuevo repaso a Madrid, duró cinco días, 3.415 kilómetros, consumo medio 8.4 litros, velocidades en autovía elevadas, comportamiento genial en todos lados (nunca tuve que pensar en el coche: queremos ir ahí, ahí vamos) y sobre todo, cansancio físico, no de coche, ni dolores lumbares, ni entumecimientos, ni dolor de piernas... hacía años que no recorría kilómetros de forma tan continuada y no recuerdo haberlos hecho nunca tan cómodos.
Por supuesto ya hay cola para excursiones de este tipo, y a mi nieto le ha parecido una experiencia estupenda (estaba muy orgulloso de haber ido hasta Málaga...).
Capacidad del maletero suficiente, asientos muy cómodos, facilidad de conducción, velocidad de crucero capaz de llevarte a donde quieras, consumo aceptable para sus prestaciones (he utilizado el Nissan Terrano II para viajes parecidos y gasta más) y da igual lo que andes te quedas con ganas de seguir.