Los 80, esa década prodigiosa en cuanto a música se refiere, fue paradójicamente una de las más complicadas e irregulares para una de las bandas de rock más conocidas al otro lado del charco, los estadounidenses Kiss. Tras unos años 70 en los que literalmente se colocaron en la cima del mundo, la entrada de una nueva década le sentó como un tiro al proyecto que un día iniciaron con inmensa ambición un israelí afincado en América, Gene Simmons, y un joven rebelde que se buscó su camino desde muy temprana edad, Paul Stanley. La marcha en primer lugar de Peter Criss y poco después de Ace Frehley, batería y guitarrista líder respectivamente que permanecían en la banda desde sus comienzos y a los que las drogas y el alcohol terminaron por pasarles factura, supuso una losa de peso sideral para la banda del beso, que se movió durante esos diez años entre proyectos decentes (pocos), otros menos decentes (la gran mayoría) y alguno que otro que directamente daba vergüenza ajena (varios).
De nada sirvió haber encontrado un reemplazo de lujo para Criss en la figura de Eric Carr, excepcional batería del que ya estaréis más que hartos de verme nombrar en esta página, o de dar por fin con la tecla en el reemplazo del guitarra líder tras varios intentos infructuosos (Bruce Kulick hizo un trabajo impagable durante los más de 10 años que estuvo allí). Cuando las cosas se hacen con desgana, simplemente por cumplir el expediente, lo más seguro es que te salgan unos churros impresionantes, y eso fue lo que le ocurrió a Kiss en los 80: la banda sobrevivía básicamente gracias a las composiciones de Stanley, pues Simmons estaba más pendiente en aquellos años de su carrera (mediocre, todo hay que decirlo) como actor que de levantar una banda que él había co-creado, componiendo auténticas bazofias de las que estoy seguro que a día de hoy se arrepiente. Si a eso le sumamos que Carr y Kulick eran las cucharas del grupo, esto es, ni pinchaban ni cortaban, pues se veía a kilómetros un desastre inevitable.
El disco del que hoy os quiero hablar pertenece a esa etapa oscura de Kiss: Hot In The Shade, de 1989. No fue el peor que grabaron en aquellos años, pero sí que dejaba claro tras un par de escuchas que los mejores momentos de la banda habían pasado hace mucho tiempo. En total son nada más y nada menos que 15 temas, de los cuales, sinceramente, sobran más de la mitad. Tiene temazos, desde luego, pero se pueden contar con los dedos de una mano. Voy a analizarlos uno por uno, así que acomodad bien vuestros traseros a la silla porque como ya he dicho, no son 8 ni 10, sino 15:
1.- RISE TO IT: Para nuestra sorpresa, Hot In The Shade empieza de maravilla, con un tema rockero made in Paul Stanley que nos hará mover la cabeza y los pies sin que no demos cuenta. Como curiosidad, decir que se hizo un videoclip de la canción en la que aparecen, al principio y al final, Stanley y Simmons maquillados como Starchild y The Demon respectivamente, tras varios años sin hacerlo, al poner punto y final a la gloriosa etapa del maquillaje en 1983.
Lo dicho, una gran canción y sin duda de lo poco que puede ser catalogado como clásico en este disco. NOTA: 9,75/10
2.- BETRAYED: Primer tema de Simmons en el álbum... y vaya si se nota. 3 minutos y 40 segundos de puro aburrimiento, en los que se salvan un poco el estribillo, Eric Carr y pare usted de contar. Canción completamente olvidable se mire como se mire. NOTA: 4,5/10
3.- HIDE YOUR HEART: Otra grande del álbum. Tema tan puramente ochentero como sobrecogedor, sobre todo en lo que a su letra se refiere, en la que relata algunos de los mayores problemas que existen dentro de la sociedad estadounidense: el uso de las armas y los enfrentamientos entre bandas callejeras. El enfrentamiento de dos chicos por el amor de una chica, y que acaba como el Rosario de la Aurora, pone fin a una señora canción que injustamente es a menudo olvidada por el grupo en sus directos (renovad un poquito el repertorio, joder, que ya cansa oír siempre Calling Dr. Love o Deuce). NOTA: 9,75/10
4.- PRISONER OF LOVE: Otra de Simmons. Mejor que Betrayed (lo cual no es decir mucho), si bien tampoco tiene momentos verdaderamente destacables o que se se graben a fuego en nuestra memoria (quizá los solos de Kulick, poniéndome condescendiente). Bastante prescindible también. NOTA: 5,5/10
5.- READ MY BODY: Stanley se contagia del pasotismo de su colega de fatigas y nos "regala" un auténtico truño de dimensiones bíblicas, el cual da la sensación de haber sido compuesto en 5 minutos mientras se tomaba una copa en algún garito de mala muerte o le metía cuello y algo más a la groupie de turno. Pésima. NOTA: 3/10
6.- LOVE'S A SLAP IN THE FACE: Nada, parece que Simmons no tiene por el momento intención alguna de ofrecernos algo de calidad en este LP. Marchando una de relleno para Hot In The Shade, como si no hubiera ya suficiente a estas alturas. Del "naaa na na naaa" que se marca el tío en el estribillo mejor no digo nada, habla por sí solo. NOTA: 4/10
7.- FOREVER: Y llegamos a la mejor canción del álbum. Forever es un baladón de la cabeza a los pies, una pieza megasensible capaz de erizar los pelos del cuello del ser más rudo del planeta. Desde luego, no tiene nada que envidiarle a la Beth de Peter Criss, y de hecho, si algún día paso por la vicaría (ufff, tá difícil...) me gustaría que sonara esta canción durante el baile. Clásico con mayúsculas, y afortunadamente tocada en directo por la banda con bastante frecuencia. NOTA: 10/10
8.- SILVER SPOON: Forever parece que ha servido un poco de revulsivo, pues Stanley nos presenta un nuevo tema que al menos no te dan ganas de quitarlo a los 10 segundos de empezar. Rockera, ochentera e interesante, sin ser una obra maestra por supuesto, Silver Spoon pertenece a la clase media del disco, ésa que agradeces después de tanto relleno indiscriminado. NOTA: 7/10
9.- CADILLAC DREAMS: ¡Milagro, Simmons por fin compone algo potable! Cadillac Dreams parece más una canción de los 70 que de los 80, y quizá por eso le ha salido tan bien a The Demon, que sí demostró en la década anterior que era el puto amo.
Rock & Roll clásico abierto a la experimentación (esas trompetas del final... ¡JUAS!), sin duda de lo mejor de tito Gene en todo el álbum. NOTA: 8/10
10.- KING OF HEARTS: Vaya, era demasiado bonito para ser verdad. Tras tres temas buenos o buenísimos, volvemos a la mediocridad de la mano de Stanley (quién lo diría). Una nueva canción olvidable, plana, gris, sin chispa, ultrapasable... y demás adjetivos que tengan relación con cualquier pista mala de pelotas que uno se encuentre en cualquier disco. NOTA: 4/10
11.- THE STREET GIVETH AND THE STREET TAKETH AWAY: Con un título jodido, Simmons nos muestra que lo de Cadillac Dreams había sido un espejismo. Como no me gusta repetirme, leed mi crítica de la canción anterior y tendréis la de ésta. Es la tónica general de Hot In The Shade, mal que nos pese a los que disfrutamos con esta banda en el pasado. NOTA: 4/10
12.- YOU LOVE ME TO HATE YOU: Stanley, ¿tú también, hijo mío? ¿No teníamos ya bastante con Read My Body y King Of Hearts que encima nos tienes que torturar por tercera vez con otra canción inaguantable, pedante y que parece sacada de tus mencionadas orgías con las también mencionadas groupies de turno? De Simmons me lo esperaba, de ti... no, desde luego que no. NOTA: 3/10
13.- SOMEWHERE BETWEEN HEAVEN AND HELL: Gene Simmons + años 80 + Hot In The Shade = mojón a la vista salvo excepciones. Y no, esto no es una excepción lamentablemente, es el resultado exacto de la suma anterior. 3 minutos y 50 segundos de plomo total y absoluto que sólo suben un poco de nivel con el solo de Bruce Kulick (tú y Eric tenéis el cielo ganado, hijos míos). Iba a calificarla como repugnante, así que voy a intentar que no me pierdan las formas y la voy a dejar simplemente en asquerosa. NOTA: 3,5/10
14.- LITTLE CAESAR: De las pocas contribuciones del inolvidable Eric Carr en Kiss, y no porque no tuviera una gran capacidad de composición, sino porque la tiranía Stanley-Simmons no daba para mucho más. Destacar que es una de las dos únicas canciones de Kiss en estudio en las que The Fox tuvo la oportunidad de cantar, siendo la otra el remix de Beth que hizo en el recopilatorio Smashes, Thrashes & Hits, un año antes. Desde luego, viendo el nivel general del álbum, no es ni por asomo de lo peor del mismo, si bien creo que Carr compuso mejores temas que merecieron ser incluidos antes que Little Caesar (¿os acordáis del álbum póstumo Rockology que comenté hace ya varios meses? Pues eso). Aun así, pista rockera más que disfrutable. NOTA: 7/10
15.- BOOMERANG: No, no es la peli de Eddie Murphy, es el último tema de Hot In The Shade, y pertenece a Simmons, así que el temor a cerrar un álbum discretísimo de forma catastrófica está más que justificado. Y tanto, porque la pista en sí vuelve a mostrarnos a un Gene que, definitivamente, pasaba olímpicamente de Kiss y que sólo le interesaba hacerse un hueco en el estrellato del Hollywood ése, algo que como ya os dije al principio jamás consiguió, tardando 3 años más en darse cuenta de una puñetera vez que lo suyo era la música (y los negocios, como buen judío que es).
Respecto a la canción... nada, caca de la vaca, como casi todas las que compuso en este álbum. NOTA: 3,75/10
Y así acaba Hot In The Shade, un disco al que podrían haber llamado Filler In The Shade (Relleno En La Sombra) y a nadie le habría sonado a cachondeo, todo lo contrario. Para colmo de males, éste fue el último disco con Eric Carr a las baquetas, ya que a los pocos meses de la gira del álbum se le detectó un cáncer de corazón que tristemente acabaría con su vida el 24 de noviembre de 1991, mismo día, mes y año en que murió otro mito del rock, Freddie Mercury. Ante este panorama, el futuro de la banda parecía más incierto que nunca, pero por increíble que parezca, la cosa no fue a peor a partir de aquí, sino a mejor. En mi próxima opinión sabréis por qué.
Y aquí termina la historia, al menos por ahora. Malas tardes, nenes... y nenas.
P.D. El disco merece realmente 2 estrellas y media en lugar de 2 peladas, pero ya sabéis lo que ocurre en Ciao con los decimales...
Muy buena opinion, saludos.