Llevados por la necesidad de descanso y de desconexión, mi mujer y yo solemos salir a pasar el fin de año fuera de Madrid. Hace un par de años nos surgió la posibilidad de ir a este apartahotel en San Pedro del Pinatar, en Murcia. La idea nos resultó atractiva; el edificio era nuevo, de hecho nosotros mismos lo habíamos visto construir en años anteriores.
El primer motivo de elección es que si vas en Nochevieja no te obligan a pagar suplemento, ni te obligan a coger cena ni cotillón, ni ninguna de esas fanfarrias típicas que son, precisamente, de las que nosotros vamos huyendo.

El edificio está en un callejón, justo al lado del Hotel Traiña, (que creo que es del mismo dueño que estos apartamentos) cerca del centro de San Pedro, y no tan cerca de las playas de Lopagán, y es, como he dicho, de bastante reciente construcción. Eso es bueno por un lado: todo está limpio y con un aspecto muy agradable; y malo por otro: como viene siendo habitual en las construcciones nuevas, las paredes son de papel. Pero a ver… no me refiero a que sean de rasilla de ladrillo de ese finito. No, de papel, casi literalmente: Pladur o algún tipo de material parecido que hace que duermas cabeza con cabeza con los de la habitación de al lado. Si tosen, lo oyes, si ríen, lo oyes, si hablan bajito ¡lo oyes! Y ya ni contar si les da por ver la tele por la noche o por otros asuntos más íntimos, en cuyo caso asistes al show en directo como si fuera una x radiofónica o algo así.El primer año ya fuimos conscientes de tales defectos, pero como primaban más las ganas de salir que los defectos (ya enturbiados por el paso del tiempo) fuimos un segundo año. A todo lo anterior se puede añadir que estos apartamentos, tranquilos en su día, ahora ya no lo son tanto. En Nochevieja, pandillas de adolescentes, y no tan adolescentes, borrachos como cubas, tomaron el edificio por suyo. Adiós a las parejas jóvenes, a los matrimonios con niños y a la gente civilizada en general. Bueno, una noche así… vaya, es normal, piensas, pero luego te encabronas y te dices: pero yo no pago por estar en una fiesta. Esto es un apartahotel, no una sala de juergas. En fin, esa noche se pasa de cualquier forma, no hay más que decir. Pero las juergas continúan al día siguiente, por lo que bajamos a recepción a que nos informen de si aquello continuará mucho tiempo, porque si va a ser así, nos vamos. El chico de la recepción, muy amable, se disculpa y afirma estar harto de ellos y nos insinúa que este año se las han colado y se lamenta casi más que nosotros por los daños causados por esa turba.
Aprovecho para comentar seguramente lo mejor del establecimiento: La recepción: Amables, muy correctos y siempre solícitos. Están ubicados en una sala grande, espaciosa, con sillones, un gran televisor y unas mesas para desayunar por las mañanas. Así mismo, tienen un rincón donde se puede acceder a Internet con monedas. En general, el edificio es alegre y funcional. Tienen parking en el sótano y un solarium en la azotea. También disponen de lavandería (aunque en esas fechas no estaba abierta).
Otro pero son las señoras de la limpieza, que no dudan en golpear todo lo que pueden en los pasillos con tal de que te levantes y salgas del apartamento. Sé que es su trabajo (limpiar, no golpear) pero deberían hacerse a la idea de que los que vamos allí estamos de vacaciones y no nos apetece levantarnos a las ocho de la mañana porque sí.
Los apartamentos están decorados con cierta elegancia. No tienen demasiadas cosas, pero no están mal. El nuestro era un salón con cocina americana, con todos los electrodomésticos imprescindibles, una habitación con cama de matrimonio y armario empotrado, donde está la caja fuerte (como en casi todas partes), y un baño espacioso y muy bien cuidado, con un gran plato de ducha. La climatización es otro tema a destacar. Allí, pese a ser invierno, te asas. Sólo se puede poner el frío, pese a estar preparado para frío/calor, pero si lo pones, te hielas. Es muy difícil de regular.
Además, al margen de esas paredes de risa ya descritas, este año tuvimos la desgracia de comprobar cómo los apartamentos habían dejado de ser familiares o desérticos pasados los días de fiesta y se convertían en picaderos para la gente de la zona. No es de extrañar. Su precio ronda los 60 euros por noche y tienes ciertas amplitudes, incluso tu frigorífico para llevarte tu propia bebida y comida por si tras el festín orgiástico te apetece un festín gastronómico. A mí eso me daría igual si no los estuviera oyendo como si los tuviera dentro de mi apartamento e incluso si no los estuviera “oliendo”. La última noche nos tocaron a la sazón unos vecinos fumadores y el humo campaba a sus anchas por nuestro dormitorio. No nos quejamos porque ya nos íbamos, pero… la imagen del lugar quedó remachada de muy mala manera.
En definitiva, si te gustan las vacaciones compartidas (sólo por el oído y tal vez por el olfato) con los vecinos, este es tu lugar. Una pena porque siendo algo nuevo podrían haberse esmerado más, y más pena, porque el edificio es vistoso, muy cuidado, y sus dependientes muy educados, incluidas las mujeres de limpieza cuando te diriges a ellas, pese a sus golpetazos previos a traición.
Jajajajajaja. Me ha encantado la opinión, jajajaja. Me temo que sé dónde no vais a alojaros para pasar este fin de año. Un besazo.