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Cuando estuvimos, fue una sorpresa tanto la ciudad, que está fuera de los circuitos turísticos habituales, como el hotel en sí. el hotel está al lado de la estación de tren, a cien metros y es mucho más bonito por dentro que en su parte exterior. El recibidor y las escaleras, son sorprendentes así como la decoración de las amplísimas y luminosas habitaciones. El servicio, inmejorable incluidos unos maravillosos caramelos de bienvenida... y manzanas trentinas o bombones al llegar a la habitación. Creo que todos los hoteles de la cadena son insuperables, pero recomendamos este por sus comodidades, su buen gusto en la decoración, su amplitud, su servicio... y su situación a cinco minutos andando de la catedral y del castillo. Muchas de las aceras de Trento, como curiosidad, son de mármol.