Hotel Gran Melia Salinas, Lanzarote

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Hotel Gran Melia Salinas, Lanzarote

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Un gran hotel en una isla paradisiaca

5  17.04.2006

Ventajas:
ubicación, confort, comodidad

Desventajas:
ninguna

Recomendable: Sí 

Detalles:

Relación calidad precio

Comodidad del colchón

Atención al cliente

Limpieza del hotel

Más


tegama

Sobre mí: Gracias a tod@s por vuestras lecturas.

usuario desde:12.04.2004

Opiniones:526

Confianza conseguida:62

Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 40 miembros de Ciao

Hoy voy a hablaros de la isla de Lanzarote, donde podemos encontrar la naturaleza más pura. Esta bella isla también es conocida como "la isla de fuego", y sorprende por su belleza a todos los que la visitan. Su singular belleza hace que algunos la califiquen como una de las más bellas del archipiélago canario.

El invierno en Canarias, de puro clásico se ha convertido en tópico. Eso sí, avalado por la presencia de fugitivos de las regiones frías, de peregrinos en busca del sol y el calor.

El destino turístico de Canarias se ha consagrado también por sus precios asequibles y ofertas que no cesan, así que es un tópico clásico y con todas las garantías, y por ello los rostros pálidos de muchos europeos se apelotonan en charters que semanalmente aterrizan en los aeropuertos de Gando y Reina Sofía, en las dos islas más conocidas, Gran Canaria y Tenerife.

En Canarias, hoteles y bloques de apartamentos invaden las costas para albergar a tan variopinta clientela, pero la isla de Lanzarote, muy astutamente, ha conseguido escapar a tan demoledora invasión y beneficiarse de todas las ventajas de la fama que trae aparejada el nombre de Canarias.

La isla de Lanzarote está situada en el extremo noroeste del archipiélago, y ha contado durante años con un auténtico dios protector que tomó como una cuestión personal la defensa y el cuidado de esta isla, y no era para menos, ya que el fuego creó la isla de Lanzarote y la fue modelando progresivamente a su capricho a través de los tiempos. Así, no pueden concebirse unos resultados más devastadores ni una belleza más radical.
Como es tierra de volcanes, el paisaje que predomina en Lanzarote es la aridez, ya que la vegetación es escasa y una de las cosas que más caracteriza a esta isla es la brisa cálida que la azota.

La isla de Lanzarote no es muy grande, ya que tiene tan sólo 60 km. de largo por 20 de ancho, unos 795 kilómetros cuadrados, y es muy fácil de recorrer, por lo que podéis aprovechar vuestras vacaciones para recorrer la isla y conocerla más a fondo, como hicimos nosotros. Eso sí, debido a la dificultad de acceder a determinados lugares de interés, no existe transporte público para llegar hasta algunos de ellos, así que os recomiendo que os apuntéis a alguna de las múltiples excursiones organizadas que existen o, mejor aún, que alquiléis un coche, ya que es la mejor manera de desplazarse por la isla.

Tanto la carretera que desde Haría se dirige a Orzola como el camino que une El Golfo con Los Hervideros, el trayecto de Tahiche a Arrieta, etc., muestran un suelo descarnado, una naturaleza estremecida, unos relieves rotos, partidos por su eje más profundo, el mismo corazón de la tierra.
Son paisajes negros y áridos, perseguidos por costurones antiguos, por cicatrices recientes.

La naturaleza se muestra en Lanzarote en su estado más primitivo y puro, convirtiéndola en una bella isla. El sol cae permanentemente a chorros, mientras que el viento azota las piedras y las rocas.

Hubo un tiempo en el que estas bellas tierras estaban cubiertas de oasis salvadores, de llanos en los que crecía el maíz, el trigo y la cebada, y de poblaciones enmudecidas, pero todo esto se acabó un día de septiembre de 1730, cuando las entrañas del planeta reventaron en más de trescientos cráteres, y las lavas y las cenizas calcinaron durante 6 años gran parte de la isla.
Sin embargo, los magos y las magas (con este expresivo nombre son designados los campesinos de Lanzarote) no se rindieron y aprovecharon las escorias, el llamado picón, para arrebatar a la atmósfera su humedad y poder sembrar a su amparo unas cepas que producirían el vino más literario del mundo: la malvasía.

La belleza de la isla de Lanzarote no está sólo en Arrecife, la turística Costa Teguise y Tahiche (donde está la casa de César Manrique, conocida como Taro de Tahiche, y de obligada visita), sino que podemos apreciar la inmensa belleza de esta singular isla en otros muchos rincones de su geografía como son el Parque Nacional de Timanfaya, Haría, la Caleta de Famara, el islote de la Graciosa, la única isla poblada del archipiélago Chinijo, y los Jameos del agua, entre otros muchos.

Cuna de resistentes, dominio de las fuerzas más ancestrales y profundas, los invasores del Norte no han podido con la isla. Su dios privadísimo, César Manrique, se ocupó mucho de ello, ya que estaba obsesionado con los destrozos que el turismo estaba causando en todo el archipiélago, y dedicó su vida y su obra a mantener a la isla de Lanzarote libre de esa plaga.
Fue él quien planificó la costa Teguise, al norte de la capital, Arrecife, y bajo su influencia se levantaron el resto de las urbanizaciones situadas en la zona sur.
Él también es el artífice de los Jameos del Agua, una laguna subterránea convertida en chocante atracción turística.
Y a él se le debe también esa hábil maniobra de concentrar a los visitantes en poblaciones aisladas.
Su nombre, sus construcciones, su casa subterránea, están íntimamente unidas a Lanzarote, como también lo están las Montañas de Fuego, en el Parque Nacional de Timanfaya. Es en este macizo donde la brutalidad y la hermosura de la naturaleza se manifiestan más directamente.
Os recomiendo que, si visitáis Lanzarote, no dejéis de ir al Parque Nacional de Timanfaya donde, entre los años 1730 y 1735, unos 300 volcanes arrojaron su lava enterrando pueblos enteros para dar lugar a este territorio que destaca por sus rocas volcánicas y su arena cobriza.
El Parque Nacional de Timanfaya es la mejor muestra de hábitat volcánico que apenas ha sufrido la presencia de la mano del hombre.
Aunque el Parque Nacional de Timanfaya es espectacular en su conjunto, yo os recomiendo especialmente que hagáis la visita guiada por la Ruta de los Volcanes, que seguramente os sorprenderá. Una cinta asfáltica, de la que está prohibido escapar, recorre las laderas multicolores de los volcanes, atraviesa los ríos de magma y rompe campos de ceniza y lava. Estos son paisajes fantasmagóricos que sólo se pueden vislumbrar desde la ventanilla del coche. Son suelos frágiles y quebradizos por donde aún se escapa el terror del fuego y la imaginación viaja al ritmo que marca el paisaje.
Dentro del Parque Nacional de Timanfaya está el restaurante El Diablo, en el que comimos. Creo que merece la pena destacarlo porque tiene la particularidad de que cocina sus productos con el calor del magma que se encuentra en las entrañas de la tierra, a tan sólo unos diez metros de la superficie.

Típico en una visita a Lanzarote es el paseo en dromedario por Timanfaya, algo que considero más bien una tortura tanto para los animales como para los turistas, pero es difícil escaparse a esta tradición que ya casi se ha convertido en una obligación.

Un poco más al sur, cerca de La Hoja, las aguas del océano rompen bruscamente contra los acantilados y las grutas ennegrecidas. Más allá, hacia el este, la costa se hace blanca y se transforma, finalmente domesticada, en arena fina y brillante, con fabulosas playas.

Nosotros llegamos a Lanzarote en avión, aunque creo que también hay la posibilidad de llegar por barco desde Cádiz, en un viaje que dura dos días.

Durante nuestra estancia nos alojamos en el Hotel Meliá Salinas, situado en Costa Teguise. El Meliá Salinas es todo un clásico en la hostelería de la isla ya que, desde su inauguración en 1978, constituyó toda una innovación, pues se trata de un intento, propiciado por César Manrique, de integrar turismo puro y duro con naturaleza.
Es un hotel sorprendente, como muchas de las obras de Manrique.
El Hotel Meliá Salinas nos ofrece todos los servicios, y cuenta con jardines, piscinas, patios y todo tipo de facilidades para la práctica de deportes náuticos, así que disfrutamos de una estancia muy agradable.
El hotel destaca por su comodidad y confort. Las habitaciones están completamente equipadas y muy acogedoras, así que nos sentimos como en casa.
El Meliá Salinas destaca por la comodidad que nos proporciona, por su buena ubicación (en Costa Teguise, uno de los lugares más turísticos), por sus amplias instalaciones, su limpieza y el excelente trato que nos dan a los clientes.
La comida del Hotel Meliá Salinas es muy buena, aunque también tuvimos ocasión de comer en otros sitios como, por ejemplo, cuando fuimos a Yaiza, que comimos en la Bodega La Casona de Yaiza, donde degustamos unos exquisitos platos típicos.

Nosotros queríamos conocer Lanzarote, y lo que hicimos fue recorrer la isla entera, de punta a punta, y no limitarnos a visitar sólo los lugares más turísticos.
Así, son inevitables las visitas al Parque Nacional de Timanfaya, a las salinas de Janubio, a El Golfo, a los Jameos del Agua, a Arrecife, a Playa Blanca y el mirador del Río, así como a Teguise, Yaiza, Haría, la playa de Famara y Monte Corona.

En Lanzarote las casas siguen construyéndose de forma tradicional, y apenas hay edificios altos en la isla. Así, el paisaje de la isla está salpicado por el blanco de los muros de las casas.
Ya os dije antes que esta armonía paisajística se debe en gran medida al arquitecto César Manrique, nacido en Arrecife, capital de la isla. César Manrique influyó de forma decisiva en la conservación de la belleza natural de Lanzarote, al alejarla del desarrollo urbanístico masivo. Lógicamente, a preservar la belleza natural de esta isla contribuyó mucho que la Unesco la declarara Reserva de la Biosfera.

Habíamos oído hablar mucho del Parque Natural del archipiélago Chinijo, y decidimos visitarlo. Este Parque Natural está formado por los islotes situados al norte de la isla, y posee también una gran importancia geológica y biológica.
En el interior del Parque Natural del archipiélago Chinijo se encuentran las poblaciones de La Graciosa y La Caleta de Famara, que presume de tener una de las playas más bellas de Lanzarote. Discurre también paralela a unos acantilados formados en la última erupción volcánica, en el año 1824 y, desde el cercano Mirador del Río, en la cumbre del risco de Famara, podemos divisar una impresionante vista de la zona, los acantilados y los islotes.
Durante nuestra estancia en Lanzarote aprovechamos también para realizar una excursión a la vecina y pequeña isla Graciosa, que está a tan sólo una hora de travesía desde Orzola, y allí pudimos gozar de un día estupendo recorriendo esta minúscula isla.

También en el norte hay varios lugares singulares que merece la pena visitar, como los Jameos del agua, la Cueva de los Verdes y el Jardín de los Cactus.

Los Jameos del agua, de los que ya os hablé anteriormente cuando hice referencia a César Manrique, son unas grutas naturales que están formadas por corrientes de lava y que, de la mano de César Manrique, se convirtieron en un lugar de ocio en el que hay un restaurante, cuevas con estanques y un auditorio, todo ello subterráneo y con fama de tener una excelente acústica. En realidad, los Jameos son el extremo del tubo volcánico que une la Cueva de los Verdes (de la que os hablaré a continuación) con el mar.

Otro lugar ideal para visitar es la cueva de Los Verdes, aunque no es recomendable para aquellas personas que sufran claustrofobia, pues he de deciros que es uno de los túneles más largos formados por lava solidificada.

En cuanto a poblaciones, Haría y Yaiza están consideradas como las más bonitas.
Por su peculiaridad, en Haría nos da la impresión de encontrarnos en otro lugar, en un punto muy alejado de España, pues sus casas blancas y sus palmeras la hacen parecer un oasis. Esta bella población está situada en el Valle de las Mil Palmeras, formado gracias a la tradición familiar de plantar una por cada hija.
Yaiza es una bella población escondida a los pies de las Montañas de Fuego, y de ella destacaría sus cuidadas calles y casas. Una de las cosas que más me llamó la atención en Yaiza fue el contraste de sus tierras rojizas, amarillentas y negras.
Pero hay tantos rincones en Lanzarote que nos sorprenden por su belleza que sería imposible nombrarlos todos en esta opinión, ya que la isla en sí es preciosa.
No quiero extenderme mucho, porque me parece que mi opinión es ya demasiado larga, pero quiero recomendaros ir a El Golfo, Los Hervideros (donde las olas bullen con fuerza dentro del los acantilados), las curiosas Salinas de Janubio, Playa Blanca (una de las aldeas más turística, aunque todavía tranquila), las playas del Papagayo y sus recónditas calas, etc.

Y, por último, os aconsejo que, si queréis degustar la cocina tradicional de la isla de Lanzarote, huyáis de los lugares de concentración turística, ya que allí la masificación y las prisas no dan lugar a elaborar los platos con todo el esmero que lo hacen en lugares más apartados.

Espero que mi opinión os haya resultado de interés. Muchas gracias a tod@s por vuestras lecturas.



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Comentarios sobre esta opinión
Opinator1

Opinator1

15.01.2009 19:52

He estado pensando valorarte la opinión con un útil porque del hotel sólo has escrito 9 renglones.Pero ,en fin...Creo que deberías haberla puesto en el apartado: Viajes, ciudades,Lanzarote.Un saludo

pikuli

pikuli

08.11.2006 15:40

estuve este verano de vacaciones en Lanzarote, alojada en el hotel Gran Meliá Salinas y al leer la opinión me he vuelto a "enamorar" de la isla.

feliciti

feliciti

25.04.2006 23:21

Tendre que pkantearme ir a Lanzarote. saluos

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