(AVISO: la foto que ha colocado Ciao no es de este hotel, creo que es de uno que hay en el Puerto de Navacerrada.)
Tengo una pareja de amigos, a los que veo menos de lo que me gustaría, llamados Marino y Marina. Y os aseguro que no es coña. Entre la pandilla tendemos a generalizar y siempre hablamos de “los Marinos” cuando nos referimos a ellos y así evitamos tediosas repeticiones. Pues bien, cuando los Marinos nos dieron la noticia de que se casaban,
nos informaron también de que la esperada ceremonia y posterior jolgorio se iban a celebrar en Rascafría, un precioso pueblito de la sierra madrileña, que suele contar en verano con muchos visitantes que huyen de la espantosa canícula de la ciudad. Allí está el impresionante Monasterio de Santa María del Paular, dónde sería la boda, y el Hotel Restaurante Los Calizos, dónde iríamos a la cena posterior. Al ser una boda de sábado por la tarde el plan era quedarnos a dormir en Rascafría, para evitar coger coches a las tantas de la noche y para ello reservamos habitaciones en el Hostal Rosalí, del que ya colgaré una opi en otro momento.
La familia de Marina tiene casa en Alameda del Valle, muy cerca de Rascafría, por lo que conocen bien la zona. Y si no optamos por alojarnos los amigos en Los Calizos fue por temas de logística, ya que, como os contaré después, sólo cuenta con 12 habitaciones que se habían reservado casi en exclusiva para los familiares de Marino. Los Calizos tiene categoría de hotel rural y su restaurante es famoso por sus especialidades de carne y platos de otoño aderezados con boletus. Además está en un enclave precioso, rodeado de naturaleza, que hace aún más grata la estancia.
CONOCIENDO EL ENTORNO
Rascafría, como os decía, es una de las joyas del Valle del Lozoya. Es también lugar de vacaciones en verano para muchos madrileños por sus agradables temperaturas que permiten un sueño reparador por la noche. La zona es una maravilla, con una naturaleza verde que permite paseos, excursiones y todo tipo de actividades al aire libre. Y todo eso a apenas 90 kilómetros de Madrid.
Su altitud, a unos 1160 metros de altura, es la que le otorga ese clima privilegiado (aunque en invierno es muy, muy frío, con nevadas importantes) y se llega allí fácilmente, cogiendo la Carretera de Burgos o N-1 y después tomando la salida 604 dirección Rascafría – Lozoya. Una vez en el pueblo, para llegar al Hotel Los Calizos, sólo hay que desviarse por la Carretera de Miraflores y en menos de dos minutos estaremos en su puerta. Está bien señalizado y no tiene pérdida.
Si os animáis a conocer Rascafría mientras estáis por allí, no dejéis de ver las famosas
Presillas, zonas de baño creadas en el río con hermosas praderas de hierba y chiringuitos. Son muy bonitas, pero en verano se ponen a reventar, por lo que en esa época es mejor llegarse hasta ellas al atardecer y disfrutar del fresquito y del paseo. Visita obligada es también el
Monasterio de Santa María del Paular, fundado en el siglo XIV como parte de la política de Juan I de Castilla para restaurar las órdenes monásticas y así organizar mejor sus territorios contando con su ayuda.
EL HOTEL RURAL
El Hotel – Restaurante Los Calizos es un hotal rural de dos estrellas, y sin ser excesivamente grande ni impresionante, resulta de una estética muy cuidada y bonita, típica de la sierra de Madrid. Ya os decía anteriormente que la parte dedicada el hotel sólo cuenta con 12 habitaciones, de las que apenas os puedo contar nada salvo las referencias que nos dieron unos primos de Marino, que halagaban a todas horas las vistas con las que contaban. Todas tienen orientación al exterior y hacia los hermosos paisajes del Valle del Lozoya. Además el hotel está lo suficientemente alejado del pueblo como para no escuchar ni un solo ruido y tampoco hay casas ni carreteras cercanas, porque la entrada al Hotel está apartada de la Carretera de Miraflores, en la que tampoco hay un tráfico excesivo.
En el exterior del hotel lo que más llama la atención son sus jardines, con unas cuidadísimas praderas de hierba muy mullida y árboles que dan sombra a todas horas. También, en la parte posterior, cuentan con una hermosa terraza un poco elevada sobre el nivel de la pradera, para disfrutar tomando algo o dejar pasar las horas sentado en alguna de sus mesas. En el interior disponen de una coqueta sala de convenciones, una sala de estar con chimenea y el restaurante,
con capacidad para 150 personas y que puede dividirse en dos si la ocasión lo requiere. En la entrada avisan de que hay acceso a Internet dentro del hotel, pero desconozco si este servicio es de pago, siento no poder daros esa información.
Los precios por noche rondan actualmente los 60 euros la habitación doble, aunque en temporada alta pueden llegar a los 80, e incluyen desayuno. Toda la estética del hotel está, como os decía, muy cuidada, sin grandes alardes y haciendo que prime la comodidad. Es de estos sitios en los que entras y te encuentras a gusto. En temporada de verano suelen ofrecer de cuando en cuando excursiones gratuitas a sus clientes con rutas guiadas al Monumento al Guarda Forestal y el paraje de La Isla, lugares maravillosos para visitar caminando.
DE BODA EN LOS CALIZOS
La finca en la que se enclava el Hotel – Restaurante Los Calizos tiene una extensión de treinta mil metros cuadrados, con unos jardines que ya os comentaba que son un sueño. En esos jardines y sobre todo en la terraza, los Marinos organizaron un cóctel previo a la cena en el que se sirvieron todo tipo de bebidas y abundantes bandejas de canapés y cositas para picar. Imaginaos qué hermosura de sitio, con el sol ya cayendo tras la sierra, la temperatura más que agradable aquel 30 de agosto (en el que en Madrid se fundían hasta las aceras) y en compañía de gente a la que quieres muchísimo. Era una auténtica gozada estar allí.
La cocina que practican en el restaurante de Los Calizos se basa sobre todo en las estaciones. No hacen los mismos platos en invierno que en verano y aprovechan los productos naturales y de la zona para darle un toque muy especial. Los postres son también caseros, aunque con ocasión de la boda sólo tuvimos la suerte de probar la tarta especial, hecha para la cena, con una mezcla de chocolates, frutos secos y cobertura blanca que estaba de pecado mortal.
Mientras esperábamos para entrar a cenar estuvimos cotilleando la carta, que estaba expuesta en un atril, y me llamaron la atención el carpaccio de boletus y el ragut de venado, porque yo pensaba que esos eran platos más de otoño o invierno, pero al parecer en esas fechas ya se podían disfrutar. También era muy nutrida la carta de vinos, en la que había de todo y de todas las añadas, para que los amantes de los caldos eligiesen a placer.
Habían habilitado el salón del restaurante por completo, abriendo las puertas que lo dividen en dos. Los Marinos habían ido organizando las mesas por afinidades, y todos los amigos estábamos en mesas largas, juntitos, y muy animados. La zona de familiares tenía mesas redondas y más pequeñas. La decoración, discreta y sobria, con muchos tonos claros y madera y el
servicio de camareros sin atosigar, porque no hay nada que me ponga de peor humor que me estén quitando las cosas de delante cuando estoy enfrascada en una conversación y no he terminado de comer. En ese sentido su comportamiento fue ejemplar, casi podría decir que fueron invisibles, lo que en este gremio es casi un piropo.
La cena empezó con una sopita fría de vegetales con virutas de jamón, ideal para ir entonando el cuerpo, después salmón marinado (era casi una guasa de los novios, por aquello de los Marinos, pero estaba riquísimo) con acompañamiento de espárragos trigueros y verduritas y para terminar, como es tradicional por aquellos lares, carne a la brasa con patatas panadera y pimientos del piquillo asados. La carne en su punto y con un sabor espectacular, digna representante de las carnes de la sierra madrileña.
El postre, como os he contado antes, una tarta de rechupete, aunque se chafaba un poco la presentación por los pedazos de helado de barra que acompañaban cada plato. Este detalle quizá deslucía un poco el conjunto, pero les perdonamos la licencia.
CAFÉ, BAILE Y DETALLES ADICIONALES
Pues sí, hubo baile, aunque sin orquesta, todo a base de música “enlatada”, aunque a nosotros nos daba igual, porque ya habíamos tomado café y alguna copilla y la cosa se iba animando. Como no bebo vino, porque me afecta mucho a la migraña y hace que se me ponga salvaje, me gusta tomar, si es posible, un poco de Baileys tras el café. No se limitaron a ofrecernos las manidas copas de coñac, orujo o anís, sino que nos avisaron de que podíamos pedir lo que quisiéramos: ron de caña, whisky, cremas de todo tipo, orujo de hierbas, combinados.... Un acierto de mis queridos amigos, sin duda.
La única cosa que me chirriaba un poco en la decoración eran las cabezas de jabalí disecadas que había colgadas por las paredes, vaya usted a saber por qué. Eso sí, mi amigo Jorge, que me había confiscado la cámara de vídeo y se dedicaba a inmortalizar el evento con la chufa de que era un capítulo de “El hombre y la tierra”, me llenó la cinta de primeros planos de los jabalíes mientras él gruñía haciendo los efectos de sonido. Un artista, mi niño.
Una cena redonda y una celebración espectacular.
Los Calizos es un lugar estupendo para perderte un fin de semana, dormir rodeados de naturaleza, escuchar el silencio y disfrutar de una comida sabrosa y muy bien hecha. No me importaría volver alguna vez, sobre todo con estos calores que nos achicharran últimamente. Aunque lo mismo me topo con el padre de Marina, que es un señor encantador, pero que creo que no nos ha perdonado que hiciésemos creer a los novios que el viaje que les regalábamos era a Gabón, a una reserva de gorilas, para la que había que vacunarse hasta contra los juanetes. Jo, lo que nos reímos....
Muy acertada has estado al advertir que la foto de arriba no es la del hotel que comentas, pues creo que es importante. Me ha encantaddo tu historia y la desscripción del hotel y el entorno porque ¡oh casualidad! ayer te hablaba de mi hija que vive en Albacete pero se casó ¡en el Paular en Rascafría! Claro que entonces no debía existir el hotel que dices y la boda, la comida y el hospedaje fueron en el hotel del Paular, junto al mismo monasterio . No se si sigue existiendo este hotel. Saludos