DÓNDE ESTÁ
Dirección: Via Delle Quattro Fontane, 113, 184 Roma, Italia.
La url del hotel es: http://www.domusromanahotel.com/ que se puede consultar en inglés, español e italiano.
La vie Delle Quattro Fontane es una céntrica calle empedrada por la cual circulan los coches; está entre la Piazza Barberini y la Via Nazionale.
Su ubicación se puede considerar el centro de Roma, pues a pocos minutos están dos importantes calles de compras: la Via Condotti, la Via Frattina y la Via Veneto.
En la web del hotel se puede consultar el mapa de su posición exacta.
LA ENTRADA AL HOTEL
Solo puede hacerse por la via indicada, mediante una entrada de piedra en forma de arco con la típica forma de entrada de caballos hacia una gran vivienda, de hecho antes era un monasterio, restaurado ahora como hotel de forma muy respetuosa con las construcción.
Dicho arco está cubierto por una construcción en madera con la puerta de entrada también en madera.
El suelo está realizado en adoquines de piedra que realzan aun más el entorno, pero se hace un poco incómodo, tanto para andar (sobre todo quien lo haga con tacones) como para llevar maletas con ruedas, que las hacen resonar en sus altos techos.
Una vez traspasada la primera puerta nos encontramos con otra puerta totalmente de cristal que no desentona nada con el resto del entorno en piedra.
No tiene parking, sin embargo quien tenga coche puede hacerlo en las calles anexas en las zonas ORA, pero teniendo en cuenta que son unas calles con mucho tráfico (qué calles de Italia no?).
Las paredes exteriores del hotel estaban recebadas en estuco o imitación, y pintadas en color teja, muy acorde con los colores de las construcciones anexas, lo que ayudaba a no desentonar e integrar el complejo en el entorno.
LA RECEPCIÓN
Está un par de metros más adentro del arco de entrada, es un mostrador en madera oscura. Si siguiéramos de frente, tras abrir una segunda puerta de cristal, nos encontrariamos con el patio típico del convento de forma cuadrangular que da acceso a otras zonas del hotel, entre ellas el comedor.
Enfrente de la recepción están la habitación donde guardar los equipajes de forma gratuita el último día (por cierto, te puedes llevar cualquier maleta ya que no tienen ningún control sobre ellas), justo al lado el pequeño cuarto con ordenadores e impresora previo pago, y haciendo esquina las escaleras y el ascensor a las habitaciones y apartamentos.
Las escaleras son bastante anchas y enmoquetadas en el centro. El ascensor es de tamaño medio, como para unas seis personas.
TRATO DEL PERSONAL:
Sólo tuvimos contacto con dos recepcionistas en sus distintos turnos horarios.
La recepción fue muy rápida y correcta, sin ningún contratiempo.
El resto de días también, tal vez fueron un poco secos en el trato pues daba la impresión de estar siempre ocupados con papeleo... Además, como casi no precisábamos información (yo ya iba bastante preparado con zonas a visitar, mapas, etc), no tuvimos mucha ocasión de que demostrasen un mejor o peor trato.
El horario era 24 horas, por lo que podías entrar o salir en cualquier momento.
POR QUÉ DOMUS ROMANA
Las razones principales fueron su ubicación y la buena relación calidad-precio. Sobre la calidad no tenía referencias directas, así que no quedaba más remedio que fiarse de las opiniones de otros huéspedes en las webs de viajes, y no se equivocaron.
EL APARTAMENTO
No tengo referencia de las habitaciones, solo del apartamento que ocupamos.
En cada planta había pocas habitaciones, creo recordar que cuatro en el ala del mío, pero como el hotel está divido en varias zonas esa referencia no es totalmente fiable.
Los pasillos no contaban con luz natural, pero siempre tenían luz artificial, suficiente para ver y desplazarse con comodidad. Y a pesar de ser un edificio antiguo, los suelos eran nuevos y no chirriaban, cosa que se agradece en estos tiempos.
La puerta del apartamento era de madera bastante gruesa, imitando las antiguas, pero con una moderna llave de tarjeta la cual se utilizaba, además de para abrirla, para conectar el sistema eléctrico.
El apartamento tenía todo moqueta excepto el baño, y estaba dividido en tres zonas: una sala justo entrando, y a la derecha la habitación y el baño con las puertas pegadas.
LA SALA: constaba de un sofá cama, una mesa cuadrada en madera en el centro y un par de sillas tapizadas en imitación a cuero en verde musgo, muy cómodas, y una silla también tapizada.
La ventana tenía unos grandes cortinones que impedían pasar la luz del día.
Lo más característico de esta sala es que en ella tenía un armario que escondía todo los útiles de cocina, lo que convertía a lo que sería en una habitación con sala en un apartamento con derecho a cocina: dos puertas correderas altas hasta el techo (todos los techos del hotel eran altos) que se abrían para dejar ver un pequeño fregadero, dos fogones eléctricos, una alacena superior con utensilios de cocina (suficientes para desayunas o cenar) y una alacena inferior para el cubo de la basura, etc. No tenía microondas pero si tostadora y máquina de café.
EL DORMITORIO: Se hacía un poco estrecho para mi gusto, pero era suficiente para dormir que era su finalidad principal.
Constaba de una gran cama muy cómoda, con sábanas blancas y un edredón y un par de mantas en un armario anexo.
Justo en frente de la cama una mesa con una televisión con mando a distancia, que creo recordar aun no era plana, lo que la hacía bastante aparatosa.
La luz se impedía su entrada con unos cortinones traslúcidos como los del salón. Y aunque la luz de Roma es espectacular, despertarse muy temprano por la mañana no es muy agradable en mi caso.
Algunas habitaciones disponen de balcón privado con vistas al patio interno.
EL BAÑO: Era un poco peor en calidad respecto al conjunto del apartamento, a pesar de estar muy bien decorado, tanto las piezas que imitaban a las de principios de siglo, con ángulos cuadrados y grandes volúmenes, pileta con pie, una ducha un poco pequeña con mampara, azulejos cuadrados también imitando los antiguos y barra de toallas en el mismo estilo.
Se accedía a él mediante un escalón, para aumentar el drenaje del agua pues tendía a estancarse aún así (se marchaba con dificultad por las tuberías).
Pero lo peor es que incluso con esa pequeña altura añadida al baño no conseguían que el olor retornase, lo que no era nada que no se pudiese arreglar: cerrar la puerta corredera y listo. Sin embargo es el único aspecto de la habitación que no me gustó, pues aún así, algo de olor siempre pasaba al resto de la estancia.
En el baño cada día se cambiaban las toallas que eran de muy buena calidad, y reponían los jabones y geles de cortesía, así como pañuelos de papel.
EL COMEDOR: La reserva fue con desayuno incluido por lo que no era necesario que lo hiciésemos en el apartamento.
Se accedía a él a través del patio que ya comenté en la entrada del hotel.
En dicho patio, además de gran cantidad de plantas y pequeñas zonas ajardinadas bien cuidadas, esta el símbolo identificativo del hotel: dos columnas rematadas con dos ánfora, que flanquean una fuente semi-octogonal.
Lo peor era que en invierno había que atravesar este patio temprano por la mañana alcanzar el comedor... o te quedabas sin nada.
El acceso al comedor era mediante una puerta corredera de hoja única, que al estar abriéndose y cerrándose continuamente debido al trajín de los clientes, tendía a entrar bastante frío, por lo que en las mañanas siguientes aprendimos a coger las mesas más alejadas de la puerta.
La desayuno no era demasiado variado ni espectacular; lo esperado: tés, leche, preparados de cacao, café, bollería simple, pan tostado y mermeladas, zumos de bote, galletas y alguna tarta un poco sosa, también algo de comida cocinada como huevos revueltos, jamón york, lonchas de queso... En general no había queja, tanto de la cantidad ni de la calidad que se puede decir que era media.
Las mesas eran redondas, pequeñas, y las sillas no demasiado cómodas, desentonaba un poco la calidad de esta estancia con la de las habitaciones y el resto del hotel. Una camarera estaba casi continuamente atendiendo el comedor y se le unían un par de ellas por turnos para recoger y limpiar.
Un pequeño detalle es que había tantos orientales (mayormente creo que japoneses) que si no te espabiladas se acababan las provisiones en un plis-plas. Las idas y venidas a coger comida eran constantes y sorprendente su capacidad para meter toda esa comida en cuerpos tan menudos...
LOS SERVICIOS DEL HOTEL
Se define como un hotel de 4 estrellas y en general lo es, excepto en el desayuno que lo podemos dejar en 3.
No es posible coger tarifas con todo incluido, solo ofrecen el desayuno y siempre está incluido en el precio.
Número de habitaciones: 47
Como ya indiqué ofrece tanto habitaciones como apartamentos hasta para seis personas.
Tiene todas las comodidades que un turista puede desear: ascensor, recepción las 24 horas, guarda maletas gratuito, etc.
Actualmente ya ofrece Wi-Fi gratuito, cosa que antes aun no tenían implantado, solo tenían un pequeño cuarto con un par de ordenadores y una impresora previo pago.
Cuenta con sala para conciertos de una factura muy conseguida, guardando el gusto con que fue reconstruido este hotel.
No sé si corresponde poner lo siguiente en este apartado, aunque creo que sí: un “servicio más” son las vistas desde las ventanas del hotel.
Nuestro cuarto daba a un patio anexo del cual se veían otras ventanas del complejo, algún patio un poco más pequeño y las casas del casco antiguo de Roma. Ello hacía del dormitorio un lugar tranquilo gracias también a sus ventanas de fuerte construcción.
Todo el transporte público se encuentra muy cerca andando: a 200 metros de la estación de metro Barberini (línea A). Cerca hay parking público de pago.
Sobre los precios no creo que sea conveniente comentarlos, pues cambian en cualquier momento, con ofertas, etc...
Como llegar a pie:
El Hotel Domus Romana está situado cerca de la estación principal de trenes Termini. Desde Termini, para llegar fácilmente a pie a nuestro hotel cuatro estrellas, salir de la estación y continuar en dirección Piazza della Repubblica. Recorrer Via Nazionale para 200 metros y girar a la derecha en Via della Quattro Fontane, donde, en el número 113, se encuentra el Hotel Domus Romana.
CONCLUSIÓN
Una estancia muy agradable muy cerca de casi todo o de los transportes urbanos, en un lugar tranquilo y con un desayuno aceptable. Si reservas con tiempo puedes conseguir precios ajustados.