Sobre mí:"Nunca dejes de sonreir, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se puede ena...
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A ver si consigo sacudirme esta pereza triste que me ha invadido estos últimos días y saco la cabeza un poco, que ya está bien. Y para animarme algo, esta tarde me he puesto a ver fotos de las cientos que tengo en mi ordenador, sobre todo de viajes. A lo mejor es porque lo que me apetece es perderme en una isla desierta y esperar a que se acabe el mundo tumbada al sol y sin pensar en nada. Pero las fotografías de León, como siempre, me han fascinado y me han sacado de mi apatía aunque fuese por un ratín. Y he recordado que el hotel en el que nos alojamos merece, y mucho, la pena para pasar dos o tres días y conocer la ciudad. León es una maravilla que hay que disfrutar con los ojos, los oídos y hasta con el olfato, tiene una magia muy especial.
BUSCANDO ALOJAMIENTO EN LEÓN
Gracias al calendario y a un puente inesperado tanto de trabajo como de colegios, descubrimos que podíamos gozar de cuatro días festivos estupendos. Y como hacía ya varios meses que no salíamos de Madrid más que para ir a la casa del pueblo en Toledo de unos amigos, optamos por buscarnos un sitio en el que pasar esos días pateando catedrales o castillos, que es lo que nos gusta de verdad. Lo primero era decidir dónde, y León me salió casi de inmediato, porque estaba deseando desde hacía tiempo ver las hermosísimas vidrieras de su catedral y las maravillas que esconde San Isidoro. Así que me puse a la tarea de buscar un hotelito que estuviese bien y no nos saliese caro. Nunca me importa que esté un poco retirado del centro, siempre y cuando esté bien comunicado, aunque haya que caminar.
Así llegué al Husa Campus San Mamés, que aparecía reseñado dentro en una zona de nueva construcción, muy cerca de la Universidad de León, concretamente del Campus de Vegazana. Además no hacía mucho que se había construido y parecía cómodo y funcional, con la ventaja adicional, que siempre busco, de contar con habitaciones cuádruples. Faltaban casi tres meses para nuestro ansiado puente viajero, pero, maniática como soy, preferí hacer las cosas con tiempo y dejar solucionado el tema alojamiento enseguida. Y llamé directamente al hotel para informarme. Me ofrecieron una cuádruple por 68 euros la noche con desayuno y la peque no pagaba ni un euro por la cama supletoria. Me quedé pasmada y tuve que hacer que la amable señorita de recepción me lo repitiese un par de veces. Yo le insistí en que era para el puente famoso, del que de Madrid iba a salir hasta el gato, pero me aseguró que el precio era correcto. Reservé de inmediato y al cabo de un rato tenía un mail de confirmación en mi correo. Impecable, desde luego.
Fotos de Husa Aparthotel Campus San Mames, León
Las cuatro camas
UNA HABITACIÓN “SIN VISTAS” PERO MUY CÓMODA
Como os decía antes, el Husa Campus San Mamés está situado en una zona muy nueva de la ciudad de León, a la que es muy fácil acceder tomando la circunvalación de la ciudad, la LE20, y tomando la salida de la Universidad. La dirección exacta, para los que llevéis TomTom, es Vegamián número 13. Aparcar por la zona, al menos los días que estuvimos nosotros, es francamente sencillo. Son avenidas nuevas y anchas y hay mucho sitio libre. Delante del hotel hay una pequeña explanada propia en la que también se puede dejar el coche, aunque el espacio se limita a unos diez coches, por lo que, cuando hay bastantes clientes, no suele haber sitio. Pero es un detalle menor, porque ya os digo que aparcar es muy fácil.
Llegamos el sábado por la mañana a eso de las 11. Nos gusta madrugar en nuestros viajes para poder aprovechar desde el primer día y no hubo ningún problema para registrarnos y que nos dieran la llave: la habitación estaba dispuesta desde primera hora. El recepcionista nos indicó dónde encontrar el comedor para los desayunos y nos ofreció información turística de León, así que ya subimos a la habitación con planos y folletos de los lugares más visitados.
Una vez dentro de la habitación nos sorprendió encontrar con que a la derecha, pasado el baño, había una pequeña cocina, impecable y totalmente blanca. Claro, yo no me había fijado en que también era apartotel y, por lo que parecía, las habitaciones contaban con cocina que sólo funcionaba y tenía menaje si se solicitaba al hacer la reserva o al llegar.
Había cuatro camas, las dos “normales” de la habitación y dos supletorias, un par de banquitos, un mueble con cajones sobre el que estaba la televisión y dos sillas. Es posible que hubiese más mobiliario en la habitación estándar, pero la presencia de las camas supletorias lo habían reducido. De todas maneras, no se notaba sensación de agobio ni de estar amontonados, había sitio más de que sobra para moverse por la habitación. El baño, de buen tamaño, muy moderno, limpísimo y con casi todas las cosas precintadas. La bañera tenía cortina, no mampara, cosa que suele darme bastante repeluco, pero en este caso estaba tan limpia y tan nueva que se me pasó enseguida. También había toallas de sobra, incluso de las grandes de ducha (enormes), ya que nos habían puesto cinco. Es de agradecer, porque en muchos hoteles, a pesar de ser cuatro, sólo dejan dos o tres de ese tamaño y es un engorro cuando nos duchamos seguidos.
El armario empotrado estaba junto a las camas, con dos puertas correderas. En la parte de arriba habían dejado otras dos almohadas y un par de mantas en sus fundas, por si acaso. Pero la habitación estaba bien climatizada y, aunque las noches aún eran frías por aquellos lares, la calefacción cumplió su cometido de maravilla. Incluso para mí, que soy una reconocida friolera. Todos los muebles son en color claro y las paredes en tonos marrones muy suaves, lo que daba más sensación de calidez. La ventana daba a la parte delantera del hotel, concretamente a la propia calle Vegamián, pero no había mucho que ver desde ella. Sólo el edificio de enfrente, alejado, eso sí, un bloque de pisos también muy nuevo y recién habitado, por lo que parecía. La ventaja era que por la noche no se oía nada, era una delicia para dormir.
EL HUSA CAMPUS SAN MAMÉS
El hotel cuenta con conexión gratuita a internet, tanto en las habitaciones como en las zonas comunes. No puedo hablaros de qué tal es la conexión porque nunca me llevo el ordenador cuando viajo, a no ser que haya un motivo concreto, pero sí vimos a gente sentada en los salones de abajo con sus portátiles en las rodillas. Cotilleando en los folletos me enteré de que disponían de estudios de hasta 40 metros cuadrados y que el nuestro era de unos 20, todo un lujo para el precio que estábamos pagando. Todos los 57 alojamientos con que consta el hotel cuentan con cocina, aunque más grande o más pequeña en función del tipo de habitación que hayas elegido. Se puede llegar al centro histórico de León en apenas 15 minutos andando, sin cuestas (menos mal) y por amplias avenidas, lo que nos evita el temido callejeo.
En la habitación se informaba tras la puerta de que disponían de un parking subterráneo de pago, pero con la facilidad que hay para dejar el coche por los alrededores no creo que lo use mucha gente. Quizá en Semana Santa o en épocas de mucho turismo, es posible. También es de pago el menaje de la cocina si lo pides, pero de ninguno de los precios puedo informaros porque no usamos ninguna de las dos cosas.
Todos los estudios son exteriores y los de la parte posterior están orientados hacia las montañas, con lo que, imagino, tendrán mejores vistas que el nuestro. La calefacción y el aire acondicionado se pueden regular individualmente en cada estudio y si necesitas caja de seguridad, aunque no hay en la habitación, te la ofrecen sin coste en recepción.
El comedor de desayunos estaba en la primera planta y contaba con unos ventanales grandísimos y tremendamente soleados desde primera hora. Era muy agradable desayunar allí, con el solete filtrándose entre las cortinas blancas. Había mesas para dos, cuatro o seis personas, pero los encargados del comedor las adaptaban a la gente que iba llegando. El desayuno es tipo buffet, con mucha cantidad y, sobre todo, muy buena calidad. La fruta, fresca y del día, con un aspecto estupendo. Zumos de todo tipo, cestitas con bolsas de té e infusiones, café recién hecho que te traían a la mesa en una cafetera metálica para que te sirvieses a tu gusto, cereales, varios tipos de galletas, panecillos, bollería, pedazos de tarta... Y para los que optan por el salado en los desayunos, te ofrecían huevos fritos, bacon y salchichas que te preparaban en el mismo momento. Hasta tortilla de patatas había, cosa que le hubiese encantado a mi tía Mariví para acompañar el café. Por suerte, el hotel no estaba demasiado lleno esos días y pudimos desayunar sin esperas y sin apreturas, aunque el comedor es muy amplio y se veían mesas vacías, por lo que me imagino que incluso en temporada de más gente no habrá mucha complicación.
Para llegar al centro, basta con coger la Avenida de Nocedo, que tiene su salida casi frente al hotel y bajarla por completo hasta casi darnos de cara con la muralla de la ciudad. Desde ahí, plano en mano, a gozar de las maravillas que nos aguardan.
Y, AL MARCHARNOS, UNA GRATA SORPRESA
El día que nos marchábamos decidimos madrugar también para acercarnos a pasar la mañana a Astorga y dar una vuelta por ella. Desayunamos tempranito, recogimos las maletas y bajamos a pagar y a devolver la tarjeta-llave. No os voy a ocultar que tenía cierto temor a que no me cobrasen la tarifa que me habían indicado en el mail, porque en el tablón de precios que estaba a la vista para los días en los que habíamos estado alojados aparecía una cantidad superior. Pero no, la amable recepcionista de la mañana sacó la factura de las tres noches, con sus correspondientes 68 euros cada una. Pagué con la tarjeta y, mientras firmaba, le comenté que me parecía un precio increíble para la calidad del estudio que habíamos ocupado. Y ella me dijo que, efectivamente, el precio que me habían dado era para el mes de diciembre, que era cuando yo reservé, pero que consideraban el mail que me habían mandado como vinculante y por eso no me cobraban la tarifa que hubiese correspondido a los días del puente.
Además, y sin perder la sonrisa, les regaló a mis hijos unos paquetes de caramelos con la marca del hotel y unos pins de Husa para que “se entretuviesen en el coche”. Desde esos días recomiendo el hotel a todos mis amigos que han ido a León y ahora lo hago con vosotros. Es un alojamiento estupendo y, aunque sea en temporada alta, con un precio muy asequible. Vale, no está en el mismo centro, pero quizá eso lo gana en tranquilidad y en poder aparcar donde te plazca. Y en la Avenida de Nocedo 73, muy cerquita del hotel podréis encontrar el resturante Casablanca, un hallazgo increíble con una carta espectacular y muy asequible. No os perdáis la ensalada de queso de cabra o algo de pasta fresca, os iréis a dormir al Husa con una sonrisa feliz.
No conozco León, sister, y tengo ganas (imagino que mejor en verano brrrrr...). Pues se han portado bien con vosotros, sonrisas incluidas, parece que se han ganado que les escribas una buena crítica, y la verdad tiene buena pinta el sitio. Además con Internet gratis, por fin un hotel en España con Internet jajaja... Besos rubia
12.07.2012 22:52
Excelente opinión, te dan gnas deir y todo, saludos.
10.03.2012 22:01
Una pinta estupenda
05.02.2012 00:55
No conozco León, sister, y tengo ganas (imagino que mejor en verano brrrrr...). Pues se han portado bien con vosotros, sonrisas incluidas, parece que se han ganado que les escribas una buena crítica, y la verdad tiene buena pinta el sitio. Además con Internet gratis, por fin un hotel en España con Internet jajaja... Besos rubia