Mi segunda pasión
12.04.2005
Ventajas:
Ponerte en forma, relajarte, dejar de fumar, ganar en seguridad, y mucho más . . . .
Desventajas:
alguna que otra lesión si te descuidas
Recomendable:
Sí
 lafrancesa2004
Sobre mí:
A pesar de todo la vida sigue siendo bella... Bisous!!!
usuario desde:08.09.2004
Opiniones:40
Confianza conseguida:38
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¡Buenas! Hoy os contaré mi segunda pasión, que de la primera que son mis niños, ya se me agotaron los protagonistas. Hay por ahí alguna opi ya al respecto, y muy buenas algunas, por cierto. Yo no soy una experta, pero es algo que me encanta, y contaré como suelo hacer, mi propia visión de las cosas.
Como ya sabéis algunos, soy cinturón azul nada más, y espero presentarme a marrón en junio, aunque es posible que lo tenga que posponer unos meses, porque es un examen ya un poco más serio y todavía no me he puesto a prepararlo demasiado a fondo. El kárate se puede enfocar como un deporte, aunque no debería ser así. Es un arte, un arte marcial, como todos bien sabéis, pero ante todo, arte. Por cierto, no es disciplina olímpica, aunque algunos se empeñen en que lo sea. Eso era sólo por informar, para los que no lo supieran.
Bueno, pues hace unos 20titantos años, empecé el kárate con algunos chicos de mi clase. Éramos 4 chicas y un chico (tendríamos unos 13 añitos). En nuestro grupo del dojo, los demás eran adultos, pocas mujeres, el resto hombres como suele pasar. En esa época practicaba Higashi Kárate Kai, que por lo que me han explicado más adelante, es una mezcla de varias escuelas. Siempre me ha gustado mucho el ejercicio físico, y en esa época tenía una forma física bastante mejor que ahora. Aún así, no me sentía muy segura de mí misma, y me parecía que todos eran mejores que yo. Pero aguanté, mientras mis amigas fueron abandonando una tras otra. Al final, en mi clase quedaron todos adultos, y el chico, que aparte, tenía un año más que yo… y lo que tenía que pasar, pasó. En uno de los combates me llevé una patada en la cara (un mawashi, para los que entiendan) y me encontré al momento sentada en el suelo y viendo literalmente las estrellas. Abandoné a mi vez, habiendo conseguido únicamente el cinturón amarillo. Hace un poco más de dos años, volví y ahora practico Shotokan. Hacía un año ya que llevaba a mis hijos al gimnasio, y a cada vez, me quedaba embobada mirando por el cristal a los chiquillos, que si practicando katas, que si en alguna sesión de kumité (combate)… uy, ¡¡¡qué ganas de meterme!!! Uno de los karatekas adultos que esperaba la siguiente clase, me intentaba animar a volver, hasta que un día me decidí. Ahí estaba después de tantos años, con mi karategi nuevo demasiado largo, y mi cinturón amarillo recién comprado. A los pocos minutos de estar en clase, los reflejos volvieron, aunque al principio con mucha dificultad. Sin embrago, mi clase era toda de principiantes femeninas. Así que yo tenía un poquito de ventaja y cogí confianza rápidamente. Fueron pasando los días, las semanas, los meses sin faltar nunca a clase, salvo por motivos excepcionales, como fiebre, por ejemplo (aunque reconozco que en algún momento me relajé un poquito, pero ya he vuelto a tomar las riendas)… me fui poniendo en forma gracias al ejercicio y las pocas máquinas viejas del gimnasio. Dejé de fumar durante más de un año, pero volví a caer pensando que eso no me ocurriría por encender un cigarrito después de tantos meses sin hacerlo. Ahora llevo más de una semana sin coger un cigarro, y no veas lo contenta y aliviada que me siento.
El kárate me ha ayudado en muchos aspectos. Como lo he dicho un poco más arriba, me ha permitido volver a estar más en forma, perder unos kilitos, dejar de fumar, todo eso por la parte física. Mentalmente también me ha ayudado en el sentido que aprendes a controlar más tus nervios y coges confianza en ti mismo. Aprendes en cierto modo a reconocer tus límites tanto físicos como mentales. Reconozco que a la vez que me he vuelto más tolerante en ciertos aspectos, también he puesto unos límites más contundentes en lo que respecta lo que considero mi ‘territorio’. Es decir, que cuando pienso que tengo razón en algo, soy mucho más tajante que hace algún tiempo, a la vez que he aprendido a echarme atrás en caso de cometer un error. Con el kárate aprendes tanto a sentirte orgulloso como a ser humilde. Se supone que ante todo aprendes humildad, pero no creo que nadie deje de sentir un sano orgullo al ver que mejora sus cualidades, sean las que sean. El kárate no es sólo dar patadas, como muchos piensan. Lo que nosotros ya con nuestras edades no hacemos (la mayoría en mi clase supera los 30 años) son competiciones. En las clases de los más jóvenes sí que se organizan competiciones de katas y de kumité. Nosotros los ‘mayores’ practicamos las dos cosas como un ejercicio más. Las katas son como coreografías en las que se repiten figuras que vas aprendiendo a perfeccionar cada vez que las realizas. Existen 5 katas básicas, que son las que te tienes que aprender en función del color de tu cinturón, es decir de tu nivel, y luego hay muchísimas más con distinto nivel de complicación y dificultad que ya realizas cuando obtienes el cinturón negro (antes también las aprendes, pero son muy difíciles). A mi me encantan, es uno de mis ejercicios favoritos, aunque con el nivel que tengo todavía me resulta muy difícil seguir a los más avanzados, pero es la única forma de aprender. Además, existen katas respiratorias lentas, tipo tai chi, etc. que son preciosas y muy relajantes. Hay otra cosa que me relaja mucho, aunque de una manera muy distinta, y eso es el kumité, el combate. Recuerdo que al principio lo odiaba, hasta que le fui cogiendo el truquillo, y entonces empezó a gustarme muchísimo. Se necesita estar en muy buena forma física, ya que estás en movimiento constante. El control de los golpes es muy importante, puesto que debes procurar no hacer daño en ningún momento a tu contrincante. Existen protecciones de todo tipo para evitar el contacto directo, pero cuando es combate suave, se supone que no hace falta usar nada (más de un cardenal me he ganado yo por culpa de esto…). Según el adversario que te toque, cambian mucho las cosas: está el tímido que teme golpearte, el misógino/machista que te da a entender que una mujer no tiene nada que hacer en un dojo, el bruto que dispara golpes a diestro y siniestro, la tipa agresiva que no te perdona ni una, el gracioso que te manda por los aires y con el que te ríes un montón (este tipo es, claro está, mi favorito, aunque claro, el espíritu karateka se pierde un poco, jejeje…). Una cosa que relaja muchísimo, son los kiai, el grito que sueltas al terminar un ataque, por ejemplo. Al principio te cortas, y no te atreves a lanzarlo, pero luego, cuando se te quita la vergüenza, es un ejercicio más, además muy difícil de realizar bien, pero un potente desestresante. No me voy a meter en detalles demasiado técnicos, pero simplemente que sepáis que se supone que el aire sale impulsado del abdomen, es una técnica complicada pero que da resultados espectaculares cuando se consigue (por supuesto que yo no lo sé hacer, pero lo intento). Ciertos días los dedicamos a realizar técnica fundamental, a repetir los movimientos habituales con el fin de trabajarlos y perfeccionarlos, mantenernos en forma y no olvidar a movernos con naturalidad. Son clases a veces muy duras desde el punto de vista físico, aunque parezca que se repiten ejercicios fáciles (¡¡¡de eso nada!!!) Son clases que aprecio también un montón. Las que menos me gustan son las de goshin (defensa personal), porque no tengo nivel suficiente y son técnicas complicadas en las que además puedes resultar lesionado o lesionar a alguien si no te andas con cuidado, ya que muchas son técnicas de luxación que como no controles pueden hacer muchísimo daño. El otro tipo de clase que tampoco me gusta es de bunkai. Los bunkai son ejercicios de kumité en los que se repiten los gestos realizados en un kata llevándolos a la práctica. Hay que tener muy buen nivel, y muchas veces terminan con alguna técnica de goshin, con lo cual se complica todo aún más.
Y queda el tema de los exámenes… ¡¡¡¡uuuuffffff!!!! Eso sí que es algo que no me gusta nada de nada. Por ahora me han tocado a razón de dos al año, cada 6 meses con el fin de obtener un cinturón más. Como decía al principio, en junio debería presentar el último que puedo realizar en mi propio dojo, el marrón. No sé si alguno recordará a Nekosan, usuaria de Ciao, quien me hizo conoceros, por cierto. Pues ella hasta ahora ha sido mi compañera del alma para esto del kárate (y para más cosas también…). Sin embargo, dentro de unos meses es más que posible que se marche de España, y últimamente no acude a las clases con la asiduidad con la que lo solía hacer. Me temo que este examen lo tendré que preparar y presentar solita, y eso sí que se me hace muy duro, porque hasta ahora siempre había contado con su apoyo… pero, c’est la vie… Los exámenes siguientes para 1º dan, etc.… ya se presentan ante tribunales en los que te juzgan maestros desconocidos en dojos desconocidos también, y en un ambiente de nerviosismo que no quiero ni pensar… si algún día consigo mi 1º dan, ¡¡¡no creo que vaya a por el 2º!!! Para terminar, porque podría seguir así todavía durante horas, os transcribo aquí los 20 preceptos del Maestro Funakoshi, para que os hagáis una idea de lo que se considera que debe ser el kárate: 1. El kárate empieza y acaba con cortesía. 2. No hay primer ataque en kárate. 3. El kárate es un auxiliar de la justicia. 4. Conócete primero a ti mismo, luego conoce a los demás. 5. La técnica es inferior a la intuición / espíritu. 6. Permanece en la actitud de vaciar tu mente. 7. El infortunio siempre viene detrás de la negligencia. 8. No pienses que el entrenamiento del kárate es sólo en el dojo. 9. La práctica del kárate es para toda la vida; no hay límite. 10. Pon tu vida diaria en el kárate y encontrarás misterios escondidos. 11. El kárate es como el agua caliente; sin constante el calor se enfría. 12. No pienses en vencer, más bien piensa en no perder. 13. La victoria depende en tu habilidad para distinguir los puntos vulnerables de los invulnerables. 14. La lucha depende de cómo maniobres las posiciones cubiertas y las descubiertas. 15. Piensa que las manos y los pies son espadas. 16. Cuando te despiertes, piensa que hay un millón de enemigos. Tu comportamiento los invitará a provocarte problemas. 17. Los principiantes deben perfeccionar la postura y la actitud; posiciones naturales para los avanzados. 18. La práctica de la kata es una cosa, la lucha real es otra. 19. No olvidar entrenar la dureza y la relajación de la fuerza; estirar y contraer el cuerpo; la lentitud y velocidad de las técnicas. Aplicarlas en cada circunstancia correctamente. 20. Piensa siempre y encuentra formas para vivir estos preceptos cada día. Esto es todo (y mucho más… jejeje). Me he saltado el daros demasiados datos puramente técnicos o teóricos. En la página web de mi gimnasio podréis encontrar ese tipo de información, fotos de eventos, comentarios, curiosidades… dejo que los que quieran lo descubran en www.gimnasiozen.com.
Bisous!
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06.04.2011 17:27
Tambien soy karateka y madre. Sé lo que te hace sentir dentro. Y hablando de hacerlo o no Olímpico, mejor no, porque creo que se perderían la tradición y muchas enseñanzas de los Maestros. Mejor así. Aprovecho para dar las gracias al mío, por todo lo que me ha ayudado y enseñado. Arigato Gozaimashita Sensei. Us!!
01.12.2008 04:11
me encanta el karate
27.03.2007 01:30
hola, me gusta encontrar chicas que hagan karate, yo hacia karate pero lo deje hace un año y medio, soy cituron verde casi para hazul, y tengo un diente q se me mueve de un campeonato y la nariz un poco torcidita pero se me daba genial, practicaba karate do, un saludo