Si te gusta la Naturaleza, éste es tu lugar

5  25.08.2007 (28.08.2007)

Ventajas:
Naturaleza en estado puro

Desventajas:
Precio

Recomendable: Sí 

cantua

Sobre mí:

usuario desde:24.08.2007

Opiniones:17

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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 5 miembros de Ciao

Estás viendo la 2, un documental sobre leones, Masai Mara, el lago Nakuru, los ñúes cruzando el río Mara con los cocodrilos acechando... Eso es Kenia. El país es magnífico. No disponen de buenas infraestructuras, tienen carencias (las carreteras son infernales), sus ciudades son caóticas, chabolismo, suciedad... Pero se observa algo... no sé. La gente es trabajadora, amable; niños por todos sitios yendo a la escuela. Este país transmite buenas sensaciones, saldrá adelante. Y resulta magnífico en toda su visión, desde el gran valle del Rif, sus incomparables parques naturales (junto a los de su vecina Tanzania, al sur), Aberdares, Monte Kenia, Lago Nakuru, Amboseli, Tsavo, Masai Mara... Es un mundo diferente, detenido en el pasado. Los olores, sabores, visiones, todo ello nos transporta a un lugar mágico, donde los animales, las plantas y la luz son los amos. Por otro lado, la gente es maravillosa, en ocasiones casi serviles de pura bondad. Eso sí, la estandarizada propina por todo no nos la quita nadie, y las compras defraudan un tanto, pues apenas hay variedad. Yo recomendaría las máscaras de madera, si podéis alguna antigua, así como alguna figura de ébano.
No olvidéis al viajar allí, que es una zona ecuatorial, casi siempre en altura, e insectos y fiebres no son tanto problema como dicen.
Vamos a extendernos un poco en mi experiencia particular en Kenia. El viaje que yo realicé, a finales de junio, incluía la llegada a Nairobi, donde pasaría la noche, para partir al día siguiente, en la clásica "vanette" utilizada en los safaris, hacia el norte, hacia el Parque Nacional de Aberdares, concretamente al hotel Treetops. Allí pasaría la noche, y a la mañana siguiente, rumbo a otro Parque Nacional, esta vez, a Lago Nakuru. Otra noche más, y hacia el más conocido de todos quizás, Masai Mara, donde pasaría dos noches más, antes de volver a Nairobi, y desde allí, luego, a Zanzíbar, a descansar. Es una lástima no tener tiempo para más, pero tened en cuenta, si habéis de viajar a la zona, que resulta bastante agotador. Hay que hacer unos cuantos kilómetros todos los días para trasladarte de un parque a otro, pongamos unos 200 de media, pero en las condiciones en que se encuentran sus carreteras, resulta bastante largo. Luego, en los parques naturales, lo normal es tener un par de safaris por día, habitualmente a las 13:00 y a las 17:00. Es una auténtica maravilla, pero agota. En los que estéis más de un día, la salida por la mañana se produce a las 07:00. En Kenia amanece muy temprano (recordad que hablamos de junio), a las 04:30 aproximadamente, y anochece sobre las siete de la tarde. Las primeras y últimas horas refresca, por la noche hace un tanto de frío, pues en esas fechas allí es invierno y, sobre todo, siempre estaremos a 2000 metros de altura. El resto del día es caluroso. Veréis a los keniatas con jerseys y más ropa de abrigo, pero para nosotros, los 30 grados no son especialmente fríos, ¿verdad?
Bien, comencemos detalladamente el viaje. En primer lugar, Nairobi... Uno llega cansado ya a la ciudad, pues aunque hay vuelos directos hasta Kenya, en estas fechas casi todos transcurren haciendo escala en algún lugar de Europa. En mi caso, el vuelo fue Madrid-Amsterdam-Nairobi, con KLM. Los aviones son buenos, los horarios correctos y el trato agradable, pero todo ello suponen unas 10 horas de vuelo, a los que hay que añadir esperas en aeropuerto y demás. Imaginad mi vuelta, que fue Zanzíbar-Nairobi-Amsterdam-Madrid... Muchas horas. Otra opción es a través de Londres, pero supongo que resulta similar a la de Amsterdam.
Bien, Nairobi no es una ciudad interesante, o al menos tiene poco que ver. En mi caso, dado que soy un caso imposible, es dejar las maletas, ducharnos (viajo con mi novia, que para esto es como yo) y salir a pulsar un poco la realidad de Nairobi. Aunque llegamos de noche, queremos salir a ver algo antes de partir al día siguiente. Nuestro hotel se encuentra en la zona moderna de Nairobi, entre ministerios, oficinas, la Universidad y unos cuantos locales que atronan (sí, atronan) con su música la calle. Decidimos marchar a cenar a un conocido hotel de Nairobi, célebre por su encanto neocolonial, el Sarova Stanley, con su acacia donde dejar mensajes en el centro de la terraza-restaurante. La comida es buena y no excesivamente cara, y resulta muy frecuentado por las clases pudientes keniatas, así como turistas. Tras la cena, por la mañana hay que madrugar, así que decidimos dar un paseo andando hasta el hotel. No conocemos muy bien el itinerario, pero lo acabamos encontrando entre intuiciones y preguntas a las amables gentes. Un inciso: Nairobi es una ciudad que no recomiendan mucho salir de noche. Yo creo que puede hacerse, pues aunque existen focos de pobreza, y gente que se "esconde" en lugares oscuros de las calles, si vais por zonas bien iluminadas, y evitáis callejones y lugares de paso poco frecuentados, no tendréis problemas.
Por la mañana, ya temprano, un buen desayuno en el buffet del hotel, muy bien surtido, y partida hacia Aberdares, cerca del Monte Kenya, en el norte. Es el primer contacto con las carreteras del país, que no son especialmente buenas, aunque hay que admitir su empeño en mejorarlas... Llegamos un par de horas después a nuestro hotel base. Explico esto. En el Parque Nacional de Aberdares, nos alojaremos en un hotel situado sobre palafitos, junto a unas charcas a la que acuden a beber animales. Este hotel es pequeño, no dispone de mucho espacio en las habitaciones, que son pequeñas, y con cuartos de baño compartidos. Para ello, previamente, hemos de dejar lo grueso del equipaje en el hotel base, situado en la ciudad, donde comemos, para luego salir en un pequeño microbús hacia el Parque Natural de Aberdares, y con él nuestro hotel. Allí, tras las explicaciones pertinentes del guía, se nos asigna habitación, y desde entonces sabemos que ya no podremos salir del hotel: ¿por qué? Porque se encuentra en medio de la fauna africana. Desde la ventana de nuestra habitación, o desde la planta alta del hotel, todo un mirador sobre la zona, vemos los búfalos, antílopes, facóqueros y demás animales que acuden a beber a la zona. Resulta muy peligroso y de todo punto prohibido bajar (estamos situados en alto, recordadlo) a la zona, porque hay fauna que resulta muy peligrosa. Desde el mirador, que abarca casi 360 grados de visión, observamos a todos los animales que acuden a beber, y casi siempre, la emoción más grande queda reservada cuando aparecen los ruidosos elefantes. El primero sorprende enormemente. A las tres de la mañana, desde mi habitación, pueden verse casi 30. Con suerte conseguiréis algún rinoceronte y leopardo, aunque son más tímidos. Aquí, el día transcurre observando fauna desde la azotea. Creedme, es como si el mundo se hubiese detenido: una pura maravilla. Por la noche refresca, llevar algo para taparos, y los insectos son un tanto molestos, pero el estar en un entorno natural puro tiene un precio. Llevaos repelente. Al iros a descansar, os indicarán un timbre que tenéis en la habitación, el cual, dependiendo del número de veces que suena, significará la aparición de un leopardo, rinoceronte, elefante... y podréis asomaros a ver si conseguís verlo. Este hotel es una maravillosa experiencia.
Desde allí, al día siguiente, vuelta al hotel base, buen desayuno, recogida de equipaje y marchamos hacia el Parque Nacional de Lago Nakuru. He de deciros que este parque, sobre el papel, era el que menos me atraía, pues lo relacionaba, fundamentalmente, con flamencos y pelícanos, dado el lago salado que le da nombre y ocupa la mayor parte del Parque. ¡Qué equivocado estaba! Tras las dos o tres horas pertinentes de viaje por malas carreteras, llegamos a la pintoresca ciudad de Nakuru, con mucha vida y color, y saliendo de ella, prácticamente abandonas la última casa y te encuentras con la entrada al Parque... Y amigos, eso es otro mundo. Al poco de entrar, mientras nos dirigimos a nuestro "lodge", comenzamos a ver entre la vegetación antílopes, cebras, búfalos, babuinos y... ¡¡sorpresa!!, hemos tenido mucha suerte, y nuestro estupendo guía-conductor, James, ha visto a un leopardo descansando sobre un tronco... No resulta nada fácil observar un leopardo, y éste nos permite hacerle fotos durante unos cuantos minutos antes de cansarse de nuestra presencia. No esta mal... Proseguimos viaje hacia nuestro "lodge", que aparece en un terreno despejado, sobre una colina. El "Lake Nakuru Lodge", una auténtica maravilla de hotel. Buena comida en el restaurante, cabañas de madera con hall de entrada, camas con mosquitera, entre unos jardines bien cuidados, piscina en la terraza del bar, y unas vistas maravillosas, donde los babuinos juguetean al lado de una pequeña valla metálica de separación, mientras una hiena intenta hacerse la despistada y acercarse a estos. El lugar es, sencillamente, maravilloso. De allí saldremos, rápidamente, a realizar el primer safari, que nos llevará a las orillas del lago. Increíble. Allí se encuentran multitud de herbívoros, pastando tranquilamente, entre los que destacan seis rinocerontes blancos, que nos permiten acercarnos a ellos sin problema alguno. Inmensos. Luego, junto al lago, el maravilloso espectáculo rosa de cientos de miles de flamencos alimentándose. Es difícil ver algo tan maravilloso en el mundo natural. Una pequeña parada, lo suficientemente lejos de búfalos y rinocerontes, para fotografiar el lago y sus flamencos. Desde allí, proseguimos hacia la parte más profunda del bosque de acacias, en busca de los leones. Estos no se dejan ver hoy, y aunque vemos muchos herbívoros, búfalos, cebras y antílopes preferentemente, de los leones no hay rastro... Sólo a la vuelta, y desde una distancia importante, conseguimos ver con dificultad a tres de ellos descansando en una zona boscosa. He de deciros que los safaris se hacen siguiendo los múltiples senderos que discurren por los diferentes parques, que los guías-conductores conocen bien, y entre ellos, a través de la radio, se van comunicando los descubrimientos que hacen, qué ven y qué no. Finalmente, volvemos al hotel a comer, y tras ello, un nuevo safari a terminar de observar la fauna del parque. Al caer la tarde, con una ligera capa de polvo y agotados por el trajeteo, volvemos al hotel cuando comienza a sentirse un aire un tanto frío. Lago Nakuru resultó una maravilla para mí, una muy grata sorpresa.
Al día siguiente, muy temprano, salida hacia Masai Mara. Las carreteras, en esta ocasión, no son malas, sino infernales. Desde que entramos en el territorio masai, los últimos kilómetros, la carretera se convierte en un infierno de baches y piedras, allí la velocidad media no supera, en ningún caso, los 30 kilómetros por hora, y los golpes y movimientos en el interior, a pesar del buen hacer de James, son inevitables. Eso sí, al menos parece que están trabajando en mejorar las carreteras. James nos cuenta que el anterior gobierno, muy corrupto, hizo muy poco por las infraestructuras locales. El actual parece haberse tomado en serio el tema, y pone manos a la obra. Aún así, tardarán en terminarlo.
La llegada al Parque Nacional de Masai Mara se produce entre el alborozo de todos nosotros, destrozados por el viaje. Pero el lugar merece la pena, vaya que sí... A la entrada del parque, un auténtico poblado masai nos recuerda donde estamos. Desde allí al "lodge", un trayecto corto pero intenso, pues los caminos, con las lluvias recientes, se han deshecho un tanto, y hay que transitar con cuidado. Nuestro hotel, el "Mara Sopa Lodge", resulta otra pequeña joya. Los hoteles a los que iremos en Kenia, siempre, serán buenos, no existen hoteles medios. Los turistas vamos siempre a buenos lugares, ya sabemos cómo funciona esto. Bueno, os decía que el hotel es bueno (aunque prefiero el de Nakuru, que me encantó), sito en lo alto de una colina con vista a amplias zonas arboladas. Allí estaremos dos días, realizando safaris que nos llevarán al sur, en la frontera tanzana (al otro lado de la frontera, el Serengeti). Masai Mara es un parque grande, de más de 2000 kilómetros cuadrados. Su continuación al sur, el Serengeti (que espero ver algún día), es más de siete veces más grande.
Como decía, en Mara realizamos varios safaris, en los que veremos elefantes, rinocerontes, hienas, cebras, búfalos, ñúes, leones, jirafas, babuinos, chacales, mangostas, caracales, secretarios... y en la frontera, en el río Mara, hipopótamos y cocodrilos. No llegamos a ver guepardos, a pesar de que el buen James lo intentó al máximo, ni ningún leopardo, muy difíciles de ver. Es muy importante tener claro que esto no es un zoo, que no se pueden ver animales a la carta, como alguno (entre ellos, alguien que iba en mi grupo) cree. Los animales se mueven libremente, y a veces aparecen en multitud, en el lugar más insospechado, y en otras ocasiones, como en la que digo de los guepardos, por más que James se deja los ojos circulando por un mar de hierba de más de un metro de altura, nos resulta imposible.
La imagen que permanecerá de Masai Mara en mi memoria tiene varios aspectos: las verdes colinas cercanas, una preciosa puesta de sol, y la suerte de contemplar una manada de leones alimentándose de un búfalo cazado la noche anterior. Es exactamente igual que encontrarte dentro de un documental.
Curiosa resulta, también, la experiencia de ver cómo los restos de la cocina son empleados para alimentar a un nutrido grupo de hienas, chacales y mangostas que son utilizados como reclamo turístico todas las noches en el hotel.
También merece mención aparte una pequeña excursión, previo pago, que se hace bajando con dos guerreros masai desde el "lodge" hasta su poblado. Esta excursión tiene elementos interesantes, pues ellos te van indicando en un buen inglés qué son las huellas que observamos en el suelo, qué plantas emplean para la construcción de cabañas (las que no gustan a las termitas), para curar heridas (aloe vera), limar las armas, perfumes, etc. Esa es la parte positiva. La negativa, el empeño de estos masai en venderte cualquier cosa, y lo frustrante que resulta ver a un auténtico guerrero masai con reloj de pulsera y un "nokia" en la cintura, recitándote completa la alineación del Arsenal londinense... En fin, a mí me defraudó, aunque entiendo, como nos contaba James, que los masai viven, y es cierto, de una forma tradicional, pero absorben fácilmente todo lo que ellos consideran bueno de la cultura occidental. A mí, lo cierto, es que me resultó algo parecido a una comedia para turistas. Pero eso queda a cuestión de gustos, claro.
Una recomendación: si queréis visitar Masai Mara, intentad ir en julio, que es cuando se inicia la gran migración de ñúes desde el Serengeti y Ngorongoro al sur, en Tanzania. Nosotros vimos animales, los llamados residentes, pero cuando más de un millón y medio de herbívoros, con los consiguientes carnívoros que los siguen, migran hacia aquí, en la mayor movilización animal terrestre conocida (de mamíferos, claro), el espectáculo debe ser grandioso.
Y tras la estancia en Masai Mara, con mucha pena, sólo nos queda volver a Nairobi, donde pasaremos la noche, para a la mañana siguiente partir hacia Zanzíbar. Pero tras el viaje no nos resignamos a pasar la tarde en blanco, con lo cual proponemos a James (qué magnífico guía, y qué mejor persona) el ir a ver el Giraffe Centre y la casa de Karen Blixen. Sara (mi novia) y yo somos apasionados de "Memorias de África", y ya que llegamos a las tres a Nairobi, y tenemos libre hasta las siete, en que nos llevaran a cenar al célebre "Carnivore", pretendemos aprovechas ese tiempo. Nuestros cuatro compañeros de viaje se apuntan encantados, y así visitamos el célebre "Giraffe Centre", un hotel que incluye en sus jardines una serie de animales en libertad, entre los que destacan las jirafas, que comerán de nuestras manos. Desde allí, al cercano barrio de "Karen", así llamado en honor de Karen Blixen, la escritora danesa propietaria de aquellos terrenos (cafetales), en los que ahora se inscribe este elegante barrio residencial. La visita de la casa nos emociona enormemente, aunque uno (y sobre todo, ellas) quedan defraudadas al comprobar que Dennis Finch-Hutton no es en la realidad nada, pero nada, parecido a Robert Redford, por no hablar que en la película no mencionan en ningún momento que tenía familia, mujer e hijos, en Inglaterra.
Volvemos encantados de nuestra visita a ambos lugares, situados al sur de Nairobi, con el tiempo justo de ducharnos, cambiarnos de ropa y salir hacia el "Carnivore", restaurante famoso de Nairobi en el que en otros tiempos daban a probar carne de cocodrilo, búfalo, ñu y otros animales. Hoy en día, lo más exótico que puedas probar será el avestruz, pues las medidas sanitarias se han extendido a éste. No se come mal, pero tampoco es una maravilla, que nadie se engañe. Muchos turistas, algunos keniatas adinerados, y un ambiente un tanto denso.
Este es nuestro punto final de nuestro viaje a Kenia, pues ya sólo queda dormir para partir temprano al aeropuerto, y desde allí a las blancas playas del Indico en Zanzíbar.
Cómo puedo resumiros el viaje, muy sencillo, algún día volveré, e intentaré visitar también Meru, Monte Kenia, Tsavo, Amboseli y otros tantos, así como visitar Tanzania, al sur, con parques aún mayores. Pero de momento, y apartando esa imagen de parada en tiendas a comprar, tan propia de estos viajes, las sempiternas propinas por todo, a quien lo merece y a quien no. Kenia ha colmado mis expectativas, e incluso las ha superado. Si os gusta la Naturaleza, visitadla, es impresionante. Y como allí dicen tanto: "hakuna matata"

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Comentarios sobre esta opinión
encar20

encar20

14.11.2007 14:53

Me ha encantado la opinión. Un saludo.

APUMMR

APUMMR

28.08.2007 23:48

buena opi te invito a que veas las mias saludos!!!!

chek

chek

25.08.2007 19:11

tiene que estar muy bien¡¡¡saludos¡¡

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