La Kirby, limpieza a lo grande.
10.02.2004
Ventajas:
Te viene un tío a casa y te limpia una alfombra .
Desventajas:
Si no se la compras, te limpia SÓLO media alfombra
Recomendable:
Sí
Detalles:
Consumo energético
Capacidad de la bolsa
Facilidad de manejo:
Accesorios
Relación calidad precio:
Más
 LadySylvia
Sobre mí:
Gracias, gracias, gracias, gracias, contradicció. Es lo que necesitaba en este momento. http://www.c...
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Hará como tres años que me llamó por teléfono un tipo muy simpático asegurando que "La Kirby" (yo no sabía lo que era eso) solucionaría todos los problemas de mi existencia. Yo le aseguré que tenía una vida muy complicadita, pero él no cejó. Quiso venir hasta mi casa para convencerme del todo y yo, deseando conocer algún gallardo mancebo que entretuviese mi vida, le invité amablemente a venir. Para empezar, he de decir que era realmente simpático. Con la piel teñida de un delicado color chocolate y el tono embebido de aires caribeños, me enseñó una blanquísima dentadura como presentación. Empezó por alabar mis alfombras, lo cual yo agradecí, pero cometió el impagable error de fijarse en una de ellas, tachándola de salida de la Real Fábrica de Tapices. Jjejeje. Creyó que me iba a poner muy contenta con ello, pero yo le corté en seco: -“Ésta, justamente, es la peor de todas. Y la Real Fábrica de Tapices no sabe ni lo que es. Si me hubiera dicho aquella ótra...” Pero, claro, él no podía reconocer su fallo, por lo que me aseguró que era la mejor imitación que había visto en su vida :P
Después de ello, ya que venía cargado con unos ochenta kilos de cosas, empezó a desplegar sus argumentos por la casa. Se trataba de una aspiradora-PetraCriadaParaTodo, bastante vistosa, que sólo se vendía a domicilio. Bien. Me explicó que, para empezar, salía muy barata porque con su ahorro de energía (580W solamente) podría amortizarla en bien poco tiempo. Ello me hizo sospechar que el aparato era realmente caro. Un buen vendedor empieza alabando lo que más defectos tiene del producto que intenta colocarte. También me dijo que servía para la limpieza de los sofás y las cortinas. Esta función se me reveló como francamente inútil porque los sofás de mi casa son de cuero y los limpio siempre con agua, jabón... y luego Atrix. Aunque miento, también hay un tresillito pequeño tapizado muy cursi, de color rosado, que tiene unas preciosas fundas que se meten en la lavadora y en paz.
Aseguró que era muy interesante pata pintar la casa, pero yo soy partidaria de que cada uno se gane el pan como pueda y cuando hay que remozar las paredes, hijos míos, llamo a los pintores, que de eso viven. Yo estaba ya un poco harta, así que le dije que me había anunciado una demostración y que se pusiera manos a la obra.
-¿Empiezo por un colchón? –me dijo. Yo quedé con la boca abierta. Jamás había pensado meter a ese individuo en la intimidad de mis dormitorios pero él, artefacto en mano, ya corría por el pasillo buscando algún objeto que poder destrozar. Mis temores resultaron ciertos. Encendió la aspiradora mientras me explicaba que, con ella, desaparecían todos los ácaros, me hizo una descripción bastante asquerosa de la cantidad de piel muerta que dejamos cada noche sobre las sábanas y sorbió literalmente el colchón de mi hija. Sí, el verbo está bien empleado. Cuando digo sorbió, quiero decir que lo sorbió como hace con los mocos un niño maleducado. El sonido infernal del aparato ahogaba mis gritos de clemencia y sólo por mis gestos dedujo que prefería que lo dejase. UHF. Vaya mal rato que pasé.... Después de aquello aseguró estar dispuesto a limpiarme una alfombra. Yo me puse muy contenta, la verdad, porque la del comedor (la barata) está siempre llena de churretes de chocolate, trozos pegados de cosas indefinibles y demás sombras negruzcas que la afean una barbaridad y como es clarita, con grandes flores en tonos pastel, se nota todo que es un espanto. (Ten niños en la casa para eso) Empezó a limpiar. Cierto es que quedaba muy blanquito. Las manchas iban saliendo. Pero tampoco era una “aspirada normal”, no; es que había echado en un adminículo que añadió un poco de agua y un detergente mágico. Así cualquiera. De vez en cuando, ponía un papelito que llevaba ad hoc para enseñarme la cantidad de porquería que iba saliendo. Astutamente le señalé que, igual que se había comido el colchón, también me estaba dejando sin alfombra ya que me enseñaba pelitos de distintos colores que –sin duda-pertenecían a la lana con que estaba hecha. Él aseguraba que no, que era porquería, pero yo no he visto nunca porquería de color rosa, ni amarilla ni verde claro, así que me reafirmé en mi idea y tuvimos una pequeña discusión. Decidí que no iba a comprársela. Nononono y no. Jamás admitiría quedar sin alfombras después de tres o cuatro limpiezas, pues estaba segura de que ese iba a ser su final. Él, entonces, muy serio y enfadado conmigo, empezó a recoger los bártulos.
-Pero no me puede dejar la alfombra a la mitad –le dije yo aterrada. -Si ya me ha dicho que no me la compra, se ha acabado la demostración. Me encontré con un dilema: o le decía que se marchase, con lo que me quedaba con la alfombra a rayas (cómo lo había hecho de a propósito, el tío) o le dejaba continuar y me arriesgaba a tener que comprarle aquel trasto. Así que, amablemente, le dije que era una broma y que podía seguir limpiando con la misma fura macabea con que antes lo hizo.
La cosa terminó. Yo le dije que no estaba muy segura de que me interesase, pero el pobre tipo casi se me echa a llorar. Al parecer, regalaban una plancha al primero que vendiese una aspiradora en el día... Reconozco que me dio mucha penita. Estuve a punto de acompañarle a El Corte Japonés y comprarle una plancha yo, pero él hacía protestas de honestidad y aseguraba que sólo deseaba la plancha para su bella esposa si había sido producto de su trabajo. -Bueno, pues...venga, me la quedo. ¿Cuánto cuesta? Su contestación me dejó sin habla porque aquel artefacto inmundo salía por la friolera de unas quinientas mil pesetas.
Lo que os he contado no es producto de mi imaginación y, como prueba de que no exagero, puedo aseguraros que en ese momento empezaron los problemas. No se podía pagar al contado. Ignoro por qué razón los vendedores de Kirby no quieren que les pagues las cosas. Tuve que romper un cheque y todo a medio escribir porque no lo quería. A pesar de ponerle cara de buena y jurarle por todos mis muertos que había dinero en esa cuenta bancaria no hizo sino llamar a la central. --Que aquí hay una señora que quiere pagarla –les decía. Ignoro si le creyeron o pensaron que estaba de coca hasta los ojos. El caso es que, tras enterarse muy bien de que sí le “tocaba” a él la plancha, colgó el teléfono (el mío, que se me olvidaba decíroslo) y me aseguró que era imposible pagarla al contado. Argüía que era una mayor seguridad para mí, porque si me mandaban una Kirby rota, siempre podía devolverla. En fin, no tuve más remedio que dejarme convencer porque llegaba la hora de la comida y el tío seguí allí tan pancho. Rellené miles de papeles, xDDDDD; yo, que jamás compré nada a plazos, me veía enredada por un caribeño de color chocolate que me hacía firmar en más de mil hojas de contratos y aplazamientos de pago... Pero todo era por una buena causa. Su bella esposa tendría la plancha maldita.
Tres días después llegó algo parecido a un camión completo conteniendo la famosa Kirby (dueños de casas pequeñas, abstenerse) Yo no abrí ni la mitad de las cajas porque no pensaba usarla nunca. Primero, por el ruido que hacía, causante sin duda de la muerte de mi amado esposo en algún momento de despiste, y segundo porque no me resignaba a quedarme sin alfombras por esa tontería, pues estoy segura de que antes o después iban a desaparecer. Dos horas después de llegado el mecanismo mortal, apareció de nuevo mi hermoso caribeño de color chocolate. -¿Contenta con la nueva Kirby? -Pues... (rellenad aquí con varios murmullos ininteligibles) -Vengo para dos cosas muy importantes: Tenemos que quedar en el día que le venga bien para que venga un técnico a enseñar a la muchacha cómo se maneja el aparato, ya que no es probable que sea usted quien haga uso de él... -(Más murmullos ininteligibles por mi parte) -Y quiero, ya para terminar, que me dé los nombres de diez amigas suyas con las que yo poder quedar para limpiarles una alfombra, jejejej.
Le di los nombres de mis amigas más odiadas. Le di sus teléfonos. Pero es que al final, y os juro que esto es cierto, me preguntó CUÁL DE ELLAS ERA LA MÁS RICA DE TODAS. Uffffff. Imagináos qué corte. Bueno, vinieron un día. Enseñaron a la morita cómo funcionaba aquello. Y al día siguiente LadySylvia quedaba como dios regalándosela a su hija de sus entretelas que recibió el presente con lágrimas de agradecimiento.
No hace falta que os diga más, ¿verdad?
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26.08.2010 18:33
SI Hombre, la Dayson :))) Mira, HAY Comparativas para Tirar la Dyson con SUS 1000 y Pico o 2000 y Pico Wattios.
28.01.2008 12:19
Yo la verdad que por mucha pena que me dé no me puedo gastar ese dinero en una aspiradora, yo no la podría comprar...saludos
29.09.2006 22:21
Está muy bien la opinión. Pero yo ni loca me quedo un aparato de 500 mil pesetas de las de antes solo porque me de pena el representante. Estoy segura que mi Dyson que me costo 535 Euros (que ya es dinero) va mucho mejor que la kirby esta.