El tiempo va y viene y las golosinas aparecen y desaparecen como estrellas fugaces en un firmamento de azúcar y días de niñez, pero hay dulces que dejan una huella inmutable y Kojak es uno de ellos.
Kojak no es que sea un producto excesivamente innovador o original, más bien todo lo contraio. Se trata de un simple chupachup de fresa relleno de chicle. Nada más. Entonces, ¿por qué ha logrado sobrevivir al paso del tiempo?¿Por qué, hoy en día, sigue siendo una de las mejores golosinas que existen en el mercado? El secreto está en la masa, amigos.
Kojak tiene un sabor de fresa tan genuino que lo podrías reconocer a miles de años luz. Además, su textura, mezcla de chicle y cristalitos de caramelo de fresa (porque no he conocido a nadie que no pueda evitar morder el caramelo antes de llegar al chicle!) le da un toque especial e inolvidable para los paladares más golosos. El aroma a fresa caramelizada que desprende es penetrante y goloso 100%!
El único inconveniente que tiene esta golosina es que el chicle es superabundante y se deshace rápidamente en tu boca.
La presentación de estos caramelitos con palo es clásica donde las haya. El envoltorio es rojo chillón, evocando al color del caramelo de fresa, con el característico logotipo de Kojak.
¿El precio? Pues es muy barato!No lo sé exactamente, pero supongo que debe rondar los 0.15 € la unidad.
Así que, ya sabéis, hay clásicos que nunca mueren y el calvito de Kojak es el mejro ejemplo de ello!
A disfrutar de vuestro Kojak, amigos!
14.04.2003 19:15
Desde luego, la propaganda que le hizo Kojak ha sido la mejor que he cisto en mi vida.
14.04.2003 19:03
Una de las pocas chucherías que me gustan. Un saludo