La Casa de la Troya (Trujillo-Cáceres)

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La Casa de la Troya (Trujillo-Cáceres)

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Hay que ir una vez en la vida

3  29.08.2009

Ventajas:
Raciones abundantes; Sitio pintoresco

Desventajas:
Tener que esperar cola; Calidad de algunos platos

Recomendable: Sí 

tiomariachi

Sobre mí: Viajar... comer... viajar para comer... viajar para ver... ver para contar...

usuario desde:25.05.2006

Opiniones:17

Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 4 miembros de Ciao


Hay que ver. Con la de veces que había estado yo en Trujillo, unas por trabajo y otras por ocio, y no haber comido nunca en este sitio tan curioso. Siempre me decanté por los restaurantes del otro lado de la Plaza Mayor, quizás porque tienen terraza o por haber visto más movimiento de gente en ellos. Ha tenido que ser Ramón el que hiciera que me interesara por La troya. Y es que, sin duda, cumple con creces la máxima ramoniana a la hora de elegir restaurante, que es: “Yo quiero cannntidad”. Y cantidad se come en La troya, eso es cierto. Para saber si además hay calidad, deberéis seguir leyendo.

Antes de nada, empezaré por comentar algunas peculiaridades de La Troya. Por ejemplo:

-Sólo se puede comer el menú, ya que no existe carta ni otras opciones, y siempre es al mismo precio, no admitiéndose tomar cafés ni copas en la mesa. Esto facilita mucho la rotación de mesas y, de paso, la tarea de la cajera que hay a la salida, que en una chuleta con grandes caracteres tiene escrito: 1 MENÚ 15 €. 2 MENÚS 30 €. 3 MENÚS: 45 €. 4 MENÚS 60 €, etc.
-Cuando llegas a la mesa, sin comerlo ni beberlo, ni pedirlo tampoco, te plantan, aparte de un pan de generosas dimensiones, una tortilla de patata, una ensalada, un plato con chorizo, una botella de vino, una de gaseosa y otra de agua.
-Es habitual tener que esperar cola para entrar porque, aparte de la gran demanda, no admiten reservas. Eso sí, la cola avanza rápido.

Y sin más, voy con nuestra experiencia, vivida un jueves de agosto de 2009.
Íbamos de Madrid al pueblo del Páter, en la provincia de Badajoz, y aunque Trujillo no nos pilla precisamente de paso, como no llevábamos prisa, modificamos un poco la ruta con la intención de comer en este sitio.
Eran las dos del mediodía cuando atravesábamos la Plaza Mayor y, a pesar de ser un día laborable, la cantidad de turisteo que vimos por las calles nos hizo pensar que tendríamos problemas para conseguir mesa, después de haber visto en internet la fama que tiene el sitio en cuestión. Y peor lo vimos cuando se nos adelantó un “grupito” de diez personas justo en la entrada del restaurante.
Entrada que se hace atravesando un arco conopial de piedra, ya que La Troya se ubica en una casona del siglo XVI, bajo los soportales del lado de la plaza más cercano a la estatua de Pizarro, hijo ilustre de Trujillo. Para entrar al restaurante hay que atravesar el bar, que a la derecha tiene la barra y, a la
Fotos de La Casa de la Troya (Trujillo-Cáceres)
  • La Casa de la Troya (Trujillo-Cáceres) La Troya caja 2009-08 - La Casa de la Troya (Truji
  • La Casa de la Troya (Trujillo-Cáceres) La Troya entrantes 2009-08 - La Casa de la Troya (
  • La Casa de la Troya (Trujillo-Cáceres) La Troya soportales 2009-08 - La Casa de la Troya
  • La Casa de la Troya (Trujillo-Cáceres) La Troya cocina 2009-08 - La Casa de la Troya (Tru
La Casa de la Troya (Trujillo-Cáceres) La Troya caja 2009-08 - La Casa de la Troya (Truji
Zona de espera y caja en La Troya (Trujillo-Cáceres)
izquierda, una pared plagada de fotos de famosetes acompañados, en casi todos los casos, de Doña Concha, vestida como si estuviera sentada a la mesa camilla de su casa. Doña Concha era la dueña del restaurante hasta que falleció hace tres años, y la encargada de la multiplicación por quince, o la cifra que tocara en cada momento. Ahí está la mujer posando ahora con un deportista, ahora con una actriz, ahora con un político, ahora con una cantante, pero siempre con la misma cara de no tener ni idea de quién es esa persona que le han puesto al lado. Luego se pasa a una zona donde está la caja con la cajera y su chuleta de los quince euros, y la zona de espera de mesa. Más adelante, subiendo unas escaleras, se pasa a otro comedor con las blancas paredes llenas de platos de cerámica pintada y con los techos abovedados en crucero, como en la casa del pueblo del Páter (aquí fue donde comimos nosotros). Más adelante se pasa a otro comedor más grande con las bóvedas en ladrillo visto, que parece una antigua bodega. A la derecha de la zona de espera, justo enfrente de la caja y la cajera con su chuleta de quince euros, hay un comedor más, también con los techos y paredes en ladrillo visto. El sitio es bonito.
Bueno, pues entramos a La Troya tras el “grupito de los diez” y atravesamos el bar cagando leches para pillar sitio en el restaurante. Nos encontramos con una fila guiada con correas extensibles y postes, como si esperáramos para montar en el Dragon Khan. Tenemos delante no menos de veinte personas, incluido el grupito de marras. No me gusta nada esto de esperar una cola para comer, me parece un poco soviético, como de racionamiento y cosas así. Pero hemos venido adrede a este sitio y espero acontecimientos, a ver cómo avanza la cosa. Sale un camarero ofreciendo una mesa para dos o tres. Del medio de la fila sale una pareja y los acoplan. Al minuto otra vez, mesa para dos, que somos nosotros. Al final no hemos esperado ni cinco minutos.
Adelantamos a toda esa muchedumbre (no soy partidario de los grupos de más de cuatro para moverse por el mundo, no son operativos) y nos sientan en una mesa en la que ya hay, como he dicho antes, una tortilla de dimensiones bastante decentes, un plato con seis rodajas de chorizo y una ensalada de lechuga iceberg con tres trozos de tomate al fondo en una fuente transparente de duralex de las de toda la vida. En cuanto nos sentamos nos plantan la botella de vino de pitarra, la de Casera (sí, sí, Casera), y la de agua de litro y medio de Fuensanta (aquí la cagan, es de las pocas cosas malas que da Asturias) y un pan de pueblo, aparte de las servilletas de tela.
Sin tiempo ni de probar la tortilla, nos cantan el menú. Yo pido Migas y Marina, Ensaladilla rusa. La ensaladilla, que está bastante bien, viene en plato individual, pero las migas las traen en una fuente oval con cantidad suficiente para dos personas. Vienen con trozos de tocino y chorizo, pero ya que estamos en mi Extremadura, se echa de menos, para acompañar las migas, una tajadita de melón o una naranja para que se parezcan más a las que me como cuando las hace el Páter (ya sé que en un restaurante nunca me van a poner estas cosas, pero sirva este comentario como homenaje a las pedazo de migas de Antonio el de la Desideria). La ensalada está bastante bien aliñada, tirando a salada, y la tortilla no puede negar su extremeñidad, porque sabe exactamente igual que la que hacen mis tías en el pueblo, y eso es mucho decir. Vemos a los camareros circular con más fuentes de duralex llenas de judías blancas o gazpacho, y de fuentes llenas de macarrones con una pinta bastante buena. Otros primeros disponibles eran judías verdes y paella.
Se da el caso de que desde mi sitio tengo una visión bastante buena de una parte de la cocina, cada vez que los camareros baten las puertas para entrar o salir. Así puedo ver las tortillas que ya tienen hechas. Están apiladas una encima de otra, como si fueran platos, formando varias columnas de una altura considerable.
Otra cosa que observo por las mesas es que el tamaño y cantidad de los entrantes (tortilla, ensalada y chorizo) es el mismo en las mesas de dos comensales que en las de cuatro, y diría que hasta en las de seis, lo que quiere decir que cuantos menos seáis, más comeréis. En alguna mesa de ocho ya sí vimos que las raciones eran dobles.
De segundo, y a pesar de que el camarero anuncia la caldereta de cordero como la especialidad de la casa, yo me decanto por el Magro de cerdo con tomate y Marina por el Lomo de cerdo a la plancha. Los segundos bajan la nota, porque el magro, aparte de venir en unos trozos enormes, solo tiene del tomate los pellejos y poco más. Malo no está, pero no es lo que yo me esperaba de un restaurante de Extremadura, región donde el magro con tomate es plato de cabecera. Se salvan las patatas fritas que están justo a mi gusto, blanquitas y blanditas, y poco o nada crujientes, como si las hubieran pochado (sí, ese es mi gusto). Peor es lo de los dos filetillos de lomo de cerdo de mi Serrana, que saben a lo que yo llamo “culo de sartén”, o sea, que arrastran sabores de cosas distintas hechas anteriormente en la plancha.
Al servir los segundos vemos algo curioso. En la mesa de al lado, con cuatro comensales, tres de ellos piden Prueba de cerdo y sólo uno Caldereta de cordero y les traen una fuente de cada cosa, pero con la misma cantidad, que es la misma cantidad que tengo yo también del Magro con tomate (sólo me pude comer la mitad). Un poco escamados, le preguntan al camarero si en la fuente hay Prueba para tres, teniendo en cuenta que hay la misma cantidad que de Caldereta para uno. La explicación es buenísima: les dice que el cocinero les ha echado caldereta de más para que la prueben los tres. Me parto. Yo tengo una teoría mejor: con las fuentes de magro, de caldereta, de macarrones, de judías, de migas, etc… pasa como con las tortillas, la fuente es la misma para uno que para tres, y no se complican la vida. Si eres uno te hincharás si consigues acabarlo, si sois dos comeréis bien, y si sois tres la ración se puede quedar un pelín corta.
Otros segundos platos que había en el menú: bacalao en salsa, filete de ternera y pollo asado.
De postre pedimos los dos Melón, que ni fú ni fa. No me fijé bien en los postres de otras mesas así que no puedo opinar, pero había arroz con leche, flan, helado, mousse de limón, sandía y tarta.
Al salir vamos a la caja a pagar con un papel que te da el camarero con el número de comensales. La cajera lo multiplica por quince (si se atranca tiene la chuleta) y te cobra. Aprovecho para preguntar si el menú también está disponible para cenas, y me dice que sí, pero que por las noches funcionan más las tapas en la barra.

En conclusión, un sitio al que sí que habría que ir una vez en la vida por las curiosidades que encierra. No se come mal en general, pero lo que llama más la atención es la cantidad de comida.

Una vez superada la anécdota, yo, cuando vuelva a Trujillo, me iré a comer (por ejemplo) al Nuria, que está enfrente, y donde puedes comer un menú bastante bueno por diez euros, y si el tiempo lo permite, sentado en su terracita entoldada.

Un apunte que hago, aparte de todo, es que no sé por qué en Ciao le han puesto como La Casa de la Troya, que es el nombre de una antigua y célebre pensión de estudiantes de Santiago de Compostela, y el título de un libro de principios del siglo XX. El restaurante se llama La Troya, sin más.


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Comentarios sobre esta opinión
takylytos

takylytos

30.08.2009 09:48

Eso es contar una opinión, jejeje, felicidades, yo a veces prefiero ir de tapas. Volveré. Un saludo.

000latani000

000latani000

29.08.2009 20:16

Pues lo dicho, para la próxima vez que visitemos Cáceres... Un saludo!

xula123

xula123

29.08.2009 19:35

Tienes razon, yo creo que iria a este restaurante al menos una vez. Un saludo

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