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La Celestina - Fernando Rojas

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Celestina y la historia de un amor

5  08.03.2005

Ventajas:
Innovadora, muy interesante para conocer la época, buena historia .

Desventajas:
Castellano antiguo, no tiene anotaciones del narrador y todo es imaginado .

Recomendable: Sí 

Lorena_GB

Sobre mí:

usuario desde:11.01.2005

Opiniones:86

Confianza conseguida:69

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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 12 miembros de Ciao

Título: La Celestina, también llamada "Tragicomedia de Calisto (Calixto) y Melibea
Autor: Fernando de Rojas
Año: La primera edición (Burgos, 1499) tenía 16 actos; la de Sevilla (1502) 21 actos; en la edición de Toledo de 1562 se le añadió un acto más.
Obra: dialogada en prosa que no se puede representar en el teatro debido a su gran extensión y a su estructura.

Personajes

Celestina: vieja alcahueta. Muy notable en su oficio. Se dice que es hechicera. Es muy astuta y sus métodos son muy eficaces.
Calisto: noble y apuesto. Intenta seducir a Melibea, de la que se enamora instantáneamente y recurre a Celestina, aconsejado por Parmeno, su criado.
Melibea: joven y bella noble. Con las tretas de Celestina, se enamora perdidamente de Calisto.
Parmeno y Sempronio: criados de Calisto
Areusa y Elicia: prostitutas amigas de Celestina
Lucrecia: criada de Melibea
Pleberio y Alisa: padres de Melibea


Argumento

La obra se divide (la última versión y la que yo he leído) en 21 actos y en cada uno de ellos viene un pequeño resumen que te cuenta de qué trata el acto.

Calisto llega, cuando su halcón se escapa, hasta el jardín de una casa. Allí ve a una hermosa criatura, una preciosa joven de cabellos dorados, ojos azules y tez blanca de la que cae enamorado. Sin embargo, al intentar conquistarla, ella le rechaza.
Su obsesión es tan grande que llega a su casa hablando de ella, Melibea, de su hermosura y del amor que siente hacia ella, espiritual y carnal.
Entonces, su criado Parmeno le aconseja que recurra a los servicios de una alcahueta llamada Celestina que tiene muy buena fama.
Celestina acepta ayudar a Calisto (con un pague cuantioso de por medio) y, para ello, al día siguiente, fingiendo ser una vendedora, entra en la casa de Melibea y le incita a disfrutar de la juventud, diciéndole que la vida pasa muy rápido.
Sin embargo, Melibea descubre que tiene que ver con Calisto. Celestina, una vez más, la engaña y consigo que le de una prenda suya a la que hace brujería.

Melibea acaba aceptando mantener amores con Calisto.
Así, los enamorados se citan por la noche en el jardín de Melibea. Los criados de Calisto vigilan que nadie descubra a los enamorados.
Melibea y Calisto consuman su amor.

Sempronio y Calisto, que habían hecho un trato con Celestina, de llevarse parte del dinero que Calisto le pagara por el trabajo, irrumpen en casa de Celestina. Ésta trata de confundirlos para no pagarles y quedarse con todo el dinero. Sin embargo, acaban asesinando a Celestina y, acto seguido, por los gritos de ésta, son apresados por la justicia que los ajusticia y mata.

En la cita siguiente entre Calisto y Melibea, éste escucha unos ruidos y creyendo que los habían descubierto, cae de su escalera y muere.

Melibea enloquece de dolor. Le confiesa a su padre que ha mantenido amores con Calisto y, tras ésto, se

Fotos de La Celestina - Fernando Rojas
La Celestina - Fernando Rojas Fotografía 362094 tb
Celestina
tira al vacío por una torre, se suicida y muere.

El libro termina con el lamento del padre, Pleberio, lamentándose por la pérdida de su hija y por el dolor inhumano que siente, el dolor que el amor le ha provocado.

El autor

Durante mucho tiempo se dudó acerca de la autoría de la obra. Se da como seguro que fue Fernando de Rojas, que nació en Puebla de Montalbán (Toledo), probablemente en 1476. Estudió leyes en la Universidad de Salamanca y llegó a a ser Alcalde Mayor de Talavera (Toledo), donde murió en el año 1541.

Según cuenta él mismo en el prólogo, leyó el primer acto de la obra que circulaba entre los estudiantes de la universidad sin saber quién lo había escrito. Le gustó y se dedicó a continuar la obra con el resto se los actos, acabando en 15 días, durante sus vacaciones.

Hay críticos literarios que consideran la imposibilidad de que Fernando de Rojas se identificara tan perfectamente con el autor del primer acto; y que fue él quien escribió toda la obra. Hoy se acepta que en la creación de la obra intervinieron dos autores.


Opinión personal

Este libro me lo mandaron leer cuando estudiaba el periodo medieval y la verdad, cambió algunas cosas en mi mentalidad, además de sorprenderme y gustarme muchísimo.

En el lenguaje que usa el autor, los personajes nobles, como Calisto y Melibea, se expresan con delicadeza y elocuencia, mientras que los personajes populares, como Celestina y los criados, emplean un lenguaje más espontáneo y popular, lleno de refranes y frases hechas.

Celestina, es un personaje magistral que ha marcado toda la literatura posterior. Muestra la sociedad de la época, aquella de la mujer envejecida, de vida dura y llena de trabajo.

Melibea, el ideal de belleza, la única que realmente llega a enamorarse, la que muere de auténtico dolor con la pérdida de su amado por el que arriesgaba la vida cada noche.

Calisto, la muerte más tonta de la literatura. Un hombre que sentía un amor mixto, con la espiritualidad y el deseo carnal hacia Melibea, un amor que no fue real, sino tan sólo un anhelo consumado que le trajo como castigo la muerte.

Parmeno y Sempronio, la ambición los lleva a asesinar a Celestina pero, a cambio, ellos son arrestados, ajusticiados y acaban muriendo como el resto.

El libro nos intenta enseñar las consecuencias del amor. Así, Rojas, en la época de la Inquisición, utilizó el libro como un libro de enseñanza, por ello no fue censurado y ahora lo tenemos en nuestras manos.
Dos mundos se contraponen en la obra: el ideal o renacentista, de los jóvenes enamorados que sólo viven para su pasión; y el real o medieval de la Celestina y los criados, ruines explotadores de aquel amor.


Os dejo algunos fragmentos:

CALISTO.- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

MELIBEA.- ¿En qué, Calisto?

CALISTO.- En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a mi inmérito tanta merced que verte alcanzase, y, en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Por cierto, los gloriosos santos que se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo ahora contemplándote.

MELIBEA.- ¿Por gran premio tienes éste, Calisto?

CALISTO.- Téngolo por tanto, en verdad, que si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus santos, no lo tendría por tanta felicidad.

MELIBEA.- Pues aún más igual galardón te daré yo, si perseveras.

CALISTO.- ¡Oh bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra habéis oído!

MELIBEA.- Mas desventuradas de que me acabes de oír. Porque la paga será tan fiera cual merece tu loco atrevimiento. Y el intento de tus palabras ha sido como de ingenio de tal hombre como tú. ¡Vete, vete de ahí, torpe!

Celestina incita a Melibea a disfrutar de la juventud

CELESTINA.- A la mi fe, la vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de rencillas, congoja continua, llaga incurable, mancilla de lo pasado, pena de lo presente, cuidado triste de lo porvenir, vecina de la muerte, choza sin rama que se llueve por cada parte, cayado de mimbre que con poca carga se doblega.
MELIBEA.- ¿Por qué dices, madre, tanto mal de lo que todo el mundo, con tanta eficacia, gozar o ver desea?

CELESTINA.- Desean harto mal para sí, desean harto trabajo. Desean llegar allá porque llegando viven, y el vivir es dulce, y viviendo envejecen. Así, que el niño desea ser mozo, y el mozo viejo, y el viejo más, aunque con dolor. Todo por vivir, porque, como dicen, "viva la gallina con su pepita". Pero ¿quién te podría contar, señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus cuidados, sus enfermedades, su frío, su calor, su descontentamiento, su rencilla, su pesadumbre; aquel arrugar de cara, aquel mudar de cabellos su primera y fresca color, aquel poco oír, aquel debilitado ver, puestos los ojos a la sombra, aquel hundimiento de boca, aquel caer de dientes, aquel carecer de fuerza, aquel flaco andar, aquel espacioso comer? Pues ¡ay, señora!, si lo dicho viene acompañado de pobreza, allí verás callar todos los otros trabajos cuando sobra la gana y falta la provisión, que jamás sentí peor ahíto que de hambre.
En Dios y en mi alma [Calisto] no tiene hiel; gracias dos mil; en franqueza, Alexandre; en esfuerzo, Héctor; gesto de un rey, gracioso, alegre, jamás reina en él tristeza. De noble sangre, como sabes. Gran justador; pues verlo armado: un San Jorge. fuerza y esfuerzo, no tuvo Hércules tanta. La presencia y facciones, disposición, desenvoltura, otra lengua había menester para las contar. Todo junto semeja ángel del cielo. Ahora, señora, tiénele derribado una sola muela que jamás cesa de quejar.

MELIBEA.- ¿Y qué tiempo ha?

CELESTINA.- Podrá ser, señora, de veintitrés años; que aquí está Celestina que lo vio nacer.

MELIBEA.- Ni te pregunto eso, ni tengo necesidad de saber su edad; sino qué tanto ha que tiene el mal.

CELESTINA.- Señora, ocho días. Que parece que ha un año en su flaqueza.

MELIBEA.- ¡Oh, cuánto me pesa con la falta de mi paciencia! Porque siendo él ignorante y tú inocente, habéis padecido las alteraciones de mi airada lengua. En pago de tu sufrimiento, quiero cumplir tu demanda y darte luego mi cordón. Y porque para escribir la oración no habrá tiempo sin que venga mi madre, si esto no bastare, ven mañana por ella muy secretamente.

Muerte de Calisto

MELIBEA.- Óyeme tú, por mi vida, que yo quiero cantar sola.
Papagayos, ruiseñores,
que cantáis al alborada
llevad nueva a mis amores
cómo espero aquí asentada.
La media noche es pasada,
y no viene;
sabed si hay otra amada
que lo detiene.

CALISTO.- Vencido me tiene el dulzor de tu suave canto; no puede más sufrir tu penado esperar. ¡Oh mi señora y mi bien todo! ¿Cuál mujer podía haber nacida que desprivase tu gran merecimiento? ¡Oh interrumpida melodía! ¡Oh gozoso rato! ¡Oh corazón mío! ¿Y cómo no pudiste más tiempo sufrir sin interrumpir tu gozo y cumplir el deseo de entrambos?

MELIBEA.- ¡Oh sabrosa traición! ¡Oh dulce sobresalto! ¿Es mi señor y mi alma? ¿Es él? No lo puedo creer. ¿Dónde estabas, luciente sol? ¿Dónde me tenías tu claridad escondida? ¿Hacía rato que escuchabas? ¿Por qué me dejabas echar palabras sin seso al aire, con mi ronca voz de cisne? Todo se goza este huerto con tu venida. Mira la luna, cuán clara se nos muestra; mira las nubes, cómo huyen; oye la corriente agua de esta fontecica, cuánto más suave murmullo y húmedo lleva por entre las frescas hierbas. Escucha los altos cipreses, cómo se dan paz unos ramos con otros, por intercesión de un templadico viento que los mece. Mira sus quietas sombras cuán oscuras están, y aparejadas para encubrir nuestro deleite. Lucrecia, ¿qué sientes, amiga? ¿Tornaste loca de placer? Déjamelo, no me lo despedaces, no le trabajes sus miembros con tus pesados brazos. Déjame gozar de lo que es mío, no me ocupes mi placer.

CALISTO.- Pues, señora y gloria mía, si mi vida quieres, no cese tu suave canto. No sea de peor condición mi presencia, con que te alegras, que mi ausencia, que te fatiga.

SOSIA.- ¿Así, bellacos, rufianes, veníais a aterrorizar a los que no os temen? Pues yo os juro que si esperáis, que yo os hiciera ir como merecíais.

CALISTO.- Señora, Sosia es aquel que da voces. Déjame ir a verlo, no lo maten; que no está sino un pajecico con él. Dame presto mi capa, que está debajo de ti.

MELIBEA.- ¡Oh triste de mi ventura! No vayas allá sin tus corazas; tórnate a armar.

CALISTO.- Señora, lo que no hace espada y capa y corazón, no lo hacen coraza y capacete y cobardía.

SOSIA.- ¿Aún tornáis? Esperad; quizá venís por lana.

CALISTO.- Déjame, por Dios, señora, que puesta está la escala.

MELIBEA.- ¡Oh, desdichada soy! ¡Y cómo vas, tan recio y con tanta prisa y desarmado, a meterte entre quien no conoces! Lucrecia, ven presto acá, que es ido Calisto a un ruido. Echémosle sus corazas por la pared, que se quedan acá.

TRISTÁN.- Tente, señor, no bajes. Idos son; que no eran sino Traso el cojo y otros bellacos, que pasaban voceando. Que ya se torna Sosia. Tente, tente, señor, con las manos a la escala.

CALISTO.- ¡Oh, válgame Santa María! ¡Muerto soy! ¡Confesión!

****

Resumiendo: un clásico universal que merece la pena leer. Ameno, profundo y muy descriptivo.
Obra maestra.


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Comentarios sobre esta opinión
gaususo

gaususo

26.11.2005 01:09

Lo leí en mi época de instituto y tengo ganas de volverlo a leer, por eso he mirado alguna opinión para intentar recordar. Por lo que pones, parece como si fuesen los romeo y julieta de las letras hispanicas. Saludos

bakerboy

bakerboy

15.09.2005 22:16

La verdad que las obras de teatro son una asignatura pendiente para mi, este libro lo compré durante una larga espera y no lo terminé, a ver si me animo con tu opinión a interpretar un poco, coqueta dama de bella mirada que tiene por costumbre redactar en la medianoche :-P,besos¡

Leptina

Leptina

10.03.2005 18:46

Me lo lei en el insti como la mayoria y la verdad no estuvo mal aunque al principio no em enteraba de nada gracias a ese lenguage despues si que me entere y la verdad es un libro que me dejo poco menos que anonatada valla fnal de los personajes jejejeje.

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