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La Pasión de Cristo - DVD

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La Pasión, según Mel Gibson

5  04.06.2004

Ventajas:
Una visión madura de un hecho histórico

Desventajas:
Es una película religiosa, con lo que eso acarrea

Recomendable: Sí 

Detalles:

Argumento

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luismco56

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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 17 miembros de Ciao

Antes que nada, debo aclarar que cuando terminé de verla, la primera sensación que me dejó es que es una película religiosa (más allá del tema de que el centro de ésta sea el fundador de una nueva religión como Jesús), y que su autor (Mel Gibson) ha querido sumergirnos en su propia visión de la fe en Cristo.

Esta película, por empezar, no tiene ningún enigma: al final, el protagonista muere... y resucita. Lo novedoso es la manera de mezclar cosas de los estudios modernos sobre cómo eran las cosas en esa época (como los látigos que usaban los romanos para azotar a los presos) con otros que los estudios bíblicos actuales dicen que son interpretaciones antiguas y erróneas (María Magdalena prostituta, por ejemplo, que en ninguno de los evangelios dice que lo sea).
Y digo que es una película religiosa, porque en este contexto, Gibson ha notado, como varios lo han hecho ya (estoy hablando de cristianos, sin alusión a ninguna iglesia particular), que a la Pasión de Cristo la ven de una manera superficial, como decir "pobre, le dieron un par de azotes, le clavaron una corona de espinas y lo crucificaron. Pero qué vivo: sabía que iba a resucitar y por eso la soportó tranquilo".
En uno de los mejores comienzos que vi de una película en los últimos tiempos, se muestra la luna en el cielo, con nubes oscureciendo la luz que ella refleja. La cámara luego se interna en medio de un bosque, y vemos a un hombre parado rezando en una lengua muerta (arameo). Es, obviamente, Jesús en el Huerto de Getsemaní...
Sus palabras indican que la angustia ante los acontecimientos futuros lo poseía ("Si puede pasar de mí este cáliz sin que yo lo beba..."), pero que a pesar de todo, la fe en Dios sigue intacta ("... pero que no se haga mi voluntad sino la tuya"). Luego es apresado y maltratado durante horas, hasta que finalmente es condenado a morir, cargado con su propia cruz y crucificado.
La película, sigo diciendo (y es una visión mía), es eminentemente religiosa, y está más dirigida a los creyentes que a los no creyentes. Intenta decir: "Hey, miren que lo que le pasó a Jesús no es moco de pavo. La humillación fue terrible. El dolor fue agobiante".
Podría decir que he visto películas más sangrientas que ésta, pero ese no es el punto: ¿Por qué el aparente regodeo de Gibson ante el sufrimiento del Señor? Bueno… ¡es sangrienta porque esas últimas doce horas de Jesús fueron sangrientas! Porque lo que no quiere Gibson que nos pase con ésta, su película, y tal vez la más personal suya, es que uno deje de pensar en lo que sufrió Jesús, porque, ya lo dije antes, los cristianos queremos saltar rápidamente de la Última Cena al Domingo de Resurrección. Por eso los efectos de los latigazos se muestran en primer plano, y no se recurre a mostrar los efectos de esa tortura mediante otros artilugios.

Dentro de tantas lecturas que pueden hacerse, hay una que no es tan clara (me parece) pero que define todos los acontecimientos posteriores. Desde el momento mismo en que los Sumos Sacerdotes deciden arrestar a Jesús, éste está condenado. Antes del juicio, de las humillaciones, de la crucifixión, Jesús está condenado. Todo el mecanismo se activó para que él muera, y no hay nadie que pueda detenerlo. Todos los complotados se han juramentado que Jesús no debe salir vivo, porque en ello les va su status quo.
Y aquí está uno de los errores históricos que la película hubiera podido salvar (pero no lo hace): la separación real que existía entre los saduceos y los fariseos (tampoco la explicaré aquí). En la película, genéricamente, nombra a todos los judíos que están en el complot como fariseos, pero los que conformaban la orden sacerdotal que custodiaban el Templo de Jerusalén eran los saduceos. La razón de ser de ellos era el Templo. Por eso, cuando fue destruido el mismo allá en el año 36, dejaron de existir. Por eso, ahora, el pueblo de Israel no tiene más sacerdotes. Tiene rabinos, doctores de la Ley, que son descendientes de los fariseos de la época de Jesús, pero no existe más una casta sacerdotal.
Por eso, en los evangelios casi no se nombra a los saduceos, y sí a los fariseos. Como las disputas que tenían los cristianos de la época en que se escribieron los evangelios, eran con los fariseos, era necesario mostrar a Jesús disputando con ellos y marcándoles las fallas en su proceder.

Otro error viene dado por cómo crucifican a Jesús. Tradicionalmente, se ha marcado que Jesús fue crucificado por las palmas de las manos. Hoy se sabe que clavados por allí, las manos no hubieran soportado el peso del cuerpo, las manos se hubieran desgarrado, y los crucificados hubieran caído doblándose sobre sus pies clavados a la cruz. Por eso, hoy se supone que a los condenados se los crucificaba por las muñecas.

Yendo a la película, estrictamente, diría que está muy bien filmada, muy bien ambientada, muy bien actuada, y con buenos efectos (los necesarios: las heridas de Jesús, algún demonio en medio de la noche).
Comienza, como dije antes, con Jesús orando en el Huerto de Getsemaní. Luego llegan los sicarios del Sumo Sacerdote, junto con el traidor Judas Iscariote, perteneciente a los doce apóstoles elegidos por Jesús, y le arrestan. La lucha entre Pedro y los soldados es escenario para que Jesús muestre su humanidad en medio de la inhumanidad en que se desenvolverá su arresto: le cura la oreja a uno de los que viene a llevárselo, herido por la espada del primer papa de la Iglesia.
Luego todo es brutalidad y violencia. Y nos muestran con claridad las distintas facetas que puede mostrar un ser humano: la acomodada, encarnada en Poncio Pilato, que aunque íntimamente sabe que Jesús no es culpable de cosa alguna, no se pone firme en su postura y deja que los sacerdotes judíos (los que armaron el complot) se salgan con la suya, lavándose las manos y diciendo que él no se hace cargo del derramamiento de sangre inocente; la que protege sus propios intereses, aún a costa de la vida de otros, como la de los sacerdotes Anás y Caifás, que reúnen falsa evidencia e instruyen a los suyos para que Jesús no pueda escapar y sea condenado; la de los que sufren sin poder hacer nada por sus seres queridos, como María (la madre de Jesús), María Magdalena o Juan; la del traidor, en la persona de Judas Iscariote; la del arrepentido, como Pedro; la del solidario (a pesar suyo al principio, eso es cierto), como Simón de Cirene; la de los impiadosos y torturadores, como los soldados romanos.
En el camino a la cruz se marca una vez más la brutalidad de los soldados romanos. Frente a los hombres y mujeres que quieren ayudar a Jesús a llevar su cruz, los soldados se cruzan y no dejan que lo hagan, golpeando y maldiciendo a todos ellos.
La crucifixión es también mostrada de manera directa. Aunque uno no ve los clavos entrar en la carne de Jesús, ve la sangre que corre a través de los clavos que atraviesan los maderos.
Mientras todo esto pasa, en determinados momentos, hay “flashbacks” (imágenes fugaces de hechos pasados) en la que los protagonistas (Jesús, María, María Magdalena) recuerdan algún momento vivido con Jesús. Y es en esos pequeños momentos donde se va dando sentido a lo que en ese instante padece Jesús.
La escena final es tal vez la más bella y la más poética de todas: un manto dentro de una cueva, iluminada por la luz de la luna, va como cayendo lentamente al suelo, ordenadamente, como si alguien arreglara el lugar… Y se ve a Jesús levantándose y yéndose, mientras fugazmente se ve los agujeros de los clavos en sus manos… La serenidad en su rostro nos transmite paz, luego de todo lo visto anteriormente…

Quiero detenerme un momento en alguno de los puntos polémicos (no recuerdo todos, no todos me interesan).
El primero es el tema de la violencia. ¿Es gratuita? ¿Es innecesaria? El caso es que, creo, nos hemos acostumbrado a mirar el horror de una manera muy noticiero norteamericano, esto es, si cae una bomba, uno ve las casas destruidas, ve los pozos en las calles, ve el polvo en el aire, pero no ve sangre… La muerte llega violentamente pero no hay sangre…
El caso es que la sangre siempre está, pero queremos negarla, mirar a otro lado, no pensar ni en el dolor ni en el sufrimiento, hablar de "daños colaterales". Esta película nos quiere decir que sí hay dolor y sufrimiento, y que muchas veces ese dolor y ese sufrimiento es horroroso, salvaje… y gratuito… Nada justifica una muerte, nada justifica la tortura ni el asesinato de nadie. Pero este salvajismo es propio del hombre, y aunque hayan pasado miles de años de lo que le pasa a Jesús, nada ha cambiado. ¿Qué son, sino, las atrocidades en Irak, antes y después de la caída de Hussein? ¿Qué la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, hablando de algo que no es tan actual, pero cuyas consecuencias todavía son palpables? Por eso, en el momento que Jesús es azotado, no se subtitula lo que dicen los soldados romanos: las burlas, los ojos sedientos de sangre, son comunes a todos los torturadores que gozan con el dolor y la humillación de sus víctimas.
Y en este punto, Gibson quiere marcarnos la solidaridad hasta la sangre de Jesús, Hijo de Dios hecho hombre (nunca hay que olvidarse de este punto; uno puede o no estar de acuerdo con lo que él cree, pero es desde la fe del director que hay que analizar esta película): Jesús padeció como todos, como los inocentes y no tan inocentes, no por el mero hecho de sufrir, sino de demostrar que aunque a la Verdad intenten enterrarla, mutilarla, degradarla… la Verdad siempre triunfará.

El segundo es el tema del antisemitismo. ¿Habla realmente contra los judíos? Mi visión es que no, más allá de la confusión fariseos-saduceos. Porque se marca claramente que ni todo el pueblo judío quería la muerte de Jesús, ni tampoco en los sacerdotes del Templo había unidad de criterio en este punto. Uno de ellos, hasta trata a los otros de farsantes por el juicio que inventaron, y diciendo que no están reunidos todos (y menos a medianoche) se va, diciendo que todo eso es ilegal.
Hay algo que es cierto, que de tan visible a veces se lo ignora: que Jesús, María, los doce apóstoles, eran judíos, y estaban orgullosos de serlo, ya que cumplían con todas las leyes de Moisés… Por eso también Jesús se encuentra en Jerusalén en tiempo de Pascua, porque era parte de su fe judía que le lleva allí en esa época…
Si hay alguien que la pasan mal en esta visión, son los romanos, porque ellos son los que tienen el poder de mandar crucificar, ellos los que se burlan, torturan y crucifican a Jesús…
Más bien, muestra que todos, de una manera u otra, somos culpables de la muerte de Jesús. Ya sea por las palabras que hemos dicho (los que dan falso testimonio contra Jesús), por las cosas que hemos hecho (los sacerdotes que urden la intriga contra Jesús, Judas Iscariote que lo vende por 30 monedas), por las cosas que hemos omitido hacer (Poncio Pilato, que al ver a los sacerdotes comprometidos en crucificar a Jesús, no quiere fallar en favor de él)… En todo esta trama hay judíos, romanos, creyentes, no creyentes, ateos, paganos… Toda la humanidad, en su egoísmo más recalcitrante…
Y una última cuestión semántica, que a veces no se tiene en cuenta: los árabes también son un pueblo semita… Digo, porque suele decirse que los árabes son antisemitas, en lugar de decir anti-judíos o anti-israelíes. Pero esto es una digresión que no viene al caso.

Las actuaciones son impecables. James Caviezel como Jesús, lo hace creíble, humano, cercano. Maia Morgenstern, como María, la madre de Jesús, da el tinte exacto para encarnar a una mujer que ve como su hijo va siendo torturado, cada vez más deteriorado físicamente. Mónica Bellucci es buena actriz, y lo demuestra encarnando a una María Magdalena al borde de las lágrimas al ver el sufrimiento de su Maestro, marcando una tensión interesante entre el llanto y la fortaleza inherente a su persona. Toni Bertorelli como Anás y Mattia Sbragia como Caifás le dan el toque justo de cinismo y maldad maquiavélica a sus personajes. Hristo Shopov le da a su Poncio Pilato la actitud dubitativa que el dubitativo prefecto (no procurador, como a veces suele llamásele) requería. Rosalinda Celentano como Satanás, un demonio que se pasa tentando a Jesúis en sus momentos más críticos, diciéndole que un hombre solo no podrá liberar a la humanidad de su pecado, también cumple muy bien con su papel. Las demás actuaciones también están a tono, contribuyendo a hacer una buena película desde el punto de vista interpretativo.

Resumiendo, insisto en que es una película religiosa. La búsqueda de Gibson es la de todo creyente sincero que, ante una crisis personal y un encuentro con una realidad más profunda de la fe, se convierte más, y busca compartir esta “revelación” personal con los demás.
Las controversias que se han generado creo que no corresponden a la película. Creo que hay gente que quiere ver lo que quiere ver (todos nosotros) y según desde qué angulo estemos mirando, estaremos más o menos de acuerdo con tal o cual postura.
Creo que Gibson ha dejado una gran película, entre todas las que se hicieron de Jesús. No apostó por un camino fácil, porque el tema no es fácil.
Pero en el camino nos ha hecho un regalo a todos, aunque no sea para todos. Tiene sus errores históricos, y un dejo de fanatismo, pero intenta mostrar algo que otros esquivan ver, tal vez por comodidad, tal vez porque ya han visto suficiente horror. Pero no intentemos decir que con esto se intenta manchar a Jesús (como leí en un diario de Argentina) ni que se intenta ir contra una imagen “pura” de Cristo… Jesús no es el hombre de la estampita, ni el héroe particular de mi propia devoción (que muchas veces tiene más de pagana que de cristiana). Jesús se sacrificó en serio, Jesús padeció en serio, Jesús estuvo solo en serio…
Todo lo demás son los amaneramientos en que hemos envuelto el mensaje de Cristo, que nos hace quedarnos cómodamente en nuestras casas en lugar de luchar efectivamente contra las injusticias y miserias cotidianas que vemos todos los días.

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Octubre2007

Octubre2007

25.09.2009 23:47

Vaya...impecable es tu opinión, con la que no estoy segura de estar de acuerdo, ya que no me he atrevido a ver esta película. No soporto a Mel Gibson, no puedo con él y el saber que ésta es su visión de Cristo me da lo mismo. En algún momento quizá me anime a verla, aunque tengo entendido que es de una brutalidad extrema. Aunque sólo sea por comprobar mi punto de vista sobre la película, trataréde vencer mis prejuicios y verla. Entonces, seguramente volveré por aquí. Saludos

Pruinha

Pruinha

06.02.2009 17:16

a pesar de todo,tengo ganas de verla.un saludo

Raqueleta

Raqueleta

11.05.2005 17:46

No he visto la peli. De pelis de la pasión hay muchas y he visto unas cuantas y no me parece que ésta pueda aportar nada nuevo. El sufrimiento y la humillación creo que ya se reflejan en otras películas sin necesidad de recurrir a tanta violencia explícita. Puede que la acabe viendo, pero de momento no me atrae demasiado... Me quedo con "Jesucristo Superstar", la verdad. Para mí esa peli tiene una magia especial a la vez que sabe contar la misma historia... Que por cierto, la veíamos una vez un grupo de gente y detrás nuestro hablaban, una amiga mía se quejaba y le dije que no se preocupara, que si se perdía yo le contaba el final, que el prota moría. Que hartón de reír se dieron todos. Es que me has hecho pensar con lo que dices al principio de tu opinión...

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