La caverna - José Saramago

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Y DIOS CREÓ AL HOMBRE...

5  24.08.2002

Ventajas:
Te hace pensar y reflexionar .

Desventajas:
¿Hacia dónde nos encaminamos?

Recomendable: Sí 

Detalles:

Argumento

Personajes

Gancho

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jfcm

Sobre mí: Sólo el que persevera encuentra una mañana mejor. <<< http://ptcspain.ucoz.es >>> ...

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<<LA CAVERNA>> es el libro que completa la trilogía de Saramago dedicada a contar el mundo en general, y la sociedad occidental en particular, a través de grandes novelas que muestran en modo metafórico la visión del autor del mundo actual y el modo de vivir de nuestro tiempo ("Ensayo sobre la ceguera" y "Todos los nombres" compondrían los otros 2 vértices de este triángulo maravilloso).

Este libro nos cuenta la historia de una pequeña alfarería que ve como su destino está ligado a los designios del todopoderoso y gigantesco centro comercial de la ciudad. Al igual que algunas especies de animales o vegetales hay oficios y profesiones que se extinguen, idiomas que mueren, minorías que desaparecen, tradiciones que no perduran, ...este mundo moderno engulle todo aquello que no le es necesario. La caverna cuenta muchas más cosas de lo que aparenta; detrás de una historia cotidiana podemos encontrar múltiples lecturas.

Voy a escribiros un precioso fragmento del libro en el que José Saramago nos cuenta una leyenda india, espero que os guste:

"Que muchos de los mitos antropogenéticos no prescindieron del barro en la creación material del hombre es un hecho ya mencionado aquí y al alcance de cualquier persona medianamente interesada en almanaques lo-sé-todo y enciclopedias casi-todo. No es éste por regla general, el caso de los creyentes de las diferentes religiones, ya que se sirven de la vías orgánicas de la iglesia de la que forman parte par recibir e incorporar es ay otras muchs informaciones de igual o similar importancia. No obstante, hay un caso, un caso por lo menos, en que el barro necesitó ir al horno para que la obra fuese considerada acabada. Y eso después de varias tentativas. Este singular creador al que nos estamos refiriendo y cuyo nombre olvidamos ignoraría probablemente, o no tendría suficiente confianza en la eficacia taumatúrgica del soplo en la nariz al que otro creador recurrió antes o recurriría después, como en nuestros días hizo también Cipriano Algor (este es el nombre del alfarero protagonista de la historia), aunque sin más intención que la modestísima de limpiar de cenizas la cara de la enfermera (cuando el centro comercial deja de comprarles cuencos y demás utensilios fabricados en la alfarería, Cipriano y su hija presentan un proyecto al centro comercial en el que proponen fabricar figuras que simulan distintos personajes, la enfermera es uno de los 6 modelos). Volviendo pues, al tal creador que necesitó llevar el hombre al horno, el episodio pasó de la manera que vamos a explicar, de donde se verá que las frustradas tentativas a que nos referimos resultaron del insuficiente conocimiento que el dicho creador tenía de las temperaturas de la cocción. Comenzó por hacer con barro una figura humana, de hombre o de mujer es pormenor sin importancia, la metió en el horno y atizó la lumbre suficiente. Pasado el tiempo que le pareció cierto, la sacó de allí, y, Dios mío, se le cayó el alma a los pies. La figura había salido negra retinta, nada parecida a la idea que tenía de lo que debería ser su hombre. Sin embargo, tal vez porque todavía estaba en comienzo de actividad, no tuvo valor para destruir el fallido producto de su inexperiencia. Le dio vida, se supone que con un coscorrón en la cabeza, y lo mandó por ahí. Volvió a modelar otra figura, la metió en el horno, pero esta vez tubo la preocupación de cautelarse con la lumbre. Lo consiguió, sí, pero demasiado, pues la figura apareció blanca como la más blanca de todas las cosas blancas. Aún no era lo que él quería. Con todo, pese al nuevo fallo, no perdió la paciencia, debe de haber pensado, indulgente, Pobrecillo, la culpa no es suya, en fin, dio también vida a éste y lo echó a andar. En el mundo había ya por tanto un negro y un blanco, pero el desgarbado creador todavía no había logrado la criatura que soñara. Se puso una vez más manos a la obra, otra figura humana ocupó lugar en el horno, el problema, incluso no existiendo todavía el pirómetro, debía ser fácil de solucionar a partir de aquí, es decir, el secreto era no calentar el horno ni de más ni de menos, ni tanto ni tan poco, y, por esta regla de tres, ahora será la buena. No lo fue. Es cierto que la nueva figura no salió negra, es cierto que no salió blanca, pero, oh cielos, salió amarilla. Otro cualquiera tal vez hubiese desistido, habría despachado aprisa un diluvio para acabar con el negro y el blanco, habría partido el cuello al amarillo, lo que se podría considerar como la conclusión lógica del pensamiento que se le pasó por la mente en forma de pregunta, Si yo mismo no sé hacer un hombre capaz, cómo podré mañana pedirle cuenta de sus errores. Durante unos cuantos días nuestro improvisado alfarero no tuvo coraje para entrar en la alfarería, pero después, como se suele decir, le acometió de nuevo el bicho de la creación y al cabo de algunas horas la cuarta figura estaba modelada y pronta para ir al horno. En el supuesto de que entonces hubiese por encima de ese creador otro creador, es muy probable que el del menor al mayor se hubiese elevado algo así como un ruego, una oración, una súplica, cualquier cosa del género, No me dejes quedar mal. En fin, con las manos ansiosas introdujo la figura de barro en el horno, después escogió con meticulosidad y pesó la cantidad de leña que le parecía conveniente, eliminó la verde y la demasiado seca, retiró una que ardía mal y sin gracia, añadió otra que daba una llama alegre, calculó con la aproximación posible el tiempo y la intensidad del calor, y, repitiendo la imploración, No me dejes quedar mal, acercó un fósforo al combustible. Nosotros humanos de ahora, que hemos pasado por tantas situaciones de ansiedad, un examen difícil, una novia que faltó al encuentro, un hijo que se hizo esperar, un empleo que nos fue negado, podemos imaginar lo que este creador habría sufrido mientras aguardaba el resultado de su cuarta tentativa, los sudores que probablemente sólo la proximidad del horno impedían que fuesen helados, las uñas roídas hasta la raíz, cada minuto que iba pasando se llevaba consigo diez años de la existencia, por primera vez en la historia de las diversas creaciones del universo mundo conoció el propio creador los tormentos que nos aguardan en la vida eterna, por ser eterna, no por ser vida. Pero valió la pena. Cuando nuestro creador abrió la puerta del horno y vio lo que se encontraba dentro, cayó de rodillas extasiado. Este hombre ya no era ni negro, ni blanco, ni amarillo, era, sí, rojo, rojo como son rojos la aurora y el poniente, rojo como la ígnea lava de los volcanes, rojo como el fuego que lo había hecho rojo, rojo como la misma sangre que ya le estaba corriendo por las venas, porque a esta humana figura, por ser la deseada, no fue necesario darle un coscorrón, bastó con haberle dicho, Ven, y ella por su propio pie salió del horno. Quien desconozca lo que pasó en las posteriores edades dirá que, pese a tal acopio de yerros y ansiedades, o, por la virtud instructiva y educativa de la experimentación, gracias a ellos, la historia acabó teniendo un final feliz. Como en todas las cosas de este mundo, y seguramente de todos los otros, el juicio dependerá del punto de vista del observador. Aquellos a quienes el creador rechazó, aquellos a quienes, aunque con benevolencia de agradecer, apartó de sí, o sea, los de piel negra, blanca y amarilla, prosperaron en número, se multiplicaron, cubren, por decirlo así, todo el orbe terráqueo, mientras que los de piel roja, esos por quienes se había esforzado tanto y por quienes sufriera un mar de penas y angustias, son, en estos días de hoy, las evidencias impotentes de cómo un triunfo puede llegar a transformarse, pasado el tiempo, en el preludio engañador de una derrota. La cuarta y última tentativa del primer creador de hombres que introdujo sus criaturas en el horno, esa que aparentemente le trajo la victoria definitiva, llegó a ser, al final, la del definitivo descalabro. Cipriano Algor, también lector asiduo de almanaques y enciclopedias lo-sé-todo o casi-todo, había leído esta historia cuando todavía era un muchacho y habiendo olvidado tantas cosas en la vida, de ésta no se olvidó, vaya usted a saber por qué. Era una leyenda india, de los llamados pieles rojas, para ser más exactos, con la cual los remotos creadores del mito pretenderían probar la superioridad de su raza sobre cualesquiera otras, incluyendo aquella de cuya efectiva existencia no tenían entonces noticia. Sobre este último punto, anticípese la objeción, sería vano e inútil el argumento de que, puesto que no tenían conocimiento de otras razas tampoco las podrían imaginar blancas, o negras, o amarillas, o tornasoladas. Puro engaño. Quien así argumentase sólo demostraría ignorar que estamos lidiando aquí con un pueblo de alfareros, de cazadores también, para quienes el penoso trabajo de transformar el barro en una vasija o en un ídolo había enseñado que dentro de un horno todas las cosas pueden suceder, tanto el desastre como la gloria, tanto la perfección como la miseria, tanto lo sublime como lo grotesco. Cuántas y cuántas veces, durante cuántas generaciones habrían tenido que retirar del horno piezas torcidas, rajadas, convertidas en carbón, faltas o medio crudas, todas inservibles.”

Podría seguir y seguir escribiendo, pero lo mejor es leer cada uno el libro y extraer sus propias conclusiones, además ya me están entrando unos calambres en los dedos que no me gustan ni un pelo. Salu2. ;)

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ANACRIS

ANACRIS

15.03.2003 16:00

HOLA!Es un libro que quiero leer, pero en un periodo que tenga tiempo para poderle sacar jugo. BSOTS

bertuchi

bertuchi

10.09.2002 21:52

Nunca he leido a Saramago, pero me lo habian recomendado, y después de leer el fragmento me apetece bastante, asi que lo pediré en C.L y ya te contaré. Saludos, Berta.

PeNeLa

PeNeLa

30.08.2002 00:01

Ains vaya kk de ordenador que tengo, se keda colgado en medio del comentario, grgrgr, la leyenda está muy bien, pero yo esperaba ke a la tercera fuese la vencida xDDDDD, por lo demás yo creo que tiene varios mensajes, la continuidad de no perder la esperanza... las razas... lo que menos me agrada es el lenguaje, podía utilizar uno mucho más simple y más apto para todo tipo de lectores, pero bueno, Saramago se lo pierde :P, saludos!

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