Un nuevo clásico nacido con más de 100 años
30.08.2005
Ventajas:
Una adaptación esencialmente fiel con una dirección y puesta en escena casi perfectas . Además de ser una película que se sale del tópico del género . Es una película con sabor a clásico
Desventajas:
Sin lugar a dudas que Tom Cruise sea tan egocéntrico y que, al tratarse de una adaptación esencialmente fiel, su esquema hará que si uno no disfrutó con el relato, la película le parecerá una patochada
Recomendable:
Sí
Detalles:
Argumento
Personajes
Calidad de dirección
Banda sonora
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 KarlGauss
Sobre mí:
usuario desde:26.02.2001
Opiniones:110
Confianza conseguida:85
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 36 miembros de Ciao
Es Verano y eso quiere decir, entre otras cosas, que tenemos en nuestras carteleras una nueva hornada del denominado, debido a su trascendencia, cine de palomitas. Subgénero que nos trae tanto la última de súper-héroes de la Marvel como inexplicables experimentos cinematográficos revisionistas a lo "Herbie". En esa segunda categoría (la de los experimentos) podría situarse "La Guerra de los Mundos" atendiendo a su propia naturaleza y a la existencia del clásico de 1953 del productor George Pal; situándose así tras la estela de célebres y novísimas revisiones de la Ci-Fi como "El Planeta de los Simios" o "La Máquina del Tiempo". 1. Un poco de historia En 1897 Herbert George Wells publicó un relato llamado "La Guerra de los Mundos" que trataba de cómo los marcianos llegaban a una pequeña población inglesa cercana a Londres y aniquilaban media Inglaterra. El relato (que en ninguna edición seria que se realice debería llegar a las 100 páginas, pese a que la nueva edición de bolsillo que, por curiosidad, el otro día ojee en una tienda tenía el doble de esta cota superior) estaba relatado en primera persona y sin dar el nombre del protagonista (algo muy típico en sus novelas) por un superviviente de aquella guerra. El relato se convirtió bien pronto en un clásico lo que llevó a Hollywood a comprar los derechos de la novela en 1925 por medio de Cecil B. DeMille (y además de plantearse él mismo hacer la adaptación cinematográfica llegó a ofrecer, sobre principios de los años 30 del pasado siglo, a Alfred Hitchcock tal tarea)
Fue en 1938, y en Halloween para más señas, cuando un joven Orson Welles realizó una versión radiofónica del clásico de Wells en su programa semanal. Lo que ocurrió es algo conocido por todos y que, pese a que es un hecho cierto y documentado, yo nunca me lo he llegado a creer del todo: en EEUU hubo auténticas riadas de gente que creyeron que lo que oían por la radio estaba ocurriendo, llegándose a cotas absurdas de pánico y éxodos de sus ciudades.
Desde entonces los productores de la RKO persiguieron a Welles para que realizara una versión cinematográfica de "La Guerra de los Mundos" y éste lo rechazó siempre. Así se llegó hasta 1953 cuando George Pal produjo la película que dirigió Byron Haskin. La película fue un éxito y pese a no ser una adaptación rigurosa (y, añado, excesivamente patriótica) gustó tanto a la fundación H.G. Wells que Pal pudo hacer posteriormente "La Máquina del Tiempo". Durante la década de los 70 el productor Irwin Allen se hizo con la batuta del cine de desastres ("La Aventura del Poseidón" de 1972 o la taquillera "El Coloso en Llamas" de 1974), el género más exitoso durante esta época pre-"Star Wars". A las obras de Allen siguieron "Aeropuerto" (y todas sus secuelas), "Terremoto" (ambas de 1975) y un sinfín de películas que explotaban la lucha del ser humano (generalmente representados por un grupo de personajes estándar: héroe aguerrido, bellas damas, matrimonios con niño coñazo, mujer embarazada, científico, etc.) por controlar situaciones límite.
Hasta finales de la década de los ochenta, cuando el cine de catástrofes estaba terriblemente desprestigiado, no se retomó "La Guerra de los Mundos" pero, en esta ocasión, fue a modo de teleserie. El éxito de "Parque Jurásico" en 1993 enseñó a Hollywood que la mezcla de Ci-Fi y catástrofes podía ser exprimida de nuevo, pese a que la formula que fracasó estrepitosamente con "Twister". Así apareció en 1996 Roland Emmerich (tras "Stargate") y aunque no realizó explícitamente una adaptación de la obra de H.G. Wells sí que bebió de ella (y muchísimo) para filmar su más que horrorosa "Independence Day". Esta cinta. que inexplicablemente obtuvo bastantes buenas críticas, resucitó el esquema obsoleto de los personajes a lo Irwin Allen (presi molón, científico, padre-alivio cómico- del científico, perro, piloto aguerrido, mujer de piloto aguerrido separada de su esposo por el cataclismo…) y, lo que viene a ser casi peor que la cinta misma, hizo que Emmerich se consolidara en Hollywood. De Emmerich salieron la incluso peor "Godzilla" (1998) y la plana y simple (aunque con algo más de calidad que las anteriormente nombradas, tampoco es decir mucho) "El Día de Mañana" (2004).
El interés de Steven Spielberg por el relato de Wells vino a raíz de su justificada admiración de los grandes directores de cine, hecho que le llevó a comprar en una subasta una de las grabaciones originales de la adaptación radiofónica de Welles, la cual, a su vez, le llevó a proponerse llevar a cabo una película sobre el tema. Pero su proyecto se paralizó tras el estreno de "Independence Day", hasta que tras filmar en 2002 con Tom Cruise "Minority Report" ambos decidieron embarcarse en la adaptación de "La Guerra de los Mundos" 2. Del relato al guión David Koepp, quien ya trabajara con Spielberg en "Parque Jurásico" y secuela; y Josh Friedman han sido los elegidos a la hora de adaptar el relato de Wells a la gran pantalla por segunda vez. La historia de Koepp y Friedman se centra en Ray Ferrier (Tom Cruise), ex-marido de Mary Ann (Miranda Otto). Ambos tienen dos hijos en común: la pequeña Rachel (Dakota Fanning) y el adolescente Robbie (Justin Chatwin); con los que Ray tiene un mínimo contacto. Los acontecimientos que precipitarán la lucha de la humanidad contra una desconocida invasión extraterrestre tienen lugar justo en los días en los que Mary Ann deja a los niños con Ray para irse a Boston a ver a sus padres con su nuevo marido (de la que además está embarazada). Lo que sigue a la película es el éxodo de Ray y sus hijos (así como del resto de la humanidad) hacia ninguna parte mientras son perseguidos y aniquilados por una especie tecnológicamente superior.
Podríamos decir que estamos ante una adaptación "esencialmente fiel", es decir, la esencia de la novela de Wells está plasmada perfectamente en la película pero, en cambio, no es una traducción literal del escrito. No es, por tanto, una adaptación como las películas de "Harry Potter", "El Silencio de los Corderos" o (en menor medida) "El Señor de los Anillos" pero tampoco llega a ser una adaptación libre como (la pésima) "La Maquina del Tiempo" del 2002. De hecho Spielberg abre la película con la voz en off de Morgan Freeman leyendo el primer párrafo del relato de Wells (en esencia, de nuevo, por ejemplo "el final del siglo XIX" ha pasado a ser siglo "los comienzos del siglo XXI", así mismo, se han acortado los párrafos para terminar con aquél "[…] observaban la Tierra con ojos envidiosos mientras formaban con lentitud los planes contra nuestra raza."). Esta "adaptación en esencia" ha sido en parte provocada para crear una trama que actualmente no resulte científicamente incorrecta pues, ya saben que la ciencia ficción de ayer son los errores científicos de mañana. Así Koepp y Friedman se han visto obligados a obviar la procedencia de los extraterrestres, mientras que Wells, desde la primera página, hablaba de una invasión desde el vecino Marte. A esto se le suma la idea de Koepp de incluir una tormenta electromagnética que incapacita los aparatos eléctricos llegándose así a crear un ambiente sin tecnología eléctrica, algo innecesario en el relato de Wells.
Además el lector del relato de la obra de Wells recordará, sin duda, como al principio los habitantes de Horsell iban a ver la caída del primer cilindro (los marcianos llegaban en tubos o balas disparadas desde Marte) con suma tranquilidad. Tranquilidad que sólo fue mermada cuando, desde pozo en el que el cilindro cayó, los marcianos (descritos ya con bastante detalle en este cuarto capítulo) abrían fuego con su rayo calórico a los espectadores. Pese a asistir a tan grotesco espectáculo y ser uno de los pocos supervivientes, el protagonista vuelve a su casa en donde pasa la noche tranquilamente, algo preocupado eso sí, pero sin huir de la ciudad, ni darle excesiva importancia a lo ocurrido. Desde aquí (y durante casi toda la primera parte del relato) Wells parece un miembro de los Monthy Python al plasmar la flema inglesa con comentarios sobre la vulgaridad de los marcianos o que el protagonista (en mitad del éxodo de Horsell) vuelva a la ciudad para devolver el carro que había alquilado (en concreto muchas de esas escenas podrían salir perfectamente en "El Sentido de la Vida" y, específicamente, en la parte en la que hablan del Glorioso Ejército de su Majestad Británica). Escenas que, de incluirse ahora en una película, la convertirían en una comedia y que, sin duda, Wells no pretendió que fuesen tomadas así.
Estos detalles no están tratados en la película (entre otras cosas porque si bien es conocida la flema británica más lo es aun la histeria norteamericana. Cuestión de tópicos) pero, en cambio, casi todas las escenas del relato de H.G. Wells tienen su paralelismo en la película con el lavado de cara necesario para cuadrar lo relatado en el siglo XIX con la época actual. Algunos ejemplos son la escena del sótano, la del ferry o, pequeños detalles en el primer ataque de los alienígenas (tanto la destrucción de la cúpula de la iglesia como la curiosidad del protagonista que pese a ver que algo malo va a pasar insiste en acercarse más y más al agujero). Obviamente ser fiel a la obra (y más si esto se hace desde la propia esencia del relato) conlleva algún detalle criticable para el espectador no familiarizado con el relato original; aunque los que crecimos leyendo al mago Wells, aceptamos (y diría mucho más: exigimos que así sea) que se deba terminar como la obra original pese a quien pese.
3. Los personajes y los actores Si nos ciñésemos al tópico del género (vean, si es que son capaces de soportarla, "Independence Day" o, en su versión paródica "Mars Attacks!", que les será infinitamente más grata) en esta película debería existir uno de esos "repartos corales" o, en otras palabras, debería de haber un buen montón de actores que se reparten los papeles de héroes, presidentes, asesores del presidente, científicos y bellas mujeres. Si nos ciñésemos a que esto es una película del megalomaníaco Tom Cruise sólo aparecería él. El equilibrio entre estos dos detalles lo ponen Wells y Spielberg. -Ray Ferrier (Tom Cruise): empezamos por él porque es el protagonista. Este personaje (tanto Ray como el propio Tom, que cada vez es más un personaje) se puede definir dando una palada de cal y otra de arena ya que, por un lado, ese exceso de ego en Cruise lleva a Ray a succionar la cámara mientras que se puede decir que el personaje de Ray es tan simple como interesante. Como he dejado caer antes, Ray no es un héroe sino un déspota y un egoísta, tan solo tiene un acto de heroísmo (aunque a la desesperada) hacia el final de la película. Es el clásico separado que parece más preocupado en odiar al nuevo marido de su ex-mujer que en tratar bien a sus hijos. Por tanto estamos ante un personaje simple pero que, por el mero hecho de ser un atípico personaje y anti-héroe de una película de estas características, se convierte en una ventaja. Desgraciadamente Cruise es el que interpreta a Ray y esto hace que la ventaja del personaje se contrarreste con su ansia roba-planos. No me malinterpreten: de hecho Cruise es lo peor de la película pero gracias a Spielberg (y su director de fotografía Janusz Kaminski) muchos de esos planos robados son, aun así, magníficos.
-Rachel (Dakota Fanning): la joven actriz del momento ("Man on Fire" o "El Escondite") interpreta (más que decentemente) a la hija de Ray. Su personaje tiene claustrofobia (un recurso bastante facilón para justificar el agobio de la pequeña). Visto retrospectivamente ella es el punto de referencia de la película (como ya pasara con "E.T." en la que la historia está contada desde la visión de los 3 niños protagonistas) en especial según avanza la película y Spielberg deja la visión general del ataque para adentrase en lo concreto de éste (por ejemplo en el sótano son sus ojos los que narran la escena por lo que donde ella no entra el espectador tampoco). Pese a lo dicho me atrevo a decir que no es un lastre en la película sino todo lo contrario. -Robbie (Justin Chatwin): este desconocido interpreta al hijo adolescente de Ray de manera convincente. Robbie es el contrapunto a Ray y por tanto él es atento con su hermana y cree que se debería plantar cara a los extraterrestres y no limitarse a huir (afortunadamente la escena que nos descubre este hecho no está relatada con la grandilocuencia que suele caracterizar a estas escenas en el género sino más bien como un hecho inevitable o un mal menor). En esencia viene a ser el equivalente al hermano del protagonista en el relato original.
-Harlan Ogilvy (Tim Robbins): el personaje de Robbins es la fusión de dos personajes de la novela: el artillero que el protagonista encuentra en dos ocasiones (aunque Robbins toma de la segunda aparición en la que el artillero estaba, visiblemente, afectado) y del enervante cura que acompaña al protagonista (además, el apellido Ogilvy está tomado de un amigo del protagonista que muere al principio). Ogilvy entra en escena durante todo el acoso al sótano, en donde la interpretación de Robbins se hace con la escena. Es el mejor personaje (y el mejor actor, dicho sea de paso). En resumen, se podría decir que lo peor de todo es Cruise no por que actúe mal (Spielberg es capaz de sacar grandes interpretaciones hasta de Tom Hanks y Leonardo DiCaprio) sino por su constante deseo de aparecer en pantalla; detalle que ya es un clásico en su filmografía (como en la de Mel Gibson, por ejemplo). No sé si es porque el tema de esta película me es más atractivo, si es por la calidad de la cinta o si es porque Spielberg sabe llevar a un actor por el camino que debe pero, por ejemplo, en "El Último Samurai" o "M:I 2" Cruise me fue infinitamente más pesado.
Como curiosidad Gene Barry y Ann Robinson, los que fueran los protagonistas de la versión de 1953 de "La Guerra de los Mundos" hacen de los abuelos. 4. De lo general a lo concreto Steven Spielberg no ha sido nunca un director dado a la adaptación fiel de novelas, como se demuestra en "Parque Jurásico", "El Mundo Perdido", "Minority Report", "Tiburón", "A.I." o, incluso, "Hook" (en la que pasó de querer adaptar la obra de J.M. Barrie a plantearse qué pasaría si Peter Pan creciese). Quizá "Parque Jurásico" sea la que más se ajusta a la médula espinal de la obra de Crichton pero, por ejemplo, tras leer el relato "Minority Report" de Philip K. Dick, pese a que sigo pensando que la película de Spielberg es excelente, uno se pregunta qué hubiese pasado si el director se hubiese ceñido más al relato (la respuesta es desconcertante: la película hubiese sido totalmente distinta).
Con "La Guerra de los Mundos" Steven demuestra su respeto a Wells pese a que se notan sus retoques propios al guión de la cinta. Pasando por la situación civil de Ray y su más que despreocupación por sus hijos, al propio añadido de los dos niños (bueno, un adolescente y una niña) vemos dos ingredientes clásicos en la filmografía del director americano: la familia desarraigada con padres separados y la perspectiva de los niños. Pues, como comentaba al hablar del personaje de Rachel, Spielberg hace que sus ojos guíen al espectador dando a la cinta un estilo mucho más cruel de lo que cabría esperar. Con Rachel Spielberg nos muestra el río cubierto de cadáveres y con Rachel nos muestra o, mejor dicho, no nos muestra lo que ocurre tras la puerta del sótano.
Quizá lo más destacable de la cinta en cuanto a la vinculación del guión y las imágenes es como en contra de lo esperable, en contra del tópico, Spielberg realiza una película no dada a los excesos. La apertura de la película es una pequeña muestra de lo que Spielberg se plantea con "La Guerra de los Mundos". Con la voz en off de Morgan Freeman, las imágenes pasan de los organismos unicelulares, al espacio, de la tierra a una gota de agua y así, aunque la película pronto echa mano del gran desastre con la huida de la ciudad mientras un puente es destruido, pasa igualmente veloz a mostrar sólo los escombros de un avión estrellado (en vez de mostrar el accidente en sí). De lo concreto, a lo general y vuelta a empezar. Aunque, como de hecho debe de ser debido a la naturaleza del relato, siempre es lo concreto lo que más tiempo requiere y lo que, en esencia, se impone. No hay destrucción de grandes ciudades (que se vea, claro), no hay monumentos cayendo o combates entre humanos y extraterrestres. No hay nada de esos ingredientes que Emmerich utilizó en sus películas de catástrofes. En vez de mostrar una batalla entre los soldados y las máquinas, Spielberg prefiere mostrarnos sólo una colina que tapa toda la acción de la que sólo vemos luces y oímos el ruido.
Esto no quita que alguna de las mejores escenas sean aquellas destinadas a "lo grande" como pueden ser la aparición del primer trípode el ataque en el ferry o la escena en la que las hordas de ciudadanos intentan apoderarse del coche de Ray. Escenas donde el mago de la acción consigue que el espectador no parpadee. Concretamente esta escena del coche tiene un desenlace tremendamente cruel en el que, de nuevo, Spielberg prefiere primero insinuarle al espectador lo que va a pasar y luego mostrárselo no en primera persona sino según la familia protagonista lo ve tras el cristal de un café. En contra de lo previsible en la película que se presentó como la que tenía el mayor presupuesto aprobado por una productora (unos 135 millones de dólares… Aun así la mitad de lo que acabo constando "Titanic"), "La Guerra de los Mundos" no es una orgía catastrófica, como nos acostumbran los grandes estudios en sus estrenos veraniegos.
4. Técnica y artísticamente impecable Es habitual que Spielberg, trabaje siempre con el mismo equipo. Empezando por el montador Michael Kahn que aunque no siempre luce igual si no es bajo la sombra de Spielberg (algunos trabajos suyos fuera de la dirección del director son "Speed", "Tomb Raider 2" o "Una Serie de Catastróficas Desdichas" por citar unos ejemplos dispares en cuanto a calidad) con el director da lo mejor de sí. Janusz Kaminski vuelve a ser el director de fotografía con un trabajo impecable que regala, ante todo, unas imágenes tremendamente ricas y estéticas con ese estilo a lo Kubrick que gasta el polaco. Lo más destacable de su labor es la ambientación que consigue plasmar con sus juegos de luces y sombras.
Cómo no, John Williams, vuelve a firmar la partitura de la Bso de la película. Williams en esta ocasión opta por una música esencialmente funcional basado en un majestuoso uso de las cuerdas y la percusión para, si bien no crear melodías fácilmente reconocibles (es un trabajo que roza el dodecafonismo, consiguiendo así alejarse, de nuevo, de la música tópica de este tipo de producciones), pintar las imágenes con una ambientación perfecta. Al margen de esta funcionalidad reconozco que cada vez aprecio más esta música al margen de las imágenes de la película. Destaco especialmente como Spielberg deja a Williams la importante tarea de plasmar el epílogo del relato de Wells y obviamente, sólo con música. El final de los títulos de crédito nos regala un tema que refleja perfectamente la inseguridad y tensión post-ataque.
Además merece la pena destacar (y muy positivamente) el diseño de los trípodes, alienígenas y demás ya que captan perfectamente lo descrito por Wells (los trípodes siguen el diseño incluyendo las cestas o el modo de alimentación); así como un diseño artístico que se empapa del estilo retro y orgánico necesario en una adaptación de este tipo. Capítulo a parte a los geniales efectos digitales de la ILM encabezados por Dennis Muren (que llevaba algún tiempo sin trabajar en ninguna película) y que consiguen que pese a llenar la pantalla de efectos en ningún momento se note. 5. Ser o no ser Cuando supe de la intención de Steven Spielberg de realizar esta cinta sufrí cierto escalofrío debido, sobretodo, a "El Planeta de los Simios" de Tim Burton. Si Burton (que es otro genio del cine) no supo tratar como se merecía la obra de Franklin J. Schaffner (aunque, recordemos, antes existió también una novela) Spielberg con aquellos antecedentes de adaptaciones (insito en que todas las películas que comenté antes me parecen geniales, salvo la excesivamente infantil aunque aceptable "Hook"; colándose incluso alguna Obra Maestra) no adaptaría con la fidelidad que merecía el clásico de H.G. Wells.
Y es aquí donde retomo un punto que he dejado en el aire: ¿Es necesario adaptar fielmente una obra? ¿Es el relato "La Guerra de los Mundos" suficientemente interesante actualmente? A la primera pregunta debo contestar no, ya que una adaptación libre puede ser perfectamente genial ("Minority Report", "Hannibal" o "El Talento de Mr. Ripley" así lo justifican) pero es cierto que ante relatos clásicos siempre he creído que la fidelidad debe ser mayor. Esto responde exclusivamente a un criterio personal pues al haber crecido leyendo a Wells siempre he deseado ver una adaptación que supiera captar la esencia de su obra. Al igual que cuando hablé de "La venganza de los Sith" decía que el hecho de haber crecido viendo las películas de la antigua trilogía había hecho que éstas se convirtiesen en clásicos incuestionables (lo que, a la larga, llevaba a que el espectador no pudiera valorar esas películas de un modo objetivo), al leer una obra clásica su estructura lleva al lector a aceptar sus defectos como parte indivisible de la misma. No es que sea fundamental ser fiel al clásico, es cierto, pero no me negarán que si uno va a ver una película titulada "La Guerra de los Mundos" lo suyo es que adapte ese relato, de manera que el espectador sabrá si le merece la pena ver esa película o no. Es decir, es también una cuestión de cortesía hacia el espectador o, si lo prefieren, mera educación. Y de hecho el alejarse de la obra clásica tampoco es garantía de calidad.
Cuando en 2002 el director Simon Wells (descendiente del propio Herbert George) perpetró aquella horrenda revisión dije que no hubiese sido difícil mejorar la obra de Pal, con simplemente actualizar los efectos especiales y algunos detalles técnicos… Pero Simon Wells se fue por otro camino. Algo parecido le pasó a Tim Burton (es curioso como ambos directores decidieron que tener a esos descendientes de los humanos incapaces de hablar era un lastre para su película; restando, por tanto, muchísima credibilidad) claro que éste hizo una obra mucho más potable que Simon Wells pero cometió el error de creer que el final de la película (desconozco como acababa la novela original) no resultaría impactante una vez que todos lo conocíamos (¿Y qué más daba si no era impactante?). Así que Burton se lanzó al giro cuántico tan de moda en la actualidad, convirtiendo un clásico del cine en un episodio largo de cualquiera de las series de Ci-Fi "Twilight Zone" o "The Outer Limits". Sobre la segunda pregunta que he dejado abierta, debo contestar que la obra de Wells no es perfecta y, no solo eso, sino que tiene una mecánica tremendamente simple: el protagonista huye, su hermano huye, toda Londres huye. Es, además, una obra directa: los marcianos nos atacan, ellos son así, se mueven de esta manera con estas máquinas, tienen estas armas y así se alimentan. Y es que un detalle que nunca me convenció del relato de Wells es su manía por describir y explicar tanto el aspecto físico de los marcianos como sus costumbres. Es cierto este hecho responde a la visión científica de Wells y que, también, una descripción literaria no suele chafar la tensión tanto como una imagen. Pese a lo dicho es curioso como incluso hoy es una obra original. Y es aquí donde la película de Spielberg entra en escena.
Este exceso de extraterrestres Spielberg lo ataca (como Pal) desde un pequeño punto de sobriedad y otro de efectismo. Los extraterrestres se ven, sí; pero sólo en la escena del sótano y durante pocos segundos (aunque hay otro plano de uno de ellos al final de la película) y aunque eliminan la intriga del espectador (que siempre se pregunta "¿Cómo son los alienígenas?") dando un cierto punto de exceso al film (yo nunca los hubiese sacado), tampoco se explota y sirve para, al igual que hiciera Wells, borrar de la cabeza del espectador la idea de que los invasores extraterrestres son dioses malvados (al mostrarlos Spielberg consigue humanizarlos al desmitificarlos). Y es que otro detalle de la película que contrapone el tópico de la invasión extraterrestre es que ningún momento se desvelan esas intenciones. ¿Es un ataque "porque sí, es que somos malos" a lo "Independence Day"? ¿Los extraterrestres se ven obligados a invadir un planeta fértil para poder sobrevivir? ¿Somos los humanos unos rivales o simple ganado para ellos? De esta manera esa visión malvada del enemigo atacante queda diluida, al dejarse en el aire . Y es aquí donde esa originalidad del relato de Wells se palpa: pese a ser un relato con algo más de un siglo de vida el cine no ha llegado nunca (ni con la primera versión cinematográfica) a tratar el ataque desde esta perspectiva.
"La Guerra de los Mundos" tiene un título quizá ambiguo pues parece insinuar que existe un enfrentamiento de proporciones mundiales y, aunque es posible que así sea, lo importante es… Que esto no es importante. El relato original no habla de qué es lo que le ocurre al resto del mundo o, incluso, en el resto de Inglaterra. En la película este desconocimiento se palpa en algunas conversaciones de los "refugiados" humanos (unos hablan de que en Europa casi no ha pasado nada, otros que es Europa la más afectada, etc.). El relato (y la película) no pretenden dar una visión global del ataque sino cómo el ataque afecta al protagonista y sus parientes más cercanos (en la novela su hermano, en la película sus hijos). Además, no es una guerra propiamente dicho, sino un auténtico exterminio, un genocidio. Los humanos no están a la altura de los atacantes y, de nuevo, esto no es lo importante. Esta diferencia tecnológica insalvable no sirve para ver a los dirigentes tomar decisiones difíciles deseando que el mal menor sea preferible (George Pal sucumbió a la necesidad de hacer que los humanos usaran una Bomba Atómica, Spielberg ni eso), ni para que el científico americano de turno se las ingenie en destruir a la técnica de los extraterrestres. El genocidio sirve sólo para poner a la humanidad al borde del abismo y ver qué hacen: los que sacan su punto pequeño puntito de sacrificio (muchos en la novela y Robbie en la película), los que se limitan a sobrevivir (Ray y el protagonista de la novela) o los que resultan peligrosos para ellos y el resto (el cura y el artillero de la novela y Ogilvy en la película).
Y, como es conocido, todo acaba con la misma velocidad con la que empezó. Final criticado por millones de personas pero que, en realidad, es tan necesario como aquella estatua de la libertad de "El Planeta de los Simios" pues es parte de la visión de Wells y de "La Guerra de los Mundos": de nuevo lo pequeño y trivial en contraposición a lo grande y poderoso. Aunque es cierto que, pese a la visión pesimista y cruel de la humanidad, el final puede ser algo benévolo (en especial en cuanto al desenlace de la trama familiar de Ray o la del protagonista del relato pues, deberán saber, es el mismo). Pero, de nuevo, esto es un problema al ser fiel a una novela y de su propia condición de clásico pues, ¿Alguien concibe que Hamlet acabe de otra forma? Incluso la infinitamente adaptada "Romeo y Julieta" tiene el final que tiene y cambiarlo sería un suicidio. Ya les digo que personalmente sigo prefiriendo este final conocido antes que el esperable tirabuzón cuántico o el heroísmo de algún presidente americano.
No es otro "Independece Day", ni otra película plana de Emmerich, ni otra "americanada" a lo "Armageddon". Tampoco es otra triste revisión de un clásico, ni otra adaptación cinematográfica de una obra de Ci-Fi ninguneada (¿Porqué tratan tan mal los guionistas a Isaac Asimov?). Comentaba Spielberg que si hubiese hecho esta película antes del 11-S, la hubiese hecho de distinta forma. Y es curioso como alguien que no se sentía cómodo dejando que un grupo de agentes del gobierno persiguiese a unos niños con pistolas (en la versión remasterizada de "E.T." cambió las pistolas por radios) no haya querido ni retocar "A.I." para borrar las Torres Gemelas, ni haya sucumbido a la fiebre de Hollywood por el patriotismo y la heroicidad en esta película. La obra que Steven Spielberg nos regala es simplemente un retrato casi intimista de un asedio por parte de unos extraterrestres que no son ni buenos ni malos, a unos seres humanos que no son ni héroes ni villanos y sin alardes catastrofistas. Además de estar narrado con una dirección impecable, un apartado técnico casi perfecto y una puesta en escena ejemplar.
…Y si, además, miramos "La Guerra de los Mundos" en el contexto de los géneros anteriormente mencionados, obtenemos una película extrañamente original y novedosa que se sale de los tópicos. Una película que, tal y como está el cine actual, sorprende al recordarnos que en 1897 había escritores con suficiente imaginación como para impactar un siglo después, y que actualmente hay directores capaces de convertir clásicos literarios en clásicos cinematográficos. Luego dirán que ya no se hacen películas como las de antes…
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13.07.2007 17:47
una opinion increible,de las mejores que leí en ciao.
26.05.2006 00:20
en muchas revistas de cine no lo sabrian explicar tan bien
24.03.2006 11:12
Particularmente esta pelicula no me gusto, y menos mal que no la fui a ver al cine, sino que la vi en la casa asi q me pare un monton de veces , e inclusive cambie de canal , no me creo eso de q alienigenas acaben con un humano como quien pisa un gusano y q luego por q si una simple bacteria sirva para aniquilar tantos años de estudio de ellos hacia nosotros y muera..en fin prefiero otro tipo de peliculas...no la volvere a ver ..Spilberg ha hecho muy buenas peliculas pero para mi gusto en esta se cayo. un saludo.