La mirada interior. Escritoras místicas y visionarias en la Edad Media - Victoria Cirlot y Blanca Garí

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ESCRITORAS MEDIEVALES

4  09.11.2006

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En la Edad Media las mujeres se apropiaron de los instrumentos de escritura para hablar de si mismas y de Dios, rompiendo las barreras de un mundo que las condenaba al silencio alzaron sus voces y las articularon en sus cuerpos, convertidos en signos de Dios, mostrando su santidad y se lanzaron a poner sus almas a la intemperie esperando a Dios. La experiencia mística de sus palabras es uno de los grandes tesoros de la espiritualidad del Occidente europeo.

En los últimos siglos de la E.M emergen nuevas formas de lenguaje y de representación, nuevas interpretaciones que buscan la expresión verdadera del paradigma de imitación a los apóstoles y a Cristo. El cambio nace lentamente al progresar la sociedad feudal en los siglos XI y XII, en el interior de los movimientos de Paz de Dios y de la Reforma de la Iglesia y también fuera, con la aparición de los laicos que participan en la religión de una forma nueva. El modelo apostólico lo encontramos muy pronto en algunos monasterios del Cister en donde se empieza a hablar de este modelo apostólico. Este modelo es acompañado por una invitación al descubrimiento del "hombre interior", la introspección, a la experiencia humana completa, carnal y espiritual, en el camino de la unión con Dios. Esta transformación incide, además de en los monasterios, en lugares laicos donde triunfa la economía de beneficio: la Ciudad. Los centros urbanos serán los más dinámicos culturalmente y en estos lugares aparece la pobreza tanto literal como simbólica, que se convierte en una vía para seguir a Cristo en este mundo, pues el mundo es el verdadero monasterio.

La voz de esas mujeres es nueva en Occidente por la fuerza y la centralidad con las que brota el discurso femenino acerca de la experiencia espiritual, con frecuencia visionaria y mística, esta voz se despliega en el espacio y el tiempo y desde el s.XII al XV se va contruyendo de forma multiforme y diversa , pero pese a su diversidad hay algo que las une: poner en palabras la Experiencia. A lo largo de estos siglos existen tres momentos. El 1º es el s. XII, todavía en latín y en el interior de los monasterios se oyen voces nuevas: Hildegarda de Bingen y Elisabeth de Schönau que desglosan en primera persona "el libro de la vida". El 2º momento es un estallido, el s. XIII, el siglo de la mística femenina. Se abandona el latín y las nuevas lenguas abandonan los muros de los monasterios y se hacen múltiples en la novedad de sus formas, en la cantidad e importancia de sus textos, en las vías de difusión de sus ideas, y en el diálogo audaz y renovador al que responden. Encontramos un discurso que aúna los modelos de la literatura cortés y trovadoresca con los modelos de la teología victorina y cisterciense del siglo anterior, un discurso que hace converger en una única forma d e vida los ideales apostólicos y de pobreza , la vida activa y contemplativa, la imitación a Cristo, la introspección a través de nuevas formas de autoconocimiento y de las prácticas confesionales. La escritura femenina de este 2º momento, en 1ª persona, produce una mística del amor, una mística que se podría denominar "cortés".

El 3º de estos momentos, a partir del siglo XIV aparecen nuevas escritoras aún más radicales en sus contenidos que llevan sus obras y sus vidas al extremo de sus consecuencias al tiempo que crecen los recelos hacia estas mujeres.

Pero ¿ Quiénes son estas mujeres? El origen parece estar en los países germánicos, los territorios del Sacro Imperio, en el s. XII encontramos los primeros testimonios en ciudades ricas donde aparecen las primeras formas de vida fuera de los conventos y semireligiosas, un modelo que aparece por todas partes, en Italia con San Francisco aparecen Clara de Asís, Margarita de Cortona, Clara de Montefalco y otras, pero la voz principal de Italia es la de Ángela de Foligno a finales del XIII. En Francia aparecen Margarita de Oingt y Maragarita Porete. A mediados de XIV aparece en la Toscana la figura de Catalina de Siena y en el XV, en Inglaterra, la teóloga Juliana de Norwich y la gran viajera Margery Kempe.

El gran movimiento espiritual femenino cristalizó a partir de 1200 con la aparición de los conventos urbanos ( clarisas y dominicas )y la existencia de comunidades informales de mujeres semirreligiosas. A partir de 1200 las nuevas corrientes espirituales femeninas cobran muchas formas: monjas, reclusas, beguinas...estas últimas constituyen una de las manifestaciones más originales. Las beguinas viven al margen de las instituciones eclesiásticas, conocidas también como mulieres religiosae . Su forma de vida adopta diversas formas; viven en el seno de su propia familia, solas, con una compañera o formando pequeñas comunidades urbanas, dedicándose a cuidar enfermos, llevando una vida mendicante o recorriendo itinerantes los caminos de Occidente. Algunas de estas comunidades se hacen independientes gobernándose por estatutos que se acercan al modelo claustral. Este movimiento se encuentra arraigado en los ideales apostólicos y evangélicos de pobreza voluntaria y predicación unidos a la espiritualidad y la mística cisterciense. El Cister apoyará claramente a estas mujeres favoreciendo su expansión y estrechando los lazos entre beguinas y monjas del Cister. Aparte de las beguinas y las monjas encontramos otra forma de vida religiosa: las Reclusas.

Éstas se apartan del mundo encerrándose en una celda normalmente en un área urbana, no suelen ser monjas, se acercan más a las beguinas y tienen sus reglas internas ( p. Ej la Ancrene Riwle ). Los monjes del norte de Europa protegen por igual a beguinas y reclusas y las admiran abiertamente, algo en las nuevas formas de discurso femenino fascina a estos monjes.

Un acérrimo defensor de éstas es Jacques de Vitry, autor de la Vida de María de Ognies a la que llamaba su "madre espiritual". Vitry vio en la religiosidad de las beguinas un modelo femeninoi poderoso y capaz de oponerse al papel de las mujeres en el seno de la herejía cátara. Sin embargo aparecen detractores de esta religiosidad femenina, los detractores formulan con claridad la amenaza que para el orden religioso y social significan estas mujeres. Ya en el s. XIII la oposición es este movimiento es lo suficientemente fuerte como para actuar desde los tribunales de la Inquisición y a partir de 1260 la oposición se va generalizando, poniéndose en marcha una investigación que da como resultado una serie de informes preparatorios para el Concilio de Lyon de 1274, el primero de los que iban a decretar resoluciones contra las beguinas. Los obispos dicen que la Iglesia debe oponerse a estos movimientos porque estas mujeres escapan al control de las dos únicas instituciones pensadas para ellas: el matrimonio y el monasterio.. Denuncian también que éstas recorren solas las ciudades y pueblos, que interpretan las escrituras en lengua vulgar y que las leen con irreverecia en asambleas.

Estos ataques no se dirigen propiamente contra el modelo sino contra las posibles desviaciones del modelo que puede producir un escape al control de la Iglesia . Se quiere forzar la institucionalización de las beguinas, pero algunas de ellas son procesadas y condenadas. En 1310 es quemada en la hoguera Margarita Porete, condenada por herética . Las proposiciones consideradas heréticas de su obra se recogen en el Concilio de Vienne y sirven para definir los contenidos doctrinales de la llamada herejía del "Libre Espíritu". El decreto Ad Nostrum condena el Libre Espíritu y el decreto De quibusdam mulieribus condena la forma de vida beguinal de cualquier tipo, aunque estos decretos no se aplicaron por igual en todas partes aunque éstos legitimaron las persecuciones periódicas a las beguinas en diversos lugares de Europa. El IV Concilio de Letrán hace que las beguinas sean institucionalizadas definitivamente, proclamando la obligación de confesarse anualmente.La devoción eucarística y la confesión irán desde este momento unidas, las mulieres religiosae asumen ambas y las enmarcan progresivamente en la dirección espiritual.

Desde el s. XIII las mujeres místicas enseñan, son maestras, toman la palabra para hablar de Dios hablando de si mismas y se crea una nueva polémica sobre si la mujer puede ser doctor en teología. Teóricamente puede, inspirada por la gracia divina y la caridad, es decir puede serlo ex beneficio pero no ex officio o sea que no pueden ejercer en público y mucho menos dirigiéndose a los hombres, tienen que hacerlo en silencio, privadamente no en público ni delante de la Iglesia .

¿Porqué escriben estas mujeres?

Con claridad se explicó a fines del s. XIII Margarita de Oingt acerca de esta cuestión: o escribía o se moría. Hildegarda de Bingen dijo que la voz de Dios le ordenaba escribir y su desobediencia le conducía directamente a la muerte, precisamente en un momento crítico entre la vida y la muerte hay que colocar la decisión de estas mujeres por escribir y cerca de stas mujeres había hombres que las alentaban. Y escriben en primera persona. El problema de la 1ª persona es que estamos en una época en la cual no se ha acostumbrado a reconocer la existencia de la subjetividad. Hay una tendencia que recorre la escritura en lengua vulgar y que marca la ruptura con la literatura arcaica, esta tendencia es una nueva atención al individuo, que ha dejado de ser el representante de la colectividad para adquirir unos perfiles ejemplares propios aunque todavía no se puede hablar de caracterización psicológica. Es importante tener en cuenta el carácter generalizado de la primera persona y la relación ente la 1ª persona y la vida y que todo ello responde a un cambio de mentalidad en la cultura europea según el cual el sujeto comienza a ocupar un lugar en el mundo. Pero hay que tener en cuenta que aquello que contiene una vida trovadoresca no se sitúa en el mismo plano de realidad que las "Vidas" referidas a visionarias o místicas, ni la 1ª persona de la lírica trovadoresca posee el mismo valor que las primeras personas que hablan de la propia vida de las biógrafas o en los textos místicos de estas mujeres. La diferencia fundamental estriba en que en las "Vidas" de las místicas no es necesario inventar nada, pues éstas se escriben en vida de la mujer o muy poco tiempo después de morir.

Las mujeres no sólo escribian para comunicar sus experiencias extraordinarias, sino que también escribían para si mismas, una escritura íntima y privada en la que las mujeres trataton de comprenderse a si mismas y a sus actos dentro de la vida religiosa.

La vida de Cristo constituyó el gran modelo y hay que destacar cómo el abandono de la familia y de todo aquello conocido para vivir en el exilio constituyó el más claro indicio acerca del modo de encaminar los pasos. Así inició su nueva vida Matilde o Ángela de Foligno. En la vida de estas mujeres acontece un suceso que supone un giro en su existencia o el inicio de una nueva vida, estos sucesos siempre están relacionados con la presencia de la muerte como ya se ha dicho antes, por. Ej. Juliana de Norwich vio los ojos de la muerte por una enfermedad a los 30 años e interpretó esto como un suceso parecido a la muerte y resurrección de Cristo. Con estas experiencias cercanas a la muerte se inicia el camino de la penitencia, la nueva vida que se abre en la conciencia de estas mujeres. Margarita de Oingt dijo que fue la conciencia de la muerte lo que de pronto la "derribó y la introdujo en el nuevo sendero". Es curioso que este hecho crucial de estar a punto de morir ocurriera a la mayor parte de estas mujeres entre los 37 y los 43 años de edad ( Hildegarda de Bingen, Beatriz de Nazaret, Matilde de Magdeburgo, Ángela de Foligno etc...) A partir de esta experiencia se inicia la escritura cuyo objeto es dar testimonio de la experiencia consistente en la unión con Dios.

A la mujer le correspondía lo laico, la oralidad, las lenguas vulgares y la experiencia, al hombre la cultura clerical, el latín y el conocimiento teológico. Mientras las mujeres necesitaban escribir, los hombres necesitaban escucharlas pues Dios se había querido manifestar en lo más frágil, en lo más inferior que en los misóginos valores medievales era la mujer. En la unión con Dios el alma es la amada que busca su esposo, el amado, que es Dios. Junto a este amor místico se formaba el amor cortés que obviamente busca el amor de la mujer, en ambos casos se perseguía la pureza del amor de modo que éste pudiera constituir así un camino de perfeccionamiento y de renovación interior. Estos modelos; el místico y el laico nacen en el s. XII. En los monasterios se proponía a la monja como esposa de Cristo gracias a obras como el Speculum virginum .

El hecho de que estas mujeres renunciaran al latín e hicieran uso de sus lenguas maternas tuvo que incidir en la disolución de las fronteras entre los modelos laico y religioso-eclesiástico. Sus vidas como beguinas en las ciudades también contribuyeron a que conocieran lo que los muros de un monasterio habrán impedido.

EN la mística femenina, el amor a Dios no es una idea, sino una experiencia terrible en la que el alma arrastra al cuerpo a participar en ella, gozo y dolor son las dos caras de la misma experiencia en la que se involucra a la persona en su totalidad y el camino de tal experiencia pasó por la pasión de Cristo.

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Comentarios sobre esta opinión
Tucidides

Tucidides

02.03.2007 18:09

Un texto insultante , ofensivo ,soez y ultranazionalista escrito por un charnego demente

xunilzita

xunilzita

25.11.2006 04:36

Se lo voy a recomendar a londox mi ninio que está últimamente enviciado con estos temas :)

harrypota

harrypota

25.11.2006 00:25

A un admirador de esa epoca le has descubierto un nuevo universo, lo desconocia, saludos

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