Contrariamente a lo que suele ser habitual en mí y sin que sirva de precedentes, esta serie policíaca la he empezado por el principio, oh milagro! En realidad no tiene mucho mérito porque, de momento, sólo se han publicado las dos primeras entregas (aunque la tercera se publica en unos días…).
¿Otra saga de novela negra nórdica más? Pues sí, por qué no? Salvo la de Asa Larsson, aún no me he topado con ninguna que no me haya gustado así que es algo a lo que no le hago ascos sino, más bien, todo lo contrario.
Ésta viene avalada por el sello de calidad de Maeva, que no suele fallar en la elección de sus publicaciones.
Datos técnicos
Publicada por Editorial Maeva, edición de gran tamaño, tapa blanda con sobrecubierta. También disponible en ebook.
Tiene 414 páginas
ISBN: 9788415120025
Cuesta 19,50 euros
Traducción: Juan María Mendizabal
Jussi Adler-Olsen
Jussi Adler-Olsen (Copenhague, 1950) fue editor de comics y redactor de revistas antes de empezar a escribir en 1995. Ha vendido un millón de ejemplares de los cuatro títulos de la serie del Departamento Q en Dinamarca, y ha recibido el premio Glass Key en 2010 y el prestigioso De Gyldne Laurbær, entre otros.
De momento, en España se ha publicado:
.-
Departamento Q. La mujer que arañaba las paredes. Publicado en edición de gran tamaño (en la colección Mistery Plus) y en edición de bolsillo (Embolsillo)
.- Los chicos que cayeron en la trampa: igualmente, disponible en las dos ediciones
.- Este mismo mes se publica la tercera entrega de la serie,
El mensaje que llegó en una botellaArgumento
El inspector Carl Morck ha vuelto al trabajo. En su última misión, unos asesinos acabaron con la vida de uno de sus compañeros y dejaron paralítico al otro; Carl fue el único que se salvó aunque con heridas, tanto físicas como en el alma. Eso, unido a su difícil carácter, hace que el comisario no sepa muy bien qué hacer con él; es un personaje algo conflictivo, que no se relaciona bien con el resto de sus compañeros y que no contribuye, precisamente, a crear buen ambiente de trabajo.
Por eso, cuando el Gobierno decide dotar de una importante cantidad de dinero para intentar resolver asuntos antiguos archivados sin resolver, Carl es destinado allí. Se crea un nuevo departamento, el Deparatamento Q, formado por Carl y, en principio, nadie más. Finalmente, Carl consigue que se contrate a un ayudante, no policía, en principio encargado de tareas fáciles como colocar, limpiar, hacer recados, etc… Pero el sirio elegido, Assad, con su curiosidad insaciable y su buen hacer, se revela enseguida como una gran adquisición.
Confinados en el sótano, alejados de los demás policías, Carl tiene la idea de hacer el mínimo esfuerzo. Sin embargo, casi por casualidad, abre un expediente archivado hace cinco años y, tirando del hilo, va a meterse de lleno en un asunto muy turbio. Merete Lynggaard, una política de bastante éxito, desapareció hace ya cinco años. No se encontró ninguna pista y finalmente se pensó que se había suicidado tirándose al mar desde el barco en el que viajaba.
Pero Carl pronto va a encontrar irregularidades en la investigación que le hacen cuestionarse la versión oficial.
Impresiones
Es éste un libro que me llamó la atención desde que supe de su publicación (allá por el 2010) por su título, que tanto me recuerda a los títulos de Stieg Larsson. Probablemente, la elección del mismo sea una estrategia editorial buscando eso precisamente: la evocación de la exitosa trilogía de Larsson Los hombre que no amaban a las mujeres. Porque no sé noruego pero me da que el título original, “Kvinden i buret” no se traduce literalmente “La mujer que arañaba las paredes”…
Sea como fuere, independientemente del título, lo que me decidió a leerlo fue que se trataba de novela negra que, por si alguien no se había dado cuenta, me encanta y porque las reseñas que he leído tanto de esta novela como de la siguiente, han sido todas positivas. Como positiva va a ser la mía.
La novela
empieza fuerte. Un prólogo que ocupa dos hojas nos pone en situación: una mujer está encerrada e intenta escapar. Así que ya sabemos desde el principio que Merete Lyngaard, la política que desapareció hace cinco años sigue viva. Sabemos, por lo tanto, más que la policía. Pero no creáis que sabemos demasiado o que este conocimiento va a quitarle interés a la trama porque, salvo ese detalle, no sabemos nada más y no podemos ni siquiera intuirlo hasta casi el final de la novela. Así que
nuestra misión va a ser averiguar el motivo de que la pobre Merete lleve cinco años de su vida encerrada en condiciones infrahumanas, qué ha podido hacer o qué piensa alguien que ha hecho para merecer tan horrible castigo. Tendremos que averiguar qué motivos puede haber, lo que nos llevará a conocer al o a los culpables y, esperamos, el lugar en el que está encerrada.
Para ello, el autor nos va dando pistas poco a poco. Carl investiga de forma pausada pero segura, no dando nada por supuesto, revisando todo lo que se hizo en su día, volviendo a hablar con los testigos, analizando todo el material disponible. No es exactamente el típico policía de novela negra aunque sí tiene algunos rasgos en común con muchos de ellos: concienzudo en su trabajo (cuando decide trabajar, eso sí, porque es un vago redomado) y conflictivo en lo personal. Divorciado, vive con su hijo y un alquilado, no le importa caer mal a la gente sino que más bien hace todo lo posible para que sea así. Desconocemos cómo era exactamente antes del incidente que casi acaba con su vida, que dejó paralítico a Hardy y mató a Anker, sus compañeros de siempre pero, desde luego, tras él, es un ser irritable y bastante intratable. Aún así, o quizás por ello, es un personaje que me ha gustado mucho. Tiene un fino sentido de la ironía y no le importa cuestionarse a todo y a todos, incluso a sus jefes si es necesario y sacar tajada de la situación.
El gran acierto de la novela es, en mi opinión, el haber dibujado un personaje de lo más curioso: el ayudante de Carl, Assad. Assad es un sirio refugiado político que lleva unos cuantos años en Noruega.
Se supone que no tiene cualificación profesional y por eso se lo ponen a Carl como “chico para todo”: limpia, le hace el café, ordena documentos, etc… Nada es demasiado para él y, cuando termina lo que son sus labores, empieza a interesarse por las tareas de Carl. Éste que pretendía pasar el tiempo en su nuevo destino jugando solitarios en el ordenador y haciendo ver como si trabajase, al final se contagia un poco de la actitud tan vital y optimista de Assad. Es Assad quien le mueve a actuar, quien actúa incluso por su cuenta y quien, en definitiva, va a tirar de la madeja del caso. No llegamos a conocer muy bien a Assad en esta entrega –supongo y espero que lo vayamos conociendo en las siguientes- porque lo que está claro es que no es lo que parece. No tiene problemas en utilizar armas, sabe de las actividades policiales…., supongo que en su país estaría de alguna manera relacionado con estas actividades, aunque una no sabe en qué bando: si en el de los policías o en el de los delincuentes. Assad da un
ligero toque humorístico a la novela.
Creo que es un personaje que va a dar mucho juego en las siguientes entregas y estoy deseando ver cómo evoluciona.
El tercer personaje importante de la novela es la propia Merete. Poco a poco vamos conociéndola, principalmente a través de la investigación policial que nos permite comprobar cómo era su vida, en qué trabajaba, quiénes eran sus familiares y amigos, etc. Al mismo tiempo, asistimos a su sufrimiento. Vemos cómo ha pasado días interminables en su encierro forzoso, en condiciones infrahumanas y nos preguntamos qué ha podido hacer para que alguien la quiera tan mal. Porque lo que vamos conociendo de ella nos permite comprobar que es una persona muy normal, buena gente, que no se metía con nadie, que no tenía enemigos… No hay forma de imaginar qué ha podido hacer –o qué ha pensado la mente enferma que la secuestró que hizo- para estar donde está.
La novela alterna escenarios. Algunos capítulos se dedican a Merete y otros, los más, a la investigación policial. A mí siempre me ha gustado la alternancia de historias pero, para quien no le guste, que no tema porque los capítulos de Merete son cortos y no hacen perder el hilo de la investigación. Además, son necesarios para conocer a la víctima. Muchas veces las novelas negras “olvidan” a la víctima; pasan muy por encima acerca de los rasgos de su personalidad. Sin embargo, saber quién es la víctima y cómo es resulta de lo más interesante para empatizar más con ella, como en este caso.
La trama se desarrolla de forma pausada, poco a poco, de la forma que uno entiende se desarrollaría también, de existir, la investigación real. Vamos conociendo datos sueltos que, poco a poco, van encajando en el puzle hasta que todo cobra sentido. He de decir que la novela me tuvo muy despistada; hasta casi el final no pude intuir por dónde iban a ir los tiros. Pero, cuando sabes todo, ves que es lógico, que el final es correcto y el que tiene que ser. Es un final cerrado, que deja todo perfectamente atado, sin cabos sueltos, dando respuesta a todos los interrogantes que nos han ido surgiendo durante la lectura.
Conclusión final
Una vez más, una novela nórdica, toda una saga, altamente recomendable. Por la trama, por la forma en que se desarrolla, por la peculiar pareja Carl –Assad, por todo. Un libro que hay que leer.
Yo ya tengo la segunda parte, de título también curioso, "los chicos que cayeron en la trampa" en casa y seguro que no tardaré en hacerme con la tercera.
Saludos
no me van las sagas