Crónicas marcianas: Un Marte melancólico.
07.02.2008
Ventajas:
Soñar despierto
Desventajas:
Te deja con ganas de más
Recomendable:
Sí
Detalles:
Argumento
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 Sapristi
Sobre mí:
usuario desde:21.12.2007
Opiniones:16
Confianza conseguida:1
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 21 miembros de Ciao
Las crónicas marcianas de Ray Bradbury. Publicado en 1945 está considerado junto con Farenheit 451, como una de las mejores obras de éste escritor. Creo que éste es un libro que merece ser elogiado en cada una de sus líneas. Pertenece al género de ciencia ficción, pero nos habla mucho sobre la sociedad, la raza humana, egoísta, voraz, destructiva por naturaleza que lejos de preservar todo lo que le rodea consiente que se deteriore lentamente mientras busca nuevos lugares para devastar. Ésta novela nos deja entrever un futuro bastante oscuro e incierto, y a la vez nos transporta hacia un nuevo mundo, unas maravillosas tierras pobladas por seres apacibles, que adoran y miman cada rincón de su hermoso planeta.
Bradbury nos muestra un planeta Marte fantástico, con unos paisajes de colores vivos, coronados por inmensas montañas azules, ríos por los que fluye agua de plata, mares muertos que una vez bañaron las costas con vapores rojos, barquillas blancas tiradas por pájaros de fuego, lunas mellizas que iluminan el atardecer… unos lugares que se nos presentan a los lectores como extraños y maravillosos. Sin embargo todo empieza a ir mal cuando el hombre decide llevar a cabo una expedición en cohete a Marte, y a partir de ese momento nuestros corazones se encogen por la tristeza de ver como desde el primer contacto del hombre con los extraordinarios seres, nuestro planeta rojo e intacto comienza perder toda su magia para convertirse poco a poco en un gemelo del planeta Tierra. Dejo aquí un pequeño retazo del segundo capítulo, que es para mi uno de los más hermosos:
Febrero de 1999 -Ylla- "Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y en seguida se dispersaba en el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, y las viñas se erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblo marciano nadie salía a la calle, se podía ver al señor K en su cuarto mientras leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve sobre los que pasaba levemente la mano como quien toca el arpa. Y del libro, al contacto de los dedos, brotaba un canto, una voz antigua y suave que hablaba del tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas.
El señor K y la señora K vivían desde hacía ya veinte años a orillas del mar muerto, en la misma casa en que habían vivido sus antepasados, y que giraba y seguía el curso del sol, como una flor, desde hacía diez siglos. El señor K y la señora K no eran viejos. Tenían la tez clara, un poco parda, de casi todos los marcianos, los ojos amarillos y rasgados, las voces suaves y musicales. En otro tiempo habían pintado cuadros con fuego químico, habían nadado en los canales cuando corría por ellos el licor verde de las viñas, y habían hablado hasta el amanecer bajo los azules retratos fosforescentes de la sala de conversaciones. Ahora no eran felices. Aquella mañana la señora K, de pie entre las columnas, escuchaba el hervor de las arenas del desierto, que se fundían en una cera amarilla y parecían fluir hacia el horizonte. Algo iba a ocurrir. La señora K esperaba. Miraba el cielo azul de Marte como si en cualquier momento pudiera replegarse sobre si mismo, contraerse, y arrojar sobre la arena un resplandeciente milagro. Nada ocurría. Cansada de esperar, avanzó entre las columnas neblinosas. Una lluvia suave brotaba de los acanalados capiteles, refrescando el aire abrasador, cayendo suavemente sobre ella. En estos días calurosos pasear entre las columnas era como pasear por un arroyo. Unos frescos hilos de agua brillaban sobre los pisos de la casa. A lo lejos oía a su marido que tocaba el libro una y otra vez, sin que los libros se cansaran jamás de las antiguas canciones. Y deseó en silencio que él volviera a dedicar mucho tiempo a abrazarla y a tocarla como a un arpa pequeña, como tocaba ahora esos increíbles libros."
Desde el primer instante en el que empecé ésta lectura, me vi transportada hasta el interior de sus páginas, y me encontré paseando junto a la señora K por aquellos inmensos desiertos color púrpura, admirando la belleza de las antiguas ciudades ajedrezadas, comunicándonos telepáticamente y unidas por un solo deseo: que el hombre de la Tierra jamás descubriera el secreto que se esconde tras la aparente desolación del silencioso planeta Marte.
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28.04.2008 17:27
¿Cuántas películas se han inspirado en este libro? El fugitivo que atraviesa el terreno nadando de una piscina abandonada a otra. Proteo. La ciudad humana desolada, con la población muerta pero las máquinas funcionando. La familia que regresa a Marte a colonizarlo... Para mí no es sólamente un libro, sino que es algo así como un manual de instrucciones para escribir más historias sobre lo que pasó antes y después ¿Quién se anima?
19.04.2008 21:03
Preciosa opnión !!! No conocía esa novela tan "fantástica" y me ha gustado mucho lo poquito que nos reseñas .Intentaré leerla ya que es de un estilo que me gusta .Gracias por recomendarla . Un abrazo
03.04.2008 19:06
No lo he leído pero estoy segura de que me encantaría. Saludos