"La mañana en que a la última hija de los Lisbon le tocó el turno de suicidarse -esta vez fue Mary y con somníferos, como Therese-, los dos sanitarios llegaron a su casa sabiendo exactamento dónde estaba el cajón de los cuchillos y el horno de gas y dónde la viga del sótano en la que podía atarse una cuerda".
Así comienza la novela de Jeffrey Eugenides Las vírgenes suicidas: desde el final, desde el punto en que llegas a saber a dónde llegará la historia y dónde se funde en negro, pero es el punto donde se convierte en necesaria y te atrapa, dos líneas más allá no podrás salir de ella hasta que vuelvas a este amargo final otra vez.
La historia se presiente pero necesitas recorrerla, conocer a estas hermanas, sus pensamientos y sus motivos y por eso te unes al grupo del narrador, ese chico del barrio que las espía porque las admira en secreto y presiente su desgracia, que quiere salvarlas de su vida inútil y claustrofóbica y que no duda en ir recogiendo fragmentos de su vida de entre el aire, los pasillos del instituto y la basura.
En un barrio de clase media americana, en una casa anodina y casi impenetrable para los vecinos viven las cinco hermanas Lisbon, Cecilia, Mary, Lux, Bonnie y Therese, cinco chicas recluidas y custodiadas por su madre sobreprotectora y un padre profesor de instituto que pasea como un fantasma por su propia vida. Vemos el aislamiento y la incomunicación, donde las chicas luchan por llevar una vida normal, tener amigos, llevar ropa actual, fumar y escuchar música dentro de la marea de silencio y religiosidad asfixiante de su mundo.
Desde el suicidio de la hermana menor sabemos que las cuatro restantes son insalvables y hasta ellas mismas lo saben pero aún así golpearán las puertas de su casa para salir, serán ayudadas por los chicos del barrio que las vigilan y las protegen desde una prudente distancia.
Junto con estos chicos el lector vela por ellas. Las chicas Lisbon son una especie a extinguir, como esos olmos enfermos que van a ser talados en su calle, esos que ellas abrazan para que no sean cortados.
Al final, los olmos estarán allí, mientras ellas van dejando de una en una sus vidas sin alicientes.
La novela está clara y abierta desde el principio, sabemos que nada ni nadie podrá cambiar el final y todos, lector, autor, personajes, tenemos presente el quíntuple suicidio y ocupamos unos puestos de alerta y a la vez tratamos de dar sentidos a los leves pasos de libertad que alguna vez tendrán las hermanas.
El interés reside en que jamás quedan claros los motivos, que podrían ser salvadas en cualquier momento, que no hay culpables y que quizá empezar una vida para no vivirla y dejarla a medias es cruel y frustrante.
Nos incrustamos en el barrio y en las vidas de cada uno y al final nos sentimos inútiles y expulsados, furiosos con el autor por habernos presentado y apartado tan rápidamente y, para mí, el éxito está aquí, en tener tan presente que el autor decide, crea y destruye, y en tener un cara a cara tan potente con estos personajes de papel que se escapan al divertimento, el ocio y el consumo.
21.05.2007 18:00
Solo he visto la película y la verdad es que la dejé a la mitad porque me dormía... Yo es que prefiero algo más divertido, que pa deprimirme ya tengo el día a día, jejeje. Besiños!!
20.05.2007 21:24
Este ha sido uno de esos libros en los que me ha gustado más su adaptación al cine, que el propio libro.
20.05.2007 17:30
Creo que hay una pelicula de Sofía Coppola sobre este libro... Si la has visto, ¿qué me recomiendas, peli o libro? (o las dos cosas). Saludos!