Aún no sabía muy bien para que había sido reunidos.Los 12 se contemplaban en silencio bajo cierto mutismo. Sentados alrededor de la hoguera, esperando la señal de aquella que los había reunido a todos: La luna.
Presa de la curiosidad, quería conocer sus historias, la leyenda que envolvía a cada uno de ellos. Accedieron a su petición y, mientras duró la oscuridad de aquella lúgubre noche, rememoraron aquellos sucesos que los habían llevado a tener un lugar en el cielo.El primero en levantarse fue Escorpio. Salió de las sombras donde se había situado en un primero momento. "Está bien, acabemos con esto". Y tras esas palabras, comenzó su historia, la leyenda que esconde su signo. "Mi nombre es Scorpius" y soy representado por águilas y escorpiones, completando con ello las dos partes de mi naturaleza. Cuando me preguntan por mis orígenes, mi memoria me remonta a los tiempos de Apolo, del que fui siervo.Presencié miles de batallas en las que participé con aguijó y garras siempre apunto para ser utilizados en el momento preciso. Fui creado con una misión. De mi dependá la destrución de Orión, aquel vanidoso capaz de destrozar el honor de pobres e inocentes doncellas. En todo momento fui temido por él al que perseguía mientras mataba a bestias inmundas. Pero no solo fui temido, también recibí alabanzad del resto de los dioses del Olimpo por mi furia y fiereza, conocido por todos por ser escurridizo y agresivo, pero he de tener cuidado con mi furia, pues en cualquier momento, llevado por mi propia naturaleza, el veneno de mi aguijón podría ser usado contra mí mismo y acabar mis días como he terminado con los de muchos...
Tras estas palabras, volvió a recostarse en su rincón, dispuesto a escuchar lo que tuvieran que contar el resto de sus compañeros allí presentes.El siguiente en tomar la palabra, apareciendo entre las sombras con su silueta imaginaria entre hombre y caballo, fue Sagitario, del que Escorpius se había sentado a prudencial distancia. Soltando su arco, con el que siempre lo apuntaba, simplemente dijo: "Tu fuiste el responsable de la muerte de Orion, en pos de tu caza sigo, guarda bien tus espaldas cuando este paréntesis haya acabado". No dijo nada más, ni tenía intención de hacerlo.
Volvió a sentarse, dejando una tensión en el ambiente que casi podría palparse. Tensión que Virgo, la diosa Atenea, rompió con su dulce voz al revelar su estancia entre los hombres. Su deambular por la vida durante el reinado de Chronos, y como desistió de aquella existencia al contemplar la maldad innata del ser humano. Se retiró del mundo y se convirtió en constelación. Capricornio, hijo de la misma que amamantó al más grande de todos los dioses del Olimpo, tomó su lugar en la conversación. "Engendrado por Chronos, nací cubierto de pelos. Un macho cabrío daba forma a mi figura. Tengo cuernos, cola y cascos. Mi madre me abandonó presa del pánico tras mi nacimiento, mi apariencia monstruosa volvía a reflejarlo en aquellos mortales que osaban contemplarme, sin embago, parece que a los Dioses les agrada mi compañía y disfrutan de las gracias que les profeso. Entre ellos, disfruto de los amplios vergeles que abundan en el paraíso y descanso al lado de riachuelos de cristalinas aguas."
"Una reina tan bella como ambiciosa" comenzó Aries su historia, "no quería a los hijos anteriores al matrimonio que traía consigo su esposo. Solo ansiaba el poder y nada quería tener que ver con aquellos dos infantes. Por ello, mediante argucias y engaños, convenció a su cónyuge de que ambos debía de ser sacrificados a Zeus. Menos mal que llegué a tiempo. En el mismo momento en el que aquel rey resignado ante la petición de los Dioses alzaba el puñal contra su propia carne, contra la sangre de su sangre, aterricé desde las llanuras del Olimpo y a lomos transporté a sus dos vástagos e intenté llevarlos a un lugar seguro...."Se le quebró la voz y no pudo continuar. Regresó a su posición mientras recordaba como uno de aquellos dos niños había perdido el equilibrio y caido al agua sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Aquella visión que aún le atormenta, regresó a su mente. Se hizo el silencio. Esperaron su calma. Y tras ella, Libra tomó la palabra, ataviada con su blanca túnica, repartió la armonía que siempre le acompañaba entre los presentes. No contó su historia. Solo contó una historia, una de las tantas que siempre iban con ella. Hizo teatro. Desmitificó algunas pantonimias, bailó un vals con Tauro y lo dejó con la palabra en la boca. En el centro del círculo que habían formado, al lado de las llamas, que sin saber que decir, tras la confusión creada por su compañera de baile, se dedicó a mirar a su anfitriona, pedir permiso con una mirada y volver a su sitio.
Se hizo el silencio. Geminis se levantó. O debería decir se levantaron. Una sola persona. Dos almas. Dos espíritus. Un solo cuerpo. Dos caras completamente opuestas que se complementan por momentos. Y hablan de aquel valle en el que inicialmente vivieron, cuando todos estábamos unidos de dos en dos y podíamos sentir siempre a nuestra otra parte a nuestro lado. Hasta que un Dios enfadado decidió separarlos y esparcirlos por todo el mundo. Geminis consiguió volver a encontrarse con su otra parte y unirse de nuevo al completo. Desde entonces le hicieron un hueco en el cielo."Siempre he vivido inmerso en el mundo de las formas e ideas." Comenzó Cancer cuando llegó su turno de palabra. Despues de que Géminis acabara su historia. "Un mundo dual que me atrapa dentro de sus sinsentidas y contradicciones. Un mundo, que a pesar de su propia antitesis es suceptible de ser medido, transformado y modificado. Vivo en un paradigma asociado al sol y al nacimiento. Disfrutemos del silencio".
"Mi nombre es Nemeo y tengo mi lugar en el cielo desde que recibí la muerte de manos de Hércules". Pudimos escuchar a Leo cuando hubo terminado el silencio pedido por cáncer. "Mi piel era impenetrable a las armas. Mitad piel, mitad acero. Y corría impunemente por los alrededores de una pequeña aldea atemorizando a sus habitantes. Se enfrentaron a mi en numerosas ocasiones, mas todas sus armas fueron inútiles. Sin embargo, fue en una lucha cuerpo a cuerpo en la que me faltó el oxígeno. Y caí. Fui llevado a los pies del rey como trofeo...e incluso después de muerto inspiraba temor. A mi verdugo, lo condenaro a vivir fuera del reino. Y yo fui trasladado al cielo, ocupando mi hueco entre el resto de las constelaciones."Dos peces unidos tomaron la palabra. Se hacían llamar Piscis, y el mundo entero los conocía por ese pseudonimo, Pero había llegado el momento de soltar la máscara sobre la mesilla y revelar su verdadera identidad. No eran otros que Eros y Afrodita. Los dioses del amor, que habían adoptado forma de pez para poder huir del monstruo Tifón, uno de los últimos Titanes que se mantuvieron en pie de guerra. "Estábamos allí, observando como surgía la bestia sobre sí misma. El terror nos paralizó, y corrimos a un estanque cercano a escondernos. Para no perdemos, atamos nuestros nuevos y escamosos cuerpos con una cuerda, desde entonces permanecemos unidos".
Parece que llega el final. Todos habían hablado, todos habían aprovechado su turno de palabra. ¿Todos? No, aún faltaba Acuario, que permaneció entre las sombras, pasando desapercibido, hasta que recibió la mirada atenta de la luna, esperando sus palabras. Aún quedaba algo de tiempo para oirlo. Se levantó lentamente, los miró a todos, uno a uno, paseando sus hermosos ojos por la mirada atenta de todos los allí congregados. Se enjuagó la garganta, y comenzó su retahila."Estaba en mi exilio personal. Un exilio necesario para poder convertirme en héroe. Era de noche. Mis ovejas descansaban tranquilas. Y yo medio dormitaba, cuando un ser alado apareció de la nada y me transportó por los aires. Cuando me hubo recuperado del viaje, contemplé un enorme paraíso que bañaba todo aquello cuanto mi vista conseguía alcanzar. Después supe que estaba en el Olimpo. Zeus me había llevado hasta allí. Me usó de sustituto de su anterior amante. Todos allí me adoraban. Todos, excepto Hera, la esposa de Zeus, que nunca me miró con buenos ojos y me mostraba su desprecio en cualquier situación que se le presentaba. Nunca más he vuelto a ver a mi padre, aunque a él se le informó de mi inmortal existencia entre Dioses".
Dicho esto, recuperó su sitio. Volvió a sentarse. Se apagó la hoguera. El eclipse había terminado y todos se miraron sonrientes....¿Cuales de estas historias podría ser cierta?
11.11.2008 10:50
Una bonita historia...besos.
10.11.2008 22:05
yo soy escorpio y es verdad que somos capaz de matarnos con nuestro propio veneno... muy bueno
10.11.2008 19:57
Es muy bueno¡¡¡¡ PEtonets