Anoche pensaba yo, después de leer la opinión acerca de una bebida, de un apreciado miembro de Ciao, que necesitaba una copa. También yo estaba leyendo, también creía que me lo "merecía". Pues tanto que me apetecía me dirijo al salón, busco entre las veinte botellas de diferentes colores y tamaños... Atrás el JB, pasamos del Vodka, no quiero Baileys que me encanta pero empalaga, que tal la de Jose Cuervo en memoria de mi pasada vida como gato mexicano? No, no quiero amanecer entequilada. Pues sigo buscando... Cointreau? Ummm... no, que nos conocemos... Y busca que te busca no encuentro mi querida botella del licor que lleva el nombre de las abuelas y nietas de España. (Antes todas las mujeres eran María, ahora vuelve a haber invasión de Marías en preescolar).
Me da rabia, porque no quiero otra cosa. Quiero un licor de café, pero no cualquiera, no... quiero el más exquisito, el más fino, el más bueno. Alguien la otra noche se bebió toda la botella, y tuvo la amabilidad de tirarla antes que me diese cuenta que no se servía precisamente chupitos...
Como no pude sentir, el roce del cristal fino de la copa de coñac llena de Tía María en mis labios, tampoco quise que ningún otro licor fuese confidente de mis pensamientos, de mis sentimientos... Así, como no pude tenerlo, tuve que conformarme con releer una leyenda que encontré hace tiempo acerca de esta bebida espirituosa y que hoy comparto con vosotros...
Aquí está, tal cual la encontré.
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Los orígenes del licor Tía María son tan románticos como la isla de donde proviene: Jamaica.
Alrededor de su creación se ha tejido toda una misteriosa leyenda que data de 1655, cuando los nobles españoles que gobernaban la isla tuvieron que hacer abandono de todas sus posesiones a causa de la invasión británica.
Según la leyenda, en esas difíciles circunstancias una bella joven perteneciente a una de las más importantes familias se encontró separada de sus padres con la sola compañía de su esclava personal, a quien llamaba Tía María.
Esta leal servidora logró dejar a salvo un paquete conteniendo unos aros de perlas negras de incalculable valor que habrían pertenecido a la mismísima reina Isabel, y un viejo pergamino con la receta de un antiguo licor familiar.
Esa única posesión rescatada al desastre fue con los años el obligado regalo de bodas de la familia, tradición que se siguió transmitiendo de generación en generación conservando la receta del licor el nombre de Tía María, en recuerdo a aquella fiel esclava.
Ya en épocas actuales, el dr. Kenneth Leigh Evans, científico, probó el licor, accidentalmente, en casa de un amigo jamaicano descendiente de aquella familia.
Conquistado por el bouquet, se interesó por conocer sus orígenes e incluso llegó a realizar experimentos que permitieron estabilizar su delicioso sabor. De esa amistad surgió la idea de comercializar el licor, conservando el nombre, tan sugestivo de Tía María y la misma secreta fórmula cargada de reminiscencias tropicales.
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Sólo con hielo, así lo tomo yo. Es tan bueno que mezclarlo me parece una violación a su delicado y suave aroma y sabor.
La botella no es nada original ni bonita, así se cumple el dicho... lo importante es el interior.
06.08.2003 02:53
Dan ganas de salir corriendo a comprar una botella. Un saludo
09.02.2003 21:45
Si te gusta este licor, y el café solo con hielo para el verano, te aconsejo que los combines. Te aseguro que no es ningun crimen hacerlo. Veras como se multiplican los aromas y sabores del buen café con el que los mezcles y de este gran licor.
05.02.2003 11:58
Bella historia para un licor que no me gusta demasiado... y es que al acabar la mili, cogí un pedal impresionante de licor café casero de Alcoi(hice las milicias en Alicante) y desde entonces mi organismo no tolera el licor café... el cuerpo las hace, el cuerpo las paga.