Más de lo mismo de lo de siempre
01.04.2009
Ventajas:
Se lee muy rápido . Para pasar el rato
Desventajas:
Más visto que el tebeo . Nada original . Carísimo
Recomendable:
Sí
Detalles:
Argumento
Personajes
Gancho
¿Volverías a leerlo?
Más
 bangles
Sobre mí:
usuario desde:01.01.1970
Opiniones:184
Esta opinión ha sido evaluado como excepcional de media por 45 miembros de Ciao
Durante muchísimo tiempo las novelas del género chick-lit (novelas escritas por y para chicas que narran, en clave de humor, las aventuras amorosas, laborales y personales de chicas en la treintena) gozaron de buena salud. La que dio el pistoletazo de salida fue Bridget Jones (estandarte del género): con ella se popularizó este tipo de literatura, que tiene adeptos a lo largo y ancho del planeta. Hasta que ocurrió la tragedia: llegaron las intrusas. ¡Maldición! Las intrusas son autoras que pervirtieron totalmente la esencia del chick-lit y crearon un subgénero estomagante que lo infectó todo como un virus: el chick-lit versión pija. Así fue como pasamos de las novelas protagonizadas por chicas normales y corrientes con cartucheras, vestidas con tejanos, con un trabajo mal remunerado y enamoradas de su guapísimo (e inalcanzable) jefe a encontrarnos con novelas en las que las protagonistas eran guapas, ricas, delgadas, vestidas con ropa de marca, con un novio guapísimo, que se iban de marcha a los garitos más “in” de Nueva York y vivían en un ático enorme con vistas panorámicas a Manhattan. Pasamos de Bridget Jones (la verdadera esencia de lo que es el chick-lit) a Sexo en Nueva York. Un subgénero de superwomans, que nada tiene que ver el chick-lit original (el cual se caracteriza, precisamente, por huir de de este estereotipo de protagonistas perfectas).
Chick-lit made in Spain
En España también tenemos nuestro chick-lit patrio. Básicamente consiste en crear a una clon de Bridget Jones, hacerla pasear por las calles de Madrid en vez de las de Londres, vestirla en Zara en vez de en Topshop y hacerla comprar en Carrefour en vez de en Sainsbury’s. ¿Significa eso que escribir una novela de este género es tan fácil como seguir estas pautas? No. Y ahí está el principal problema del chick-lit: que muchas autoras piensan que sí. Al ser un género tan formulaico y de esquemas tan repetitivos, hay muchas escritoras que creen que todo lo que necesitas para escribir una buena novela chick-lit es inventarte a una protagonista con poca autoestima, cartucheras, celulitis, un trabajo de auxiliar administrativa mal remunerado, con una compañera de oficina arpía y un jefe guapo (pero inalcanzable) con el que la protagonista tiene fantasías sexuales. Y así nos va. Lo cierto es que (salvo honrosas excepciones) en España no se hace buen chick-lit. ¿Por qué? Pues porque para hacer un buen guiso, no basta sólo con saber la receta: hay que saber cocinar. Y, para escribir chick-lit, no basta con haberte leído la bibliografía entera de Helen Fielding, Marian Keyes o Sophie Kinsella.
Guapas, escritoras y famosasY entonces van y llegan ellas: las chicas de la tele. ¡Apartaos todos! No sé qué pasa con las chicas que trabajan delante de las cámaras pero son un colectivo que saca libros a tutiplén. Son muchas las que creen que, por el hecho de ser periodistas, ya están capacitadas para ser escritoras. (Y, algunas, lo están. Otras, no). El chick-lit es uno de sus géneros predilectos a los que recurrir cuando sienten la necesidad imperiosa de sacar un libro al mercado. Precisamente porque es un género en apariencia muy sencillo, hay mucha gente que cree que escribir un libro chick-lit es pan comido. Y claro: pasa lo que pasa. ¿Ejemplos de chick-lit escrito por presentadoras? “Treintañeras” (Carmen Alcayde), “Asesinato en el spa” (Idoia Bilbao), “Cambio príncipe por lobo feroz” (Raquel Sánchez Silva), “Los caracoles no saben que son caracoles” (Nuria Roca). Los he leído todos y ninguno me ha gustado.
Nuria Roca vuelve a la carga con su segundo libro: “Los caracoles no saben que son caracoles”; una novela chick-lit a la española. Hace un par de años sacó su primer libro y tuvo muchísimo éxito. El libro era un manual de sexo. ¿Qué? El colmo de la originalidad, ¿no? Vamos… es que no se le había ocurrido a nadie antes. Estoy harta de las famosas que quieren dárselas de atrevidas y provocadoras y que escriben manuales de sexo (o hacen un consultorio de sexo en la radio). Que dejen el tema a los profesionales de verdad, que son los que verdaderamente tienen algo que aportar. Pero no: tienen que venir ellas a decirle a la gente que, para no tener una vida sexual monótona, monten una orgía con los miembros de la asociación del AMPA del colegio de sus hijos. Ojo: que aquí vienen las expertas a enseñar a la población cateta cómo deber ser su vida sexual.
Los caracoles no saben que son caracolesLa novela cuenta la historia de Clara, de 35 años, divorciada y con dos hijos. Tiene una vida de lo más normal: es madre, trabaja, está pluriempleada, paga la hipoteca, llega al final de la jornada agotadísima por el cansancio y el estrés, le sobran unos quilos, tiene un ex marido irresponsable que no para de meterse en líos económicos… vamos: que está en crisis con la vida entera. El libro empieza con la muerte de su hermana, a la que está muy unida. A partir de ahí, Clara descubrirá un secreto familiar que la traerá de cabeza. Además, se enamorará de un compañero de trabajo (el guapo macizo que no le hace caso), se acostará con otro que no es tan guapo pero que está colado por ella, le contará sus penas a Lourdes (su psicoterapeuta) y se peleará con sus padres. Típico de las novelas chick-lit.
¿Merece este libro tanto bombo como se le está dando? No. Se publicita porque su autora es famosa. Punto. ¿Merece las excepcionales críticas que está teniendo? No. ¿Es un libro original? No. Está más visto que el tebeo. “Los caracoles no saben que son caracoles” es una novela de género chick-lit correcta. Sin más. Una novela con un argumento trilladísimo, recursos usados mil veces en otras novelas del género, escenas intercambiables con otras novelas y un devenir argumental visto ya mil veces. Es una novela que ya está en el mercado, porque ya se ha escrito cientos de veces. ¿Es una mala novela? No: es una novela sin riesgo porque contiene todos los elementos clásicos y recurrentes del chick-lit. Nuria ha ido a lo fácil (seguir la receta). Se deja leer porque no es una de esas novelas insufribles que provocan dolor de ojos (que las hay). El problema es que no es ni buena, ni mala; sino prescindible (que es peor). Es DEMASIADO CORRECTA.
En la contraportada también avisan de que, si lees esta novela, “no hagas planes, porque no podrás parar hasta que termines. Vas a reír y a llorar, a veces al mismo tiempo”. Hombre… si bien es un libro con partes divertidas, no es como para que te dé flato de tanto reírte. Y llorar, lo que se dice llorar, tampoco. Tampoco es que sea un drama de libro (el chick-lit nunca lo es a pesar de que, a veces, se traten temas dramáticos). Es (otra vez más) correcto es su planteamiento, desarrollo y desenlace. El problema que tiene es que no es innovador, ni original, ni sorprendente ni una gran obra literaria (las novelas chick-lit no suelen considerarse grandes obras, aunque hay algunas que sí que lo son dentro de su género porque van más allá de lo superficial). “Los caracoles no saben que son caracoles” es una novela ligera, liviana, de consumo rápido para leer y olvidar.
Pretende ser una especie de homenaje a las mujeres “trabajadoras, luchadoras, sufridoras” (discurso trilladísimo que ya cansa). En esta novela, la protagonista trabaja en una productora de televisión (típico y tópico de estos libros: trabajos de oficina. Vamos, que tampoco es que las pobres estén envasando latas en una cadena de montaje o recolectando fruta) y tiene una asistenta en casa. ¡Y es que en esta novela aparecen todos los tópicos habido y por haber! Quilos de más, trabajo de oficina (normalmente relacionado con los medios de comunicación), compañero de trabajo guapo pero alérgico al compromiso, compañero hortera pero de buen corazón, etc.
La liberación sexual también aparece en el libro: la protagonista se cepilla a dos compañeros de trabajo, a su ex marido, a un chico que conoce en un bar de copas, tiene intención de hacer lo propio con un chico que conoce en una cita a ciegas pero que resulta ser gay, y se masturba mientras escucha a dos compañeros de trabajo manteniendo relaciones sexuales en la habitación de al lado (y después se queda preñada y no sabe quién es el padre). Ya tenemos el topicazo mal hecho de siempre: para mostrar la liberación femenina, tienen que poner a una mujer que se acuesta con todo el que se lo ponga a tiro. Aparece también, de trasquilón, una crítica al mundo de la tele (algo que están anunciando mucho como reclamo publicitario). Critica el ego de algunos presentadores, la prepotencia de los jefazos y los concursos de niños prodigio (y a los padres que quieren que su niño sea famoso a toda costa). Y, bueno… tampoco es que sea el colmo de la mordacidad. El principal problema que tiene es que es una novela sin chicha.
Robo a mano armada
Teniendo en cuenta la relación calidad-precio de esta novela, lo que obtenemos es una tomadura de pelo; un auténtico robo. 19 euros (sí, más de 3000 de las antiguas pesetas) es lo que cuesta (que no vale) “Los caracoles no saben que son caracoles”. 273 páginas con un cuerpo de letra enorme, un espaciado anchísimo y un paginado con unos márgenes en los que se podría hacer la lista de compra. Un libro que, editado con un tamaño de letra normal y en edición de bolsillo, ocuparía 125 páginas como mucho (que es como tendría que haber salido: en edición de bolsillo directamente). Dice la contraportada que, cuando empieces, “no podrás parar hasta que termines”. Hombre: más que nada, es que no te da tiempo a levantarte del sofá porque es corto, con letra enorme, y muy rápido de leer. Las páginas vuelan pero porque, lo que es el libro en sí, tiene muy poca miga. Es que no pasa nada relevante de la mitad del libro en adelante. En dos páginas pasa un mes, y así sucesivamente. La evolución es casi inexistente (hasta llegar a un final predecible, muy poco original y trilladísimo). Sinceramente, para vender este libro como una novela impresionante, conmovedora y novedosa (y, encima, cobrar 19 euros por ella) hay que echarle mucho morro.
¿Recomendado?
Ni sí, ni no. Formal y técnicamente, no es un mal libro. Técnicamente, Nuria no escribe mal (aunque tampoco tiene un dominio del léxico y de la semántica como para darle un premio de literatura), pero no tiene nada interesante que ofrecer. Una novela pobre, sin miga, que se queda en agua de borrajas. Es lo que yo llamaría una autora “intrusa”, de las que se creen que escribir un libro chick-lit es fácil si sigues la receta. Y no. Además, si no puedes mejorar lo existente ni aportar nada nuevo, mejor no hagas nada. Y esta novela es más de lo mismo de lo de siempre. En definitiva, una novela prescindible, olvidable e insulsa. Simplemente... correcta. Demasiado correcta.
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10.06.2009 00:18
Increíble opinión. Te mereces el excepcional y el diamante que te han dado: enhorabuena por sumar otro a la colección. Un besazo, guapa.
31.05.2009 21:58
Se matan poco la cabeza... menudo timo. Me está doliendo la clavada del libro porque por lo que cuentas... yo creo que ni regalado, no me llama NADA
31.05.2009 21:55
Es cierto que con tanto chicl-lit que se ha escrito ya parece difícil innovar. Lo mismo sucedió con el tema de los templarios, que tanto se explotó, que al final las novelas paecían remakes de otras y de las que no, continuaciones... Pero normalmente a mi me escaman las artistas que se pluriemplean en el artisteo, porque tener un talento no implica que tengas lo otros 8. Total, que si yo escribo no tengo por qué pintar bien. Aunque, claro, como en todo, hay unas pocas y honrosas excepciones. Muy buena opinión!! Y mucho más mordaz de lo que anuncias que será el libro :D