Mercado de Quevedo, Getafe

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Mercado de Quevedo, Getafe

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PUESTOS, TÍTERES, QUEVEDO Y TRAJES DE ÉPOCA... ¡DISFRUTAD!

5  17.03.2010

Ventajas:
Buen ambiente, trajes de época, alegría, puestecillos con productos muy interesantes

Desventajas:
Que ya haya acabado (del 11 al 14 de marzo)

Recomendable: Sí 

Detalles:

Interés en general

Encanto

Ubicación

Relación calidad precio


ITACA213

Sobre mí: La primavera sabe que la espero en Madrid www.itacabuscandoaulises.blogs pot.com. Take a smile :) ...

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Hay una canción por ahí que dice algo así como “Mambrú se fue a la guerra…” y luego habla de penas. Pues bien, el sábado pasado Ítaca se fue a Getafe y lo que puede contar son todo alegrías. Era la primera vez que pisaba esta ciudad y la excusa había sido la visita y posterior comida en casa de unos familiares. En principio era un plan normalito, pero lo que Itaca no sabía ni tampoco esperaba encontrarse era un magnífico mercado medieval en el centro del pueblo, justo al lado de la Estación (en la explanada central y las calles aledañas).


¡Qué alegría! Con lo que me gustan los mercados… pensó Itaca con una sonrisa en los labios…


Lo demás, os lo podéis imaginar. Tras una corta visita al mercado antes de comer (apenas un paseo que sólo le permitió vislumbrar el inicio de este mercado), ya por la tarde, después de comer, le dio tiempo suficiente a recorrerlo con calma, pararse en los puestos, disfrutar del ambiente, de los títeres para niños, hacer compras aquí y allá. En definitiva, pasárselo bomba en medio de un mercado que se presentaba fantástico. Y lo que aquí comienza es algo así como una crónica de las sensaciones mercaderiles de una Itaca entusiasmada, que se encontró con esta pequeña sorpresa del azar y que, como suele ser normal en ella, intentó exprimirla al máximo.



ITACA AQUÍ Y ALLÁ, DE PUESTO EN PUESTO.




A nuestra Itaca le encanta coger zapatilla y carretera, es feliz fuera de casa, saliendo y conociendo sitios nuevos. Si encima tiene la inmensa suerte de que uno de esos sitios nuevos se lo encuentra de frente y por casualidad, y puede disfrutar tanto de él como ocurrió con este mercado, pues la alegría es doble. Le encanta hacer planes de los lugares que quiere visitar y conocer, pero le gusta aún más cuando el azar cruza en su camino una pequeña joya no prevista, como sucedió el sábado pasado con este mercado sobre el que versa esta opinión.


A Itaca le encanta viajar como ya sabéis, pero este invierno tiene un perro en casa (un pequeño cachorro), por lo que ha reducido los viajes por el bien del cachorro, al menos durante el invierno. Ella siempre ha creído en el dicho que dice que “a falta de pan, buenas son tortas”, y en Madrid y alrededores hay mil cosas que descubrir sin tener que realizar un gran viaje. Además, siempre le han encantado los mercados porque de alguna forma es como si hicieras fuera un viaje. Además, a ese viaje por el mercado pudo llevar a su pequeño cachorro, que entre todos los sobrinos de Itaca y además todos los saludos de la gente que se cruzaba y se paraba a mirarlo, disfrutó tanto o más que ella de aquella novedad tan llena de gente.


Y es que realmente todos se lo pasaron muy bien, cada cual a su modo. Y si a Itaca le gustan los mercados, teníais que ver a su marido, a quien aún le gustan más aún (siempre que tengan productos tradicionales y sobre todo comida). Y es que en el mercado de Getafe había de todo, pero comida y productos tradicionales un montón. De hecho, el marido de Itaca salió de allí con un bote de miel, pan de maíz y pasas, queso de cabra, chorizo de Lugo, una lata de bacalao a la brasa portugués… Es difícil llevar la cuenta de todo lo que compró, incluso pararon en un puesto portugués y se pararon a tomar Licor Beirao, evocando los recuerdos de la mágica Lisboa. Itaca no había comprado nada hasta que llegó a un lugar repleto de productos que la apasionan: los tés, y de allí salió cargada con té Roibos, té de frutas del bosque y un deliciosísimo té de chocolate y menta (After Eight), que se arrepiente ya de no haber comprado un kilo, porque está realmente buenísimo, y en media semana ya se ha gastado una tercera parte.


Y es que corretear de un puesto a otro, mirar, husmear, buscar… resulta muy pero que muy divertido… Y si no que se lo digan a nuestra Itaca…



UN MERCADO MEDIEVAL, O DEBERÍAMOS DECIR BARROCO, DE VERDAD.





A Itaca le encantan los mercados medievales, con estética medieval. En realidad, este mercado estaba dedicado a la figura de Quevedo, por lo que más que medieval sería del Siglo de Oro, es decir barroco, pero daba igual. La estética era total: todos los dependientes iban ataviados con trajes de época, sólo debía de faltar el Águila Roja, quien sabe si no andaba por allí subido a algún tejado o a alguna azotea y no lo vieron… Bromas aparte, los puestos al viejo estilo, los trajes de época, los títeres para los niños, los puestos de comida callejera en los que podías degustar barbacoas de todo tipo de carnes, dulces de siempre, y que corriese la bebida, el buen vino y la fiesta… La única pena, que no pudieron quedarse a cenar en el mercado. Les hubiese encantado, porque lo que les gusta es la fiesta, pero tenían entradas para el teatro, cansancio acumulado, habían acabado de comer a las cinco de la tarde y además su pobre cachorro de cocker no hubiese aguantado tanto tiempo. Pero es que realmente aquel mercado merecía la pena, hasta el buen tiempo (tan raro en este crudo invierno) se había confabulado para regalarles un magnífico día de sol con una temperatura maravillosa mientras duró el sol (que cuando empezó a anochecer ya se notaba el frío).


Y es que ese mercado estaba tan bien hecho que había lugar para todos: mayores y pequeños. No sólo había puestos de cosas, sino que había zonas de juegos para los niños e incluso títeres que contaban historias graciosísimas. Itaca disimulaba un poco al estar rodeada de varios de sus sobrinillos pequeños, pero realmente se lo estaba pasando como una enana, quizá hasta mejor que ellos. En uno de esos teatros de títeres representaban además la historia del gran Quevedo, por lo que Itaca no sólo estaba encantada con el espectáculo, sino que además se alegraba de que los niños pudiesen aprender con ello. Y es que aquellos títeres eran de lo más divertido y además instructivo, por lo que ella se lo pasó como una niña más.


Le encantó la iniciativa, luego incluso se enteró de que la llevaban a cabo dos veces al año, así que seguro que estará al tanto de futuras ediciones para irse hasta allí, dar una vuelta, disfrutar del espectáculo, la alegría, la fiesta… y ya de paso pasear a su perro y a sus sobrinos, aprovechar para comprar té y objetos varios, y si se tercia, quedarse a cenar y picotear por allí. Incluso es posible dejarse el coche en casa e irse directamente en tren, aunque después de una cena de vino y barbacoa, muchas risas y muchas ganas de pasárselo bien, uno corre también el riesgo de dormirse y que se le pase su estación, pero eso, siempre es un mal menor.



QUEVEDO, VIEJO AMIGO.




Curioso, muy muy pero que muy curioso. Sí, porque Itaca también cree, y mucho, en el azar y esas cosas, y lleva un añito en el que Quevedo se le presenta en cada esquina. Porque sí, desde sus lecturas quevedianas allá por los dieciséis años (anda que no ha pasado el tiempo), no se había acordado casi de él. Cierto que las lecturas de Alatriste le hicieron amar el lado canalla y socarrón de este autor convertido en personaje por obra y gracia del maestro Reverte; cierto aún más que cuando vio la adaptación cinematográfica y a su querido Juan Echanove en la piel de conceptista, ya se enamoró del todo. No sabe de dónde salen las raíces, pero empezó a interesarle más la figura de Quevedo. Se cruzó con él en un viaje a León, donde se enteró de que allí había estado encarcelado en el hoy Parador y Hostal San Marcos y la otrora cárcel. Volvió a acercarse y a pasear de su mano en ese magnífico paseo que le brindó su amigo Juan Carlos Carpetano y que le acercó mucho más a la figura de Quevedo. Incluso el año pasado fue a ver una representación de uno de las obras más conocidas del autor, si no la que más, y que no era otro que El buscón.


Pues bien, Quevedo, amigo mío, lo que yo no esperaba era encontrarte aquí en Getafe en esta luminosa tarde de invierno, le dijo nuestra Itaca.

Yo tampoco esperaba encontrar a vuestra merced por estos lares, le respondió Quevedo con una sonrisa socarrona.


Y aquel amor a primera vista se materializó en forma de títere, porque el que hablaba convertido en una marioneta, contando a los más pequeños (y a Itaca con ellos) la historia de su vida. Y aquel mercado tenía como excusa la figura del poeta, su lengua afilada y sarcástica que tantas risas… alrededor de su figura ondeaba la fiesta, los trajes de época, los niños, los mayores, los perros, los bizcochos, las barbacoas, los puestos, las risas, las sonrisas, las lágrimas… todo, todo y todo. Aquel mercado era la ocasión perfecta para que, sin quererlo, Itaca volviese a encontrarse con su amigo Francisco de Quevedo y disfrutar de su mutua compañía.


LO QUE MÁS LE GUSTÓ A ITACA




Podría deciros que todo, ya la conocéis cuando algo le entusiasma, y el Mercado de Quevedo sin duda lo hizo. Pero a ello hay que añadirle que aún se apasiona más cuando el descubrimiento ha sido fortuito, llegó y se encontró este mercado por casualidad, y esas cosas todavía la emocionan más, por inesperadas. Aquí os dejo algunas de las cosas que Itaca destacaría de este mercado:


LOS TRAJES DE ÉPOCA




Se acordó de su amiga y ciao compi esperedondo, y pensó que aunque ella misma (Itaca) aún no conocía las fiestas de Teruel, eso de retrotraerse en el tiempo y encontrarse en un mercado del Siglo de Oro con trajes de época molaba un montón. De hecho, si alguien le hubiese ofrecido un traje de esos, no hubiese dudado en enfundárselo y disfrutar del ambiente, cerrar los ojos y pensar que estaba siglos atrás. Que nuestra Itaca es muy cañí, le encanta disfrazarse y a pasárselo bien.



EL BUEN AMBIENTE




Le encantó el mercado, porque había muy bien ambiente (algo que considera fundamental), ese olorcillo a fiesta, a pasarlo bien, a disfrutar de una soleada tarde de fin de semana y por tanto disfrutar de nuestro tiempo de ocio. La gente se notaba que se estaba disfrutando, husmeando entre los puestos con cierta curiosidad, o escuchando a los títeres, los niños jugando en los juegos que les habían habilitado, la gente comprando bollos, tomándose algo, o simplemente disfrutando de la tarde. Y es que el ambientillo y la alegría es muy de agradecer.


LOS TÍTERES




Itaca siempre ha tenido un poco de alma de titiritero, debe de ser por la canción de Serrat, que creció con ella, canturreándola. Aún recuerdo cuando se encontró una banda de títeres en la Plaza Mayor de Cáceres, ¡qué ilusión! Sea como fuere, le encantan los títeres, y sobre todo le encantan las caras de los niños con los ojos muy abiertos, dispuestos a empaparse de lo que pasa en ese escenario de cartón. Por ello, disfrutó como nadie entre niños y títeres, recuperando en parte la ilusión de la infancia y disfrutando al igual que ellos de la historia que les contaban. Al parecer había dos títeres diferentes que compartían escenario, pero Itaca sólo pudo disfrutar de uno de ellos, eso sí, los disfrutó con ahínco, exprimiéndolo al máximo.


SU AMIGO QUEVEDO




Con relación a los títeres, precisamente allí se encontró con su amigo Quevedo. Qué alegría Don Francisco, usted por aquí. Y sus sobrinillos encandilados mientras escuchaban al títere Quevedo hablar de su vida, obra y casi milagros. Y es que, aunque sea en forma de títere, encontrarse con un amigo o con su espíritu, convendrán ustedes conmigo en que es una alegría, y para Itaca sin lugar a dudas lo fue.


LOS PUESTECILLOS Y LOS TÉS




Siempre es agradable husmear un poco por los puestecillos, es lo que piensa Itaca, y especialmente si hay un montón como había en este mercado y además donde podrás encontrar cosas tan variopintas como tartas, queso, objetos de artesanía variada, licores, brujitas, bolsos… un poco de todo, pero sobre todo productos artesanos. Y hablando de té, a Itaca le chifla el té, y cuanto de más sabores o más raro sea, pues mejor. Y allí encontró un paraíso de tés, un puesto donde había de todo y a granel, una simbiosis de aromas que te transportaba a otros lugares muy lejanos. Por supuesto se compró tres paquetes (los había de 5€ y de 7€) y os puedo asegurar que si aún estuviese puesto el mercado (estuvo en Getafe del 11 al 14 de marzo), volvería a comprar más, especialmente del After Eight.


LAS BARBACOAS Y PINCHOTEOS VARIOS




Itaca se quedó con las ganas, y muchas, de haber cenado allí en el Mercado en plan pinchoteo: que si unas costillas a la brasa, que si un chorizo, que si un licor, que si una sidra… Sí, sí, habéis oído bien, porque hasta casa de Asturias había en el mercado, puede que en el Siglo de Oro no se estilase mucho, pero ahí estaba. Y a Itaca le hubiese encantado acabar el día así, disfrutando del buen ambiente, pero no pudo ser, otra vez será…. Sniff, sniff, sniff…


Como veis, todo o casi todo en el mercado era positivo. De acuerdo con que un punto negativo fue que el sábado por la tarde había bastante gente y era difícil pasear entre los puestos, especialmente teniendo cuidado de que Athos, el Príncipe de la casa, no acabase con una patita pisoteada o algo peor. Pero es que realmente hubiese merecido la pena desplazarse hasta Getafe aunque sólo hubiese sido para ver ese mercado, si encima tenemos en cuenta de que se lo encontraron por casualidad y lo mucho que lo disfrutaron… es que fue casi, como diría yo…

un regalo del destino




LA EXPERIENCIA DE ITACA




A Itaca le encanta la fiesta, y cuanto más popular sea, mucho mejor. Le encantan los mercadillos, la gente, la alegría, el cruce de culturas, los puestecillos donde encontrar prácticamente de todo y sobre todo productos de otros lugares y otras tierras, como si hubiésemos realizado un viaje sin maleta y sin grandes desplazamientos.


Lo único que lamenta es no haber llevado su cámara de fotos, y teniendo en cuenta que además está sin móvil desde hace unos días, no tiene documentos gráficos para poder adjuntar a esta opinión y así ilustrarla. Una verdadera pena, porque una imagen vale más que mil palabras y esas fotos no hechas habrían venido de perlas para ilustrar esta opinión. Pero como a falta de pan, buenas son tortas (otra vez utilizamos el mismo refrán), tendréis que conformaros con las palabras e intentar hacer un viaje a través de ellas y visitar el mercado de Quevedo.


Una verdadera pena es que este mercado, como casi todos, tenía una duración únicamente de cuatro días (del jueves 11 al domingo 14), por lo que esta opinión llegará tarde para que podáis visitarlo. Husmeando un poco por la red (algo que a Itaca le encanta), ha visto que este tipo de mercados se desarrollan todos los años en localidades como Getafe, Fuenlabrada, incluso en la Latina de Madrid, en la Granja de San Ildefonso, en pueblos castellanos durante el verano… Sin embargo no ha localizado (aún) más mercados de este tipo cerca de Madrid en los próximos meses. Pero aparecerán, seguro que sí.


Itaca se lo pasó genial, seguro que ya lo sabéis después de leer la opinión. Le encantó el mercado, el tiempo que estuvo en él lo aprovechó al máximo. Aprovechó para comprar té y otros productos, para pasear y husmear por los puestos, para asistir a un espectáculo de títeres, para disfrutar de la compañía de sus sobrinos y su perro, para volver a saludar a su viejo amigo Quevedo y de paso para hacer un viaje en el tiempo y en el espacio a través de ese mercado y sin tener que desplazarse. Porque estas pequeñas alegrías, estos pequeños momentos son los que le dan verdadera importancia a nuestro día a día, y un mercado como el Mercado de Quevedo en Getafe el último fin de semana, es algo así como un pequeño día de fiesta, y las fiestas y las alegrías hay que aprovecharlas.


Por supuesto, Itaca os recomienda este mercado y cualquier otro de este tipo que podáis encontraros o que el azar cruce en vuestro camino. Pero sobre todo, hay que ir con muchas ganas de pasarlo bien, de disfrutar del ambiente, retrotraernos a otros tiempos y ya de paso llevarnos algo de recuerdo para nuestra casa, que los comerciantes están allí trabajando y tenemos que contribuir a que estas iniciativas sigan realizándose y así nosotros beneficiarnos de ellas al poder disfrutarlas (quid pro quo). Que eso que hace mucha gente de pasear mucho y no gastarse un duro, no está bien; si todo el mundo hiciésemos eso, mercados como éste no existirían. Y no me habléis de crisis, que sin duda la hay pero nosotros con nuestra falta de consumo la aumentamos. Que por tomaros algo, disfrutar del ambiente e invertir unos euros (que no tienen que ser mucho) llevándonos algo de lo que disfrutar en casa y además con lo que recordemos los buenos momentos pasados en este mercado, no nos va a costar tanto.


Y sobre todo y por encima de todo lo demás, el Carpe Diem romano que aún no ha pasado de moda por más que tantos siglos han transcurrido. Aprovechad cada momento, aprovechad cada instante, disfrutad de los títeres y el espectáculo, de los juegos para niños y de este sol radiante, tomad una copa y un chorizo a la brasa, llevaros productos artesanos a vuestra casa y acordaros de estos buenos momentos.


Porque hoy es un día de fiesta y mercado.


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cay11

cay11

29.03.2010 18:52

A nosotros nos pasa parecido a vosotros, a mí me gustan los mercados, mucho, pero a Jordi le chiflan, casi hay que sacarlo arrastras... En fin, procuraré no perderme este mercado el año que viene. Besos.

barre1968

barre1968

27.03.2010 16:20

Los mercadillos mediavales suelen resultar lugares donde no se nos ofrece nada nuevo, tan sólo una performance de un lugar de la ciudad en la que se ubica, en los que podemos encontrar productos a precios más elevados de los habituales. Besos.

Octubre2007

Octubre2007

23.03.2010 19:13

No lo conozco, aunque tu opinión me ha hecho recordar que tengo unos amigos muy queridos allí (y que debería ir a verlos ya mismo). Volveré a valorar. Besos.

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