Bovary soy yo
26.06.2004
Ventajas:
Una obra maestra
Desventajas:
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Recomendable:
Sí
 odlanier
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Gustave Flaubert, el autor francés autor de la famosa novela que aquí comento, fue un burgués, que abandonó sus estudios de Derecho en París para dedicarse a la literatura en una finca familiar situada en Ruán. Fue uno de los primeros antirrómanticos, al intentar suprimir el yo del escritor para lograr la objetividad sin opiniones y mostrar la suciedad y estupidez del mundo: “La vida es una cosa tan repugnante, que el único medio de soportarla es evitarla. Y se la evita viviendo en el Arte, en la búsqueda incesante de lo Verdadero dado por lo Bello.”
Antes de escribir la novela que le daría fama universal, Flaubert había escrito cuentos y dramas a la moda, influido por los autores románticos que después habría de combatir. Tras un intento fallido de relatar el amor pasional por una mujer casada y de escribir una historia sobre las tentaciones de San Antonio, sus amigos Du Camp y Bouilhet le recomendaron que olvidara el idealismo y se centrara en algún asunto de la realidad. Fue así como empezó Madame Bovary, una obra en la que trabajaría cinco años, hasta su publicación en 1857, en un proceso de lenta elaboración estilística que abarcaba el cuidado del lenguaje (sonoro, preciso, sugerente...) y la estructura narrativa (punto de vista omnisciente y distanciado, interés creciente, cuidada cronología temporal...).
Había periodos de creación en que tan sólo escribía una página por semana, en ese esfuerzo por lograr la perfección formal de la historia. La novela se recuerda, fundamentalmente, por su protagonista, Emma Bovary, la hija de un granjero, educada en un convento de ursulinas en Ruán, a quien influye en exceso el espíritu romántico: lejos de vivir una existencia pacífica junto a su marido Carlos y su hija Berta, se embarca en amores adúlteros para huir de la monotonía diaria, en una búsqueda compulsiva del amor pasional y de la libertad, aprendidos en la literatura y admirados en la ópera, que la llevan a ella y a su familia a la desgracia. Para su marido, un mediocre médico rural, burgués pacífico, rutinario y feliz, pero incapaz de observar la profunda insatisfacción de su mujer -y la continua traición profesional del boticario de Yonville-, Emma supone la encarnación más perfecta de la mujer fatal.
Por este personaje femenino, falto de sentido práctico en lo material –llega a arruinar a su marido y condena a su hija a una vida de miseria-, falto de culpabilidad y de ética –se entrega a dos adulterios de la forma más consciente y despreocupada que se pueda imaginar-, carente de instinto maternal –apenas se preocupa de su hija-, que vive con una libertad excesiva en el mundo hipócrita del siglo XIX, Flaubert sufriría un proceso por la presunta inmoralidad de la obra, del que saldría absuelto. Emma es, según el propio autor, “una mujer de falsa poesía y de falsos sentimientos”, en cierto modo un remedo de otro famoso personaje idealista, don Quijote: si el hidalgo cervantino se había vuelto loco por leer novelas de caballerías, la mujer del doctor se perturba por la lectura de novelas que exaltan los sentimientos hasta el paroxismo. Una diferencia, sin embargo, opone a ambos personajes: la grandeza del idealismo del manchego, vencido por el mundo en el ejemplar esfuerzo por mejorarlo, es estupidez y cursilería en la adúltera desenfrenada creada por Flaubert.
La novela se encuentra estructurada formalmente en tres partes. El autor consigue, con una calculada organización de la materia narrativa y un creciente interés por el devenir de la trama, un argumento perfectamente construido: en la primera parte, se nos presenta a Carlos Bovary, sus estudios, su primer matrimonio, su viudez y su segundo matrimonio, con Emma, hasta que se trasladan de Tostes a Yonville; la segunda, muestra la progresiva infelicidad de la protagonista, que se enamora del joven León, un pasante, que, ante la indiferencia que percibe de Emma, abandona el pueblo, dejando el campo abierto a Rodolfo, un conquistador que deslumbrará a la insatisfecha esposa hasta convertirla en su amante; en la tercera, Emma, tras haberse recuperado de la enfermedad en que se sume cuando es abandonada por Rodolfo, se reencuentra con León, con quien vive una apasionada aventura, al menos al principio, que la lleva a la continua mentira, a la sinrazón, a la miseria y al suicidio. Es en este fracaso final, que varios personajes, entre ellos el marido, atribuyen a la “fatalidad”, donde radica la más profunda crítica, la más feroz, al idealismo romántico. Flaubert dedicaría otros cinco años a su novela siguiente, Salambó (1862), una novela sobre la antigua Cartago, llena de sublime idealismo; en la actualidad ya no se lee apenas, pero para el autor fue su peculiar cura de “el asco que me había producido la Bovary”.
Dos novelas más nos legó el creador del Yonville imaginario: La Educación Sentimental (1869), que es la historia de un amor ideal, al que las circunstancias no permiten que se materialice en un amor carnal y, por lo tanto, adúltero –su protagonista, Federico, es un burgués rico, que se deja llevar por amores superficiales, pero que conserva siempre su amor por una mujer casada a la que nunca tendrá- y La Tentación de San Antonio (1874), una gran fantasía inspirada por el cuadro de Brueghel. En sus últimos años, minado por la enfermedad y con una precaria situación económica, causada por la necesidad de ayudar a su sobrina, su única confidente familiar, se lamenta de haber dedicado tanto tiempo a la literatura y de haberse privado de la vida.
Sin embargo, dejando de lado el sentimiento personal de fracaso vital, Flaubert fue capaz de mostrar objetivamente, de manera fría y distanciada, la realidad de su tiempo, evitando la interpretación. Advirtió y criticó la crisis de la sociedad burguesa, la caída de los valores individuales y la aparición de la sociedad de masas, desde el horror que le inspiraba el mundo que veía. Por eso Madame Bovary es un clásico, porque se ve en esta novela un tiempo definitivamente ido pero que conmueve en su lucidez a cada nueva generación.
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22.12.2004 16:47
Una opinión muy buena sobre un libro que me apasiona. Enhorabuena.
30.06.2004 01:10
Creo que Falubert olvidó en su vida la suma perfecta -y difícil- de literatura y vida.
28.06.2004 11:39
Todo un clásico que casi todo el mundo debería conocer. Saludos.