Madurez

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Opinión sobre "Madurez"

publicada 13/10/2007 | Moraneus
usuario desde : 21/09/2004
Opiniones : 115
Confianza conseguida : 104
Sobre mí :
He llegado a la conclusión de que mi opinión sobre las cosas no es tan importante ni tan interesante como para que la lean los demás
Excelente
Ventajas para el perdedor había pocas
Desventajas para el ganador casi no había
muy útil

"Pequeña historia de N'Gwu"

El gladiador de ébano mira al frente con fiereza.

Es más la costumbre que otra cosa. Conseguir atemorizar al rival es un punto ganado de antemano. Luego, en el balance general, todo cuenta. No es que sienta nada especial hacia al otro, ni odio, ni rencor, ni ningún tipo de animadversión. Todo es un trabajo que hay que hacer. Todo es un circo. Es el Circo Romano, de hecho, famoso en todo el mundo conocido y conquistado.

N'Gwu, el gladiador de ébano, como ha sido llamado en innumerables ocasiones, mira al público. Casi no le presta atención a su rival. Es negro, como él, y joven. Y además está aterrorizado. Pobre chaval. Maldita vida, maldito mundo, acabar así...

El estruendo ensordecedor tapona los oídos de N'Gwu, pero ya se ha acostumbrado a eso. A oir cómo corean su nombre. Al respeto, a ser una especie de héroe...

Su rival ataca presa sobre todo del miedo; ataca a ciegas, sin mirar, sin calcular. N'Gwu se vuelve en el último momento y traba su tridente contra la espada del joven adeversario. Un sonoro CLINK retumba en el coliseo y la gente contiene el aliento. N'Gwu hace fuerza con su brazo diestro y el chaval cae de culo en la sucia arena. Siente rabia por aquel ataque tan absurdo como inesperado y corriendo hacia su rival caído golpea con todas sus fuerzas con su red. El otro gira en el suelo en el último instante y esquiva así un latigazo de esparto sumamente doloroso, más por instinto que por otra cosa.

El circo ruge como un león y N'Gwu, tantas veces supeditado a las reacciones populares en aquel lugar, y tan acostumbrado ya a todo ello se encara con su rival:

-¡¡Levántate y pelea!! -le grita furibundo mientras siente como la rabia va carcomiéndole. Se empapa de la sed de sangre poco a poco y una sonrisa sibilina se dibuja en sus labios sin que él lo sepa.

Lo siguiente que ocurre son varios golpes por su parte con la red "Ibiwans" que tanto oro le costó... Golpes que impactan en el cuerpo de su joven y aterrorizado adversario. Y una serie de lances de tridente que el rival esquiva a duras penas; alguno propinándole cortes de diversa índole, desde el más leve hasta alguno que otro profundo y serio.

El público sigue rugiendo, y de pronto el chaval se lanza desesperado contra él. N'Gwu lo esquiva facilmente y le atiza con el plano del tridente en el casco haciéndole caer atontado.

No hay posibilidad alguna de que este combate acabe de otra forma. Todo estaba claro desde el principio. Él es el campeón y no tiene rival. ¿Todo estaba claro? ¿Qué clase de combate es éste?

N'Gwu se da la vuelta y mira al respetable. Pasea, de hecho, su mirada en torno a sí circunvalando el recinto con lentitud.

¿Qué clase de combate es éste? ¿De verdad os gusta esto, despreciables ciudadanos? ¿Por qué me conseguís un duelo como éste? ¿Qué honor hay en que mate a este chaval inexperto? ¿Qué pasión? ¿Qué diversión? ¿Por qué? ¿No veis que está asustado? ¿No veis que...

Pero aquellas abruptas reflexiones se ven interrumpidas por un grito que hiela la sangre. Cuando N'Gwu se vuelve tiene el tiempo justo de ver como el chaval se le abalanza ciego de desesperación. Él vuelve a hacer una finta común, aprendida hace mucho y colocándose a la espalda del rival vuelve a atizarle con el plano del tridente. Ésta vez el joven cae bocabajo y le cuesta más reaccionar, ubicarse, intentar levantarse.

N'Gwu se acerca y levanta el tridente frente a su adversario caído. Éste se da la vuelta despacio y se enfrenta con horror a su destino. Luego cierra los ojos y comienza a rezarle a sus ancestrales dioses africanos. Sabe que ha llegado su final pero no tiene fuerzas para intentar remediarlo. Ni fuerzas ni entereza. Lo mejor, piensa, es dejar que ocurra lo que tenga que ocurrir.

N'Gwu mira al público; todos reclaman la muerte del joven. Entonces mira al Pretor Marius, hoy jefe del coliseo pues es el único representante presente de la autoridad. El silencio se sucede; el público enmudece y casi poría oirse un cuervo que vuela lejano buscando comida y ajeno a todo aquello. El pretor levanta su mano y con sádica sonrisa dirige su pulgar hacia abajo. Los congregados rugen de entusiasmo y N'Gwu mira a su pobre rival mientras levanta el tridente aún más. Sabe lo que debe hacer. Lo ha hecho en innumerables ocasiones; por algo es el campeón de la arena. Pero el chico está llorando. Está llorando y comienza a hablar en su lengua, una lengua familiar a los oídos de N'Gwu. Le pide a sus dioses que cuiden a su madre y hermanas, que se apiaden de su anciano padre, que se encargen de las cosechas...

N'gwu baja el tridente despacio, lo que propicia el desacuerdo popular. Los abucheos comienzan en una esquina de aquella construcción y poco a poco van extendiéndose. La gente quiere sangre, y él lo sabe. Demasiado bien lo sabe...

Pero algo se ha roto dentro de él. O mejor dicho un sentimiento nuevo ha aparecido en su interior. Uno que no conocía. N'Gwu arroja el tridente con desprecio y mira al pretor de modo desafiante. El público le abuchea pero él hace caso omiso. Entonces vuelve a mirar a su rival.

-Sé fuerte, muchacho -le dice- pase lo que pase, sé fuerte. No tengas miedo a nada, porque lo peor que te puede pasar es la muerte, y ni siquiera eso es tan malo.

Yakir, que así se llama el susodicho le mira con incredulidad; N'Gwu es muy famoso, no solo en Roma, sino en gran parte del mundo conocido, y le acaba de perdonar la vida. No acierta a reaccionar, y por tanto no lo hace; permanece en esa posición, en el suelo, desarmado, inofensivo completamente...

Y ante la atónita mirada de todos N'Gwu da media vuelta y se encamina al interior del coliseo.

Yakir se levanta trabajosamente y le ve partir, sin saber muy bien cómo reaccionar; sin entender nada...

N'Gwu no sabe muy bien porqué lo ha hecho. Por qué ha desobedecido una orden del mismísimo pretor. Pero le da igual.

Octavio no me va a perdonar -piensa- y me echará de la escuela de gladiadores, pero me da igual. Tantos años a su servicio, me tiene que entender. Y si no lo hace, es su problema.

Se imagina la conversación:

-Pero ¿tú estás loco N'gwu? El pretor te dijo que lo mataras. Por qué diantres no---

Sería el fin de su carrera como gladiador, de eso estaba seguro. Octavio le echaría. En su posición no podría permitir tamaña desobediencia. Pero le daba igual. Hacía mucho que había comprado su libertad. Recordó con cierto humor las primeras veces que había caminado por Roma la Grande con su recién comprada (y mentada) libertad. Recordó al resto de ciudadanos mirándole con una mezcla de pavor y extrañeza.

"Un negro andando libre por Roma" había oído innumerables veces "un nubio libre en la capital de la civilización..." Tan curioso había sido su caso que incluso había llegado a oídos del propio César, el cual, ante la pregunta de sus consejeros (y siempre según las malas lenguas de los mentideros de la via Apolonia) había respondido:

"¿Y qué queréis que haga yo? ¿No está establecido en nuestras leyes (aquellas que nos distinguen de los bárbaros) que cualquier esclavo puede comprar su libertad si paga el precio correspondiente? Pues eso; ¿qué queréis que haga yo? Aunque sea un negro africano el que ande entre nosotros no puedo hacer nada al respecto..."

Y de hecho, aunque no sabía si aquello era cierto o no, a N'gwu nunca le habían molestado cuando recorría la vía Appia o incluso cerca del edificio del senado. Allí los guardias se habían limitado a mirarle con desdén. Eso había sido al principio, luego se habían acabado acostumbrando y lo que es más; los romanos habían acabado en cierto modo aceptándole.

N'Gwu se dirige hacia las mazmorras con paso firme, haciendo caso omiso de los gritos, del pretor, de Octavio... Nunca volvería a ser el campeón de la Arena, aquel admirado por todos, pero le da igual; en aquel momento lo único que importa es que aquel chaval sobreviva.

Nunca en su vida ha tenido nada tan claro...

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Dedicado a Dy_ana1982 y a Biddle; ellas saben por qué...

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muy útil

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Comentarios en esta opinión

  • danielomar publicada 23/07/2011
    no ce x que esta en madurez salu2
  • Laranina publicada 16/09/2008
    Un relato muy interesante.
  • guantanamo publicada 02/06/2008
    Una maravillosa opinión
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Incluido en Ciao desde: 13/05/2002