MÄN SOM HATAR KVINNOR
06.10.2009
Ventajas:
interesante primera parte
Desventajas:
demasiado largo
Recomendable:
Sí
 Stella61
Sobre mí:
La mediocridad no conoce nada más superior que si misma, pero el talento reconoce instantáneamente l...
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Mikael Blomkvist es un periodista de intachable trayectoria que está viviendo un mal momento: su última exclusiva le ha costado una demanda por difamación y su contrincante, el poderoso H.E. Wennerström ha conseguido su propósito: Blomkvist es condenado a pagar una delicada suma de dinero, como indemnización a Wennerström, además de tener que ingresar en prisión durante unos meses. Blomkvist acepta la sentencia e intenta inventariar su vida y, sobre todo, su carrera, o mejor dicho, lo que queda de ella. Justo en ese momento un tal Dirch Frode le contacta, para pedirle una cita que su cliente y amigo, Henrik Vanger, desea mantener con Mikael y, aunque no le explica, para qué, ni le da motivos ni razones, después de pensarlo un rato, Blomkvist decide ir a la cita. No tiene nada que perder y tiempo, le sobra, además, Henrik Vanger es un magnate de un grupo empresarial sueco, retirado ya, pero, aún así, muy importante en Suecia.
Durante el encuentro entre Mikael y Henrik Vanger, éste le cuenta la historia rara y, ya prescrita, de su nieta-sobrina Harriet Vanger. La cual desapareció hace casi 40 años, sin dejar el menor rastro. En su día, un caso sonado, dado la repercusión mediática que tuvo, pero Harriet desapareció, prácticamente esfumándose en el aire. La policía no encontró jamas un indicio o una prueba sobre lo que pasó y, también, jamás encontró su cádaver. Visto así y, dado el tiempo transcurrido, el caso se podría dar por cerrado y sin resolver, pero Henrik Vanger es incapaz de olvidar a su nieta-sobrina preferida, la niña de sus ojos, dado que alguien se preocupa de recordarle todos los años que Harriet existió y, en los últimos 37 años, para su cumpleaños, recibe una flor disecada y enmarcada, una tradición que empezó cuando Harriet, por primera vez, le regaló a su tío abuelo una flor disecada por ella y enmarcada, ocurrido justo un año antes de que Harriet desapareciera. Vanger sospecha de gran parte de la familia, ya que, el día que desapareció Harriet, se encontraba la familia, en su totalidad, reunida en Hedeby, la ciudad donde la saga de los Vanger comenzó y, donde todavía, muchos de ellos viven.
Henrik le pide a Mikael que investigue. Como buen periodista que es, el caso de Harriet, por si él puede encontrar algo que todos antes que él no hayan visto, algún indicio que pueda llevarles a averiguar que ocurrió con Harriet y, sobre todo, quién fue o es el responsable de la desaparición y, posiblemente, muerte de Harriet. La oferta que le hace Vanger a Mikael es buenísima, ya que no le exige resultados concretos, sólo desea que Mikael utilice su instinto y talento periodístico, para intentar averiguar que pasó con la joven Harriet, a cambio, se compromete a pagarle muchísimo dinero, tanto si consigue esclarecer la intrigante desaparición, como si no, pero la verdadera razón por la que finalmente Mikael acepta el trabajo es, que Henrik Vanger dice saber detalles escabrosos sobre su archi enemigo, Wennerström y, le promete ayudarle a derrumbarlo. Mikael tiene tantas ganas de vengarse y restaurar su resquebrejada reputación como periodista, que acepta y se pone manos a la obra. Comienza una ardua labor que parece llevarle a ningún sitio, por mucho que Mikael busca y rebusca, no aparece nada, que le llame la atención y Mikael empieza a pensar que su socia y amiga especial, Erika Berger, tenía razón, está perdiendo el tiempo. Pero un buen día y remirando un album de fotos que tiene ya más que visto, algo llama su atención...
En otra ocasión es su propia hija, Pernilla, la que, sin querer, le da una pista muy valiosa, que le ayudará a sacar conclusiones necesarias para acercarse cada vez más a la solución de un caso, aparentemente, tan simple y que, finalmente, concluye con el descubrimiento de unos asesinatos a mujeres, cometidos por hombres que simplemente odian a todas las féminas y, a esta conclusión llega la ayudante de Mikael, Lisbeth Salander, una mujer de lo más extraña que se pueda imaginar, casi un animal que siempre está en alerta. Ella y Mikael consiguen descodificar las señales que en su día Harriet dejó, sin saber que 40 años más tarde, alguien lo utilizaría para destapar una tragedia que ocurría en el seno de la familia Vanger. Hasta aquí mi reseña sobre el primer libro de la trilogía Millenium, de Stieg Larsson, ahora viene mi opinión sobre la obra: En primer lugar tengo que decir que el libro se me ha hecho muy, muy largo, casi demasiado largo y, prácticamente, los dos primeros tercios del libro he ido leyendo, intentando encontrarle el gancho. No he querido dejarlo y no me he sentido tentada a dejar de leerlo, pero tengo que criticar, por lo menos un poco, la estructura del libro, que se hace pesado leer, hasta llegar al punto de inflexión, cuando los acontecimientos en la trama se agolpan y los protagonistas recorren a velocidad vertiginosa una gran escala de inesperados momentos, como dicen Mikael y Lisbeth, hace click y, los dos, son iluminados por la verdad.
Como no quiero hablar mucho de la historia en si, porque, es mejor que cada uno la lea y la interprete como la sienta, me gustaría dedicarme más a los protagonistas y me refiero a Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, dos personajes creados por Stieg Larsson, el ya fallecido autor de la trilogía. Por lo visto, Larsson se inspiró al crear a Karl Mikael Blomkvist, en primera línea, en si mismo. Blomkvist es un típico hombre sueco de cuarenta y tantos años, divorciado y padre de una hija adolescente, Pernilla, pero lo más importante del personaje Kalle Blomkvist es que se dedica al periodismo investigativo y ésto en el sector económico. Comparto la opinión de Blomkvist, ni yo, ni él nos fiamos de los brillantes hombres de negocios que emiten sus acciones en las bolsas del mundo y, con ello, hacen subir o caer un sistema financiero y, en consecuencia, al país que depende de ese sistema. Para Blomkvist (y para mi) todos los banqueros son unos bandidos y la brillantez de los ejecutivos, consejeros delegados etc., sólo sirve para deslumbrarnos a nosotros, los pequeños mortales, que dependemos de la tendencia que los ilustres Señores, marquen. Blomkvist es un Che Guevara sueco que se dedica al periodismo y su objetivo es desenmascarar a todos los delincuentes de guante blanco y traje de Armani. Todo ésto, naturalmente, con temperamento sueco, con esto quiero decir que Mikael es un hombre tranquilo, sin ánimo de hacer daño a nadie. Su arma letal es el bolígrafo, con él, es capaz de destruir un imperio creado sobre engaños, como es el caso del magnate Hans-Erik Wennerström, su gran enemigo y contrincante, el cual consigue tenderle una trampa, en la que Mikael cae, hasta el extremo de tener que sentarse ante un juez, imputado por difamación de un honorable hombre de negocios y, ser condenado a pagar una sustanciosa indemnización y a visitar un centro penitenciario por dentro, durante unos meses.
Muy brillante es el comentario de Mikael hacia un periodista que le recuerda que su venganza de Wennerström puede significar el gran crash en la bolsa y la economía nacional, a lo que Blomkvist contesta que la bolsa es un fantasma creado por los hombres de negocios, que ellos mueven, suben y bajan, a su antojo, mientras que la economía de un país es el trabajo y esfuerzo de todos los que arriman el codo. Desde luego, que éste es el punto más débil de la historia. ¿Cómo puede un periodista de larga trayectoria profesional y con mucha experiencia en su trabajo, caer en una trampa tan obvia? Su fuente parecía seria y correcta, pero, en realidad, era un enviado de Wennerström, que le hizo creer en toda la información que le entregó, pero, ¿no es el deber de un periodista, contrastar la información obtenida? ¿o es que, simplemente, Mikael ardía por darle un palo a Wennerström y, no se dieron cuenta, ni él, ni su socia, que tenían un topo en su redacción?
Aunque sea sólo una estratagema estilística del autor para poner al protagonista en la situación de impotencia y vacío profesional, no me parece que lo haya elaborado mucho, pero como el fin justifica los medios y, la finalidad era crear esa situación para el protagonista, toleramos el débil fundamento. Hubiera deseado saber más sobre el trabajo periodístico de Mikael y su redacción, pero parece ser que ese no era el objetivo de Larsson, su intención era meter a un periodista fracasado en una situación extrema y dar paso así, a una historia que bien podría haber sido engendrada por Agatha Christie y Minette Walters juntas. La historia de la familia Vanger, tal y como se presenta, es la historia de una dinastía poderosa, por su vinculación al poder económico de Suecia, pero, a la vez, es una historia que desprende un fuerte olor a putrefacción, debido a sus miembros, más o menos todos ellos, egoístas, envidiosos, viciosos, con algunas excepciones, como en todas las dinastías, glamour por un lado y, podrido por el otro. Es una crónica digna de ser contada en toda su amplietud, porque abarca varias épocas y tendencias, así, Larsson explica un poco, muy poco, y, a través de la crónica de los Vanger, la implicación de los suecos en la era nazi. Varios miembros de la familia fueron y, siguieron siéndolo, más adelante, convencidos nazis, por ejemplo, el hermano mayor de Henrik, Richard Vanger, era un nazi sueco, que se casó con una sueca de su misma condición y, juntos convirtieron a su hijo, Gottfried, en una persona débil y violenta, que arremetía contra todo y todos y, sobre todo, contra si mismo. Los hijos de Gottfried tuvieron que sufrir en sus carnes la perversidad de un padre alcohólico y una madre, también alcohólica, que desviaba la mirada y se desentendía de su familia. Ese era el ambiente en el que nació y se crió Harriet, la joven desaparecida y, a Mikael le queda bien claro que Harriet era una chica infeliz que sólo confiaba en su tio-abuelo, Henrik y en su prima Anita. Los líos familiares de la familia Vanger, no son una sorpresa para Mikael, dado que Henrik ya le había avisado de antemano que los Vanger eran una familia de mentirosos envidiosos, capaces de todo, pero, desde luego, que Mikael ni soñaba con lo que iba a descubrir, a raiz de su investigación sobre la desaparición de Harriet y, por último, cabe decir que la mejor pista sobre que pasó y dónde está el cuerpo de Harriet, Larsson lo dá al principio de la historia, cuando Henrik recibe la flor disecada. El personaje más complejo es, desde luego, Lisbeth Salander. Lisbeth es una mujer de 25 años que según la descripción de ella, aparenta 15, sobre todo, por su look: piercings en la cara, tatuajes por todo el cuerpo y su atuendo rockero-punk. Su apariencia refleja el estado de su alma, intranquila, débil, inadaptable y desconfiada, pero, para contrarrestar todas esas desventajas, ha recibido una mente aguda y analítica que, combinado con los medios que hoy en día tenemos a nuestra disposición, hacen de ella una pirata informática, un Hacker, que es capaz de engancharse a cualquier base de datos y bajarse toda clase de información necesaria para su trabajo como detective privada. Así es como conoce a Mikael, al cual y, por orden de Henrik Vanger, analiza en profundidad para, más adelante, unirse al objeto analizado, Mikael, y ayudarle en sus investigaciones sobre Harriet. Los detalles que, poco a poco, van descubriendo, hacen a Lisbeth recordar su propia historia, algo que se toca ligeramente en este libro y que se sabrá mejor en el segundo “La chica que soñaba con un bidón de gasolina y una cajetilla de fósforos”, pero lo que le ocurre a Lisbeth en esta entrega de la trilogía, tampoco es moco de pavo: Lisbeth se encuentra bajo tutela estatal, dado que se la considera, digámoslo llanamente: chiflada. Su tutor, un tal Sr. Palmgren, sufre un infarto que le deja ko e incapacitado para seguir ejerciendo como tutor de Lisbeth, así que le asignan uno nuevo, un abogado cuyo nombre es Bjurman y, éste individuo, lo primero que hace es decirle a Lisbeth que, a partir de ese momento, van a cambiar las cosas para ella. Hecho y dicho, porque Bjurman que es un cerdo sádico se ensaña con Lisbeth y la tortura literalmente, pero, Lisbeth no sería Lisbeth, si no supiera devolver el dolor a la que su tutor la ha sometido y, le dá una lección al cerdo, que no va a olvidar nunca en su vida. De eso se ocupa Lisbeth con mucho esmero y una maquinilla de tatuar.
Es cierto que no se debe devolver el mal que se ha recibido y hay que intentar canalizarlo y convertirlo en perdón, pero el momento en el que Lisbeth le dá su merecido a Bjurman es un momento esperado por la humanidad, porque, la víctima convierte su dolor en fuerza y dá el castigo merecido al maltratador. Ësto es algo que podemos aceptar en la ficción, en la vida real, no es factible, se nos puede ir de las manos, pero y como dicho anteriormente, es un momento de suprema satisfacción, porque el malo recibe lo que se merece. De Lisbeth Salander no recibimos muchos más datos, debido a que su persona se trata más ampliamente en la segunda parte de la trilogía, en ésta sirve para apoyar al protagonista, Mikael Blomkvist y, para darnos la perspectiva de la historia, desde el punto de vista de una fémina, aunque ésta sea una fémina muy especial, una que, aún de todo lo malo que le ha ocurrido y, le sigue ocurriendo, no se dá por vencida y, contraataca, defendiéndose, a su manera.
Por último, quisiera quejarme por la traducción del título original “Män som hatar kvinnor” que, en español, se ha convertido en “Los hombres que no amaban a las mujeres”, mientras que en sueco es, lieralmente “Hombres que odian a las mujeres”. Comprendo que la palabra odiar es muy fuerte y que quizás se pensó que, para no herir los sentimientos de nadie, mejor era cambiarlo por, no amar y, aún más, ponerlo en un tiempo pasado, pero, el título es el hilo rojo que lleva a través de toda la historia, acusando a todos aquellos varones, que por cuestión de complejo de inferioridad, odian a los seres que les aman y, a las que ellos deberían amar, sus mujeres, sus hijas y todas las mujeres que dependen de la empatía que se pueda sentir por ellas. Aún del título, no sólo se habla de hombres que odian a las mujeres, también se habla de mujeres que no saben dar amor, como Isabella Vanger, madre de Harriet y Martín y esposa de Gottfried, que es una verdadera mala mujer y, sobre todo, mala madre. Ella también recibe lo que se merece, menos mal que en la ficción ésto es posible.
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17.01.2011 11:28
Creo que la gente andaba algo despistada hace dos años: esta opinión, interesantísima y muy bien escrita, se merece un Excepcional como la catedral de León. Un besote.
06.10.2009 22:16
lo tengo aun entre los pendientes!! besitos!
06.10.2009 20:37
No lo he leído, pero tendré que hacerlo. Un besito