-Fijáos en esto -dijo Ryuu mientras se agachaba junto a una hilera de pisadas en la nieve- ¿sabéis lo que significa?
Akari y Kano negaron con la cabeza.-¿Unos comerciantes? -se atrevió el muchacho.
-No. Soldados. ¿Veis? Van en una fila de a dos, y son huellas profundas, lo que denota el uso de botas pesadas y armas y equipo que les hacen hundirse en la nieve aún más si cabe. Solo os digo esto a modo de consejo. Muchas veces observando a nuestro alrededor se pueden descubrir cosas que nos pueden ser de utilidad.
-Lo dices porque tienes experiencia en rastreo como ninja -intervino la joven.
-No, por el mero hecho de observar. Lo que pasa es que muchas veces ni nos paramos a ello.
-Pero tú fuiste entrenado para seguir huellas y rastros -insistió Akari.
-Vale, es cierto -concedió Ryuusei inclinando ligeramente la cabeza- pero recordad que siempre hay que fijarse en todo.
-Bueno todo eso está muy bien, reconozco la lección pero ¿lo de los soldados va por algo en especial? -dijo entonces Kano.
El ninja le miró con seriedad.-Pues sí. Quería advertiros de que habrá muchos soldados en Kunda, así que cuidadito con hacer alguna tontería. Nada de llamar la atención -y miró esta vez a la chica, que enrojeció ligeramente. Cuando esto sucedía, Ryuusei pensaba que era aún más bonita que de costumbre.
Se levantó y miró hacia el este. -Unos dos días, tal como nos dijeron. Y no tenemos provisiones. Va a haber que cazar algo o moriremos de inanición en este bosque.
-¿Y por qué no salimos de él y subimos por aquellas montañas? Seguro que hay más animales que podamos cazar allí.
-Escondidos en la profundidad de las cuevas y grutas. El bosque es mejor para esa tarea. Además por esas montañas tardaríamos tres días más. Seguiremos por aquí, Kano-kun.
-¿Siempre hay que hacer lo que tú digas? -preguntó el chico malhumorado.
-Éste es mi viaje. Voy por donde quiero y por donde creo que es mejor, y fuiste tú quién decidió unirse a mí. En realidad fuísteis los dos los que deciísteis acompañarme. ¿A qué viene esto ahora?
-A veces das órdenes como si fueras el mismísimo Tenno(1).
-¿¡Que yo...!? ¿Doy órdenes, Akari? ¿Os trato como a soldados? ¿Qué está diciendo este idiota? Puede que a veces sea algo brusco pero...
-Bah, seguid discutiendo si queréis -interrumpió la mujer con desgana- pero yo ya no puedo dar un paso más. Estoy molida y tengo un hambre voraz.
Y se sentó en la nieve.Ryuu y Kano se arrebujaron más en sus pieles y miraron al suelo incómodos. Últimamente estaban todos de mal humor y no hacían más que discutir entre ellos.
-Es este clima... -murmuró Ryuu- ...Pero yo no doy ninguna orden a nadie.Y se alejó mientras mascullaba algo de que iba a cazar.
Se adentró en una cañada dominada por altos y gruesos árboles desde la que salía un caminillo descendente. Pisando fuerte, para no escurrirse en la nieve se fue guiando por su oído acercándose a un riachuelo cuyo cauce había estado escuchando desde que llegaron allí. Finalmente dio con él. Era de escasa profundidad y caudal estrecho, pero Ryuu sabía que aquel era el único sitio donde podía capturar alguna presa ya que incluso con ese frío tan despiadado los animales necesitan salir a beber. Los pájaros de la mañana piaban con gracia llenando la atmósfera de bellos sonidos pero se detuvieron en cuanto apareció por una de las orillas. Ryuu miró a ambos lados y se sorprendió de que el agua no estuviese helada. La tocó y sumergió en ella su brazo derecho, aguantando las ganas imperiosas de retirarlo. Cuando notó que se le empezaba a entumecer, sacó el brazo del agua y se lo contempló. Estaba ligeramente amoratado. Puso la mano a modo de cuenco y se llevó unos cuantos sorbos a los labios. No recordaba haber bebido nunca un líquido tan puro y tan frío. Se sentó de piernas cruzadas y cerró los ojos. Con la mano derecha tanteó a su alrededor buscando piedras para lanzar, ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas. Cuando palpó una de su agrado la colocó a su lado y jugueteó con ella reconociendo su forma, haciéndola oscilar, rotándola con los dedos, sopesándola, buscando sus aristas con las yemas, apreciando sus zonas planas. Siempre con los ojos cerrados, dejando trabajar a su sentido del tacto, se familiarizaba con aquella piedra. Sabía que solo dispondría de un lanzamiento, por lo que éste tendría que ser certero. Y la mejor forma de no fallar era juguetear antes con el proyectil. La parte instintiva de su cerebro (aquella que los Hakanagi le habían adiestrado a lo largo de varios años) ponía en marcha mecanismos que Ryuu ya ni se molestaba en analizar, en parte porque muchos de ellos los había comprendido en el pasado. Él ya pensaba en otra cosa (en Kano y Akari, de hecho, y también en la kunoichi) mientras su cerebro analizaba por dónde debería sujetar la piedra antes de soltarla, con qué fuerza más o menos, por cuál de sus aristas rozaría más el viento y por tanto qué efecto podía conseguir sacarle... Su mente tomaba nota de todo y le enviaba información al brazo y a la mano haciendo girar los dedos y la piedra en un sentido u otro. A esas alturas de su vida, debía reconocer que aquello le proporcionaba una gran ventaja en numerosas ocasiones, sobre todo cuando luchaba, ya que podía decirse que se dividía en dos; mientras el lado inconsciente de su cerebro analizaba las opciones y posibilidades de movimientos ajenos y propios, y del entorno que le rodeaba, él podía diseñar "conscientemente" estrategias de combate.
Cuando se dio por satisfecho dejo la piedra a su lado y se relajó. Debía sumirse en la más profunda quietud para que los animalillos del bosque volvieran a dar señales de vida y le dejaran de considerar una amenaza. Ryuu sabía que solo así lograría que se acercara alguna presa algo mayor. Se fundió con la naturaleza, pasó a formar parte de ella olvidándose incluso del frío y de la nieve. Poco a poco los pájaros volvieron a cantar, los ratoncillos asomaron de nuevo sus bigotes perlados de rocío y los pocos insectos que daban señales de vida en invierno siguieron revoloteando con pereza. Lentamente todo volvía a la normalidad. Ryuu se sintió agusto consigo mismo y se dijo que tendría que tratar mejor a Kano y a Akari en lo sucesivo, porque les apreciaba de veras.Al cabo de media hora abrió los ojos; un ruido entre unos arbustos helados había sonado más fuerte de lo habitual. Sin mover un solo miembro del cuerpo buscó con la mirada el origen de aquella intrusión. Tal y como había esperado, se trataba de un conejo grandote de pelaje gris que se había acercado hasta el río a beber agua.
"Unos quince metros -se dijo- demasiado lejos; está difícil la cosa. Al más mínimo movimiento se va a dar cuenta. No podré ser tan rápido como él. Lo único que me queda es asustarle y una vez que eche a correr observar en qué dirección lo hace. Puede que en movimiento sí que le alcance si calculo bien la trayectoria".Entonces cogió la piedra mientras daba un fuerte golpe en la nieve. El animal levantó las orejillas y el hocico y le vio enseguida. Justo entonces se alejó dando brincos hacia su izquierda. Ryuu le observó huir con los ojos entrecerrados. Su cerebro tomó el mando calculando distancia, fuerza, angulo de tiro, y trayectoria y velocidad del conejo, todo ello en una ínfima fracción de segundo, y al instante le mandó una orden a su brazo derecho que saltó como un muelle y arrojó la piedra. El tiempo se detuvo mientras el ninja contemplaba cómo el animal parecía lanzarse en dirección al proyectil y no al revés. Cuando le golpeó en toda la cabeza, el pobre conejo dio tres o cuatro vueltas por el suelo pero se levantó aturdido y ensangrentado. Ryuu se incorporó de un salto y cruzó el riachuelo a la carrera mientras el animal se alejaba renqueando, demasiado lento ya por la pedrada. El shinobi lo agarró por las orejas y lo alzó triunfante. Después, por no hacerle sufrir más, cogió la misma piedra que había utilizado y le golpeó con ella matándole. Por último volvió junto a sus compañeros.
Y al llegar al sendero principal se encontró a los dos acurrucados muy juntos, abrazados y besándose. Sintió una enorme punzada de celos y el impulso de retorcerle el pescuezo al chaval, pero se serenó de inmediato al recordarse que era mejor así para todos, y que Akari no era suya ni de nadie; era libre. Tarde o temprano tenía que suceder aquello. Sonrió y se alejó sin hacer el más mínimo ruido. No quería interrumpirlos y no sentía el menor interés en el espectáculo que supuso vendría a continuación. Regresó al río y se enfrascó en la tarea de afilar una piedra golpeándola contra otra y haciéndole contínuas muescas, con el fin de despellejar al conejo a posteriori. Era mejor así, pero tenía la cabeza hecha un lío...
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-Venga chicos, algo de acción o nos vamos a quedar helados. ¿Qué os parece un poco de entrenamiento?.Akari se encogió de hombros y se levantó también. Kano hizo lo propio y por primera vez le miraron serios y consternados. Ryuu casi se echó a reír al ver sus rostros, que eran todo un poema, pero se contuvo.
-Venga, demostradme lo que habáis aprendido. Los dos a por mí.Kano y Akari se miraron y sonrieron; era la primera vez que se les presentaba ese reto. Y sin más preámbulos, se lanzaron al ataque.
A esas alturas los dos tenían ya unas nociones básicas de las artes marciales merced a las enseñanzas de Ryuu, y como si llevaran largo tiempo combatiendo juntos, se separaron y atacaron al ninja por ambos lados, y éste no pudo por menos que sorprenderse gratamente y soltar incluso una risotada mientras detenía los golpes que le llovían.-No está mal chicos -decía mientras paraba un puñetazo lateral de Kano con su brazo y una patada baja de Akari con su pierna, y andaba hacia atrás saliendo fuera de su alcance- no está mal...
Entonces los dos jóvenes volvían a juntarse hombro con hombro tras esa maniobra del ninja y volvían a rodearle. Ryuu esquivaba nuevos golpes y con otro pasito volvía a salir de su radio de acción y les hacía juntarse.-Pero ¿veis? No me cuesta nada salir de vuestro círculo. Debéis insistir. Cuando rodeáis a alguien no podéis dejarle que retroceda.
Dos patadas a distinta altura. Un saltito hacia atrás para esquivarlas. De nuevo le rodearon. Ryuu giró sobre sí mismo parando puñetazos con los antebrazos y volvió a caminar hacia atrás pero esta vez Akari y Kano le siguieron sin darle respiro.-Ahora sí -dijo Ryuu agachando la cabeza y levantando su pierna izquierda con lo que esquivó otros dos golpes- esa es la fórmula, muy bien...
Akari se agachó y lanzó un puñetazo recto al estómago del ninja, y éste, que vio también de reojo una patada de kano, saltó hacia un lado y permitió que los dos muchachos se golpearan mutuamente, con la consiguiente sorpresa y el inmediato dolor. Hincaron la rodilla en tierra doloridos mientras Ryuu les contemplaba con los brazos en jarra riéndose a mandíbula batiente.-Y eso que no os he dado ni un solo golpe. Os vais a lesionar vosotros solos...
La pulla hizo su efecto y los dos se lanzaron rabiosos a por él, picados en el orgullo. Los golpes se volvieron más furibundos, y no es que fueran lentos, pero no podían competir con la velocidad de Ryuu. Sin dejar de sonreír burlón seguía esquivándolos. -Esa es una combinación muy mala Kano -dijo él en un momento dado mientras le palmeaba el pecho con fuerza y lo mandaba dos metros hacia atrás- si lanzas el brazo derecho no lo vuelvas a llevar hacia atrás, pierdes un valioso segundo.
El muchacho asintió dolorido con la mano en el pecho.-¿¡Y tú qué haces que no me atacas ahora que estaba distraído!? -le preguntó Ryuu a Akari volviéndose de golpe hacia ella. Entonces se agachó y girando como una peonza le hizo un barrido que la derribó- ¿ves lo que pasa si te detienes?
Kano tomó noto y se lanzó a por él pero Ryuu dio un par de mortales hacia atrás y se alejó.-Vale ahora paso yo al ataque. A ver cómo respondéis...
Corrió hacia Kano y en el último instante, cuando el brazo del chico salía despedido Ryuu se echó hacia la derecha e inclinando el cuerpo hacia delante elevó la pierna por detrás y le propinó una contundente patada en la cara que lo derribó. Entonces fue a por Akari. Ella estaba asustada ante aquel ímpetu y reaccionó igual que Kano: lanzando un puñetazo recto. Ryuu la cogió del brazo y proyectándola sobre su hombro, la arrojó al suelo y la hizo caer rodando. Luego los contempló de nuevo con los brazos en jarras, mas esta vez con rictus serio.-Parece que vamos a tener que trabajar esas defensas. ¿Qué clase de puñetazos eran esos? Hasta un niño podría haberlos detenido...
Akari y Kano levantaron los brazos en señal de rendición.-Mejor otro día, Ryuu-chan, o nos vas a moler a golpes...
-Bah, os quejáis por muy poco...
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.Kunda era una enorme ciudad amurallada. Tenía cuatro puertas en los cuatro puntos cardinales y al menos la del oeste, donde se hallaban los tres muchcachos, era gigantesca. Construida enteramente de madera reforzada de metal, podía albergar varias carretas rodando en paralelo. Una docena de guardias armados y acorazados vigilaban con alabardas y arcos colgados del hombro. Cuando se acercaban, se montó un revuelo extraordinario. Los soldados se juntaron en una fila hombro con hombro con sus armas apuntando hacia el interior. Todos los que esperaban para entrar se detuvieron expectantes. Un grupo de jinetes salió al galope de Kunda esquivando a los centinelas y atacándoles con espadas sin dejar de cabalgar. En un segundo se había organizado una tremenda batalla campal y los soldados consiguieron derribar a un par de jinetes, mas el resto huyó al galope.
-¡Detenedlos! -se oyó y algunos corrieron tras los caballos sin demasiada fé. Ryuu entrecerró los ojos intentando identificar a los fugitivos acaso por sus ropajes, pero la polvareda del camino se lo impidió. Unos minutos después varios jinetes más salieron de la ciudad en persecución de los primeros. Ésta vez sí reconoció a soldados del shogun.Se acercaron con precaución pues la tensión se mascaba en el ambiente. Varios comerciantes preguntaban a los centinelas por lo sucedido.
-Uno era el hijo del daimyo Kuyamoto -decía uno de los soldados- y el resto, su guardia personal.
-¿Y por qué los perseguían? -preguntó un mercader que sujetaba las riendas de su caballo.
-¿Y yo qué quieres que te diga? No lo sé. Solo soy un centinela. Nos han ordenado que les cerremos el paso, pero como ves, no hemos podido con ellos...
-Yo sí lo sé -intervino otro comerciante regordete desde lo alto de su caravana- no acataron la orden del shogun de irse a vivir a Edo.
-Pero eso no tiene sentido, el daimyo sigue aquí ¿no? -preguntó un tercero- ¿Qué le harán ahora?
-Hacerle, no sé... -dijo otro soldado corpulento encogiéndose de hombros- Pero igual se hace él mismo seppuku(2)...Varias personas asintieron coincidiendo con esa teoría. Mientras, varios soldados se ocupaban de rematar a los dos caídos.
-¿Qué orden es esa? -le susurró Akari a Ryuu pero éste le hizo un gesto para que callase mientras se acercaba a la puerta.Un soldado hablaba con el dueño de una caravana formada por tres carromatos y varios jinetes. Finalmente les dejó pasar y le tocó el turno al ninja. El soldado los miró a los tres.
-¿Qué queréis?
-Entrar, obviamente -respondió Ryuu. El soldado le contempló de arriba abajo.
-Ya tenemos demasiados vagabundos en Kunda -replicó con sorna, lo que provocó la risa de un compañero.
-Estamos cansados de un largo viaje -adujo Ryuu con seriedad- necesitamos descansar un poco. Nada más. Luego partiremos.
-Enséñame esa bolsa.El ninja accedió y la abrió ante las narices del soldado. Akari se mordió el labio con inquietud ante lo que podría suceder a continuación. Pero el soldado revolvió un poco y luego se la volvió a arrojar a Ryuu.
-Ahora vosotros, abrid las bolsas.Kano y Akari obedecieron.
Finalmente el hombre pareció darse por satisfecho.-Pasad pero no os metáis en líos, ¿de acuerdo?
Los tres asintieron y se colaron en la ciudad..-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
-¿Qué ha pasado con los sais y las shurikens? -preguntó Akari atónita minutos después.
-Enterré los sais en el bosque -explicó Ryuu con una sonrisa.
-No te vimos hacerlo -intervino Kano.
-Fue una de las veces que me fui solo a cazar. Y las shurikens las llevo escondidas.
-Pero Ryuu... Los sais...
-Tranquilos chicos, no los necesitamos. Si volvemos algún día a ese bosque quizá los recupere. Ahora mirad por dónde andáis. No os metáis con nadie y no respondáis a ninguna provocación ¿de acuerdo?.Akari miró a su alrededor y estudió concienzudamente la agitación constante que reinaba en aquella ciudad. Ella también se había dado cuenta de que los hombres allí eran rudos y descarados. Las mujeres la observaban ceñudas como si desconfiaran de ella, y hasta los niños parecían sombríos y malencarados. Kunda vivía del comercio de todo tipo, pero su estructura arquitectónica brillaba por su ausencia. Era un verdadero caos de calles intrincadas, callejones retorcidos, casas y barracas medio derruídas, tenderetes montados en cualquier sitio, excrementos humanos y animales por doquier y suciedad general. Olía muy mal en aquel lugar, como tuvieron ocasión de comprobar nada más entrar y la sensación general que les inspiraba era de poca hospitalidad. Se acercaron esquivando gente ajetreada hasta un puesto de carne y le compraron al dueño unas piezas de pollo asadas, medio quemadas en realidad. Mientras Kano y Akari comían con asco Ryuu entabló conversación con aquel hombre.
-He oído algo de un nuevo edicto del shogun, buen hombre, relacionado con los daimyos...
-¿A qué te refieres, forastero?
-¿No han pasado por aquí el hijo del daimyo y su guardia a galope tendido huyendo de los soldados del shogun? Los vimos cruzar la puerta a velocidad endiablada.
-Claro, siempre ha sido un rebelde el hijo de Kuyamoto-san. No estaba dispuesto a obedecer... ¡Ah! ¿Te refieres a ese edicto? Pero ¿dónde has estado metido últimamente?
-Recorriendo mundo -indicó Ryuu con un gesto vago de la mano- de aquí para allá.
-El shogun Tokugawa se está llevando a todos los daimyos a Edo. A todos los que no ha matado, se entiende. Los aloja en palacios cercanos a su castillo y así los tiene a mano y controla sus movimientos. Es una buena técnica, qué duda cabe.
-Ten a tus amigos cerca pero a tus enemigos aún más cerca -musitó Ryuusei por lo bajo recordadndo una de las frases favoritas de su chonin Daijiro.
-¿Cómo?
-Nada buen hombre, gracias por la información.
-Oye... -y se acercó mucho al ninja hasta el punto de que éste pudo oler el sudor que desprendía- ¿quieres algo de loto? ¿Tú o tus amigos?
-¿Por quién me tomas? -contestó Ryuu fingiendo estar ofendido.
-¿Mujeres entonces? ¿Chicos jóvenes? Ryuu le dio la espalda y se alejó con sus compañeros. El tendero se encogió de hombros y dejó de prestarles atención enseguida.
-Ya sabéis lo que ha pasado entonces. No conocía ese edicto. Desde que no vivo con los Hakanagi estoy muy poco informado en materia de política ja ja.Poco después llegaron a una plaza abarrotada de puestos de fruta y verdura. El olor a podrido era espantoso allí. Varios hombres discutían acalorados. Los tres amigos prestaron se acercaron con curiosidad.
-¡Kobe(3)! -gritaba uno con énfasis- ¡Vaya nombre tan ridículo! ¿¡Y por qué Kobe!? ¡Estás como una cabra!.
-¡Kobe es un buen nombre, pero tú tienes el gusto en el culo!.
-¿Yo? Mira quién fue a hablar, el burro con sentido artístico. ¿¡Y por qué Kobe!? ¿De dónde has sacado ese estúpido nombre?
-¡Se lo he oído al daimyo en persona! Él sabrá por qué...
-O sea que ni siquiera te lo has inventado tú. Y además... el daimyo... Claro, olvidaba que todos los días comes con él en su palacio...
-A mí no me parece mal nombre -intervino un tercer hombre bajito.
-¡Conozco al daimyo! ¿Tampoco te crees eso?
-Jamás te he visto con él.Ryuu se adelantó y cogió del brazo a un espectador de la discusión.
-¿Qué les pasa a esos dos?
-¿Y a ti qué te importa, forastero? ¡Qué maleducado!... -dijo el hombre y se alejó con desdén. Entonces otro espectador cogió a su vez a Ryuu del hombro y le hizo volverse.
-No les hagas caso, siempre están discutiendo esos dos. Hoy es acerca de cambiarle el nombre a la ciudad. Uno dice que deberían ponerle Kobe. Pero otro día es por otra cosa. Siempre discuten. En realidad son viejos amigos, pero nos divierten a todos con sus broncas. Y en cuanto a ese al que le has preguntado, es otro idiota. Olvídale.Ryuusei asintió y el hombre se acercó aún más y le susurró al oído.
-¿Quieres algo de loto?El ninja se desasió cortesmente y se retiró junto con sus amigos caminando entre el gentío y avanzando hacia el extremo este de Kunda.
-¡Qué ciudad! -opinó Ryuu reprimiendo una sonrisa. Kano y Akari coincidían plenamente..-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Al día siguiente se levantaron pronto en la posada donde habían pasado la noche. No habían podido dormir demasiado porque el vocerío generalizado no se detenía en Kunda ni de noche. Los tratos más o menos legales eran la constante allí. Ojerosos se dirigieron hacia el mostrador principal y se despidieron del posadero.-¿Quéreis un poco de loto? El mejor de la prefectura -les preguntó bajando la voz. Los tres se miraron y contuvieron las carcajadas mientras declinaban con la mano y salían a la mañana.
-Deberíamos probar el loto de esta pestilente ciudad -dijo Kano sonriente.
-Dicen que te deja completamente drogado ¿no? -quiso saber Akari con inocencia. Ryuu y Kano, que sí lo habían experimentado, se miraron y rieron.Caminaban entre los tenderetes con lentitud debido a la aglomeración que parecía no menguar jamás. Ryuu sintió un ligerísimo roce en su bolsa e instintivamente agarró un brazo furtivo. Cuando tiró de su dueño, se encontró cara a cara con un hombre cuarentón que le miraba atónito.
-Cuidado donde lo metes, si no quieres que te lo rompan -le dijo y el hombre comenzó a sudar. Cuando Ryuu le soltó se escabulló entre la multitud con velocidad. Los mercaderes y clientes ni se dieron cuenta de tanta gente que había. El ninja se volvió a sus compañeros y levantando el brazo por encima de las cabezas les indicó con el dedo un callejón que parecía la salida de la plaza. Ellos asintieron. Un cuarto de hora después consiguieron alcanzarlo suspirando.
-Recuérdame que no vuelva nunca a Kunda -suspiró Akari mientras se olfateaba la piel de cabra, como si quisiera asegurarse de que el mal olor no se le había pegado.Cruzaron el callejón sorprendentemente desierto y desembocaron en una auténtica red de callejas sucias y estrechas. Por los rincones se divisaban sombras embozadas que los miraban con curiosidad y avaricia. Ryuu se dio cuenta enseguida
-Esta zona no me gusta un pelo -dijo en voz baja- salgamos de aquí o tendremos problemas.Kano y Akari se miraron y asintieron, colocándose a sus espaldas y acelerando el paso. Pero las cosas iban de mal en peor. No solo no llegaban a ningún lado sino que cada vez tenían peor pinta aquellos pasadizos urbanos. Finalmente dieron con un callejón sin salida completamente enfangado y donde un destartalado carromato de verdura podrida hacía tiempo envolvía todo en un tufo insoportable. Ryuu divisó tres figuras apoyadas contra el muro que se pusieron alerta en cuanto llegaron. Les hizo un gesto a los chicos y comenzaron a retroceder. Los tres hombres barbudos y sucios anduvieron hacia ellos. Uno de ellos sacó un cuchillo oxidado. Entonces oyeron pasos a sus espaldas y al volverse contemplaron a dos hombres más llegar tras ellos y cerrarles el paso.
-Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? -preguntó con sorna uno del grupo de delante.
-Las ganancias las repartimos ¿eh Mako? -dijo otro del grupo de detrás- los liquidamos entre todos pero repartimos.Ryuu y Akari estaban asustados. Ryuu les miró con los ojos entrecerrados, y entonces sonrió.
-Parece que ha llegado el momento de que probéis vuestras aptitudes en un combate real.
-Pe... Pero Ryuu... Tienen cuchillos -musitó Kano con los ojos muy abiertos.
-Y vosotros tenéis poder, recordadlo -dijo el ninja sin perder su sonrisa- si no creyera en vuestras posibilidades me encargaría de ellos yo solo. No me defraudéis.Kano y Akari se pusieron espalda contra espalda y el ninja se apartó hacia un lado. Los ladrones se hicieron una serie de gestos con las manos y se acercaron aún más a los dos muchachos.
Ryuu se apoyó en el muro y se cruzó de brazos. Intervendría como un rayo si era necesario....-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
(1) Tenno. Emperador.(2) Seppuku. Verdadero nombre del ritual vulgarmente llamado harakiri, consistente como todos sabéis en hacerse un siete en el estómago y destriparse al haber perdido el honor.
(3) Kobe. En realidad la ciudad de Kobe no fue fundada hasta 1889, supuestamente en el mismo emplazamiento que Kunda.
25.04.2007 14:02
Vosotros tenéis poder.... No me defraudéis.... Sensacional, tío!!! Esto es como un culebrón pero en bueno no? Sigo leyendo :)
23.08.2006 14:39
Se ha quedado muy interesante... Ah! por cierto que es el loto? Imagino más o menos algo, pero no se exactamente que es... Besotes.
02.07.2006 16:57
tu en tu linea, asi me gusta :) hale, voy por otro capitulo mas . (que listo ryuu que les va a subir la morar con un combate de verdad...)