Dia 24 de junio, domingo por más señas.
Suena el despertador a las 06:00 a.m. y me levanto maldiciendo por tener que conducir al amanecer para estar en mi puesto de trabajo a las 07:00 a.m. No es que el trayecto sea largo, tampoco es que no me guste conducir, son apenas 10 minutos, pero la dichosa carretera me lleva en dirección este, lo cual supone que habrá unos minutos cegadores en que no veré un pimiento y eso me preocupa, más que nada por las endiabladas curvas, algunas mal peraltadas. de una carreterucha sin arcén . Por muchas gafas de sol que lleve el reverberar de la luz en el asfalto hace desaparecer el trazado.
Sin embargo esta mañana ha sido diferente. Ya en el coche abro la ventanilla y dejo que el aire fresco alborote mi cabello, hasta mi nariz llega el aroma de la tierra refrescada por el aliento de la noche.
Es una sensación vigorizante, el perfume que emana por doquier, y llega húmedo , como fruto del orgasmo de una noche de amor entre la luna y la tierra. Voy posando la mirada en los relieves telúricos, aún la aurora no ha retirado su manto y me ofrece tonalidades que van desde el negro al azul profundo, desde el morado al añil....los claros hacia el este, los oscuros hacia el oeste, tiñendo las montañas, los tejados y los campos.
Mi memoria me trae algunos pasajes de El Manuscrito Carmesí, dónde Gala describía los reflejos de un amanecer en Granada, y la gama cromática que se desplegaba sobre el Albaicín... Enfilo la carretera y esta vez no hay brillo cegador, el astro rey apenas a comenzado a emerger , cual gajo de naranja sobre los montes...y me dispongo a disfrutar del momento.
En la línea del horizonte , ya el cielo es azul claro, sin una nube y surge el espectáculo ante mis ojos... Las ruedas giran engullendo kilómetros al tiempo que el sol asciende lentamente, semeja, asomando poco a poco hasta llegar a su totalidad, a una de esas bolas que los magos hacen surgir de detrás de un pañuelo.
El pañuelo perfectamente dibujado en el horizonte, con dos picos sujetos por unas manos invisibles , y en el centro una enorme esfera anaranjada que, si en un principio aparecía con una luz mortecina, como un farolillo chino, se vuelve a cada momento más incandescente, como si alguien avivara un fuego en su interior....Ale hop! el ilusionista hace un rápido y casi imperceptible movimiento de muñecas y hace que la esfera, que antes parecía bailar sobre el borde del pañuelo, despegue de la tela y quede levitando a escasa distancia...
Unos minutos preciosos....agradezco la ausencia de tráfico...y un desnivel me avisa de que he descendido una de las terrazas del Henares...cambia la orientación de la carretera, ahora hacia el sur... y entro en la provincia de al lado...los primeros edificios al llegar a la rotonda han devorado la mágica visión, que no obstante se ha grabado en mi mente. Busco con la mirada, pero sé que entre la maraña de árboles , calles y casas no volverá a presentarse esta maravilla ante mis ojos, al menos hoy ya no...tal vez otro día.
Dejo mi coche en el aparcamiento y entro en el hotel, con una sonrisa en los labios y entonando una canción....." Buenos días compañero..." " Buenos días" me responde quien termina ya el turno de noche.
16.07.2007 21:35
me encantan todas tus opis!! trasladas al lector total credibilidad!
16.07.2007 08:33
me ha gustado bastante besos
13.07.2007 22:25
bonitas imagenes