INVASORES DE L´HOSPITALET (Cuarta entrega)

5  30.04.2009

Ventajas:
Correcciones de Federico G .  Witt

Desventajas:
.  .  .

Recomendable: Sí 

javmase

Sobre mí: Crónicas temporales, publicado en lulu. Es una antología de seis relatos de ciencia ficción relacion...

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Publicación original en http://www.portal-cifi.com/scifi/index.php
Publicado el lunes, 02 de febrero de 2009 en Portal de ciencia ficción.
Autor: Francisco Javier Masegosa Ávila
Correcciones: Federico G. Witt.
Dibujo: Fernando Solà Rambla

No os perdaís la cuarta entrega, empieza a verse de que va todo el embrollo.

INVASORES DE L´HOSPITALET (Cuarta entrega)

Parecía que la tipa asentía con la cabeza y su tono ya no era tan desagradable. Me dijo que Fermín vendría a recibirme en breve y que lo esperara en el recibidor. Al poco rato un tipo calvo y con gafas de culo de botella apareció por el pasillo, era Fermín.
—¿Se puede saber qué haces por aquí?
—Vaya, menudo recibimiento, ¿es qué no te acuerdas ya de cuando te salvé el culo?
—Menudo morro que tienes viniendo aquí, eso está finiquitado hace mucho tiempo. Ya puedes mover el culo de aquí, que siempre me traes problemas.
—¿Yo? ¿Problemas?
—¡Ah, no! La última vez que viniste por aquí con tus amigotes, ¿recuerdas?, como no había cerveza empezaron a saltar por las mesas asustando al personal. Ahí quedó saldada nuestra cuenta, conseguí que no se te llevaran los municipales junto a tu banda de borrachos. Te dije que no volvieras.
—Pues la verdad es que no lo recuerdo así —claro que lo recordaba así, pero encima no le iba a dar la razón para echar más leña al fuego.
—Ya puedes volver por donde viniste, aquí no eres bienvenido; y por cierto, a ver si te aseas un poco, que da asco verte. —El tipo estaba encabronado por una insignificancia de nada, tenía que darle la vuelta a la tortilla, le necesitaba.
—Un extraterrestre ha abducido a mi cuñado y a mi novieta. —Fui al grano, era mi mejor baza.
—¿Un extraterrestre?, no me hagas reír.
—Te lo juro, Fermín. Tengo pruebas. Y no sólo a ellos, casi todo L’Hospitalet está afectado. —Al muy cabrón se le encendieron los ojillos, lo sabía, le había tocado la fibra sensible.
—Venga, Alejandro, me estás tomando el pelo, vete a tu casa. No tengo tiempo para tus bromas estúpidas. —A pesar de hacerse de rogar, Fermín había picado el anzuelo.
—Ya no tengo casa. —Me empezaron a brotar lagrimillas. No era cuento, pero lo teatralicé un poco.
—¡Venga, Alejandro, no te pongas así! Ven, pasa a mi despacho y cuéntame desde el principio.

Le conté a Fermín los extraños sucesos que me habían ocurrido desde el viernes. Ya les digo que es un fanático de estos temas. En una libreta apuntaba como un poseso hasta el último detalle de mis explicaciones. Poco después me llevó a su piso. No es que lo necesitara, pero me ofreció ducharme como condición a acompañarme al pueblo invadido. Tuve que aceptar. También me dejó una muda de ropa limpia. ¡Dios, cómo apretaban esos slips!, el gafotas hacía talla de niño. No es que yo sea el tipo más alto del mundo, pero Fermín es un renacuajo. Cuando me puse los pantalones y me miré al espejo me vino a la mente el Jacinto. El tipo siempre llevaba unos pantalones tan ajustados que le sobresalía un huevo por la pernera. Cómo nos habíamos reído siempre del Jacinto yo y mis colegas. Ahora sabía con certeza que vestir como él provocaba dolor testicular.
El gafotas tenía un plan, ir a visitar directamente el Manolo’s Club y desenmascarar al extraterrestre sin ningún preámbulo. Me pareció un poco descabellado, pero, ¡qué demonios!, él era el especialista en estas cosas y supongo que sabía lo que hacía. Nos quedamos allí aproximadamente una hora. Su apartamento era de lo más cursi, todo bien ordenadito y limpio y estanterías de libros por todas partes. A éste no le hacía falta abducción para volverse lelo. Parecía que allí no se había roto nunca un plato. Además, otro problema que me encontré es que el amigo no tenía ni una triste birra en la nevera, por lo que no me quedó más remedio que beber una Pepsi a regañadientes.
Cuando salimos de su apartamento de la calle Palomar nos dirigimos a la estación de Sant Andréu Arenal, esta vez volveríamos en tren. Menos mal que Fermín pagaba los billetes, que allí los revisores son la mar de desconfiados. La gente leía por todas partes y avisé a Fermín de que la invasión podía estar extendiéndose a Barna, pero pronto me hizo comprender que no. La mayoría de las lecturas eran de novelas rosas y revistas del corazón. Menos mal que tenía a este tipo de mi lado, con lo inteligente que era seguro que encontrábamos solución a la epidemia.
Por fin llegamos a L’Hospitalet, en aquel momento hasta el Fermín se sorprendió, la estación había cambiado. Las paredes de los andenes estaban colmadas de dibujos de planos de algún tipo de construcción y de letras extrañas. Fermín tuvo que quitarse las gafas y secarse el sudor con un paño. Algunos tipos garabateaban las paredes en aquel mismo momento.
—¡Oiga!, ¿qué está… —Fermín se dirigió con curiosidad a uno de los tipos que escribían en la pared— usted dibujando?
El tipo no se dignó a contestar y siguió haciendo lo mismo como si no le importara nada más, estaba en trance. Respiré aliviado, al menos ya no era el único que se daba cuenta de esta situación tan chunga. El colega se dirigió a otros transeúntes pero todos parecían estar en un estado catatónico. Le rogué al gafotas que saliésemos de allí, necesitaba un lavabo. ¡Dios, cómo me dolía el huevo!
Estábamos a veinte minutos del Manolo’s Club, así es que nos apresuramos para plantar cara al embobador de personas. El tal Manolo tendría que vérselas con Fermín. Mi amigo no levantaba dos palmos del suelo, pero el Fermín, cuando se encabronaba, se encabronaba. El chiquitín le plantaría cara a ese extraterrestre despreciable y aclararía las cosas, no me cabía duda de ello. Él me devolvería a mi cuñado y a la Vicenta.
Las calles estaban vacías, no había un alma. Pasamos por delante de Fundiciones Martínez. Allí trabajaba mi cuñado, quería entrar pero Fermín me lo desaconsejó. Dijo que teníamos que ir a la raíz del problema. De todas formas aquello parecía desierto, la puerta metálica estaba cerrada, al igual que las de las otras fábricas. Todo era sospechoso, muy sospechoso. Por fin divisamos la taberna maldita donde los pinchos, el aceite o yo qué sé qué, volvían lela a la gente. Sí, el mismo lugar que me había arrebatado a mi churri y a mi cuñado. Allí no había nadie, estaba cerrado, pensábamos que habíamos llegado tarde, que el puñetero extraterrestre se había salido con la suya y había conquistado L’Hospitalet. ¿A que empiezan a creer mi historia? ¿Ven como no estoy loco?
Íbamos a volver por donde habíamos venido, a tirar la toalla, a volver a Barna y avisar a las autoridades de lo que estaba ocurriendo allí a pesar de que pensaran que estábamos mal de la azotea: ¿quién iba a creer a un ufólogo loco y a un ex alcohólico? Pero entonces ocurrió algo inesperado, unos ruidos atronadores nos machacaron los oídos. No cabía duda, venían de la parte trasera del Manolo’s Club. Forcé la puerta del bar. No me costó trabajo; como les dije antes, estaba acostumbrado a hacer trabajillos. Las mesas estaban desiertas, pero los ruidos provenían de una puerta trasera que estaba situada detrás de la barra. El Fermín sudaba como un gorrinillo, yo no podía más y le dije que antes de atravesar la puerta tenía que hacer un río o que me mearía encima. Aquellos endiablados pantalones me estaban asfixiando. Me dijo que se adelantaría para comprobar el terreno. Yo le dije que me esperara, pero nada, el Fermín es un testarudo y no me hizo ni caso, por lo que tuve que ir a mear muy rápido. ¡Maldito cabezón cuatro ojos!...

(continuará)
Fotos de Mañana
Mañana invasores de L´Hospitalet
Dibujo de Fernando Solà Rambla
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Comentarios sobre esta opinión
nenya_

nenya_

12.05.2009 02:18

Jajajaja, ha sido imaginarlo con esos pantalones y el huevo apretao y fuera y morir de risa xDDDD Sin duda consigues tu propósito, por no hablar de la intriga que dejas, joío xD

Dani666

Dani666

02.05.2009 20:46

El nuevo personaje es digno de la historia sin duda. Continúo con el relato, ansioso por conocer qué sucederá. Saludos.

Manchy

Manchy

30.04.2009 22:57

¡Esto si que es coger la pluma para escribir y no llenar un papel con borrones y pamplinas!! (cosa harto frecuente por estos lares)

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