Mi yayito nació en Guadajoz el 10 de marzo de 1898. Mientras el águila hispánica se rompía en pedazos y casi todo el país se sentía pesimista por la pérdida de las últimas colonias españolas el "casi" bailaba seudoflamenco en el bar del Tío Paco.
Hoy Guadajoz es un pueblo sevillano lleno de calles con casas de dos plantas y aceras con arbolitos... pero entonces era otro más de los pueblos de la Baja Andalucía. Chozas con techo de madera y ramas, paredes vegetales y zócalos de piedra de apenas medio metro de altura. Un hogar en el centro y la miseria y los piojos pugnando por las escasas pertenencias de los seres de dos patas que convivían con ellos. En las calles (¿calles?) tierra apisonada por el paseo de acémilas y personas y un canal central para el desagüe de los servicios. Niños jugando sin juguetes, mulos llevando leña o agua, hombres con gorra sentados a la escasa sombra, mujeres vestidas de negro cotilleando en el lavadero o yendo por agua al río Guadajoz, novios que se pierden entre la arboleda, y un sol impacable vigilándolo todo.Mi yayito no fue a ninguna escuela, no había. No llevaba zapatos, no tenía. No usó ropa de abrigo en invierno, no podían costearla. Pero apendió a leer y escribir, a duras penas, coleccionando los trocitos de papel con letras que encontraba. Hoy, una etiqueta de alguna botella de la taberna. Mañana un trozo de diario, llegado de la capital por algún "rico" viajero. Pasado la etiqueta de alguna medicina... cualquier cosa con letras se convertía en un tesoro para él.
Su niñez la pasó en la calle, guerreando entre bandas que discutían a base de pedradas (¡qué diferencia con el mundo actual donde ni siquiera se discute! ) pero que luego se iban juntas a coger ranas. No era un niño que destacase en nada, era un niño más de aquella generación perdida.Pero había algo en su corazón que le empujaba a aprenderlo todo. Se le solía ver cerca del casino, aunque los futuros nacionales no le trataban bien. Pero a él le gustaba oirles y cuando le dejaban perguntarles. Preguntaba sobre todo, tenía un corazón lleno de dudas y una ansia de saber increible.
Así cuando creció se hizo un mozo con aspiraciones. Halló trabajo en Tebas y allí se trasladó, junto al pantano, donde habitaba como el animal que era, en una choza que él mismo se construyó. Allí, por casualidad, conoció a mi yayita, una chica que tenía que espantarse los pretendientes. Congenieron pronto porque eran dos almas humildes, con ganas de salir de sus sórdidas vidas. Y juntos hicieron planes de futuro, porque no querían morirse entre piojos y hambre. Mi yayito compró un terrenito y con mucho trabajito y sacrificio fueron ampliándolo y sacando cosechas de trigo de la dura tierra. Vivían para sus sueños y así se hicieron padres de familia, soñando con sublimarse a su destino.
El estaba muy enamorado de ella, y le prometía constantemente que algún día la sacaría de aquella miseria.
Eran gente solidaria, que ayudaba a cuantos les requerían. Movidos por una conciencia de clase, que no se suele encontrar en las clases trabajadoras, participaron en una serie de ocupaciones de tierras abandonadas. Aunque ellos ya tenían 20 hectáreas fueron de los primeros en protestar contra las tierras sin explotación y plantaron una bandera republicana en la finca del Remedios, que bajo el lema de ¡La tierra para quien la trabaja! fue ocupada por un centenar de jornaleros.Pero un mal día se desató una guerra, una extraña guerra que invocó el orden y que movió al ejército para presuntamente "defender la república"... Ese día un grupo de falangistas llegaron al terreno de mi yayito y se lo llevaron en un camión. Le dijeron a mi yayita que había sido condenado a muerte por rojo, y que de ella dependía que fuese fusilado o no.
...MI yayito murió el 23 de julio de 1937, de tuberculosis en un calabozo putrefacto, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas recordando el triste sino que había donado a mi yayita, teniendo de lúgubre fondo musical las risas de sus carceleros que se beneficiaban a mi yayita, la mujer más bella en Guadajoz en su época.
Mi yayita nunca llegó a recuperarse por completo de aquel trauma y cuando él murió se dejó arrastrar por la vida para mantener a sus hijos. Todas las noches antes de dormir sigue dándole las buenas noches a mi yayito, porque en su mente sigue estando a su lado.Hoy es el cumpleaños de mi yayito y seguimos poniendo una vela en su recuerdo. Para acordarnos de un hombre que soñó mucho pero que fue un don Nadie; alguien que vivió, nació y murió en la sombra. Uno más, como tantos otros...
17.03.2005 21:26
Bonito homenaje y recuerdo para tu abuelo. saludos
13.03.2005 21:29
no me quedan excepcionales! besitos
12.03.2005 16:11
¿Llegaste a conocer a tu yayoto? Lo seeeee, no eres tan mayor. Just joking. Besos. Muy conmovedora la historia. Quizá mi broma está de más.