Sobre mí:Ante todo aventurero, me gusta conocer otras culturas, sobre todo el intercambio con la gente, apren...
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Si quieres adentrarte en al selva amazónica, una vía de entrada es Manaos, la capital del Amazonas. Otrora centro neurálgico del comercio del caucho la sensación que me dio fue de decadencia, suciedad y un ambiente muy enrarecido, por lo que no recomiendo a nadie visitas nocturnas en solitario. Lo cierto es que tras el vuelo que me condujo a Manaos, lo más razonable era hacer noche allí en un hotel majo para descansar y preparase para lo que a continuación venía. Yo decidí contratar una estancia de 5 días en plena selva, en uno de esos lodge que reúnen unas condiciones mínimas y que te acercan a los sonidos de la naturaleza. El lodge se llamaba Acajatuba, y era bastante aceptable, se tarda unas 4 horas en barco en llegar allí, pero bien merece la pena pues el paseo te permite admirar la inmensidad de este río que no deja de sorprender. A pocos minutos de mi partida vives el encuentro de las aguas, que no es más que el encuentro de río Solimoes y el río Negro, uno de color de la arcilla y el tro negro, y que se juntan pero no se mezclan. La densidad de cada río es diferente y sus aguas nunca se mezclan por lo que parece como una línea a partir de la cual el río cambia de color. Una curiosidad. Si tienes suerte, como nosotros, durante el trayecto puedes observar algún delfín e incluso manatí. Al llegar al lodge hueles la selva de verdad, el agua inunda multitud de islotes de densa vegetación, donde los troncos de los árboles juegan con sus formas caprichosas. Mirando al cielo, parejas de loros dibujan sus acrobacias. Entre las actividades que hicimos esos días hay algunas imprescindibles como los paseos en canoa por los igapós, canales entre la maleza, para que os hagáis una idea como en las pelis de los pantanos de Florida, aunque sin el halo de sordidez de estos; avistamiento de aves diversas y la vegetación; adentrase a pie en la selva para ver de cerca muchas especies de árboles con sus propiedades para la cura de enfermedades; visitar algún pueblo. Otras actividades pueden ser divertidas, aunque menos culturales, como la pesca de pirañas (pescamos unas 3 docenas en un rato y nos las comimos por la noche, riquísimas); a coger un caiman por la noche para luego volver a soltarlo. Aunque algo sorprendente eran aquellos atardeceres, donde los rayos del sol bañaban la inmensidad del Amazonas y los sonidos de la noche, insectos varios iniciaban su concierto particular. Cuidado los escrupulosos o temerosos de los insectos porque vimos cucarachas del tamaño de un puño y arañas similares. Por último comentaros que la gastronomía que nos ofrecieron fue variada y basada en los ricos pesacados del río, entre ellos el sabroso Pirarucú (hasta 100 kg puede pesar). Merece la pena de verdad.
22.11.2004 22:23
Parece un lugar encantador :) BeSiS !! ;***
22.11.2004 18:37
Sin duda ¡¡'fantástico¡¡ pero no entra dentro de mis prioridades.... besos
22.11.2004 17:59
Tiene que ser muy bonito. Saludos