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Hay ocasiones en las que los espectadores encumbran una película y resulta casi una herejía confesar que a ti la película no te ha gustado o que simplemente no te ha gustado tanto como dicen los demás. Por mi parte, no tengo ningún problema en decir que cintas como “Lo que el viento se llevó” o “Centauros del desierto” me parecen intragables y que no lograré entender nunca a quien me diga que, por ejemplo, “Memento” no es una genialidad. Ya sé que puede sonar un tanto contradictorio, pero todo esto viene a raíz de la película que acapara el protagonismo de esta crítica, pues como ya se dijo en “Días de Cine” (donde, en pocos segundos, ponían la película por los suelos) uno puede quedar como una especie de disidente si dice que “Mar Adentro” no es una película de cinco estrellas ni por asomo, pero es que ese es mi caso. No voy a negar un notable escepticismo inicial hacia la película, pues Alejandro Amenábar da un notorio giro a su carrera con esta película, pero fueron tantas las voces que la dejaban como la gran maravilla de este 2004 que acudí al cine muy ilusionado, sin ningún tipo de reticencia previa, pero a cambio me encontré una película brillante en varios aspectos, pero desilusionante en otros (principalmente en uno vital, el cual detallaré más adelante) y bastante lejos del nivel de casi obra maestra (algunos incluso prescinden del “casi”) que empezaba a adjudicársele, que yo soy el primero en sobrevalorar determinadas películas, pero no me voy a callar cuando creo que el resto lo está haciendo. Pero bueno, no adelantemos más detalles y empecemos por el a buen seguro conocido por todos argumento, por lo que en este aspecto no esperéis contención alguna en mis comentarios, pues la historia ya la conocemos, es en el cómo se cuenta dónde procuraré limitar mis apreciaciones:
Ramón Sampedro lleva ya más de 20 años obligado a vivir en una cama, donde permanece completamente inmóvil, salvo por su cabeza. Esto es el resultado de un accidente de juventud que le postró de por vida (aunque al parecer si hubiese realizado cierta terapia hubiese conseguido mover también sus brazos y así tener una movilidad mayor al poder controlar así una silla de ruedas), la cual él quiere finiquitar, pues considera inhumano el verse obligado a sobrevivir en esas condiciones. No obstante, los tribunales españoles, aún notablemente influenciados por aspectos puramente religiosos cuando la aconfesionalidad del estado les insta a no hacerlo, se niegan a que otra persona le haga la eutanasia. Los años pasan y las cosas continúan igual, hasta que Sampedro traza un plan para acabar con su vida sin que ningún tribunal pueda achacar la acción a nadie en concreto, es decir, el plan perfecto, con el único problema de que necesita voluntarios y sus seres más allegados se muestran reacios a facilitarle su objetivo. Sobra decir qué acaba sucediendo con Sampedro, pero cuál de sus seres más queridos lo ayuda, vaya, eso me lo callaré (con algo de emoción hay que dejar la cosa ¿no?) y ya lo descubriréis cuando os acerquéis al cine a verla.
Hablar a estas alturas de quién es Alejandro Amenábar resulta algo casi innecesario, pues supongo que todos conoceréis “Tesis” (para mi gusto su mejor película), “Abre los ojos” y “Los Otros”, tres pequeñas maravillas con las que Amenábar fue asentándose primero en el territorio español para conseguir el éxito internacional con la cinta protagonizada por Nicole Kidman. No obstante, las tres cintas poseen varios rasgos en común, siendo la preferencia por un género de suspense/terror la más evidente, por lo que la apuesta de Amenábar por rodar un melodrama basado en una historia real causó cierto desconcierto (y es que si nos gusta el tipo de películas que hace un director, cuando éste hace algo distinto lo vemos, al menos en principio, con mucho recelo) y el temor de muchos a que todo lo ganado por él se desvaneciese en un abrir y cerrar de ojos. No obstante, pese a lo comentado, no es mi intención negar el interés de la cinta, ni tampoco su calidad (aunque sí matizarlo), ya que, pese a la decepción sufrida, “Mar Adentro” es una película estimable y brillante en algunos aspectos (sobre todo interpretativos y de puesta en escena), algo que ya le ha valido el reconocimiento en el Festival de Venecia, donde se ha llevado el premio especial del jurado (a mi entender algo así como el ser la segunda mejor película exhibida a concurso) y donde Javier Bardem se ha llevado su segunda Copa Volpi a la mejor actuación (hace unos años consiguió el mismo premio por su labor en “Antes que anochezca”, lo cual lo catapultó después hacia la nominación al Óscar, algo que ojalá se repita con “Mar Adentro”), pero en su guión (co-escrito por el propio Amenábar junto a su casi inseparable Mateo Gil) es donde encontramos varios de los problemas (y también una innegable virtud) de la película.
El libreto de la cinta cuenta con una dialoguización excelente, puesto que la cinta está repleta de frases para el recuerdo (por mi parte me quedo con la de “O se ama o no se ama. El amor no se puede razonar”), siendo éste uno de los aspectos más interesantes de la “Mar Adentro”. Lamentablemente otros aspectos del guión chirrían sobremanera, empezando por el tratamiento de la historia. La gran mayoría coincidirá en la enorme emotividad de la película y, por ende, de la historia en sí misma, y es éste un aspecto en el que yo disiento, pues Ramón Sampedro deseaba morir al no considerar digna la vida que el destino le había ofrecido y al final logra su objetivo tras las incesantes trabas judiciales. Por eso veo contraproducente el derramar la más mínima lágrima por su muerte, ya que simplemente él consigue liberarse de la atadura que suponía la vida. Ya, algunos me dirán que menudo insensible que soy y cosas por el estilo, pero la realidad es esa. Cierto es que la película también intenta hacernos partícipes del dolor derivado de su muerte que sienten sus familiares, pero no se les da suficiente cancha como para que te calen hondo, aunque sí para comprender su pena (no obstante, he de reconocer que el momento en que el sobrino sale corriendo detrás de la furgoneta en que Sampedro va a su nuevo hogar sí que lo logró, pero es la única salvedad). Posiblemente sea muy subjetivo valorar una película por lo que se le demanda debido a su adscripción genérica, pero un melodrama que intenta emocionarme y hacerme llorar que fracasa estrepitosamente en su tarea me parece una carga excesiva que impide cualquier posibilidad de otorgarle las cinco preciadas estrellas.
La forma de contarnos la historia cuenta también con el fallo de dejar la innegable sensación de haber manipulado ciertas situaciones para tocar la fibra sensible del espectador (el hacerlo y no lograrlo convierte a este recurso en un aspecto aún más negativo). Situaciones como (ruego no lean únicamente este párrafo y el siguiente las personas que no hayan visto todavía le película, pues revelare detalles que conviene no saber antes de visionarla) el particular trío amoroso planteado entre Ramón, Julia y Rosa ponen en entredicho tanto las acciones de Sampedro como su deseo de morir. En determinado momento, el personaje de Sampedro revela que se niega amar en las condiciones en las que se encuentra (para él parece ser que el amor es imposible si no va asociado al sexo), pero a partir de ciertas ensoñaciones suyas queda más o menos claro que profesa ese sentimiento hacia Julia, la cual en principio comparte sus sentimientos, e incluso accede a ayudarlo a morir (pues ella, que con el tiempo podría encontrarse en una situación similar o incluso peor, también quiere acabar con su propio sufrimiento), pero finalmente Julia se echa atrás y Sampedro se queda sin la ayuda imprescindible para morir dignamente. Es entonces cuando entra en escena la posibilidad de que sea Rosa quien le proporcione los medios necesarios, pero antes de profundizar en este aspecto necesito cambiar de tema brevemente.
Aprovechando el tirón comercial de “Mar Adentro” se emitió el pasado viernes en la ETB2 “Condenado a vivir” (táctica muy común, pues aún recuerdo el trozo que vi de un bodrio descomunal emitido por Antena3 a raíz del estreno de “Troya”), telefilme basado también en la historia de Sampedro donde la confusión que provoca (confusión por no meterme a hablar de cómo deja al personaje de Sampedro) el triangulo amoroso se diluye con facilidad. En “Condenado a vivir” el rol asociado al personaje de Julia trabaja en la televisión y la relación con Sampedro es la de hacerle una entrevista y poquísimo más, pues la (supuesta) relación amorosa siempre sucede con la homóloga de Rosa, resultando quizá más lineal el progreso de la trama argumental, pero mucho más claro y restando censurabilidad a la actuación de Sampedro, y es que en “Mar Adentro” por este aspecto yo no sé decidirme entre dos apreciaciones sobre la visión que proyecta la película del personaje, y es que en ningún momento deja claras las cosas con Rosa, por lo que cuando ésta finalmente se decide a ayudarle a morir con dignidad desconoce que él está claramente más atraído por Julia y que el amor incondicional que ella siente está lejos de ser compartido. Posiblemente muchos no compartáis mi idea de ver al Sampedro de “Mar Adentro” como alguien criticable por su doble juego o simplemente como un egoísta. No seré yo quien niegue su derecho a morir, pero sí quien critique la forma en que se nos le describe en esta situación, pues así el personaje pierde cualquier crédito emocional que hubiese podido ganar por mi parte. Para nada es mi intención decir que “Condenado a vivir” sea mejor que “Mar Adentro”, pues “Condenado a vivir” es infinitamente peor en prácticamente todo, pero el recurso de Mateo Gil y Alejandro Amenábar de introducir el personaje de Julia (que al parecer es una mixtura de varias mujeres de la realidad) queda como algo tremendamente válido para oponer el deseo de morir de Sampedro con la opción de vivir que ésta finalmente elige, logrando así evitar verse la opción de Sampedro como la única válida, aunque esto suceda dejando la sensación en el espectador de cierta traición cometida por ella, cuando en realidad no es más que apego a la vida. Por el contrario, ese recurso enturbia el carácter del personaje de Sampedro al poder ver en él un egoísmo desmedido, comprensible por los casi 30 años que pasó prácticamente inmóvil, pero hacérselo a un ser querido hace que el pretendido heroísmo del personaje se desluzca considerablemente, y es en este aspecto donde “Condenado a vivir” (por lo demás un horror de telefilme con apenas dos o tres cosas salvables) supera por goleada a la cinta de Amenábar.
Sobre la forma de tratar el controvertido tema de la eutanasia he de comentar que la forma de tratarlo me parece bastante acertado en líneas generales, aunque hay un aspecto que resulta desacertadamente caricaturizado que oscurece un poco la, por otro lado, brillante visión del tema que nos ofrece Amenábar, y esto es el personaje interpretado por José Maria Pou, el cual se presenta como un cura en idéntica situación física a Sampedro, e incluso va a casa de éste para intentar convencerle de las virtudes de vivir en esas condiciones. Esa escena, pretendidamente cómica, funciona para aligerar la carga dramática de la cinta (tal y como también funcionan las varias gotas de humor presentes a lo largo de las más de horas de metraje), pero dentro de lo dificultoso que resulta tratar con respecto el tema de la opción personal de cada deja la opción de la vida (tan respetable como la de morir) como algo puramente dogmático derivado de una defensa a ultranza de los postulados de Dios, pero en este campo tan controvertido desvirtuar esa opción por apoyarse en unos argumentos que a mí tampoco me gustan demasiado resulta una táctica criticable. Además, más adelante vemos otra forma de oponer la opción de vivir y morir mucho mejor expuesta (aunque con ciertos detalles que dejan en mejor lugar la opción de morir, todo sea dicho), por lo que era un momento innecesario (de hecho en “Condenado a vivir” no hay ni rastro de esta escena que comento), efectivo para aligerar, pero erróneo para el correcto devenir de la historia. Y ojo, que nadie se crea que estoy fervientemente en contra de la eutanasia, porque es mas bien al contrario, ya que yo creo que si alguien quiere morir y no puede por sus propios medios, pero hay quien está dispuesto a facilitarle la tarea, pues que se haga y punto, ya que cada uno es dueño de su vida y si quieres morir puedes optar por suicidarte, pero hay casos en los que no puedes y entonces la ley debería permitirlo, siempre y cuando el futuro cadáver esté en pleno uso de sus facultades mentales. Por lo demás, el trabajo de Amenábar es excepcional, con una acertadísima puesta en escena que no abusa del cansino recurso del “plano-contraplano” y nos ofrece varias escenas de una belleza indiscutible, pero que nadie me diga que su trabajo aquí carece de fallos de importancia, porque para mi gusto sí que los tiene, tal y como ya he expuesto, siendo (siempre desde mi punto de vista) el intento de manipular los sentimientos del espectador (encima sin lograrlo) el aspecto más criticable de su trabajo en “Mar Adentro”.
En el campo interpretativo tenemos el que sin duda es el mejor aspecto de la película, y este es la simplemente perfecta actuación de Javier Bardem (sí, habéis leído bien, he escrito perfecta), un actor que nunca ha estado entre mis favoritos (ni tan siquiera he visto “Antes que anochezca” por la clara sensación de que su labor será lo único interesante de la cinta y tan sólo me gustó realmente su actuación en “Los lunes al sol”), pero que en “Mar Adentro” posiblemente nos deleite con la que vaya ser la mejor actuación de su vida. Empezando por la brillante caracterización física, uno de los aspectos donde su elección para el papel resultaba más cuestionable, pero la intensa labor de maquillaje de Jo Allen (la responsable de “crear” una “nueva” nariz para Nicole Kidman en “Las horas”), la cual se alargaba hasta las seis horas diarias, convierte, literalmente, a Bardem en Sampedro. Además, aunque en esto me encuentre muy muy lejos de ser un entendido, el acento gallego de Bardem resulta totalmente creíble, pero todo esto no bastaría si su interpretación no estuviese a la altura, pero es que Bardem lo borda, estando su capacidad interpretativa prácticamente limitada a la credibilidad que desprendiesen los diálogos que recitase, pero es que incluso con eso está magistral. Es cierto que la visión del personaje en la película me resulta no del todo acertada en algunos aspectos, pero en lo referente al trabajo de Bardem no puedo más que quitarme el sombrero y esperar a que le den más premios, porque la Copa Volpi se queda corta ante su soberbia actuación.
Visto el trabajo de Bardem a uno podrían quedarle ciertas dudas sobre la actuación del resto del reparto, en especial de Belen Rueda, una actriz televisiva más o menos efectiva (para mi gusto mejor en “Periodistas” que en la exitosa “Los Serrano”), pero que tenía todo por demostrar en el cine, siendo esta elección otro de los aspectos que me hacía sospechar un posible batacazo por parte del realizador de “Los Otros”, pero la actuación de Belén Rueda supone una sorpresa agradable, teniendo el mérito añadido de la dificultad derivada de compartir la mayoría de sus escenas con Bardem. Su actuación de una abogada con un problema físico que podría causarle una muerte dolorosa está casi a la altura de Bardem como Sampedro, resultando una “partenaire” de lujo que para nada desluce el apartado interpretativo de la película. Por otra parte tenemos a Lola Dueñas como Rosa, la mujer de pueblo, divorciada que acaba encandilada de la forma de ser de Sampedro hasta tal punto que incluso se enamora de él. Es un personaje opuesto en formas al de Julia, pues a mi entender Julia es la que más satisface el desaprovechado intelecto de Sampedro (incitándole incluso a publicar un libro), mientras que Rosa es más visceral, pues no atiende tanto a la forma de hacer partícipe a Sampedro, sino que se limita a contarle todas sus preocupaciones. No obstante, en el fondo son personajes que se asemejan por la ¿pasión? (es que no sé si resulta la palabra más adecuada) que despierta en ellas Sampedro. Sobre la actuación de Dueñas señalar que posiblemente sea la que esté un poco por debajo del resto, ya que el carácter de su personaje favorece una propensión a la sobreactuación, de lo cual peca Dueñas en un par de ocasiones, desluciendo un poco el excelente bagaje interpretativo que nos depara la película. Sobre el resto de personajes y actores prefiero limitarme a apuntar que están todos maravillosamente en sus papeles, sabiendo estar a la exigente altura que requería la historia, más prefiero no ir hablando uno por uno de ellos, ya que sería revelar demasiados detalles, quizá insignificantes al ser descritos, pero vitales en la película, así que zanjo aquí el apartado interpretativo.
Ya para ir acabando señalar que “Mar Adentro” sí que es una buena película, pero a mí no me parece una maravilla por los problemas que ya he ido apuntando, los cuales me han llevado a dudar sobre la conveniencia de darle tres o cuatro estrellas a la película (lo más justo serían tres y media, pero en ciao no hay medias estrellas), pero finalmente me he decantado por tres, puesto que pese a las excelentes interpretaciones (con la relativa salvedad de Lola Dueñas), la notable dirección, la magnífica fotografía (que casi se me olvida) de Javier Aguirresarobe (que quizá no luzca tanto como en “Los Otros”, pero que sigue siendo simplemente brillante) y unos diálogos en su mayoría excelsos, “Mar Adentro” tiene varios defectos de forma y de fondo en su guión, amén de cierta tendencia a intentar manipular los sentimientos del público, por lo que no puedo evitar señalar que “Mar Adentro” es un filme recomendable aún con sus defectos, pero al que se le está dando unos méritos para mi gusto excesivos. No obstante, es una película que merece la pena ser vista, así que si no la habéis visto aún, ya estáis tardando demasiado.
EStoy de acuerdo contigo. Me sumo a los que opinamos que la película es mala, y manipula emociones. Solo estoy en desacuerdo con el apartado actores. Bardem no es tan bueno como nos hacen creer. Es natural pero de ahí a cercarse a la hondura del alma de un der humano que quiere morir le falta un trabajo interior importante. Saludos
Pues he visto la película. La historia es realmente conmovedora, pero la pelicula es normalilla. Así que no me gustó, incluso prefiero la versión original de Texas Chainsaw Massacre.
Aún así, me he leído la opinión entera o_O y por eso la valoré de excepcional.
07.01.2007 11:32
EStoy de acuerdo contigo. Me sumo a los que opinamos que la película es mala, y manipula emociones. Solo estoy en desacuerdo con el apartado actores. Bardem no es tan bueno como nos hacen creer. Es natural pero de ahí a cercarse a la hondura del alma de un der humano que quiere morir le falta un trabajo interior importante. Saludos
23.08.2006 12:07
Madre mia, no he visto la película pero esta opinión no se merece menos que un excepcional. Un saludo!
19.01.2006 18:50
Pues he visto la película. La historia es realmente conmovedora, pero la pelicula es normalilla. Así que no me gustó, incluso prefiero la versión original de Texas Chainsaw Massacre. Aún así, me he leído la opinión entera o_O y por eso la valoré de excepcional.