Matar a un ruiseñor - DVD

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LA MUERTE DE LA INOCENCIA

5  22.05.2006

Ventajas:
Nos insta a ser más tolerantes y a proteger a la infancia

Desventajas:
Nos muestra una cara poco amable de la humanidad

Recomendable: Sí 

Detalles:

Argumento

Personajes

Calidad de dirección

Banda sonora

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sutinum

Sobre mí: "Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, pero mi verso brota de manantial sereno; y, más que...

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Matar a un ruiseñor es un grave pecado. Un ruiseñor "no hace otra cosa que cantar para regalarnos el oido. No picotean los sembrados. No entran en los graneros a comerse el trigo. No hacen más que cantar con todad sus fuerzas para alegrarnos"

Pero si es así, porqué todos un pueblo se ceba con Tom Robinson, con el amable y sensible Tom Robinson, cuyo único pecado consiste en haber compadecido a un amujer blanca. Puede acaso esconderse bajo esas amables facciones y gentiles modos el monstruo responsable de la violación de Mayella Ewell? No cabe duda de que Tom es alto y fornido, pero podría acaso haber cometido tan depravado acto a pesar de haber perdido el uso de una de sus manos en un accidente laboral? Podría en esas condiciones haber impueto sobre la joven su voluntad, y haberla golpeado después salvajemente? Y en última instancia, si realmente así fuese, no tendría derecho a una defensa justa, como cualquier otro ciudadano?

En los años 30, años duros tras la depresión del 20, en un tranquilo pueblecito del estado de Alabama, el abogado Atticus Finch (Gregory Peck) acepta representar a Tom Robinson, hombre de color acusado de haber violado y apaleado sin piedad a la joven blanca Mayella Ewell. Una elección tal, dictada por su íntegra moral, no puede por menos que repercutir en la vida de sus dos pequeños hijos, la despierta e inquieta Scout (Mary Badham) y el "impávido" Jem (Philip Alford). Los dos pequeños están llegando a esa edad en la que realmente se empieza a descubrir el mundo, y quizá lo que éste tiene para ofrecerles no sea demasiado hermoso.

Atticus se debate entre sus obligaciones como abogado, buen ciudadano y mejor ser humano, y las que le atan como padre. Quizá no baste sólo con distribuir amor y comprensión a unos hijos que debe educar casi en total soledad, y que antes o después deberán aprender que existen reglas sociales, y que el tacto es un don de los dioses que hace grata la convivencia. Algo que es difícil hacer comprender sin dolor a una pequeña que ni siquiera puede recordar a su difunta madre, y que puede que haya crecido un poco agreste a pesar de los consejos de Calpurnia, la empleada del hogar que trabaja para ellos desde hace años y que es casi parte de la familia. Una pequeña que representa todas las virtudes de la infancia: la espontaneidad (quizá demasiado indiscreta a veces), la generosidad, la sinceridad, la pureza de corazón... Todas esas virtudes que pueden llegar a cautivar a cualquier adulto que tenga un mínimo de sensibilidad, y que pueden evitar en un momento dado un linchamiento...

Ni que decir tiene que en una sociedad profundamente racista, y probablemente tornada aún más vengativa por las frustraciones que la situación económica le impone, la decisión de Atticus es acogida con desaprovación. Casi toda la comunidad se pondrá en su contra, pues la ciudad quiere ver rodar una cabeza. Y si esa es negra, no merece la pena detenerse mucho a analizar si su propietario es realmente culpable de los hechos que se le imputan. Es mucho más cómodo prestar oidos al vehemente padre de la víctima, un personaje abyecto de obscuras intenciones que lucha con demasiado énfasis por la causa de su pobre hija y por el honor perdido...

Mientras la tragedia se gesta, Scout y Jem juegan aún a ser pequeños, persiguiendo la ansiada visión de un personaje enigmático para toda la comunidad, Boo Radley (Robert Duvall), a quien todos consideran un loco asesino. Como la propia Scout ya adulta rememora, será el último verano de ligereza, porque los hechos que se avecinan les harán despertar al mundo real. Les introducirán de golpe y sin la menor delicadeza en el mundo de los adultos. Aunque quizá crecer consista siempre en despedazar un sueño que merecería vivir eternamente.

Esta película ofrece una descripción deliciosa de la infancia, en la que despliega una delicadeza y dulzura que contrasta dolorosamente con la descripción de la sociedad adulta, hecha de intereses, odios y violencia ciega y gratuita.

La ambientación de un período tan nefasto para la sociedad norteamericana es magistral, especialmente porque se centra en los estragos psicológicos que tal lacra dejó como herencia. El blanco y negro nos hace disfrutar de una preciosa fotografía, que refleja perfectamente las luces y sombras que distancian como un abismo insalvable las almas de buena voluntad de las que pueden engendrar sólo estúpido resentimiento. La banda sonora resulta deliciosa, especialmente en los momentos de mayor nostalgia de lo que supone la edad infantil y la relación padre-hijo.

Respecto a las interpretaciones, qué podemos decir que les haga justicia. Gregory Peck nunca se ha contado entre mis actores favoritos, pero hay que reconocerle una interpretación muy cuidada, una atenta construcción de un personaje que destaca por su fortaleza moral, por su integridad, su tolerancia sin límites y su sabiduría proverbial. Una recreación que le valió el Oscar. Los actores infantiles, especialmente la chiquilla que interpreta el papel de Scout, está maravillosos, increiblemente frescos. Pero quien cataliza toda mi admiración es el enorme Robert Duvall. Esta fue su primera aparición en la gran pantalla, y resulta espectacular su reconstrucción de un personaje con inmensos problemas para relacionarse con el mundo, pero con tantos sentimientos que compartir.

Esta película no es simplemente una historia sobre el racismo. Esta película es una hermosa parábola que pone al descubierto cómo la sordidez más descarada es capaz de manchar con sus sucias manazas el honor de un cándido negro. La víctima es negra, es cierto, pero de alguna forma se puede considerar tal carácterística accidental, porque los individuos sin principios no tienen demasiados prejuicios a la hora de elegir a sus víctimas. Su mezquindad es tal, que no demuestran ni un mínimo de "principios" a la hora de odiar.

Y por qué individuos como el "señor" Ewell pueden llegar a odiar tanto, os preguntaréis. Como se pregunta cualquier persona de bien y sana de mente. Lo cierto es que tampoco es tan difícil de entrender. Un alma pura reacciona ante su propia instisfacción personal intentando remontar el vuelo. Un alma mezquina y vacía lo hace culpando al mundo entero de su fracaso. La vida, lamentablemente, está llena de "sres" Ewell, seguramente vosotros mismos conocéis algunos. Demasiado maduro hacer ejercicio de autocrítica, demasiado doloroso enfrentarse a un Yo tan hueco, demasiado fatigoso arremangarse y empezar a trabajar para limar las asperezas que nos separan del mundo. Decididamente, es mucho más cómodo descargar las culpas sobre otros.

Es mucho más fácil pretender imponer nuestros "razonamientos" con la violencia, porque predicar con la violencia es siempre mucho más fácil que hacerlo con la concordia. A pesar de lo que puedan creer estas obtusas mentes, contestar a la ciega y estúpida violencia con autocontrol, no es signo de debilidad, sino de fortaleza moral. Esa que pueden poseer sólo quienes saben bien quienes son y cual es, o mejor aún cual quieren que sea, su lugar en el mundo. Quienes están dispuestos a crecer y mejorar cada día, a levantarse cuando se caen, y no a revolcarse llorosos en una amargura y rencor autocomplacientes.

En un mundo violento, Atticus Finch decide por voluntad propia, en un ejercicio de madurez, negarse a pagar con la misma moneda. No es que Atticus sea un corderito asustado e indefenso, de hecho es el mejor tirador de la región. Es que sabe perfectamente que una vez se entra en esa espiral de violencia, ya nunca más se sale, y que dar el paso le convertiría en lo que sus imporvisados enemigos son. Y ese precio, no estará dispuesto a pagarlo nunca.

Aun así, para Atticus comporta un cierto dolor el seguir los dictados de su moral, pues sabe bien que tal conducta no puede carecer de repercusiones que habrán de sufrir sus hijos. Como cualquier padre, desearía evitarles los dolores de este mundo. Y como cualquier padre, sabe que no está en su mano poder hacerlo. Puede que él se convierta en involuntaria fuente de otros disgustos para ellos al defender a un negro que todo un pueblo desearía ver muerto. Pero también es cierto que con su conducta les ofrece el mejor legado que un padre sin medios como él podría dejar a sus hijos. A su muerte, su hijo mayor heredará su reloj de cadena, su hija Scout la sortija y el collar de perlas de su difunta esposa... y ambos conservarán el recuerdo de un padre íntegro, y habran aprendido a ser adultos de bien, a ser fuertes y lucha por lo que creen justo aún a costa de tener a toda una sociedad en contra. Acaso se puede dejar una herencia mejor y más duradera? Acaso no valen mucho más las cosas que no tienen precio?

Además, esta película es una dura crítica contra los prejuicios, contra quienes alzan barreras y muros en base a diferencias que en realidad no existen, que son simples espejismos fruto de sus miedos a lo diverso. Así, el señor Boo, ese monstruo desequilibrado que amenaza la seguridad de todo el pueblo, se demuestra un tímido ser lleno de amor para dar a quien esté dispuestro a recibirlo. El tímido Boo resulta ser un alma delicada que se expresa a través de sus manos, que deja simbólicos regalos en el hueco de un árbol para que sus atemorizados vecinitos puedan encontrarlos. El fuerte pero justo señor Boo se convierte en el protector de la infancia amenazada por la sórdida venganza, porque él mejor que nadie sabe lo que es ser perseguido injustamente.

Emocionante el momento en el que toda la población de color se levanta al paso de Atticus, vencido en un juicio ya superfluo, pues el inocentre ruiseñor no puede aguantar el cautiverio, y le piden a su hija que se ponga en pie también , pues su padre, ese gran hombre, se marcha. Memorable también la escena en la que Boo aprovecha el sueño de Jem para acariciarle tiernamente el cabello.

Mantengamos esa imagen de ternura en nuestra retina, y usémosla para combatir a los "sres" Ewell de este mundo, esos capaces de cometer cualquier bajeza para defender sus sucios inereses, esos seres sin moral ni conciencia.

FICHA TÉCNICA

Título original: To Kill a Mockingbird
Año: 1962
Duración: 124 min
Género: Drama

Nacionalidad: USA

Director: Robert Mulligan

Actores: Gregory Peck, John Megna, Frank Overton, Rosemary Murphy, Ruth White, Brock Peters, Estelle Evans, Paul Fix, Collin Wilcox Paxton, James Anderson, Alice Ghostley, Robert Duvall, William Windom, Crahan Denton y Richard Hale

Productor: Alan J. Pakula

Guión: Harper Lee (autora de la novela homónima) y Horton Foote

Fotografía: Russell Harlan

Música: Elmer Bernstein


GALARDONES:

Oscar al Mejor actor protagonista (Gregory Peck), en 1963

Oscar al Mejor director artísitco y decorados (Henry Bumstead, Oliver Emert y Alexander Golitzen), en 1963

Oscar al Mejor guión adaptado (Horton Foote), en 1963

Nominada al Oscar a la Mejor actriz de reparto (Mary Badham), en 1963

Nominada al Oscar a la Mejor fotografía (Russell Harlan), en 1963

Nominada al Oscar al Mejor director (Robert Mulligan), en 1963

Nominada al Oscar a la Mejor banda sonora (Elmer Bernstein), en 1963

Nominada al Oscar a la Mejor película (Alan J. Pakula), en 1963

Nominada al premio Eddie de la American Cinema Editors (Aaron Stell), en 1963

Ganadora del Premio Gary Cooper del Festival de Cannes (Robert Mulligan), en 1963

Ganadora del Golden Globe a la Mejor película, en 1963

Ganadora del Golden Globe al Mejor actor dramático (Gregory Peck), en 1963

Ganadora del Golden Globe a la Mejor banda sonora (Elmer Bernstein), en 1963

Nominada al Laurel de Oro a la Mejor actriz de reparto (Mary Badham), en 1963

Nominada al Laurel de Oro al Mejor actor dramático (Gregory Peck), en 1963

Ganadora del WGA Screen Award al Mejor guión dramático (Horton Foote), en 1963

Nominada al premio BAFTA de la Academia Británica a la Mejor película, en 1964

Nominada al premio BAFTA de la Academia Británica al Mejor actor extranjero (Gregory Peck), en 1964

Ganadora del PGA Hall of Fame - Motion Pictures (Alan J. Pakula), en 1999

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Comentarios sobre esta opinión
hermana_de_batalla

hermana_de_batalla

05.10.2009 19:17

Sin duda, esta película está magistralmente adaptada de la novela del mismo título y, en mi opinión personal, esta es la mejor novela americana que he leido jamás, junto con "Las uvas de la ira". Excepcional opinión sobre una historia excepcional

MeriSev

MeriSev

16.09.2007 20:42

Te mereces este excepcional, sin duda :)

Djana

Djana

22.10.2006 21:23

Nunca he visto la película, pero "Matar un ruiseñor" es mi libro favorito. No hay ningún libro que me haya llegado tanto ni que recuerde con tanto cariño. Siempre es un placer volver a leerlo. Un beso.

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  1. hermana_de_batalla
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